MÁS DE 3.600 MUERTES ANUALES EN ESPAÑA

Hablemos del suicidio: el gran tema del que nunca se habla deja de ser tabú en internet

Sumido en una depresión, el ingeniero Jaime Sánchez-Rubio se puso a indagar sobre el suicidio. Gracias a las redes, ha logrado que miles de personas hablen del tabú por antonomasia

Foto: 'La muerte de Séneca' de Manuel Domínguez Sánchez.
'La muerte de Séneca' de Manuel Domínguez Sánchez.

La costumbre es no hablar nunca sobre el suicidio, una de las principales causas de muerte en España con 3.600 fallecidos cada año. Da mal rollo y alguien, alguna vez, dijo que hablar de ello puede dar pie a que otros traten de imitar a esas diez personas que cada día se quitan voluntariamente la vida en nuestro país.

Jaime Sánchez-Rubio nunca pretendió dedicar su vida a combatir este oscurantismo. Para muchas personas con depresión que en ocasiones han barajado la posibilidad de quitarse de en medio, no es quizá el héroe que merecían pero ha resultado ser el que necesitaban.

En 2017, este ingeniero castellonense de 40 años vivía y trabajaba en Alemania. Ya hacía tiempo que tomaba antidepresivos aunque, como suele ocurrir con quienes padecen alguna patología mental, esto no es algo que trascendiera fácilmente más allá de su entorno más íntimo. Para quienes por ejemplo le seguían en Twitter era difícil de intuir, a juzgar por los chistes, ocurrencias y demás diversiones que posteaba habitualmente.

Su vida real era muy diferente. En Alemania, Sánchez-Rubio se encontró con circunstancias laborales bastante adversas —acabó sufriendo ‘mobbing’ en la empresa para la que trabajaba— y unos meses después acabó dando con sus huesos de nuevo en Castellón. Durante todos esos meses en los que tocó fondo, la idea del suicidio (que nunca llegó a intentar) se le pasó a menudo por la cabeza. Se planteaba cómo lo haría.

"Hay quien cuando está deprimido o tiene ideaciones suicidas intenta mirar para otro lado porque le aterra", explica Sánchez-Rubio, que optó por tomar un camino radicalmente opuesto. "Mi reacción fue la contraria: intentar indagar y entender lo mejor que pueda lo que me estaba pasando". Intentó ver todas las películas y documentales que pudo sobre el tema: gente deprimida y cómo habían intentado (o logrado) suicidarse. Se leyó 'El demonio de la depresión' de Andrew Solomon, que contiene un capítulo dedicado al suicidio. "Había leído ya 'El hombre en busca de sentido' de Viktor Frankl y me leí en inglés 'Night falls fast', de Kay Redfield Jamison, que está dedicado enteramente al suicidio". También hizo un curso presencial de la UNED sobre el suicidio.

Ya de vuelta en casa y como terapia ocupacional decidió matricularse en Comunicación Audiovisual, una carrera que siempre le había atraído. "Tenía una asignatura de publicidad en la que pedían voluntarios para hablar en público delante de 300 personas", explica a El Confidencial. Así que, frente a una audiencia que englobaba a los tres primeros cursos de Comunicación, Publicidad y Periodismo de la Universidad Jaume I, comenzó a hablar de la depresión y el suicidio. "Estaba nerviosísimo, pero conseguí hacerlo sin tomarme ningún ansiolítico", recuerda. Mientras hablaba miraba constantemente el texto que se había preparado. Lo llevaba en la mano, que no paraba de temblar.

Al terminar sus siete minutos de intervención, la gente aplaudió. Uno de ellos se le acercó y le habló de un allegado que se acababa de suicidar. Algo había comenzado a cambiar para él. De ser una persona que tuiteaba cosas graciosas mientras por dentro se sentía hecho un asco, pasó a convertirse en una persona que hablaba de la cosa más triste mientras, por dentro, comenzaba a sentirse útil y, por tanto, mejor.

Aquella charla se transformó en un artículo y después en otro más extenso que Sánchez-Rubio ha difundido por doquier, incluso en forma de hilo de Twitter que ya ha alcanzado, según datos de la propia red social, a casi medio millón de personas. Un año después de aquella intervención frente a unos pocos centenares, el número de gente que ha acabado leyendo lo que este ingeniero tenía que decir sobre el tabú del que nadie nunca habla se ha multiplicado.

Desde que puso el tema sobre la mesa han aparecido muchas personas para darle las gracias con un mensaje. Algunas habían intentado suicidarse, otras habían padecido la pérdida de alguien cercano y necesitaban leer justo esas palabras que él les había prestado. Para Jaime Sánchez-Rubio y todas esas personas algo parece evidente. Enterrar un problema como este bajo la alfombra del silencio no ha servido para que desapareciese. Al revés. Por miedo a caer en el 'efecto Werther' todos nos callamos, y mucha gente que necesitaba sentir que se les escuchaba ha quedado desamparada.

Entonces, hablemos del suicidio.

PREGUNTA. ¿Cómo se gestiona poner en Twitter cosas divertidas mientras por dentro uno está sufriendo? ¿Era una forma de buscar alivio?

RESPUESTA. Bueno, sigo intentando poner cosas graciosas, otra cosa es que lo consiga. En la cultura anglosajona el estereotipo del humorista es alguien que está hecho polvo por dentro, justo lo contrario de la imagen que tenemos en general en España. No creo que se sea necesariamente más gracioso si estás destrozado pero llama la atención que muchas de las personas más graciosas lo están o lo han estado. Es un tema peliagudo porque se puede caer en el cliché de que el buen creador o artista, sea pintor, escritor, músico o lo que sea, es siempre alguien que sufre, y no creo que sea así. La verdad es que no lo tengo claro. Es una pregunta complicada. Yo entré en Twitter en enero de 2012. Lo de hablar de la depresión y el suicidio ha sido algo del último año. No me lo planteé como un objetivo. Simplemente fue surgiendo.

P. ¿Qué le movió a querer ponerlo todo por escrito?

R. Mi principal miedo al hablar del suicidio era que, como yo nunca lo había intentado, podía ser visto como una voz no autorizada, y personas que sí lo hubieran intentado podrían sentirse ofendidas por algo que dijera. O peor aún: que alguien considerase que lo que yo decía podía incitar al suicidio. Pero ocurrió todo lo contrario. Por alguna razón parece que hay algo que he llegado a entender bastante bien sobre lo que pasa por algunas de las cabezas de quienes se han intentado suicidar. Muchas personas que lo han intentado me han agradecido que haya escrito sobre ello. Algunas dicen que al leerlo era la primera vez que se sentían comprendidas, y que había logrado expresar lo que ni ellos mismos podían. Es muy emocionante que te digan eso. Además de las respuestas positivas de personas que se han intentado suicidar y de familiares, incluyendo padres, que es probablemente el caso más duro, de personas que se han suicidado, también he recibido respuestas positivas de psicólogos y psiquiatras, lo cual me acababa de tranquilizar.

Jaime Sánchez, retratado por sí mismo. (Cedida)
Jaime Sánchez, retratado por sí mismo. (Cedida)

Desde hace un tiempo tengo muy presente una cita de Maya Angelou, que conocí gracias a Sarah Silverman, humorista que tuvo una depresión grave a los 13 años y cuyo psiquiatra se ahorcó mientras ella estaba en la sala de espera, como cuenta en su autobiografía. La cita dice que la gente olvidará lo que hiciste, olvidará lo que dijiste, pero no olvidará cómo les hiciste sentir. Lo que he escrito ha hecho sentir cosas a mucha gente (alivio, comprensión…) que espero que no olviden. No creo que se pueda aspirar a más como ser humano que a eso.

P. Ha llegado a cientos de miles de personas con un hilo sobre suicidio y su visibilización. ¿Cree que es precisamente este oscurantismo alrededor del tema el que ha impulsado el mensaje? ¿Que si se hablara con normalidad de ello, ese texto habría pasado desapercibido o, incluso, no habría hecho falta escribirlo?

R. Creo que si he sentido tantas ganas y necesidad de hablar de ello es precisamente porque la reacción más frecuente de la gente es no querer hablar ni oír hablar de ello, sí. Y porque el 'feedback' me lo ha dejado muy claro: hay mucha gente con mucha necesidad de hablar del tema abiertamente, y de sentirse escuchados y comprendidos. Da la casualidad de que más o menos desde hace un año se empieza a hacer, lo cual es muy buena noticia. Se empieza a intentar hablar de ello abiertamente, y de la necesidad de concienciar, visibilizar y poner en marcha planes de prevención.

Si se hablara de ello con la normalidad con la que espero que algún día se hable, o bien yo no habría sentido esa necesidad, o bien habría pasado mucho más desapercibido. Para mí escribir sobre esto no ha supuesto ningún esfuerzo ni ha requerido ningún valor. Era algo que necesitaba hacer. Puede sonar cursi pero es así. Lo que me habría costado es no hacerlo.

P. ¿Cómo se encuentra actualmente? ¿Le ha servido todo este reconocimiento y las conversaciones generadas alrededor del texto como bálsamo o terapia?

R. Me ha servido y me está sirviendo mucho como terapia. Me siento útil porque parece que he hecho algo que ayuda a mucha gente. Es lo más importante que he hecho en mi vida.

Creo que el fundador de Alcohólicos Anónimos tuvo la idea cuando se dio cuenta de que lo que mejor le iba para mantenerse sobrio era hablar con alcohólicos ebrios. Es como si me hubiera pasado algo parecido: el hablar del suicidio y ayudar a personas con ideaciones suicidas, con o sin intentos de suicidio a sus espaldas, a mí me está dando un motivo para vivir. Espero no sonar demasiado dramático pero así lo siento ahora mismo. En mis peores momentos de los últimos meses he sentido que morir me seguía dando miedo, no he estado cerca de intentar suicidarme, pero a la vez sentía que mi vida no tenía sentido y no esperaba nada de ella.

P. ¿Cuál ha sido su relación con las ideas suicidas? ¿Ha aprendido a vivir con ellas, cree que en el caso de las personas que padecen depresión, tenemos que acostumbrarnos a que estas ideas estén ahí con mayor o menor presencia a lo largo de la vida?

R. Creo que lo que hay es lo que hay. Si tienes ideaciones suicidas lo primero es admitir que las tienes, a los demás y sobre todo a ti mismo. Machacarte con que no deberías pensar en ello creo que solo puede hacer que lo pienses más. Para mí ocurre como con cualquier otra idea, aunque no tenga nada que ver con la muerte.

En mi caso concreto yo no pensaba en la muerte casi nunca. Ahora lo hago, y la sensación de poder pensar en la muerte con normalidad me alivia. Es algo que está ahí, de forma tan evidente como la vida, y no le veo sentido a forzarse a hacer como si no estuviera. Pensar en la muerte no significa que valores menos la vida. Creo que puede incluso significar que la valoras más.

P. ¿Cree que deberíamos abordar el suicidio como un problema de salud pública o como algo inherente al ser humano, es decir, algo que podemos tratar de reducir pero sabiendo que nunca lo vamos a dejar a cero?

R. Creo que hay que abordarlo como un problema de salud pública y a la vez algo inherente al ser humano. Hay muchísimo margen para reducir el número de suicidios, pero no creo que nunca se puedan eliminar del todo. Ocurre como con los accidentes de tráfico o los asesinatos: cuanto más se reducen más difícil es reducirlos aún más. Es como una asíntota: te puedes seguir acercando al cero pero sin llegar nunca a él.

P. Mucha gente le ha escrito a raíz del texto y entiendo que todas le han llegado muy dentro, ¿pero hay alguna que le gustaría destacar?

R. Los más emocionantes son los de personas que se han intentado suicidar y los de familiares de personas que se han suicidado y han encontrado consuelo o alivio al leerlo. Hay uno que me impactó especialmente, que recibí como respuesta al texto breve que usé en la charla. Era de un padre de familia cuya mujer se había suicidado hacía poco. Me decía que iba a imprimir y guardar lo que yo había escrito porque cuando sus hijos pequeños crecieran le iba a ayudar a hacerles entender lo que le había pasado a su madre. Supongo que me emocionó especialmente por los niños, a los que les había tocado sufrir el suicidio de su madre, y cuyo padre pensaba que algo que yo había escrito les iba a ayudar a entender lo que le había pasado.

Otro comentario que me emocionó mucho fue el de James Rhodes retuiteando el artículo y diciendo que textos como ese pueden salvar vidas. Me he leído su libro en el que habla de sus intentos de suicidio y sé que es alguien que sabe perfectamente de qué va.

P. Para los que a veces nos hemos encontrado con alguien cercano con depresión, es increíblemente difícil, o directamente imposible, meternos en su cabeza. No podemos evitar esos 'tú tranquilo, hombre', 'pero anímate' o 'ya verás como se te pasa'. ¡No podemos! Y no es por falta de empatía sino que es como si alguien viene y nos pide ayuda en otro idioma que desconocemos. ¿Qué hacemos entonces? ¿Qué les decimos?

R. Más que qué decir creo que se trata de qué no decir. En la duda creo que es mejor no decir nada. Esto está ya en muchísimos memes que circulan por internet. No es nada nuevo. Basta con imaginarse que en lugar de una enfermedad mental es una física. Las respuestas habituales bienintencionadas pero que no ayudan se pueden resumir en "¿Estás mal? ¡No estés mal!". Nadie le dice a alguien con cáncer "¿tienes cáncer? ¡No tengas cáncer!". Creo que hay que perderle el miedo a hablar, o como mínimo a escuchar a alguien hablar de su depresión o sus ideaciones suicidas. Cuando alguien dice que está pensando en suicidarse, si lo que recibe por respuesta es "no pienses en eso" se le está dejando solo con esas ideas, y además con la sensación de que es pecado tenerlas. Con eso solo se va a sentir aún peor y esas ideas probablemente van a ir a más, o en el mejor de los casos no van a ir a más, pero seguro que a menos no van a ir. Lo que necesita es sentirse acompañada y comprendida.

Cuando alguien dice que piensa en suicidarse, si se le responde "no pienses en eso" se le está dejando a solas con esa idea

La palabra empatía está algo desgastada pero creo que es lo que resume todo. En lugar de escandalizarse porque alguien te dice que piensa en suicidarse creo que todos podemos ponernos en su lugar y entender que podríamos llegar a una situación en que nosotros también lo pensemos. Porque es la realidad. A todos nos puede pasar. De hecho hay quien dice que toda persona cuerda ha pensado al menos una vez en su vida en suicidarse, aunque sea de forma fugaz, muy lejos de intentarlo de verdad, pero sí imaginárselo. No es lo que sabes sino lo que sientes. Hay momentos en los que puedes saber de forma racional que no eres un inútil, porque repasas tu vida y las cosas que has hecho, y de forma objetiva sabes que no eres un inútil, pero da igual saberlo si te sientes así.

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