NO CUMPLE LOS CRITERIOS DE LA UE

El insecticida clorpirifós es peligroso para la salud, según concluyen expertos de la UE

El plaguicida más usado en España no reúne los criterios para que su licencia de uso sea renovada en la UE en 2020, según informa la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA)

Foto: Ilustración: Irene de Pablo Molinero
Ilustración: Irene de Pablo Molinero

La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) ha publicado este viernes un doble comunicado donde concluye que los plaguicidas clorpirifós y metil clorpirifós, muy usados ambos en España en la agricultura, no cumplen “con los criterios aplicables para proteger la salud humana establecidos en la legislación de la Unión Europea” y recomienda que no se renueve su autorización pendiente para enero de 2020. Su uso ya está prohibido en ocho Estados miembros de la UE, Alemania, Irlanda, Finlandia o Suecia entre ellos.

Liderados por España, los estudios del comité científico ‘ad hoc’ de la EFSA sobre el impacto del clorpirifós en la salud, aun conservadores en su redacción, constatan que su consumo a través de los alimentos causa problemas genéticos y de desarrollo neurológico, especialmente observables en los niños y en los nonatos.

En las conclusiones de la EFSA se lee que los experimentos llevados a cabo en ratas muestran que su ingesta provoca disminución del tamaño del cerebelo. Además, las evidencias de otras pruebas epidemiológicas dan como resultado que los nonatos y los niños expuestos al insecticida pueden desarrollar en su futuro efectos adversos en su sistema neurológico, tales como déficit de atención, hiperactividad, mengua de puntos en el coeficiente intelectual y pérdida de memoria en el trabajo.

“Lo que nosotros decimos es que ambos tipos de clorpirifós no cumplen los criterios de la legislación comunitaria”, dijo un portavoz de la EFSA

El Confidencial y otros ocho medios de Europa y Estados Unidos publicaron en junio pasado una investigación sobre las amenazas del clorpirifós para la salud humana y el medio ambiente. Gracias a una fuente oficial comunitaria que prefirió ocultar su identidad, adelantamos que la Comisión Europea prohibirá el uso del clorpirifós en la agricultura a comienzos de 2020. El comunicado firmado por los científicos de la EFSA allana el camino para que la Comisión sancione la prohibición en su legislación.

“Lo que nosotros decimos es que ambos tipos de clorpirifós no cumplen los criterios de la legislación comunitaria”, dijo este mismo viernes a los periodistas un portavoz de la EFSA. Enfatizó que la evaluación del comité científico “no está finalizada, ya que existen otros temas del estudio que aún deben ser acabados, como por ejemplo la toxicología del clorpirifós en animales”.

Las conclusiones de la agencia comunitaria van en la misma línea que las expuestas en varias investigaciones científicas publicadas en Estados Unidos, entre ellas, la de 2016 de la Universidad de Columbia y su Center for Children’s Environmental Health. Este estudio de Columbia determinó que Estados Unidos prohibiera el uso del clorpirifós en los jardines residenciales y en el interior de los inmuebles. Pero esa medida no vetó su empleo en la agricultura en el conjunto del país.

Profesores de la Universidad California Los Angeles (UCLA) publicaron en marzo pasado un ensayo en el que vinculaban el autismo y daños cerebrales prematuros en niños californianos que han tenido una exposición permanente al clorpirifós en sus etapas prenatal e infantil. El estudio desvela que el riesgo de daños en el cerebro se incrementa cuando la madre ha estado expuesta durante el embarazo a campos de cultivo donde se aplicaba ese insecticida. Este trabajo científico ha tenido tanto peso que ha originado la prohibición del clorpirifós en California, el estado con mayor publicación agrícola de EEUU. Otros cinco estados han anunciado o decidido ya ilegalizaciones similares: Hawái, Oregón, Nueva York, Connecticut y Nueva Jersey.

Los expertos advierten de su peligro

El término ‘clorpirifós’ suena a medicamento, a droga sintética o a jugador griego de baloncesto. En principio, el común de los mortales desconoce de qué se trata la sustancia que se esconde tras ese palabro.

Pero quizás el lector se interese en mayor grado por el clorpirifós cuando le contemos que lo acompaña permanentemente en su vida diaria. Está presente en las manzanas que come, en las peras, en las mandarinas; lo expulsa cuando va a orinar o vive alojado en el cordón umbilical que une a las mamás y a sus bebés dentro del saco amniótico. Se trata de un insecticida muy potente y eficaz para combatir las plagas y que, además, es el plaguicida más utilizado en la agricultura de España desde que se comenzara a usar en los años ochenta de forma masiva en los cultivos.

Según el análisis propio de las bases de datos del Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar Social, el clorpirifós es el pesticida más recurrente en las muestras analizadas de productos agrícolas entre 2015 y 2017. Además, entre los 4.677 test, este plaguicida aparece en justo 400 casos, un 8,5% del total. Tiene una gran presencia en las naranjas, las mandarinas y los plátanos examinados, pero se usa en casi 100 productos agrícolas en España.

Nos ha llevado mucho tiempo hasta que nos hemos dado cuenta de que el clorpirifós es una de las sustancias químicas más despreciables

Las cestas de fruta y tu plato de la cena tienen residuos de ese plaguicida. Tu orina los expulsa, así como lo hace el 90% de los niños testados por científicos como Vicent Yusà, jefe de Laboratorios de Salud Pública de la Generalitat Valenciana. Yusà se lo contó viva voz a los periodistas y se lee en sus artículos. Entrevistado Yusà para la investigación periodística, dijo: “Muy probablemente, la UE prohibirá el clorpirifós en enero de 2020 porque, comparado con otros insecticidas, es más peligroso para la salud humana y tiene mayor impacto negativo en el medio ambiente que otros. Es muy potente porque no solo elimina las plagas agrícolas sino también otros animales y afecta al medio ambiente. No debemos jugar más a la ruleta rusa con el clorpirifós”.

“Nos ha llevado mucho tiempo hasta que nos hemos dado cuenta de que el clorpirifós es una de las sustancias químicas más despreciables”, apunta Thomas Backhaus, profesor de Toxicología y Ciencias Medioambientales de la Universidad de Gotemburgo. “En comparación con el glifosato, el principio activo del Roundup de Monsanto, el clorpirifós ha volado ajeno a la detección de los radares. Cuando aplicamos herbicidas como el glifosato que matan la mala hierba, las personas podemos lidiar con él porque no tenemos clorofila y no nos afecta directamente. Sin embargo, cuando hablamos de insecticidas, tenemos el problema de que afectan al desarrollo de los animales, incluidos los humanos”, explica Backhaus.

Por su lado, Barbara Demeniex , profesora de Biología en el Laboratorio de Regulaciones Endocrinas del Centro Nacional de la Investigación Científica de Francia, señaló a los reporteros lo siguiente: "Las evidencias científicas muestran claramente que la exposición prenatal al clorpirifós tiene efectos nocivos en el cociente intelectual y el grosor de la corteza cerebral. El clorpirifós resulta tóxico para el sistema nervioso central, es decir, neurotóxico, y es un disruptor endocrino, especialmente para las hormonas tiroideas. Así, este insecticida interfiere en el desarrollo normal del cerebro”

Ahora, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria ha puesto la primera piedra para prohibir un plaguicida que está puesto en entredicho por numerosos científicos. La presión mediática y de las oenegés ha hecho mella. Es la primera vez que la EFSA emite un comunicado similar antes de trasladar los resultados de sus estudios a la Comisión Europea.

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*Eiliv Frich Flydal, periodista del diario noruego 'Dagblet', ha colaborado en la elaboración de este artículo.

Una investigación periodística transnacional

El trabajo ha sido coordinado por Nils Mulvad desde Investigative Reporting Denmark. Parcialmente ha sido sufragado por una ayuda de Journalism Fund. En esta investigación han colaborado los profesionales que siguen: Stéphane Horel, de 'Le Monde', Anuška Delić, de 'Oštro', Staffan Dahllöf y Oluf Jørgensen, de Investigative Reporting Denmark, Louise Voller, de 'Danwatch', Eiliv Frich Flydal, de 'Dagblet', Wojciech Ciesla, de 'Newsweek', Pamela G. Dempsey y Brant Houston, de Midwest Center for Investigative Reporting, Kristof Clerix de 'Knack', e Irene de Pablo Molinero y Marcos García Rey, de El Confidencial.

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