EVALUACIÓN EXTERNA E IMPARCIAL

Científicos españoles reclaman la auditoría de la pandemia que el Congreso rechazó

PP, PSOE y UP no recogieron el guante en la comisión de reconstrucción. Ahora piden un análisis independiente del papel del Gobierno y las CCAA. "No se trata de repartir culpas"

Foto: Foto: Reuters.
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La comunidad científica insiste: España necesita una auditoría externa e independiente de la crisis del covid-19. 'The Lancet' ha publicado una carta dirigida al director de dicha revista en la que la élite de la investigación patria firma un manifiesto parta solicitar que se ponga en marcha una comisión de expertos nacionales e internacionales que ejecute "un examen imparcial" de la gestión de la pandemia tanto por parte del Gobierno central como de las comunidades autónomas. "No debe concebirse como un instrumento para distribuir la culpa -, reza el escrito-. Más bien, debería identificar áreas donde la sanidad pública y el sistema de salud y asistencia social necesita ser mejorado".

No es la primera vez que algunos de los primeros espadas del gremio piden algo así. Algunos de la veintena de firmantes comparecieron en la comisión de reconstrucción, como es el caso José María Martín Moreno e Ildefonso Hernández, catedráticos de Salud Pública y directores generales con gobiernos del PSOE y PP. Ambos expresaron esta idea de forma reiterada durante sus intervenciones. Sin embargo, ni el tándem PSOE-Unidas Podemos ni el PP recogieron este guante en sus respectivas conclusiones sobre la comisión. La idea fue obviada y se acabó optando por delegar esta tarea en dos comisiones parlamentarias.

Investigación independiente

"Mi primera recomendación sería planificar una comisión independiente para saber lo que se hizo bien y lo que se hizo mal, para que estemos preparados. Una investigación independiente liderada por alguien de prestigio", afirmaba Martín Moreno, que señalaba entonces que organismos como la OMS iban a tomar estas medidas y que se planteaba en Francia o Reino Unido.

La carta se pregunta lo que muchas personas se han preguntado desde que estallase la crisis por marzo: ¿cómo es posible que España se haya encontrado en esta situación a pesar de aparecer destacado en diferentes ránkings que evaluaban el resultado de los sistemas sanitarios? "Ha sido duramente golpeada por el covid-19, con más de 300.000 casos, 28.498 muertes confirmadas y alrededor de 44.000 muertes en exceso", afirma. Unas cifras a las que hay que añadir los 50.000 sanitarios contagiados así como esas 20.000 fallecimientos en residencias. "Con una población de 47 millones, estos datos colocan a España entre los peores países afectados", añade.

Foto: Reuters.
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"La gran conclusión de este escrito no tiene que ser sacar culpas, ni señalar un color político. La lectura que hay que sacar de este manifiesto no es otra que más de 15 epidemiólogos y especialistas en salud pública creen que hay que hacer una evaluación por parte de órganos independientes de gobierno y autonomías para ver qué ha fallado y qué es susceptible de mejorar", afirma Helena Legido-Quigley, investigadora, profesora asociada a Escuela de Salud Pública Saw Swee Hock de la Universidad Nacional de Singapur y una de las impulsoras de este manifiesto. "Para prepararse para futuras pandemias o para otra ola de covid-19 es imprescindible entender qué ha salido mal y qué ha salido bien".

"Es necesario una autopsia, un análisis calmado pero a la vez urgente de todo lo que ha ocurrido", opina a este respecto Alberto García-Basteiro, epidemiólogo e investigador de la ISGlobal de Barcelona, otro de los que ha empujado la publicación. "Hay que evitar la complacencia. Por eso es importante que lo haga un órgano externo, que no haya intervenido en la toma de decisiones. Corremos el riesgo de quedarnos tras argumentos, que pueden ser válidos, como el de una población envejecida o el alto grado de movilidad y obviar elementos de mejora y crítica", añade.

Entre los firmantes, además de los mencionados en el texto, se encuentran otros nombres de prestigio como Margarita del Val (viróloga e investigadora del CSIC), Rafael Bengoa (experto en salud pública, ex consejero del Gobierno vasco y asesor de Barack Obama), Joan Carles March (profesor en la Escuela Andaluza de Salud Pública) o Alex Arenas (doctor en física y asesor científico de la Generalitat de Cataluña), así como varios catedráticos y especialistas en ámbitos como medicina preventiva o salud pública.

Poca preparación pandémica

Este grupo de científicos pone sobre la mesa varias de las razones que se pueden presuponer para que el país haya enfrentado un daño de estas magnitudes. La primera de ella habla de una "débil preparación para pandemias". Con esto se refieren a los débiles sistemas de vigilancia, la baja capacidad para hacer PCR así como la falta de EPIs y equipos para cuidados intensivos.

Enumeran, entre otras cosas, aspectos como la "alta movilidad", el "envejecimiento población", grupos en riesgo de exclusión que "experimentan desigualdades sociales" así como "la falta de preparación en hogares de ancianos". "Estos problemas fueron exacerbados como efecto de una década de austeridad", argumenta el texto. Algo que "agotó" la fuerza laboral de la sanidad pública y mermo las "capacidades del sistema".

"A raíz de los recortes y medidas en este sentido hemos pasado de tener uno de los mejores servicios de salud pública de nuestro entorno a encontrarnos, como ha quedado demostrado, ante una sanidad debilitada, desde la atención primaria a la atención hospitalaria", explica la docente de la Universidad de Singapur. "Ha sido una llamada de atención. Ha habido una desinversión en salud pública y epidemiológica muy llamativa, que es precisamente lo que nos hacía falta en pandemias como esta", añade. "Dicho esto hay que señalar el capital humano de nuestra sanidad y la dedicación demostrada. Con el estado del sistema que tenían, les ha resultado dificilísimo sacar esto adelante y lo han hecho", argumenta. "Sin esa década de recortes, hubiésemos estado en muchísimas mejores condiciones de afrontar todo esto".

Ambos insisten en que el "objetivo no es repartir la culpa", hay varias críticas a las administraciones públicas. Subrayan entre otras cosas "la reacción tardía de las autoridades centrales y regionales", así como "la mala coordinación" entre CCAA y Gobierno central, "los lentos procesos de toma de decisiones" o "la baja dependencia de asesoramiento científico" en las mismas. "Hay países con un modelo descentralizado de sanidad que ha funcionado muy bien como es el caso de Alemania. La transferencia de esta materia a las comunidades no tiene por qué ser algo negativo. Igual lo que toca es fortalecer el CAES o el Ministerio para futuras ocasiones", argumenta y defiende Legido-Quigley a este respecto.

"Hay que repensar los efectos adversos de esa descentralización, que no significa revertirla. En un contexto como el actual se ha visto que hay una descoordinación muchas veces incomprensible entre el mando único y las autonomías", comenta Garcia-Basteiro. "No puede ser que con toda la tecnología que tenemos, no se pueda crear un flujo de información diario. Nos hemos encontrado con notificaciones que se publicaban por Sanidad que llegaban a destiempo o que no coincidían con lo que las propias autonomías posteriormente publicaban. Eso no es aceptable. Y hay que arreglar esas disfunciones".

Preocupaciones concretas

Sostienen que ese grupo de trabajo externo debe ejecutar un examen dividido en tres gran campos: "el asesoramiento científico y técnico", "la gobernanza y toma de decisiones" así como la "capacidad operacional". Un análisis pormenorizado que debe realizarse, según su criterio, tanto al Gobierno central como a las 17 autonomías.

Foto: Reuters.
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Los firmantes expresan un largo listado de "preocupación concretas" entre los que se encuentran la financiación y el gobierno de la sanidad pública, la prestación de estos servicios y la información de los sistemas de salud, el acceso al diagnóstico y los diversos tratamientos así como el papel de la investigación científica en nuestro país. "Yo espero que mejore la relación entre las autoridades públicas y la comunidad científica, que se creen nuevos canales de participación de la ciencia en la vida pública. El único interés que tenemos es ayudar y aportar mejorando nuestro sistema de salud", recuerda Legido-Quigley.

"Alentamos al Gobierno español a considerar esta evaluación como una oportunidad que podría conducir a una mejor preparación pandémica, previniendo muertes prematuras y la construcción de un sistema de salud resistente", concluye el texto, que recuerda que en países como Suecia ya han arrancado trabajos similares.

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