cada año crecen los fuegos intencionados

53 incendios en 2017: el negocio oculto de los fuegos en las plantas de reciclaje españolas

La alarmante cifra de fuegos, probablemente intencionados, revela las deficiencias de un sistema poco eficaz. Estas son las causas, pero las soluciones están lejos de ser resueltas

Foto: Los bomberos intentan sofocar las llamas de un aparatoso incendio en una planta de reciclaje de Alicante (Manuel Lorenzo / EFE)
Los bomberos intentan sofocar las llamas de un aparatoso incendio en una planta de reciclaje de Alicante (Manuel Lorenzo / EFE)

Saltan a los medios de comunicación en contadas ocasiones, cuando el suceso es especialmente aparatoso, pero pasan desapercibidos casi siempre, en forma de noticia breve en algún medio local. Sin embargo, si se suman, su frecuencia comienza a ser escandalosa: España vive una oleada de incendios en plantas de reciclaje.

Sumarlos es lo que lleva haciendo BlogSOStenible desde 2012 y ya ha contabilizado 142. El autor del recuento, Pepe Galindo, nos advierte de que no es una recopilación exhaustiva, se basa en sucesos aparecidos en prensa, así que el número real podría ser mayor. En cualquier caso, es sorprendente la evolución: 10 en 2012, 17 en 2013, 12 en 2014, 18 en 2015, 32 en 2016 y 53 en lo que va de 2017. Es decir, se han disparado los casos en los dos últimos años, especialmente en este, que aún no ha finalizado.

El partido Equo ha situado en un mapa los incendios que se han producido desde enero, repartidos por toda la geografía española, y hace más de un mes preguntó al Gobierno si existe alguna explicación, pero de momento no ha obtenido respuesta.

Los expertos consultados por Teknautas coinciden en que los datos demuestran que, salvo excepciones, los fuegos son intencionados. Llama la atención algún caso particular, como el de Chiloeches (Guadalajara), con siete incendios en diferentes instalaciones en solo dos años.

Algunos insinúan que son los propios gestores de residuos quienes los queman, otros no se mojan por falta de pruebas, pero creen que la situación revela los problemas de un sistema de reciclaje deficiente y que se ha convertido en "el vagón de cola de la crisis económica", que sufre ahora intensamente.

El negocio: almacenar mucho

Entender lo que ocurre implica conocer el funcionamiento del sector. Las empresas cobran por retirar los residuos y, si pueden, también por venderlos. En general, tienden a almacenar grandes cantidades de material para mejorar la rentabilidad de su negocio, que se mueve en márgenes muy estrechos. Un motivo es la mera especulación con los precios. Almacenar grandes cantidades de plásticos, neumáticos, papel, ropa, cartón y otros desechos a la espera de que paguen algún céntimo más por cada kilo puede ser clave para obtener beneficios, ya que mueven toneladas.

Además, si van a transportar los residuos, sale más económico llevar un camión lleno que varios a medias. Lo mismo ocurre si tienen que iniciar un proceso de tratamiento en sus propias instalaciones.

Es un sector muy peculiar, cobras por adelantado por un servicio del que no tienes que dar explicaciones

Por un lado, acumular muchos residuos durante mucho tiempo incrementa los riesgos. Por otro –entrando ya en el terreno de la intencionalidad del fuego-, es posible que cuando no tienen más remedio que hacer algo con los residuos por falta de espacio, algunas empresas ya se hayan gastado buena parte del dinero cobrado por la gestión, de manera que la mejor opción es que desaparezcan –el fuego viene bien para estas cosas- para no incurrir en costes de tratamiento o transporte. Una "gestión rápida", ironiza una de nuestras fuentes.

También esa es la hipótesis de Fernando Follos, consultor ambiental que conoce a fondo la situación. "Es un sector muy peculiar, cobras por adelantado por un servicio del que no tienes que dar explicaciones y quien produce los residuos se los quita de encima sin ninguna responsabilidad". En su opinión, "un porcentaje elevado del sector está constituido por gente poco ética que baja los precios porque en realidad no tiene pensado gestionar los residuos". Así, quien produce los desechos, tanto industrias como municipios, pagan poco por deshacerse de ellos, mientras que los gestores honrados tienen que amoldarse al mercado y obtienen un beneficio muy escaso.

Residuos peligrosos

La Asociación de Empresas Gestoras de Residuos y Recursos Especiales (Asegre) agrupa a compañías encargadas de los residuos peligrosos. Su secretario general, Luis Palomino, destaca que del total de los incendios registrados en plantas de reciclaje, apenas un 10% corresponde a este sector, a pesar de que en teoría manejan sustancias que pueden ser inflamables.

Aunque reconoce que "lo más fácil es pensar que son intencionados", cree que también existen otros factores, al menos dentro de la parcela de actividad de sus asociados, que manejan desde aceites de coche hasta frigoríficos. En su opinión, hay que tener en cuenta que alguno de los incendios se explica por accidente y no hay que descartar que la meteorología de este año haya jugado una mala pasada.

Mayo de 2017. Quince heridos en las explosiones en una nave de reciclaje de residuos en Arganda del Rey. (EFE)
Mayo de 2017. Quince heridos en las explosiones en una nave de reciclaje de residuos en Arganda del Rey. (EFE)

Sin embargo, la hipótesis de que las condiciones de temperatura y humedad de este año hayan favorecido cifras tan elevadas no parece muy consistente. Para comparar, acudimos a las estadísticas de incendios forestales del Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente. Aunque las cifras de 2017 son algo superiores a la media de los últimos 10 años, con 11.742 fuegos entre el 1 de enero y el 30 septiembre, vemos que en el mismo periodo de 2012 se produjeron muchos más (15.205), mientras que en 2016 sólo llegan a 7.695. La cantidad de fuegos en plantas de reciclaje no guarda relación con las cifras de los que sí están determinados por las condiciones meteorológicas, los forestales.

No obstante, el responsable de Asagre considera que hay muchas cosas que mejorar en el sistema. Por ejemplo, en teoría una parte importante de los residuos se utilizan como combustible en cementeras o para generar electricidad mediante incineración, pero la realidad es que "no tenemos esa capacidad de valorización energética".

China puede dinamitar el sistema

Hasta ahora una salida para el mercado de los residuos estaba en China, dispuesta a importar papel, plástico y cualquier otra cosa en cantidades gigantescas y sin que le importase mucho la calidad o las mezclas de residuos, porque probablemente el destino final de la mayor parte de estos cargamentos no es más que la incineración.

Sin embargo, el país asiático acaba de anunciar que tiene intención de cambiar de política: quiere dejar de ser uno de los vertederos del mundo y, aunque aún no lo ha hecho efectivo, algunos ya están temblando. "Si las plantas de residuos están ardiendo por esta crisis, imagina lo que puede venir a partir de ahora", advierte Fernando Follos.

Aparatoso incendio en una planta de reciclaje de Alicante (Manuel Lorenzo / EFE)
Aparatoso incendio en una planta de reciclaje de Alicante (Manuel Lorenzo / EFE)

Julio Barea, de Greenpeace, también ha estudiado la situación. "El sistema prioriza verter y quemar, estamos lejos de la economía circular que nos prometen, los porcentajes de reciclaje son nefastos", opina. Según datos recientes del INE, del total de residuos tratados, el 53,3% se destinó al reciclado, el 39,3% al vertido y el 7,4% a la incineración.

Sin embargo, los ecologistas denuncian que las cifras son poco fiables y que en todo caso sólo reflejan cantidades, no la calidad de los materiales. Por ejemplo, "en el cubo amarillo [el de los envases] se mezcla todo, incluso materia orgánica de restos de comida, y esto hace inviable que se puedan fundir las latas para su reutilización". Menos mal que de momento se lo llevan los chinos.

Juantxo López de Uralde, de Equo, se queja de la falta de control y cree que en algunos casos se puede hablar de “una mafia de los residuos”. En particular, en uno de los casos de Chiloeches que fue a juicio, “había disolventes tóxicos que no sólo no estaban tratando, sino que mezclaban con escombros”. En general, “no hay vigilancia suficiente” y “las plantas piratas se reproducen”.

¿Se puede mejorar el modelo?

Parece que el sistema tiene mucho que mejorar. La trazabilidad de los residuos “de principio a fin” podría ser el primer paso, porque los productores de residuos podrían exigir responsabilidades a los gestores. El control de las administraciones parece otro punto clave y los criterios sobre cantidades que se pueden almacenar y el tiempo permitido para hacerlo varían de unas comunidades a otras.

Incendio declarado en una empresa de reciclaje situada a las afueras de Calatayud (EFE)
Incendio declarado en una empresa de reciclaje situada a las afueras de Calatayud (EFE)

Muchos apuestan también por implantar el sistema SDDR (Sistema de Depósito, Devolución y Retorno), que no es otra cosa que pagar por el envase que compramos y recuperar el dinero si lo devolvemos. Si no lo devolvemos se cumpliría lo de "quien contamina, paga". Es lo que sucede en Alemania, por ejemplo, y decenas de países, pero no tiene nada que ver con el actual modelo español. Aquí el fabricante de una botella o de un envase paga un porcentaje que carga al consumidor y las plataformas sin ánimo de lucro como Ecoembes o Ecovidrio se quedan con ese dinero para pagar a los gestores.

Es decir, que el ciudadano paga se recicle o no se recicle. Lo peor es que a veces encima acaba ardiendo.

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