SOMOS EL SEGUNDO IMPORTADOR DE LA UE

La destrucción española del Amazonas de la que nadie habla: importamos en masa su soja

La escasez de hectáreas de cultivo de soja en la península y las restricciones de la Unión Europea obligan a comprar más de tres millones de toneladas anuales a Brasil

Foto: Foto aérea de una zona de la Amazonía limpiada por leñadores y granjeros, justo antes de arder. (Reuters)
Foto aérea de una zona de la Amazonía "limpiada" por leñadores y granjeros, justo antes de arder. (Reuters)

Joaquín Aniés trabaja como agricultor en los campos del Alto Aragón. Como otros tantos labriegos, aprovecha la riqueza de esta modernizada zona de regadío del norte de España para sacar el máximo partido a sus tierras. Pero su caso es algo especial y diferente al del resto: aunque pueda sonar raro a estas alturas, él es de los pocos agricultores españoles que, con nuestro país importando este producto en máximos históricos, se atreve a apostar por la soja.

Desde hace seis años, Joaquín es uno de los pioneros de este tipo de oleaginosas que triunfan tanto en consumo humano (quién no ha probado la leche de soja) como en consumo animal, además de en todo el boyante mercado de lo orgánico. De las 96 hectáreas que dedica a este cultivo (alternando su plantación con otra de cebada) saca alrededor de 336 toneladas de granos de soja que vende a unos 480 euros cada una. Pero ¿por qué si España está tan necesitada de soja, los empresarios no se animan en masa con ella? El problema está bastante relacionado con la deforestación del Amazonas.

Aunque las 336 toneladas de Aniés son un buen número, la cantidad se queda muy atrás si se compara con los 3.300 millones que importa España cada año de todo el planeta y que tiene a Brasil (y en especial a la zona Amazónica) como principal productor. De hecho, somos el segundo importador de la Unión Europea, un dato muy relevante que se explica con la experiencia del agricultor aragonés.

"Casi el 100% de mi producción se la lleva el sector lácteo para todo tipo de bebidas de soja. Nos hemos centrado mucho en la calidad que exigen estas compañías y los estándares europeos para ofrecer un producto lo más óptimo posible", explica Joaquín, en conversación con Teknautas. "Y no es que no queramos competir en la parte que va a los piensos para animales, de hecho vendemos algo para ese fin, pero es que en ese apartado es imposible competir a día de hoy como agricultor español".

En el mapa español hay tan solo 1.600 hectáreas dedicadas al cultivo de la soja —según los datos de las Naciones Unidas— mientras que en Brasil son más de 33 millones. Por si fuera poco, los agricultores españoles que de momento se animan con la soja deciden centrar su producción en la alimentación humana de calidad y producción ecológica, el único mercado de esta legumbre donde tienen capacidad para competir. Mientras tanto, la soja brasileña representa más de la mitad de la importación que España realiza cada año de esta oleaginosa.

La razón para esto es bastante contundente tanto para Joaquín como para el resto de agricultores. "En Europa está prohibida la plantación de soja transgénica y eso encarece los costes de nuestros cultivos. Sin embargo, sí que se permite su importación. En Brasil y en EEUU sí pueden cultivar este tipo de soja que es resistente al glifosato es ahí donde radica la diferencia de precio: nuestras toneladas salen por unos 480 euros y las suyas se mueven por los 360".

Joaquín en su cultivo de soja oscense. (Foto cedida)
Joaquín en su cultivo de soja oscense. (Foto cedida)

España, un cliente codiciado

Teniendo en cuenta que la composición en proteína y aminoácidos de la soja la ha convertido en un ingrediente de fuerte presencia en los piensos compuestos que se utilizan en la ganadería, lo cierto es que España no puede vivir sin Brasil. Si nuestro país alimenta de media a más de 50 millones de cabezas de ganado y la producción de soja española es residual, la ecuación es fácil de resolver: la soja es un producto necesariamente importado. "Para plantar la soja aquí haría falta inocular la semilla, lo que incrementa mucho el precio. Sin embargo, el 90% de la producción de soja de países como Brasil, Argentina o Estados Unidos es transgénica", explica David Erice, miembro del Gabinete Técnico de la Unión de Pequeños Agricultores y Ganaderos (UPA). Y transgénico significa barato.

Según los últimos datos recogidos en Datacomex por el Ministerio de Comercio y analizados por El Confidencial, Brasil ha llegado a significar hasta el 70% de la importación de soja en España. Fue en 2012 cuando compramos a Brasil 2,3 millones de toneladas de soja, una cifra muy lejana de las 417.000 importadas desde EEUU o las 237.000 de Paraguay. Aunque actualmente Estados Unidos ya suponga más de un 30% de las importaciones —hace siete años solo era un 12%—, Brasil se sigue llevando la palma: en lo que llevamos de 2019, esta proporción ya ha alcanzado el 60%.

Y todo apunta a que va a seguir creciendo. Inés Jordana, responsable de Agricultura y Alimentación de SEO/Birdlife asegura que "la perspectiva de mercado más reciente de la FAO y la OCDE, que intenta predecir la expansión de cultivo y la exportación de soja en la próxima década, calcula que Brasil seguirá siendo el mayor productor del mundo en 2028 con más de 144 millones de toneladas, de los que casi dos tercios del volumen total se destinan a la exportación".

No obstante, tras los incendios, las predicciones deben cogerse con pinzas: algunos países como Francia o Irlanda ya han amenazado con bloquear el acuerdo con Mercosur por los incendios en la Amazonía, un convenio que favorecía la exportación de productos como la soja o el vacuno y que numerosas organizaciones medioambientales pusieron en entredicho en aras de la deforestación: "La cuestión que debería responderse ante crisis ambientales como la de la Amazonía es cómo contribuye el modelo agroalimentario y nuestra dieta a la transformación de hábitats naturales".

El granero de la soja brasileña

Vale, está claro que España compra miles de millones de toneladas a Brasil, pero ¿qué impacto provocamos nosotros sobre la Amazonía? Aunque la relación de los cultivos de soja con los últimos incendios no queda del todo clara, sí que es están bastante conectados con la deforestación de esta región. Según el Ministerio de Medio Ambiente brasileño, la soja ocupa ilegalmente 43.000 hectáreas de bosque deforestado en la Amazonía y el número solo ha hecho que aumentar. De 2017 a 2018 la cifra de tierras dedicadas a este cultivo en la zona amazónica creció un 27%. Terrenos húmedos y ricos en agua que tienen el clima perfecto para la producción en masa de la soja.

No hay datos definitivos sobre cuánta de la cantidad de soja que importamos viene de la zona amazónica, pero solo hace falta ver dónde están las principales plantaciones para encontrar la relación. Mato Grosso, uno de los estados brasileños que tocan con la selva en su interior, es el principal productor nacional de este cultivo con 9.700.000 hectáreas dedicadas a la soja y una producción de 32 millones de toneladas anuales, según las estadísticas del laboratorio estatal brasileño Embrapa. Tras esta zona vienen otros estados como Paraná (que no llega a tocar el Amazonas pero también sufrió los últimos incendios), Río Grande do Sul y Goias. Entre estas regiones agrupan más del 50% de la producción anual de soja en todo Brasil y solo Mato Grosso tiene casi el 20% de la tierra que se dedica a la soja en Brasil.

La Ley Forestal brasileña permite que el 20% de una propiedad pueda transformarse en cultivo


Varias universidades han estudiado ya los incendios en el Amazonas, un fenómeno que, lejos de lo que pueda parecer, es bastante rutinario en Brasil. Tal y como publica la Universidad de Wageningen, los incendios en el Amazonas ocurren cada año durante la estación seca, que comienza a partir de julio y termina en noviembre. En la cuenca amazónica, después del fuego viene la "limpieza" de parcelas, que consiste en eliminar todo rastro de vegetación para crear nuevos campos de cultivo. Estas prácticas se conocen como 'queimadas', son practicadas por campesinos y no solo acaban con la vegetación, sino con todo lo que hay bajo ella. Para recuperar lo que a día de hoy se está quemando, habría que cuidar minuciosamente la zona durante 15 o 20 años.

La Ley Forestal brasileña permite que el 20% de una propiedad pueda ser transformada en terreno de cultivo, plantación y pasto. Los datos demuestran que los incendios puntuales en la zona amazónica han sufrido un pico bastante inusual este año. Tal y como demuestran las cifras del Instituto de Investigación Espacial (INPE) analizadas por este periódico, entre enero y agosto de 2019 los incendios detectados en la Amazonía han crecido un 95%, en comparación con el mismo periodo del año anterior. En los meses de marzo y abril, fueron especialmente frecuentes: pasaron de 1.872 en 2018 a 5.085.

Soto lo resume en una frase: "Lo que antes era un problema de Gobierno, Bolsonaro lo ha convertido en una desprotección absoluta"

En la Amazonía, tal y como explica Miguel Soto, responsable de campañas de Greenpeace, "el tamaño de las propiedades varía mucho: algunas dependen de pequeños agricultores y otras de grandes terratenientes". "En las zonas llanas como las de El Cerrado y biomas cercanos, es muy fácil quemar, quitar la madera y empezar a plantar". Esto, junto a la falta de funcionarios que denuncia Soto, dificulta la vigilancia sobre las explotaciones: "La capacidad de control es muy escasa. Existe una ley, pero no se cumple por falta de gobernanza. En los pocos casos donde el Ministerio Público consigue las pruebas, no se termina por llevar a los responsables a la Justicia y tampoco se efectúa el pago de multas".

La 'Moratoria de la Soja', en el recuerdo

A principios de siglo, la preocupación por la Amazonía y el cultivo de la soja llevó a varios agricultores y empresas brasileñas en el sector a negarse a comercializar con soja de origen amazónico en un intento de reducir la deforestación. Con la ayuda de organizaciones medioambientales —en especial Greenpeace—, la conocida como 'Moratoria de la Soja' se hizo papel en julio de 2006 con la firma del Ministerio de Medio Ambiente de Brasil. Pero, aunque el porcentaje de deforestación de la Amazonía atribuido a la soja se redujo al 1,2%, los cultivos terminaron expandiéndose por zonas anteriormente usadas como pasto, trasladando a los ganaderos a zonas arboladas. Bastaba con hacer una 'queimada' para empezar a cultivar.

Vista aérea tomada el 29 de agosto donde se observa una 'queimada'. (Reuters)
Vista aérea tomada el 29 de agosto donde se observa una 'queimada'. (Reuters)


Junto a la creciente demanda y la fuerte presión del mercado de la soja, las organizaciones medioambientales y parte de la población insisten en que la política de Bolsonaro ha terminado de emborronar toda iniciativa de protección de la Amazonía. Durante la campaña electoral, el presidente electo hizo girar parte de su programa electoral alrededor de las regulaciones medioambientales brasileñas, prometiendo aligerar las restricciones en zonas donde proliferan estos cultivos, llegando hasta a plantear sacar a Brasil del Acuerdo de París o fusionar los ministerios de Agricultura y Medio Ambiente para cambiar las leyes relativas al cambio climático. Soto lo resume en una frase: "Lo que antes era un problema de Gobierno, Bolsonaro lo ha convertido en una desprotección absoluta".

Las organizaciones medioambientales insisten en que cambiar nuestra dieta es primordial

De momento, Brasil ha prohibido durante los próximos 60 días las quemas para la siembra con el objetivo de frenar los incendios en el Amazonas. Pero, teniendo en cuenta nuestra dependencia sobre la soja brasileña, ¿podemos hacer algo por cambiar la situación? Tanto organizaciones medioambientales como la comunidad científica o la propia Comisión Europea llevan tiempo insistiendo en que, si queremos empezar a actuar localmente, lo primero que debemos hacer es cambiar nuestra dieta.

Precisamente, la CE publicó varias recomendaciones para transformar nuestra alimentación en una más respetuosa con el medio ambiente, apostando por el consumo de productos procedentes de ecosistemas agro-silvo-pastorales con alta biodiversidad. Algunas organizaciones como SEO/Birdlife y otra treintena de organizaciones han propuesto retos como la 'semana sin carne' para concienciar a la población sobre la influencia directa que la ganadería tiene sobre la biosfera.

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