El día después | ¿Serán los trastornos de salud mental la pandemia que llegará?
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el virus no ha venido solo

El día después | ¿Serán los trastornos de salud mental la pandemia que llegará?

La emergencia global por la pandemia se cobrará otro precio: el estado psíquico y emocional de la población. Los expertos destacan el esperado aumento de patologías psiquiátricas

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Foto: Unsplash.

Y llegó sin previo aviso y en silencio como cada ‘enemigo’ cotidiano que quiere usurpar tu sitio. Y se convirtió en una pandemia, la del coronavirus SARS-CoV-2. Pero que nadie se llame a engaño porque no ha venido sola. El Covid-19 ha abierto de par en par las puertas a otro tipo de epidemia, una de la que cuesta mucho más hablar porque siempre ha estado sometida al estigma. Una que sí amenaza realmente con quedarse y su etiqueta es trastornos de salud mental.

Coinciden los expertos, todos los consultados por El Confidencial, en dicha afirmación pero, también, en que queda mucho espacio para el optimismo o la esperanza. Ese que es aún mayor que el que intenta robarnos la incertidumbre. El motivo: si algo nos distingue es la resiliencia y la capacidad de superación.

La ciencia ha constatado que el sufrimiento emocional es omnipresente ante los desastres en las poblaciones, y eso tendrá eco tras el covid-19

No vamos a negar que las emergencias de salud pública pueden afectar a la salud física y mental, a la sensación de seguridad y a la de bienestar causando, por ejemplo, confusión, aislamiento emocional y estigma. Y, tampoco, podemos negar que si la comunidad pierde sus ‘cómodos’ cimientos y se tiene que apuntalar con predicciones como pérdidas económicas, paro, falta de recursos para atención y distribución deficiente de necesidades, el efecto rebote se traduce en una variedad de reacciones emocionales, como angustia o afecciones psiquiátricas, comportamientos poco saludables (como el uso excesivo de sustancias) o ‘saltarse a la torera’ las directrices de salud pública (como el confinamiento en el hogar).

La literatura científica ha constatado que el sufrimiento emocional es omnipresente ante los desastres en las poblaciones afectadas, un hallazgo que seguramente se hará eco tras el covid-19.

Y las madres hablan

Vicent Gasull, coordinador del grupo de trabajo de Salud Mental de SEMERGEN, aclara: “Es importante distinguir dos aspectos: uno las personas que antes de la llegada del covid-19 tenían un trastorno de salud mental y, el otro, los que no lo tenían, pero el confinamiento se convierte en un ‘caldo de cultivo’ para trastornos como la ansiedad, la depresión e, incluso, estrés postraumático”.

Máxime, como aclara, “si tenemos en cuenta el gran número de fallecimientos, que se han producido y en los que no hemos podido realizar un duelo normal”. La visión del futuro “no es muy halagüeña, no nos engañemos. Existe una gran incertidumbre, lo que genera ansiedad. Los jóvenes lo tienen aún peor. Se ha roto la vida normal, el espacio de seguridad al que estaban acostumbrados y no tienen clara una visión de futuro. Va a producirse mucho malestar emocional y muchos pacientes con somatizaciones”.

En este sentido, Julia, madre de dos jóvenes concreta: “El confinamiento es una prueba de fuego para las familias. En mi caso, con dos hijos adolescentes los primeros días fueron los peores, porque de alguna manera todos teníamos mucha tensión acumulada. Los mayores por tener que replantearnos muchas cuestiones de trabajo para poder hacerlas desde casa, y los chavales para tratar de no desengancharse del colegio, a pesar de que ello les ha resultado muy difícil. Paradójicamente, a medida que han ido pasando los días, es como si nos hubiésemos acostumbrado a esta manera de estar juntos en casa y lo cierto es que hay mucha menos tensión entre nosotros. Quizá sea una cuestión cíclica y si esto se prolonga, vuelvan a surgir las tensiones”.

Secunda sus palabras Alejandra: “Mi hija es adolescente de manera que se puede razonar con ella perfectamente. Por este motivo imagino que para nosotras la cuarentena está siendo más llevadera que para familias con niños pequeños con los que no es tan fácil. Emocionalmente está siendo duro porque tenemos seres muy queridos lejos, de los que tenemos que estar muy pendientes. También tenemos familia con mucho riesgo de contagio”.

Cuando todo esto pase “mucha gente dice que seremos mejores y que saldremos reforzados. Sinceramente, creo que para eso hay que hacer un ejercicio muy profundo de reflexión para adaptarse a un montón de cambios personales, profesionales, sociales... Y no todo el mundo está preparado para afrontarlo sin ayuda profesional. Creo que se incrementarán los cuadros depresivos, la ansiedad... e incluso puede haber agresividad e ira. Desde luego, los psiquiatras y psicólogos tienen una ardua tarea por delante”, apostilla.

Foto: Reapertura de un supermercado en Alemania. (Reuters)

Aparte, “creo que la salud mental de los profesionales sanitarios va a quedar muy tocada por muchos motivos. Van a necesitar mucha ayuda porque no solo se han tenido que enfrentar a un escenario nunca visto profesionalmente, sino que además lo han tenido que hacer sin medios y poniendo en riesgo su salud y su vida. Han sentido miedo, angustia y abandono por parte de las autoridades. Han visto con sus propios ojos que eso de que tenemos el mejor sistema sanitario del mundo... No es cierto”, recalca.

Si eres adolescente

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En relación con las nuevas generaciones, Salvador Ruiz-Murugarren, psiquiatra adjunto de Urgencias del Hospital Príncipe de Asturias, en Alcalá de Henares (Madrid) y vicepresidente de la Sociedad Española de Psiquiatría de Urgencias (SEDUP), determina: "El número de urgencias psiquiátricas de menores está siendo mínimo y según la psicóloga clínica infantojuvenil del Hospital Príncipe de Asturias María Sánchez Pascual, los pacientes adolescentes están reportando un descenso en el consumo de drogas".

Indica que, "según su experiencia, este mes y medio la presencia de los padres está siendo en muchos casos sanadora; adolescentes que se autogestionaban han pasado a tener a su figura de referencia cerca, con sus ventajas e inconvenientes. Por otro lado hay otros encerrados en sus cuartos con la mirada puesta insaciablemente en las redes y los videojuegos. La laxitud de límites en horarios y el uso de tecnología pueden pasar factura cuando se normalice la situación. La franja de edad de los 15 a los 18 años parece haberse invisibilizado en esta crisis, quedando fuera de las nuevas medidas aperturistas".

De este modo se les ha identificado como “mayores”, pero "son personas emocionalmente dependientes y con necesidades que no han sido visibilizadas. Habrá algunos para quienes la etapa de confinamiento ha sido una oportunidad de no enfrentarse a situaciones sociales y académicas que anteriormente estaban siendo complicadas y puede que ello refuerce conductas evitativas en la vuelta a la normalidad. Otros van a tener que gestionar la impulsividad característica de esta etapa para poder adaptarse a la de-escalada progresiva del confinamiento y las nuevas normas sociales de los próximos meses. El impacto de la crisis económica en sus padres será otro factor decisivo a la hora de poder atender sus necesidades emocionales y materiales. Los padres necesitan apoyo para comprender qué parte de su gestión emocional influye y determina el estado emocional de sus hijos", recuerda el experto del SEDUP.

Foto: Un nuevo reto para las familias. (Toa Heftiba para Unsplash)

Por todo ello, y teniendo en cuenta que Atención Primaria es la “puerta de entrada a otras especialidades, hoy más que nunca vamos a necesitar reforzar los recursos, con una gestión racional. No podemos ver a un paciente cada ocho minutos”, apostilla el experto de SEMERGEN.

Tanto Jorge López Álvarez, psiquiatra adjunto del Hospital 12 de Octubre de Madrid, como Salvador Ruiz-Murugarren, detallan: “Para empezar, queremos remarcar que la singularidad y gravedad de una crisis de repercusiones globales como la que nos afecta no tiene precedentes en nuestro entorno, por lo que las proyecciones a futuro que podemos hacer son solo hipótesis, que se basan en el análisis de los escasos datos científicos publicados acerca de los problemas de salud mental en otras epidemias y en nuestra experiencia clínica”.

En los próximos meses

Insisten ambos en que, “en términos generales en los próximos meses la presencia de malestar psíquico seguirá afectando a más población que antes de desencadenarse la pandemia. Lo cierto es que se están viendo personas con malestares muy intensos tanto entre los profesionales sanitarios como en la población general. No obstante, la intensidad de ese sufrimiento no predice que esas personas vayan a seguir presentándolo en el futuro del mismo modo, que si lo presentan sea de la misma gravedad o que ese sufrimiento evolucione hacia una enfermedad mental crónica”.

Y añaden: “Entre los expertos en Salud Mental hay opiniones encontradas, dado lo novedoso de la situación. Algunos consideran, en línea con la opinión pública mayoritaria, que la situación actual generará un elevado número de cuadros de estrés postraumático y de duelo patológico. Parece algo muy intuitivo: una pandemia nos golpea súbita e inesperadamente, sin tiempo para prepararnos y afectándonos a múltiples niveles, poniendo en riesgo nuestra vida y la de nuestras personas significativas, así como nuestro modo de vida y nuestro modelo de sociedad. ¿Cómo no vamos a acabar todos traumatizados?".

En cambio, "nuestra hipótesis sobre las consecuencias a nivel psíquico es mucho más optimista. Consideramos que, aunque se incrementen los casos de estrés postraumático y de duelo patológico, la mayor parte de las personas padecerán, como máximo, un trastorno adaptativo. Es decir, un cuadro menos grave y en principio menos duradero que las enfermedades mentales. Lo que más nos preocupa es que lo intenso de este sufrimiento psíquico súbito y generalizado detraiga recursos de la atención a las personas con enfermedad mental previa o de aquellas personas cuyo cuadro de inicio reciente sí sea grave y susceptible de cronificarse y requiera realmente un abordaje psiquiátrico y/o psicoterapéutico", insisten.

En el cerebro

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José Luis Carrasco, Catedrático de la Universidad Complutense de Madrid y jefe de la sección de Psiquiatría del Hospital Clínico San Carlos argumenta: “Estas situaciones de confinamiento activan las áreas cerebrales relacionadas con la respuesta automática al miedo, en particular algunas zonas de la amígdala y el hipocampo. La amígdala cerebral se disparará ante la presencia de personas y desconocidas. El hipocampo habrá almacenado toda la información traumática y nos recordará de continuo que la única protección es la distancia y el aislamiento”, recalca.

Así es que tras el covid-19 “vendrá una época de temor, retracción y desconfianza, en la que no querremos tocar nada ni nos fiaremos de nadie, solo de las autoridades. Aumentarán los trastornos de ansiedad, las fobias y las obsesiones de contaminación. Y aumentará también la irritabilidad y la desconfianza interpersonal. Tras la pandemia vendrá una comunidad de personas más recelosas y despegadas que durante un tiempo evitarán los besos y los abrazos y evitarán tocar los pomos de las puertas. La solidaridad de vídeos y redes sociales que hemos vivido durante el confinamiento se acabará probablemente en cuanto tengamos que compartir el espacio físico con el prójimo”, recuerda.

A ello se sumará la crisis económica y social, “que lo empeorará todo aún más. Las carencias más esenciales junto a las diferencias sociales aumentarán por una parte las conductas agresivas, antisociales y de consumo de tóxicos, y por otra parte la depresión y el suicidio”.

Pero también llegarán los menos conocidos trastornos adaptativos. En palabras de los doctores López Álvarez y Ruiz-Murugarren: “Son cuadros fronterizos entre que se denomina enfermedad mental y el sufrimiento que es esperable que padezca una persona en una situación dada. En los últimos años ocupan buena parte de la atención de los psiquiatras y psicólogos de los servicios ambulatorios de Salud Mental, dado que se acompañan de sufrimiento psíquico, aunque no queda claro que su tratamiento con medicamentos o con psicoterapia ayuden a acotar ese sufrimiento. Muchos profesionales cuestionan que cualquier sufrimiento psíquico sea un trastorno psiquiátrico que requiera atención experta y un tratamiento con fármacos y psicoterapia”.

Trastornos adaptativos

"La situación actual favorece la presencia de un malestar intenso y posibilidad de consecuencias graves a nivel sanitario y socioeconómico"

Un trastorno adaptativo “sería un malestar intenso psíquico que se desencadena ante el desbordamiento de la capacidad de adaptación de la persona ante una situación dada. Por elevada que sea su intensidad, ese malestar tiende a disminuir conforme las personas se adaptan a la situación o a sus consecuencias, o bien éstas desaparecen o se atenúan”, agregan.

Algunos aspectos de la situación actual favorecen “la presencia de un malestar intenso, como el inicio súbito, lo inesperado de la situación, la realidad y/o posibilidad de consecuencias graves a nivel sanitario y socioeconómico y la obligatoriedad de un cambio de vida. Pero, en contraposición, también se sabe que este tipo de crisis, definidas por Frank Pittman como desgracias inesperadas, pueden tener buen pronóstico si se acompañan de algunos factores que afortunadamente sí se están dando en la pandemia actual: el sufrimiento no permanece en privado, no es vergonzante ni debe permanecer secreto, el sufrimiento es explícito y en muchos casos se incrementa el sentimiento de comunidad y de apoyo mutuo. De hecho, personas que fueron atendidas en Salud Mental inmediatamente tras los atentados del 11M informaron a posteriori que fue el entorno sociofamiliar y no el tratamiento en Salud Mental el factor de mayor utilidad para su recuperación”.

Pero podemos hacer, también, otro discurso “todavía estamos a tiempo, asimilarlo de otra manera que nos permitiera salir con una actitud más sosegada y pacífica”, destaca el doctor Carrasco.

La puerta a la esperanza

En este sentido, el doctor Gasull recuerda que la mejor forma de salir de esta es “aceptando la situación. Se sale siendo optimista, con el apoyo de la familia y los amigos”. La psicóloga Ana Lucas determina: “Algo que nos va a ayudar mucho es aprender a compartir y comunicar mejor con nuestro entorno. Debemos tomarnos el confinamiento no como un castigo sino como una oportunidad de retiro. En realidad la situación es la misma, pero el significado y el impacto emocional son distintos. Confinamiento tiene connotaciones negativas, retiro tiene connotaciones saludables, suena a cuidado, a un tiempo para disfrutar de cosas que nuestra vida cotidiana no favorece. Y eso es precisamente lo que estamos haciendo, cuidarnos para no contagiarnos. Se trata de un retiro de la vida normal que llevábamos hasta hace dos meses. ¿Por qué es importante? Primero por el significado de las palabras, segundo por el impacto que tiene en nuestro cerebro, en nuestra percepción. Sí queremos una población más saludable tenemos que educar en una visión más saludable de nuestra vida.

Importante, también recordar estas palabras del doctor Ruiz-Murugarren: "Tenemos una gran oportunidad para ayudar a la población y a la vez evitar la psiquiatrización de emociones y síntomas explicables dentro de la experiencia humana normal. La presencia de psicólogos clínicos en los centros de Atención Primaria es fundamental. En los últimos años hay algunos avances al respecto pero sigue siendo una carencia muy importante en el Sistema Nacional de Salud. Necesitamos poder filtrar a Salud Mental los casos susceptibles de evolución negativa, y tener recursos para crear espacios de facilitación emocional y acompañamiento al duelo. La Salud Mental y la Atención Primaria deben contar con el apoyo de las instituciones y los agentes sociales para llevarlo a cabo. Necesitaremos también recursos tecnológicos que nos permitan realizar intervenciones telemáticas cuando la vía presencial está tan limitada".

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