Los olvidados de la vacuna también son los niños: por qué aún no se prueba con ellos
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¿ENSAYOS CON MENORES?

Los olvidados de la vacuna también son los niños: por qué aún no se prueba con ellos

La población infantil podría tardar más de un año en tener su propia vacuna para el coronavirus, un retraso con potenciales consecuencias para el control de la pandemia

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Imagen de la vuelta al cole en Santiago. (EFE)

Decenas de miles de voluntarios de todo el mundo están participando ya en los ensayos clínicos en fase 3 de las vacunas contra el coronavirus. Esta parte del desarrollo es la que realmente revela si son efectivas para proteger de la enfermedad y si son seguras, es decir, si no tienen efectos secundarios importantes. Sin embargo, entre esas decenas de miles de personas, por el momento, no hay niños. ¿Por qué? ¿Tendrá alguna consecuencia esa exclusión en la lucha contra la pandemia?

Hace unos días, expertos de EEUU manifestaban su preocupación en la revista ‘Clinical Infectious Diseases’ por varias razones: en su opinión, el papel de los niños en la transmisión del covid se ha subestimado; además, consideran que el impacto de la enfermedad en la población infantil es mayor que el de otras enfermedades para las que sí hay vacunas, y finalmente, argumentan que retrasar los ensayos clínicos en la población infantil tendrá repercusiones en la educación, la salud y el bienestar emocional de los niños. Por eso, piden que se inicien de inmediato los ensayos con menores, que podrían arrancar desde la fase 2.

En teoría, nada habría impedido que los ensayos con niños hubieran comenzado casi a la vez que en los adultos, aunque en la práctica el reclutamiento de voluntarios suele retrasarse un poco más en el caso de las vacunas pediátricas, por cuestiones como la necesidad de informar detalladamente a los padres y que firmen su consentimiento. Puesto que no ha sido así, iniciar todo el proceso —con pocos niños recibiendo dosis bajas— supondría que el desarrollo de las vacunas infantiles podría demorarse al menos un año más, según algunos expertos consultados por ‘The New York Times’. Dicho de otra manera: aunque los ensayos comenzaran ahora mismo, el inicio del próximo curso escolar nos pillará, de nuevo, sin vacuna contra el covid para los niños.

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Foto: EFE.

Según la OMS, en la actualidad hay 38 candidatas a vacuna en evaluación clínica, con nueve de esos proyectos en la fase 3, pero demostrar su seguridad y eficacia en adultos “no es suficiente” de cara a su aprobación para niños, explica a Teknautas Ángel Hernández Merino, miembro del Comité Asesor de Vacunas de la Asociación Española de Pediatría (CAV-AEP). No obstante, “unos buenos resultados siempre alientan las investigaciones y la posibilidad de ampliarlas a otras poblaciones vulnerables”.

No siempre es así

El organismo de los niños no es exactamente igual que el de los adultos. Por eso, es necesario ajustar la dosis de las vacunas y ese trabajo no se puede hacer de forma proporcional a la edad, sino que hay que estudiar la respuesta para cada enfermedad. Por ejemplo, la población infantil recibe dosis más bajas que los adultos frente a la hepatitis B, pero necesita dosis más altas para la tosferina. En el caso del covid, queda mucho por saber.

Aunque como norma general los fármacos se prueban antes en adultos sanos que en colectivos que se consideran más vulnerables, como niños o mujeres embarazadas, el caso de las vacunas es muy variable. Incluso “hay un perfil de vacunas infantiles que no se administran a adultos y algunas especifican en su ficha técnica que solo se ha comprobado su efectividad hasta los seis o siete años de vida”, afirma el presidente de la Asociación Española de Vacunología (AEV), Amós García Rojas. Las vacunas para el sarampión, la poliomielitis y el tétanos se diseñaron desde el principio pensando en que debían ser para niños. Así que “los ensayos se hacen, fundamentalmente, en la población que va a recibir la vacuna”, asegura.

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Foto: EFE.

¿Y qué ocurre con el SARS-CoV-2? “La exclusión de los niños tiene una cierta lógica, porque las estrategias vacunales van enfocadas al escenario más dramático de la infección”, en este caso, “las personas vulnerables por tener patologías de base o ser mayores, así que los ensayos clínicos han priorizado esos perfiles”. Además, hay que tener en cuenta que los menores suelen presentar mayoritariamente casos asintomáticos o leves. Asimismo, en un proceso de desarrollo farmacológico tan acelerado que no tiene precedentes, la seguridad es otro elemento que puede haber pesado en la decisión de no incluirlos desde el inicio.

La exclusión tiene lógica, porque las estrategias van enfocadas al escenario más dramático

Los ensayos de la vacuna del covid en fase 3 tienen diversas ramas, y algunos de ellos sí incluyen niños, en un caso, de cinco años para arriba, y en otro, a partir de 12, pero estas ramas no han sido iniciadas, están relegadas para un segundo momento”, matiza Hernández Merino. Algunos podrían optar por comenzar primero con los adolescentes. Según 'Business Insider', Moderna planea iniciar los estudios en niños a finales de este año, Johnson & Johnson no comenzará hasta que se demuestre la seguridad de su vacuna en adultos y tanto Pfizer como AstraZeneca prevén esta posibilidad pero no ofrecen plazos.

“Lógicamente, en algún momento habrá que hacerlo”, vaticina el experto. “Ahora, el objetivo es evitar muertes y formas graves de la enfermedad, es lo más urgente, pero si en un futuro próximo pretendemos controlar la pandemia, tendremos que abordar la vacunación de los niños, ya que también se infectan y contribuyen a la difusión de la enfermedad”, añade.

La repercusión para la pandemia

En ese sentido, se abre otro debate: ¿es posible controlar la pandemia sin vacunar a la población infantil? Los expertos no saben si podría alcanzarse la inmunidad de grupo sin contar con este segmento. “Depende de la efectividad de las vacunas”, apunta el miembro de la CAV-AEP, “vamos a tener varias a lo largo del primer semestre del año próximo, pero no sabemos qué efectividad van a tener y no todas protegerán lo mismo a distintos grupos de edad”.

Además, el propio concepto de inmunidad de grupo está sujeto a elucubraciones. “Se ha mencionado que quizá vacunando entre un 30 y un 60% de la población disminuiría globalmente el número de personas susceptibles lo suficiente como para frenar la transmisión comunitaria, pero si no tenemos vacunas eficaces, quizá no se alcance ni siquiera vacunando a un gran número de gente”, comenta. El mejor ejemplo para entenderlo es el de la gripe: “Todos los años vacunamos a un porcentaje de la población, pero eso no es suficiente para modificar la evolución de cada epidemia estacional, porque las vacunas de la gripe no son demasiado buenas”.

Según García Rojas, “hay que tener en cuenta que el papel de los niños como transmisores parece muy inferior al que tienen en la gripe”. Aunque hay investigaciones contradictorias, algunos estudios indican que la población infantil tiene una menor capacidad de contagiar el covid, pero los expertos se inclinan a pensar que es más o menos la misma. En cualquier caso, cabe imaginar un escenario en el que la población adulta se vaya vacunando progresivamente y los niños sean los últimos en hacerlo.

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Foto: EFE.

“El microorganismo ha venido para quedarse y tenemos que modular su presencia, así que lo que más nos interesa evitar es la cara más amarga de la enfermedad, que son los fallecimientos de las personas vulnerables”, asegura. No obstante, “puede haber contraindicaciones de la vacuna para ciertas personas, así que tenemos que llegar al máximo número posible de vacunaciones y así tener inmunidad de grupo para proteger también a quienes no se puedan vacunar”.

En esas cuentas, no tiene por qué entrar necesariamente la población infantil, según los expertos: todo dependerá de la evolución de la pandemia y si llega a estar razonablemente controlada. De hecho, en el caso de la gripe, hay un debate abierto "sobre la conveniencia de vacunar a los niños", señala el presidente de la AEV, “se vacunan los que están incluidos en los grupos de riesgo, pero no de manera general”. Es probable que esa discusión técnica se traslade también al coronavirus cuando la vacuna esté lista.

El problema es que los niños también pueden ser víctimas del covid en sus peores versiones

El problema es que los propios niños también pueden ser víctimas del covid en sus peores versiones. Aunque el número de casos es extremadamente bajo, recientemente se ha descrito un nuevo síndrome hiperinflamatorio infantil asociado al coronavirus. “Es una enfermedad sistémica con afectación de diversos órganos y de evolución rápida y grave”, advierte Hernández Merino. En un primer momento, se habló de la enfermedad de Kawasaki por sus similitudes, pero una publicación en ‘Cell’, que definía el nuevo síndrome a principios de este mes, dejaba claras las diferencias una vez analizadas las distintas patologías.

“Son casos muy raros, pero son graves”, destaca el especialista, “así que esa es una muy buena razón para justificar la investigación en vacunas contra el covid que sean eficaces para los niños. Si lo logramos en adultos, es imperativo hacer los mismos estudios con menores. Aunque haya muy pocos casos, estamos obligados a intentar evitarlos”, afirma.

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