La realidad que se esconde detrás de que Google imite a Apple y haga sus propios chips
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¿POR QUÉ HACEN SUS PROCESADORES?

La realidad que se esconde detrás de que Google imite a Apple y haga sus propios chips

Los Pixel 6 llegarán con Tensor, un procesador diseñado por los de Mountain View. Este no es un síntoma más del cambio que vive la industria de los microchips y el reto que se presenta a gigantes como Qualcomm o Intel

Foto: Google creará su propio procesador para el Pixel 6. Foto: Google
Google creará su propio procesador para el Pixel 6. Foto: Google

Esta semana, en un raro proceder, Google desveló sus próximos teléfonos móviles a través de una ristra de 'tuits'. Los Pixel 6 y los Pixel 6 Pro, primera vez que los de Mountain View van a meter un modelo hormonado en su oferta, se parecen mucho a lo que la rumorología y los filtradores habían puesto sobre la mesa hasta ahora. Son el enésimo intento de un fabricante que utiliza Android de ponerse a altura y ofrecer algo equivalente a lo que ofrecen los iPhone. Y quizás, por primera vez en la historia, esto sea más real que nunca.

¿Por qué? Básicamente porque la próxima generación de terminales 'made by Google' incluirá, por primera vez, un procesador propio de la compañía. Algo que les permitirá controlar el software y el hardware a un nivel que hasta ahora solo había conseguido Apple. Pero esta decisión tiene también un importante efecto secundario que puede suponer un importante antes y después para importantes empresas del tamaño de Qualcomm.

Foto: Ilustración: Raquel Cano.

Antes de hablar de eso conviene repasar algunas cosas concretas de ambas compañías. Tim Cook vino a decir en su momento que lo de hacer sus propios procesadores se enmarca en una corriente de tener "un mayor control sobre la cadena de suministro" de componentes electrónicos. Algo que tiene mucha lógica, teniendo en cuenta lo susceptible que es esta industria a las tensiones geopolíticas, tal y como ha quedado demostrada con el 'caso Huawei'. Tiene otros beneficios, como un mayor control de los costes al realizar 'in house' parte del proceso.

Pero también tiene muchas otras posibilidades como que la experiencia final no quede limitada porque tu software, aunque encaje, no termine de explotar todas las posibilidades del hardware. Esto se ha vuelto a ver, por ejemplo, con el éxodo que ha decidido emprender Apple para prescindir de Intel y su arquitectura x86 en sus ordenadores. Los M1, que están construodos bajo el patrón ARM, han permitido alcanzar a los nuevo MacBook unas cotas de autonomía nunca vistas antes, sin pérdida en el apartado del rendimiento.

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Foto: Reuters.

Estos chips son herederos directos del trabajo hecho con los motores de sus teléfonos y tabletas, que llegaron a superar (en el caso de los iPad Pro) a procesadores para ordenadores en los 'benchmarks'. Un trabajo que ha permitido a Apple durante muchos años vivir sin tener que entrar en la carrera de la RAM o de los mAh que protagonizan muchos otros fabricantes de tecnología. Con mucho menos, podían estar en la vanguardia.

En el caso de Google la decisión cobra tanto sentido como en el de Apple, porque su baza es ofrecer soluciones y características de software que otros no pueden o no saben ofrecer. Por ejemplo, gracias a la fotografía computacional han conseguido que los Pixel sean uno de los teléfonos de referencia en fotografía, a pesar de utilizar uno o dos sensores. Tensor, como se llaman sus procesadores, ayudarán a mejorar procesos de inteligencia artificial y aprendizaje automático en el dispositivo, lo que debería mejorar los comandos de voz, la traducción, subtítulos, dictados y otras tareas de reconocimiento de voz.

Diseñados pero no fabricados

Cabe mencionar que cuando se habla de procesadores propios de estas empresas, hablamos de algo diseñado por ellos pero fabricados por terceros. En el caso de Google, han escogido a Samsung. La surcoreana es, junto a Intel, prácticamente la única compañía capaz de conceptualizar pero también llevar a la cadena de montaje procesadores de última generación. Lleva años equipando a los Galaxy con sus propios Exynos.

Por eso hay que ver exactamente qué consiguen los Tensor de los Pixel, si suponen un salto realmente notable gracias a ese dominio de los componentes y del software o se acaban convirtiendo en una iteración que aporte mejoras residuales frente a lo que ya hemos visto en los Exynos que montaban los Galaxy S21Ultra, unos 'caballos' que, a pesar de estar en la élite, están algo por detrás de los A Bionic de los últimos iPhone 12 en lo que se refiere a potencia bruta.

Si algo ha enseñado la pandemia es que la industria de los semiconductores es una maraña enredadisima de cientos de cables que cuando se deshace en realidad se ve que todos conducen prácticamente al mismo sitio: a los 'foundries'. Es decir, a los que tienen la capacidad de crear chips de última generación: Samsung, Intel o TSCM (este solo fabrica). En el medio aparecen una serie de empresas como Qualcomm o Nvidia que en realidad son empalmes entre los fabricantes y los productores conocidos como 'fabless'. Diseñan pero no dan forma. Lo que ahora pretenden hacer las grandes tecnológicas.

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Foto: Reuters.

El de los móviles, un producto de masas y con mucha más visibilidad para el común de los mortales, es solo un síntoma más de algo que viene ocurriendo en esta industria. En el campo de los servidores y de la computación en la nube, Google ya decidió en 2016 lanzar un procesador con inteligencia artificial, que ha mejorado en varias ocasiones. Le siguió Microsoft, otro de los gigantes del 'cloud computing', que lleva años dedicando mucho dinero a estos esfuerzos. Amazon tampoco se ha quedado al margen y en diciembre de 2020 presentó uno de sus últimos chips creados internamente para AWS.

Los clientes más grandes y con músculo tecnológico y financiero están empezando a hacer algo que ejecutaban los fabricantes tradicionales de chips hasta ahora. En el pasado ellos creaban sus equipos de alta gama, con soluciones genéricas y eran los clientes los que se tenían que adaptar. Ellos eran los grandes. Pero ahora todo ha cambiado. Siguen siendo titanes de 330.000 millones de valoración como es el caso de Nvidia. Pero es que Google, Amazon o Microsoft, por citar algunas, superan los 1.000.000 millones de capitalización.

El cambio que se está cociendo

Desde algunos puntos señalan que una de las cosas que ha dado pie a este escenario es la madurez progresivamente alcanzada en las técnicas de fabricación y desarrollo, haciendo que cada vez sea menos efectiva la llamada Ley de Moore, que dice que aproximadamente cada dos años se duplican el número de transistores que caben en una oblea de silicio haciendo que se multiplique también su rendimiento. Como producto de esto, la industria busca mejoras en la eficiencia energética o la disipación de calor y no tanto en la velocidad.

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Foto: Efe.

A pesar de que las 'big tech' se hayan subido la manga de la camisa y hayan mostrado un biceps enorme que da fe de sus capacidades, no es tan fácil desbancar y prescindir de los 'players' tradicionales. Para empezar tienen que recurrir a productores de chips bajo encargo. En el caso de Google ha sido Samsung. En el caso de Apple, TSCM. Eso es lo que les permite tener una menor exposición a intermediarios como Qualcomm.

Sin embargo, tampoco resulta fácil eliminar esta dependencia porque no solo se circunscribe al procesador, sino que hay otras piezas necesarias en el proceso. Un buen ejemplo es lo que ocurre en Cupertino, para que el iPhone pudiese ofrecer 5G, recurrió a los módems de Qualcomm, aunque ya trabaja también para poder crear internamente esas piezas. Los Tensor será para la gama alta, sus móviles asequibles, como el Pixel 4A, seguirán funcionando con Snapdragon.

En el otro lado, los clásicos del sector también están haciendo movimientos para defender su posición privilegiada. Intel (que sigue siendo el mayor proveedor de GPU para ordenadores y para servidores del mundo), por ejemplo, ha anunciado un plan para aumentar su capacidad de fabricación, a sabiendas de que mantener su poder de producción es fundamental.

Pero también ha realizado adquisiciones de 'startups' y empresas relacionadas con tecnologías como inteligencia artificial y trabaja directamente con los clientes para la personalización. Nvidia, otro de los que puede ver peligrar su negocio central, ha comprado ARM, los responsables de la arquitectura que utilizan los procesadores de todos los móviles del mundo y de chips como la M1, una operación que en caso de recibir luz verde por parte de las autoridades de competencia de todo el mundo puede suponer un nuevo vuelco en una industria que vive su momento más convulso en décadas.

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