el debate entre la salud y el medioambiente

O coges el covid o contaminas el planeta: el dilema entre mascarilla quirúrgica o de tela

Las mascarillas de tela no protegen lo suficiente y en algunos sitios ya están prohibidas, pero las quirúrgicas de un solo uso generan una contaminación alarmante. ¿Qué hacemos entonces?

Foto: Foto: Reuters/Amir Cohen.
Foto: Reuters/Amir Cohen.

A Pablo, un ovetense de 32 años, le saca de quicio salir a la calle y ver a gente con mascarillas de tela. "¿Por qué no se ponen la quirúrgica?", se pregunta. "No sé si es que se ven más guapos con las de tela o qué pasa, pero no lo entiendo. ¡Si las de tela protegen mucho menos! En cuanto veo a alguien con una de tela me separo todo lo posible".

En el lado opuesto está Gemma, una alicantina de 35 años afincada en Madrid. Ella se pone la mascarilla quirúrgica cuando va a un centro sanitario, pero el resto del tiempo usa una de tela. ¿La razón? "Si la mascarilla de tela tiene las tres capas que especifica la OMS y quien la usa no trabaja en un entorno de riesgo, previene tanto el contagio de quien la lleva como que esa persona contagie a otras". Además, Gemma alude a otros dos argumentos que van más allá de la pura pandemia:

  1. Económico. "Las de tela son más rentables económicamente, lo cual beneficia a muchas personas que no pueden añadir este gasto a los que ya tienen porque su situación ya era precaria antes de la pandemia o se ha precarizado con la llegada del virus".
  2. Medioambiental. "Las de tela son menos contaminantes porque tienen más usos (por lo tanto, usarlas genera menos desechos y se implican menos recursos naturales en su fabricación porque tienen más vida) y sus materiales son menos perjudiciales".

Foto: Pixabay.
Foto: Pixabay.

En su opinión, por tanto, "las mascarillas quirúrgicas deben usarlas las personas más expuestas a riesgos por su profesión o sus patologías". Pablo entiende y comparte parcialmente los argumentos de Gemma, pero las prioridades, para él, deberían ser otras: "Estamos en mitad de una pandemia mundial que está matando a miles de personas y está dejando una crisis económica muy grave. Claro que hay que preocuparse por el medioambiente, pero ahora la pandemia está muy por delante de eso".

Los argumentos de Pablo y Gemma son igualmente lícitos y válidos, pero ponen de relieve un debate que está creciendo en las últimas semanas: ¿debería prohibirse las mascarillas de tela, especialmente aquellas no homologadas que no han pasado ningún tipo de supervisión sanitaria? ¿Debe obligarse a los ciudadanos a recurrir única y exclusivamente a las quirúrgicas? Y si es así, ¿qué hacemos con la contaminación generada por unas mascarillas que no son reutilizables, que idealmente no deben usarse más de una vez, que no se pueden reciclar, que consumen muchos recursos en su fabricación y que generan una cantidad ingente de residuos?

Lo que dicen las autoridades...

Con el debate de plena actualidad, lo cierto es que la mascarilla de tela va camino de desaparecer, al menos en los entornos oficiales y sanitarios. Varios hospitales y centros sanitarios de Guipúzcoa ya las han prohibido y, si alguien entra en sus instalaciones con una, se le da una quirúrgica y se le obliga a permanecer con ella. A esta tendencia se unieron en su momento otros hospitales como el de Valencia y varios de Galicia. Euskadi ha ido incluso un paso más allá: la Osakidetza, el Servicio de Salud Vasco, ha prohibido el uso de las mascarillas de tela en cualquier hospital o centro sanitario de su territorio. Y la medida amenaza con extenderse por más Comunidades Autónomas como Navarra.

A nivel institucional, en realidad, el debate no admite opiniones: las mascarillas de tela no protegen lo suficiente contra el covid-19. Las homologadas presentan un nivel de protección menor al de las quirúrgicas, mientras que las no homologadas (que en España florecieron durante el estado de alarma ante el desabastecimiento generalizado) directamente son una incógnita: al no haber pasado ningún control pueden ser medianamente útiles... o no servir para casi nada.

Las autoridades no dudan: "Las mascarillas de tela protegen menos que las quirúrgicas e incluso pueden aumentar el riesgo de infección"

La Organización Mundial de la Salud lo tiene claro: "La mascarilla de tela no basta para proporcionar un nivel de protección adecuado. Mantenga una distancia física de al menos un metro con los demás y lávese las manos con frecuencia". Sin embargo, el organismo es consciente de los periodos de desabastecimiento de mascarillas quirúrgicas que ha habido en muchos territorios y, para mitigar el riesgo, cuenta con una guía que explica cuándo debe usarse obligatoriamente la quirúrgica y cuándo puede aceptarse el uso de la de tela (higiénica).

Además, para aquellos que lleven la de tela, la OMS ha elaborado una serie de consejos para que los usuarios de esta mascarilla, presos de una posible sensación de falsa seguridad, mitiguen sus posibilidades de contagio. (Puedes consultar estos consejos al detalle pinchando sobre la imagen de abajo.)

En caso de que –por distintas circunstancias– los ciudadanos no puedan hacer uso de mascarillas quirúrgicas, la OMS insta a usar las de tela siempre que tengan tres capas de protección. De hecho, hasta ha creado un vídeo explicando cómo deben ser estas mascarillas para que puedan resultar más seguras.

En España el Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo del Gobierno de España tampoco presenta dudas: no recomienda las mascarillas de tela porque "protegen menos que las quirúrgicas e incluso pueden aumentar el riesgo de infección debido a la humedad, la difusión de líquidos y la retención del virus".

... lo que dice la ciencia...

En el seno científico, la verdad, tampoco hay mucho debate: las mascarillas quirúrgicas son más eficientes que las de tela a la hora de combatir el virus. Hay mucha literatura al respecto. Un equipo de investigadores del Kirby Institute de Sidney, comandado por la epidemióloga Raina MacIntyre, se propuso ver cómo se difundían por el aire las partículas emitidas al toser o al estornudar. Para ello grabó dichas acciones con una cámara ultralenta y con personas en cuatro situaciones distintas: sin ningún tipo de protección, con una mascarilla de tela de una capa, con otra de dos capas y con una quirúrgica. El resultado, visible en el vídeo de abajo, no deja lugar a dudas de la eficiencia de unas y otras.

Mucho antes, el estudio Professional and Home-Made Face Masks Reduce Exposure to Respiratory Infections among the General Population también se propuso ver cómo de eficaces eran unas mascarillas u otras a la hora de protegerse contra todo tipo de bacterias. El experimento, además, expuso a las personas analizadas a diferentes tipos de contextos (sin hacer nada, andando, leyendo..) y, de nuevo, las mascarillas quirúrgicas demostraron ser las más seguras.

Otro ejemplo es el de la investigación Testing the Efficacy of Homemade Masks: Would They Protect in an Influenza Pandemic?, que sacó unas conclusiones similares. A nivel científico, por tanto, hay consenso en que las mascarillas quirúrgicas son mejores que las de tela.

... y lo que responde el ecologismo

El problema llega cuando, además del factor científico y sanitario, nos fijamos en el medioambiental al abordar el uso de las mascarillas quirúrgicas, ya que desde este punto de vista presentan varios problemas.

  1. Uso. Este tipo de mascarillas generalmente son de un solo uso, con lo que su ciclo de vida es infinitamente más corto.
  2. Recursos. Al tener un solo uso, necesitamos muchas más mascarillas, con lo que aumenta exponencialmente el empleo de materiales para fabricarlas.
  3. Reciclaje. Las mascarillas quirúrgicas no se pueden reciclar, con lo que tenemos un problema: estamos llenando nuestras basuras con un material que contribuye a aumentar la contaminación.

De hecho, podríamos añadir un cuarto problema: las mascarillas no siempre acaban en la basura. Como comprobó Oceans Asia, las costas de las islas de Soko (Hong Kong) se estaban convirtiendo en un vertedero improvisado de mascarillas, lo que afecta de manera directa al estado del mar y su entorno.

En Libera, un proyecto de SEO Birdlife y Ecoembes, también ha saltado la voz de alarma: "Debido a la ligereza de los materiales y a la corta vida de estos productos nos preocupa que acaben masivamente abandonados en nuestros espacios naturales. Su impacto será similar al que producen otro tipo de plásticos abandonados en la naturaleza: ingesta directa o indirecta por parte de la fauna causando obstrucciones de vías respiratorias y gastrointestinales o muertes por inanición, así como problemas de enredos".

Greenpeace tampoco es ajena a este problema. Desde la organización han alertado de que "la gestión inadecuada de esta avalancha plástica para evitar la covid-19 podría generar otras enfermedades"; así mismo, instan a que "se sustituya el uso de mascarillas desechables por el de reutilizables, que se puedan desinfectar adecuadamente. Esto permitiría proteger el medioambiente de la contaminación, así como a la población de la pandemia global".

En marzo España ya tenía 659 millones de mascarillas quirúrgicas, que suponen más de 1.300 toneladas de materiales plásticos

Según el informe Covid-19 Pandemic Repercussions on the Use and Management of Plastics, elaborado por Environmental Science & Technology, desde que comenzó la pandemia, se viene usando 129.000 millones de máscaras desechables y 65.000 millones de guantes desechables cada mes. En el caso de España, las cifras hablan por sí solas: el 27 de marzo el Gobierno ya había adquirido 659 millones de mascarillas quirúrgicas, que según Greenpeace suponen más de 1.300 toneladas de materiales plásticos depositados en vertederos, quemados en incineradoras o arrojados directamente al medioambiente.

La situación ha llegado a tal punto que incluso la ONU ha denunciado que "los hospitales, las instalaciones de atención médica y las personas producen más residuos de lo habitual, incluyendo máscaras, guantes, batas y otros equipos de protección que podrían infectarse con el virus" y que "los residuos médicos infectados pueden estar sujetos a vertidos incontrolados, lo que conlleva riesgos para la salud pública, y la quema a cielo abierto o incineración incontrolada, con la liberación de toxinas hacia el medioambiente y la transmisión secundaria de enfermedades a los humanos". Estas prácticas, recuerda la ONU, "no respetan las directrices de la OMS sobre el tratamiento de residuos infecciosos y punzantes de los establecimientos de salud, ni los requisitos de los Convenios de Basilea, Rotterdam y Estocolmo que protegen la salud humana y el medio ambiente de los productos químicos y los residuos peligrosos".

Foto: Reuters/Amir Cohen.
Foto: Reuters/Amir Cohen.

¿Y qué se puede hacer al respecto? El pasado mes de junio, más de 100 expertos en salud de 18, países, reunidos por Greenpeace y Upstream, firmaron un comunicado en el que aseguran que las bolsas y envases reutilizables se pueden usar de manera segura contra la covid-19, ya que "los productos y envases desechables no son inherentemente más seguros". Mientras tanto, hay quien trabaja en posibles alternativas: el CSIC está desarrollando filtros antivirales biodegradables para fabricar mascarillas, mientras que el Instituto Avanzado de Ciencia y Tecnología de Corea asegura haber creado filtros reutilizables que, tras lavarse, ofrecen una seguridad similar a la de las mascarillas quirúrgicas.

El debate, por tanto, está abierto y no tiene pinta de que vaya a cerrarse fácilmente. La evidencia científica dice que las mascarillas quirúrgias son visiblemente más seguras que las de tela y, de hecho, cada vez son más los organismos públicos y privados que prohíben las segundas en centros sanitarios. Sin embargo, mientras dure la pandemia nos enfrentamos a tener que usar unas mascarillas quirúrgicas que, además de suponer un importantísimo desembolso económico para muchas familias sin recursos, frenan de manera indiscutible la lucha contra la contaminación y el cambio climático. A nivel científico y sanitario el debate está claro; otra cosa es que, aparte de esos factores, quizá debamos atender también al económico y al medioambiental.

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