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Adiós, Eduard Punset: el divulgador menos científico de todos fue el único que lo petó

A lo largo de su carrera, que empezó como economista, Punset traspasó varias líneas rojas en los manuales de comunicación de la ciencia. ¿Fue este el secreto para ser el más popular?

Foto: Eduard Punset, presentador del mítico 'Redes' (RTVE)
Eduard Punset, presentador del mítico 'Redes' (RTVE)

El divulgador científico más famoso de España era abogado y economista. Esto ayuda a explicar el éxito de Eduard Punset, fallecido este miércoles en su Barcelona natal a los 82 años de edad.

No fue su acervo acerca de los temas que hablaba, sino la curiosidad. La misma que le llevó a husmear por Puerto Príncipe en la década de los setenta, como representante del Fondo Monetario Internacional buscando joyas de la pintura naïf haitiana o indagando acerca del arraigo del vudú en aquella sociedad, un interés que más tarde manifestaría en su icónico programa de televisión.

A partir de 1996, todo cambió en su carrera. Punset dejó su acta como eurodiputado y comenzó a hacerse cargo de 'Redes', un programa que a lo largo de varias etapas (en la última se llamó Redes 2.0) se prolongó hasta 2014. Aunque al principio el programa incluía un coloquio o un breve informativo, fue en su última etapa cuando adoptó el formato por el que llegó a ser más conocido: una entrevista principal de Punset a un científico o intelectual acompañada con pequeños vídeos cortos.

Es difícil ser ciencia en televisión. Hoy en día la divulgación se estrella en el 'prime time' o se transforma en una amalgama infantiloide de 'El Hormiguero', con explosivos, pintura, humo y oligofrenia moderada. Lo que hizo de 'Redes' un programa de culto fue justamente lo contrario: como en 'Alicia en el País de las Maravillas', el espectador curioso se veía obligado a perseguir al conejo catódico a través de horarios intempestivos que cambiaban continuamente, del martes a las dos de la madrugada al domingo a las nueve de la noche, o haciendo 'zapping' compulsivamente entre La 2 y el canal 24 Horas.

Cuando el espectador, tras una soirée que se ha ido de las manos, llegaba a altas horas y se encontraba con la cara de Punset en el televisor, sentía que perfectamente podía ser la única persona del país viéndole en aquel momento. Quizá era la única forma de supervivencia para un programa así en los años del cambio de siglo, huir de la ley televisiva que forzaba a huir de una vaquilla o llenar el plató de presentadoras recauchutadas en bikinis frutales.

Frente a eso, las entrevistas a Stephen Jay Gould, Lynn Margulis, Richard Dawkins o Antonio Damásio hablando de los orígenes del hombre, la plasticidad del cerebro o cómo la asociación entre microorganismos impulsa la evolución de las especies sólo podían introducirse en la parrilla televisiva de contrabando, incluso en la pública resultaban un producto tan sospechoso como un fardo de paquetes de Winston procedente de Gibraltar.

Pronto, el programa se convirtió en parte de la cultura popular del país. Las bajas audiencias de 'Redes' se compensaban con la popularidad emergente de Punset, que el día de su muerte acumulaba más de un millón de seguidores en una cuenta de Facebook que llevaba dos años sin actualizar. Cualquier humorista de España ha imitado a Punset en algún momento, desde José Mota a Los Morancos, y quizá su éxito como divulgador científico radicara precisamente en eso: a mucha gente igual no le apetecía ver un programa de ciencia, pero sí uno con Punset.

Eduard Punset en la piel de uno de Los Morancos (RTVE)
Eduard Punset en la piel de uno de Los Morancos (RTVE)

A esto le siguieron intervenciones mensuales en 'Buenafuente', los libros, las charlas... poco a poco la icónica melena rizada del divulgador fue trascendiendo los límites de la pequeña pantalla. En la comunidad científica, su repercusión era unánime, su reputación no tanto.

El divulgador incómodo

El método que llevó a Punset al éxito, seguir su curiosidad para responder a preguntas esenciales sobre el mundo y el ser humano, le llevó en muchas ocasiones a entrevistar a gente tan poco ortodoxa como el ilusionista israelí Uri Geller, con quien se vio en 1998, o Masaru Emoto, un escritor japonés que defendía que exponer al agua a distintas ideas o emociones redudanba en que, al congelarla, los cristales de hielo adquirían formas diferentes.

Punset y Uri Geller en 'Redes' (RTVE)
Punset y Uri Geller en 'Redes' (RTVE)

Entre la comunidad española de divulgadores científicos, exponer al público a este tipo de charlatanes se antojaba imperdonable. "Nada en la entrevista apunta a un mínimo escepticismo por parte de Punset", decía Luis Alfonso Gámez sobre su encuentro con Geller. "Al contrario. En todo momento, parece arrobado. A cada bobada que suelta su interlocutor, responde con una sonrisa complaciente".

"Durante muchos años, entre la comunidad científica y escéptica hubo un debate entre partidarios y detractores de Punset y la cuestión de fondo era si resultaba preferible un poco de ciencia popular, salpicada de ideas erróneas, o nada de ciencia en absoluto en los medios públicos", contaba en un artículo de 2014 Antonio Martínez Ron. "Lamentablemente, muchos de los que entonces defendimos a Punset nos hemos quedado sin argumentos para hacerlo".

Son dos ejemplos entre muchísimos. Parte de esta impopularidad entre los profesionales de la comunicación científica estaba en que los intereses de Punset en los últimos años, además, fueron virando hacia el análisis de las emociones, la felicidad y la autoayuda.

Su principal defensor en este mundillo era y es Pere Estupinyà, presentador del programa 'El cazador del cerebros' y generalmente considerado el sucesor del economista catalán. En una entrevista con quien esto firma, Estupinyà en 2016 decía que Punset "ha tenido algunos deslices, aunque hay un punto injusto en su evaluación, y es que se le critica por haber entrevistado a Uri Geller o Deepak Chopra en su primera etapa en 'Redes'. Luego hubo años y años donde nunca se entrevistó a ningún pseudocientífico. Se está haciendo 'cherry-picking' [falacia de prueba incompleta] con Punset, pero creo que a nivel global ha tenido un impacto en gente que nunca habría llegado a la ciencia de no ser por un personaje estrafalario que hablaba de manera peculiar y con palabrejas que no terminabas de entender".

Punset perdió su melena rizada

A finales de 2007 Punset fue diagnosticado por primera vez con el cáncer que, doce años después, ha acabado poniendo su punto y final. En las últimas emisiones de aquel 'Redes' original ya aparecía sin su característico pelo plateado, pero el programa, de algún modo, siguió adelante seis años más pese a que entre los planes de RTVE la idea era cargárselo alrededor de 2007. Sin embargo, la presión popular logró salvar el 'match ball' y 'Redes 2.0' echó a andar.

Punset en 2008, ya sin su melena (RTVE)
Punset en 2008, ya sin su melena (RTVE)

La idea del divulgador era pivotar cada vez más desde su figura hasta la de su hija Elsa, también divulgadora y autora de libros sobre inteligencia emocional. En 2014, su productora Smart Planet ofreció a TVE un proyecto para relanzar redes tras el rostro de su hija y contando con él tras las cámaras o como colaborador esporádico.

La oferta, sin embargo, fue rechazada por el ente que apostó por un nuevo programa, 'Órbita Laika', que debutó en diciembre de 2014 y sigue en antena a día de hoy. La figura de Punset desde entonces se fue diluyendo, pese a que siguió publicando libros de divulgación (el último es 'Carta a mis nietas', de 2015) y haciendo apariciones esporádicas.

'Redes' fue un milagro que logró permanecer en antena durante 600 programas en total,. Para lograr este éxito, Punset pisó varias líneas rojas de la comunicación científica. Pueden considerarlo daños colaterales o, si son benévolos, encuadrarlo dentro de un intento de embridar aquellas 'dos culturas', la científica y la humanística, que enunció Charles Percy Snow: "La división de nuestra cultura nos hace más obtusos de lo necesario; podemos reparar las comunicaciones hasta cierto punto, pero, como dije antes, no vamos a producir hombres y mujeres que entiendan nuestro mundo tanto como Piero della Francesca, Pascal o Goethe entendían el suyo", dijo en su clásico ensayo. "Con buena suerte, sin embargo, podemos educar una gran proporción de nuestras mejores mentes a fin de que no ignoren la experiencia imaginativa, tanto en las artes como en la ciencia, y tampoco las dotes de la ciencia aplicada, el sufrimiento remediable de la mayoría de nuestros semejantes y las responsabilidades que, una vez conocidas, no pueden rechazarse".

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