Europa se prepara para regular la red de las próximas décadas: todo lo que está en juego
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"Europa adaptada a la era digital"

Europa se prepara para regular la red de las próximas décadas: todo lo que está en juego

El próximo día 15 la comisión europea presentará el Digital Services Act y el Digital Market Act, la nueva regulación digital que va a cambiar internet tal y como la conocemos hoy en día

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(Reuters)

Cuenta atrás para un viaje sin retorno. La Comisión Europea se prepara para presentar el próximo día 15 un documento que va a cambiar internet tal y como lo conocemos. Se trata del Acta de Servicios Digitales (DSA, en sus siglas en inglés) y el Acta de Mercados Digitales (DMA), un paquete de nuevas propuestas legislativas destinadas a poner coto y orden en el mundo digital y, de paso, controlar más de cerca el enorme poder de las grandes tecnológicas, las llamadas 'gatekeepers'. Son medidas que cada país miembro tendrá que adaptar luego a sus respectivas legislaciones nacionales pero que van a suponer cambio de rumbo sin precedente en el uso y desarrollo de la red.

Un pista de lo que está a punto de suceder se puede entender con esta frase. “Ya no las llamo redes sociales. Las llamo imperios de modificación del comportamiento”. Para Jarod Lanier, el genio estadounidense convertido en activista por la privacidad, el modelo nativo de internet ha acabado por parecer una película de terror.

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Úrsula Von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, quiere una “Europa adaptada a la era digital”. Antes de que acabe el año, la Unión publicará el Acta de Servicios Digitales (DSA) y el y el Acta de Mercados Digitales (DMA), dos propuestas legislativas que pretenden sustituir a la ya obsoleta Directiva de Comercio Electrónico del 2000. Ese año el teléfono móvil más vendido fue el Nokia 3310 donde se podía jugar al Snake en blanco y negro y usar el 2G. Eran buenos tiempos. Por fin había desaparecido la antena.

placeholder Úrsula Von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea. (Reuters)
Úrsula Von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea. (Reuters)

En los últimos veinte años, además de una nueva generación de nativos digitales con derecho a voto, se ha asentado la economía de datos. El mercado de los datos es uno de los que más beneficios trae, con un aumento anual esperado de cerca de un 10% hasta 2025. Todo lo que los datos dicen de nosotros se convierte en beneficio económico e influencia sobre nuestras vidas y nuestro comportamiento. Tanto es así que hasta 'googlear' ya está en el Observatorio de palabras de la RAE.

La covid-19 ha demostrado la importancia crítica de las comunicaciones 'online' y del comercio electrónico. En marzo nos despertamos de repente en un mundo en el que ir a trabajar, ir a clase, o tomar una cerveza con nuestros amigos o familiares sólo podía hacerse a través de la pantalla. Un estudio reciente nos advierte de que nos pasamos 11h al día delante de una pantalla. Lo equivalente a 167 días al año. Y, como no podía ser de otra manera, en el tercer cuatrimestre del año, Facebook ganó un 22% más que en el mismo periodo de tiempo el año anterior. Google, un 14% más. Por todo ello, la Unión Europea se ha propuesto regular a las grandes plataformas digitales. Las intocables para la economía digital.

Los expertos advierten que delimitar lo que se puede y no se puede compartir 'online' puede comprometer la libertad de expresión

El Acta de Servicios Digitales tiene dos grandes retos por delante. En primer lugar, se espera que la DSA regule la responsabilidad de las plataformas con su contenido. Es necesario, sí. Pero también tiene sus riesgos. A pesar de que se ha probado que los propios algoritmos desarrollados por Google o Facebook para curar el contenido ayudan a la propagación de teorías de la conspiración a la radicalización de las personas, como mostró Kevin Roose en el New York Times el año pasado, la definición de contenido “dañino” es peligroso.

Los expertos advierten que delimitar lo que se puede y no se puede compartir en línea podría comprometer la libertad de expresión. Por ello, asociaciones como Panoptikon proponen que la justicia esté al final del proceso y que las discrepancias sobre el contenido se resuelvan, siempre que sea posible, entre la plataforma y el usuario.

Debido a que la legislación entraría a regular los intestinos de las plataformas, se espera que el Acta incluya algún tipo de corregulación con las empresas con la creación de una autoridad independiente. Esto es algo que empresas como Mozilla también han recomendado a la Comisión durante el proceso de consulta pública, aunque puede que no sea suficiente. Al fin y al cabo, no hay nada más humano que la picaresca y el sentido de la supervivencia. Empresas que facturan más del doble del PIB de Macedonia del Norte sabrán cómo encontrar la manera de hacer que continúe la anarquía.

placeholder Protesta contra Amazon en Nueva York a la entrada del edificio en el que Jeff Bezos es dueño de un apartamento. (Reuters)
Protesta contra Amazon en Nueva York a la entrada del edificio en el que Jeff Bezos es dueño de un apartamento. (Reuters)

En segundo lugar, se espera que la DSA entre a regular el negocio de los anuncios personalizados en línea. En la actualidad, el negocio de la publicidad 'online' es bastante opaco. Las grandes plataformas nos muestran anuncios al dedillo en base a toda la información que tienen de nosotros. Este modelo de negocio, que inauguró Google en los noventa, se basa en la idea del 'win-win': se nos enseña sólo lo que nos interesa y las empresas venden más. Esto último no funciona del todo, como defiende Carissa Véliz en “Privacy is Power” (Penguin, 2020).

La “publicidad basada en la vigilancia”, como denunciaba Iverna McGowan en un artículo de opinión, es uno de los grandes problemas de internet. Las 'cookies' que nos persiguen por la web informan a Google o Facebook sobre nuestras preferencias, que se utilizan para vendernos cosas. Regular el negocio de la publicidad online puede ser una gran victoria para que recuperemos el control sobre nuestros datos, aunque precisamente por la magnitud del reto es por lo que puede que la DSA no sea lo suficientemente ambiciosa.

Por otro lado, el Acta de Mercados Digitales (la DMA, por sus siglas en inglés) buscará complementar a la DSA fomentando la competencia. Las plataformas digitales actúan como guardianas (“gatekeepers”) en el mercado digital. Son intermediarias y prestan un servicio. Algunas de estas plataformas son Google o Facebook, pero también Glovo o WeChat en China, donde además de mensajería se puede pagar sin contacto o mandar dinero por Año Nuevo.

La Comisión aún tiene que definir qué entiende por 'gatekeepers' pero se entiende que son todas aquellas que, como las mencionadas Facebook o Google, tienen una posición dominante en el mercado digital. Por su acumulación de datos, usuarios y servicios, estas compañías evitan que otras más pequeñas puedan acceder al mercado en igualdad de condiciones.

placeholder Mark Zuckerberg, fundador y CEO de Facebook. (Reuters)
Mark Zuckerberg, fundador y CEO de Facebook. (Reuters)

Es incluso 'bullying', como le reprochaba la congresista Lucy McBath al CEO de Amazon en verano, y la UE a la misma empresa apenas un año antes. Para regular la competencia en el oligopolio digital, la Comisión propondrá, según un documento filtrado en septiembre, medidas como compartir datos con los competidores más pequeños de estas plataformas o impedir que estos 'gatekeepers' posicionen sus propios servicios más alto que los de otras empresas, como sería en el caso de un famoso buscador.

Aunque sean muchos los retos que tienen por delante tanto la DSA como la DMA, también hay espacio para el optimismo. La publicación del Reglamento General de Protección de Datos (RGPD) demostró que existía una vía alternativa. De hecho, el éxito del RGPD ha inspirado legislaciones similares en Brasil o California. A pesar de las amenazas de grandes empresas tecnológicas como las de Google a Thierry Breton, comisario de mercado interior, estas nuevas leyes pueden ser el inicio de un internet mejor donde los ciudadanos sigamos disfrutando nuestras libertades sin tener que vender nuestra alma a la publicidad online.

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