Entrevista con Guillaume Zagury

El médico que desafió a China avisando sobre el coronavirus: "Los europeos solo critican"

Guillaume Zagury, médico especialista en salud pública, alaba las medidas de China pero reconoce que son difícilmente exportables a sociedades democráticas

Foto: Guillaume Zagury. (Foto: Z. Aldama)
Guillaume Zagury. (Foto: Z. Aldama)

Guillaume Zagury y el coronavirus son viejos conocidos. No en vano, la primera vez que se vieron frente a frente fue hace 18 años en la ciudad china de Wuhan. Allí, Zagury combatió con éxito el síndrome respiratorio agudo severo (SARS, por sus siglas en inglés), predecesor del SARS-CoV-2 que ahora tiene al mundo en vilo. “En esta ocasión, el coronavirus se ha extendido mucho más rápido, pero tiene una mortalidad inferior”, compara mientras sorbe un capuchino en una cafetería desierta de Shanghái, la ciudad en la que trabaja.

Después de dos décadas en China, tiempo en el que ha podido conocer a fondo el sistema sanitario del país como vicepresidente del Hospital Oasis de Pekín y asesor de sanidad pública, tiene claro que “en esta crisis sanitaria lo emocional prima sobre lo racional”. Por eso, Zagury fue uno de los primeros expertos que empezaron a publicar datos sobre la epidemia en internet. Primero lo hizo a través de grupos de WeChat como el que llevó a la amonestación a ocho médicos chinos —entre ellos, el fallecido Li Wenliang— y, después de que se los cerrasen, ha optado por hacerlo en la página web www.covidminute.com, a la que este domingo se sumará una aplicación para móvil.

“Otra de las grandes diferencias con la primera epidemia del SARS está en la dificultad para distinguir la información real de la falsa, por eso es importante recoger bien todo lo que sabemos y tomar decisiones informadas”, explica. Y añade que también es necesario conocer bien China para analizar las medidas que el gigante asiático ha tomado para acabar con la epidemia.

PREGUNTA. ¿Considera que el Gobierno chino ha actuado correctamente?

RESPUESTA. Creo que ha hecho un gran trabajo. La población ha sido ejemplar en su respeto a las medidas que han dictado las autoridades, y el Gobierno ha actuado de forma rápida y eficiente. Lo demuestra la curva de infecciones y cómo el foco principal se ha contenido en la provincia de Hubei, que tiene una población como la de Italia, y más concretamente en la ciudad de Wuhan. El Gobierno es consciente de que tiene el músculo económico necesario para paralizar dos meses un territorio de ese tamaño, y ahora va relajando las restricciones poco a poco para evitar una segunda ola, como sucedió con la gripe española. Preocupan los casos importados de la población que se reincorpora al trabajo. Así que me imagino que dejará pasar dos periodos de incubación sin contagios antes de recuperar la normalidad absoluta.

Guillaume Zagury. (Foto: Z. Aldama)
Guillaume Zagury. (Foto: Z. Aldama)

P. Sin embargo, en un inicio las autoridades optaron por ocultar lo que estaba sucediendo.

R. Es fácil opinar a toro pasado, pero lo cierto es que resulta extremadamente difícil detectar un nuevo virus. Los médicos fueron descubriendo casos de gente que llegaba con síntomas de gripe durante el periodo en el que la influenza está más activa, y vieron que desembocaban en una neumonía que podía provocar la muerte. Seguramente, dieron con el nuevo coronavirus descartando otros en un proceso que lleva tiempo y durante el cual se producen contagios.

Wuhan es una ciudad de 11 millones de habitantes con una alta densidad de población, y antes del Año Nuevo Chino muchos viajan. Es posible que las autoridades provinciales tardasen en dar la voz de alarma porque no querían dar problemas al Gobierno central, y actuaron mal al acallar a quienes alertaron del peligro, pero había mucha confusión. Que al principio todo sea un desastre es lógico, porque se desconocía que los niños pudieran infectarse o que los asintomáticos podían infectar a otras personas. Es difícil tomar decisiones con tan poca información. El punto de inflexión llegó cuando informaron a la Organización Mundial de la Salud.

P. Ahora muchos se preguntan si las medidas implementadas no son demasiado drásticas y si se pueden implementar en otros países.

R. Lo primero no lo sabremos hasta que pase un tiempo, y es evidente que hay dificultades con lo segundo. Cada país tiene su propia idiosincrasia y las diferencias culturales son muy relevantes. Los chinos no critican las medidas que dictan las autoridades, mientras que los europeos no hacemos otra cosa, solo criticamos. China es una sociedad de poco contacto físico, pero en Occidente, y sobre todo los latinos, lo necesitamos. China ha jugado bien sus cartas, y ahora el partido está en Europa, que apela a la responsabilidad de los ciudadanos más que a imponer normas. Nosotros nos resistimos a poner en peligro la economía y ese no es asunto baladí. Recuerdo que, en 2003, el gobernador de Hong Kong advirtió de que, debido a las medidas tomadas por el SARS, la gente moriría antes por los problemas económicos que por los biológicos. El tiempo dirá si con medidas menos drásticas se logran resultados similares a los de China.

P. La crisis económica en esta ocasión parece bastante más peligrosa.

R. Es evidente que se va a poner en cuestión la globalización, sobre todo porque ha quedado en evidencia la dependencia que el mundo tiene de China. La fabricación de mascarillas es un buen ejemplo. No obstante, también hay que recordar que es precisamente la colaboración internacional la que nos hace estar más preparados para afrontar la pandemia y encontrar una solución antes.

Trabajadores, en Nueva York, con trajes protectores. (Reuters)
Trabajadores, en Nueva York, con trajes protectores. (Reuters)

P. ¿Cómo de lejos están una vacuna o medicamentos efectivos?

R. No habrá vacuna al menos en un año. Pero es posible que veamos fármacos antivirales en dos o tres meses. El sida demuestra que podemos vencer a un virus para el que no hay vacuna después de tanto tiempo: antes hacían falta muchos medicamentos para extender la esperanza de vida un poco, y ahora basta con uno para llevar a cabo una vida casi normal. En el caso del coronavirus, no obstante, hay todavía muchas incógnitas: no sabemos a cuánta gente va a infectar, ni si va a convertirse en estacional como la gripe. De hecho, ni siquiera conocemos aún el animal del que procede, que es vital para avanzar en su combate.

P. Ahora la guerra se traslada a Occidente. ¿Cómo es posible que haya tanta discrepancia en la tasa de mortalidad?

R. Todo está relacionado con la demografía, la asistencia sanitaria de cada país, y el número de test que se realizan. Mongolia, por ejemplo, cerró rápidamente su frontera porque cuenta con un sistema sanitario muy endeble y el coronavirus puede resultar catastrófico. En Europa estamos mejor preparados, pero contamos con una población muy envejecida y menos camas de UCI que en Estados Unidos. Allí, sin embargo, son muy buenos curando, pero malos previniendo. Y eso es algo íntimamente relacionado con el sistema de seguros privados y con el elevado coste de la sanidad americana. El coronavirus deja al descubierto la debilidad de los sistemas sanitarios.

Guillaume Zagury. (Foto: Z. Aldama)
Guillaume Zagury. (Foto: Z. Aldama)

P. Sorprende que África aún tenga pocas infecciones.

R. Sin duda, África e India son dos territorios que van a resultar clave y en los que la incidencia aún es baja. Hay quienes explican esto con la teoría de la temperatura, afirmando que con más calor el coronavirus es menos infeccioso. Pero es pura conjetura: el MERS estaba a gusto en lugares cálidos y el SARS no. Lo que sí van a tener a su favor es una población mucho más joven que la de Europa. En cualquier caso, no se puede bajar la guardia, porque incluso con una tasa de mortalidad baja, en términos absolutos puede costar muchas vidas.

Ciencia

El redactor recomienda

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
3 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios