la brecha contaminante (y social) del covid

1.000 € por un coche viejo para ir a trabajar: "Contamino más, pero ni loco cojo el metro"

La venta de vehículos de más de 20 años ha crecido un 31% en España. ¿Qué hay detrás de esto? Empresas obligando a volver a la oficina, miedo al contagio en transporte público y falta de dinero

Foto: Las aglomeraciones en el transporte público en hora punta se producen, sobre todo, en Madrid y Barcelona. (EFE)
Las aglomeraciones en el transporte público en hora punta se producen, sobre todo, en Madrid y Barcelona. (EFE)

Sebas (nombre modificado) tiene 37 años y se sacó el carnet de conducir a los 18, pero apenas lo había usado... hasta hace poco, menos de un mes. Trabaja en una consultora con sede cerca de La Finca, uno de los distritos empresariales más concurridos de Pozuelo de Alarcón (Madrid). Vive en Lavapiés y siempre usaba el transporte público para ir a trabajar: línea 3 del Metro de Lavapiés a Plaza de España, de ahí la 10 hasta Colonia Jardín, luego la línea 2 de Metro Ligero hasta Somosaguas Centro y de ahí 500 metros andando hasta su trabajo. En total, 48 minutos desde que sale de casa hasta que entra en la oficina.

Si Sebas ha decidido volver a usar su carnet de conducir no ha sido por ahorrar tiempo, sino por peores circunstancias: "Desde que empezó el estado de alarma todos estuvimos teletrabajando. Al principio costó, pero enseguida nos habituamos y todos trabajábamos perfectamente. No había queja de ningún tipo". Pero en agosto la empresa decidió que había que volver a la oficina: "No había justificación, todos trabajamos delante de un ordenador y estábamos trabajando bien. Incluso algunos jefes intermedios, como el mío, dijeron que no hacía falta volver a la oficina, pero la empresa se empeñó".

Sin dinero para un coche de menos de 20 años

Y teniendo que volver al trabajo, ¿por qué optar por un coche? "Lo siento mucho, pero no cojo el Metro ni loco. ¿Tú has visto las fotos del Metro y Cercanías estos días? Están llenos, no han aumentado la frecuencia, vamos todos 'apegotonados'... es que incluso llevando mascarilla tienes miedo. Y todo porque mi empresa se empeña en que no puedo teletrabajar".

Fue hace cuatro semanas cuando Sebas optó por comprarse un coche, pero no uno cualquiera: "Un Scènic del 97, tú verás, un cacharro, me costó 1.000 euros. Y me siento mal porque eso contamina muchísimo, pero ¿qué quieres que haga? Ir en transporte público me da pánico, mi empresa me obliga a volver a la oficina y no me pagan un 'sueldazo' para comprarme un coche más sostenible. En fin, no sé cuántos años no queriendo tener coche para no contaminar... y mira, ahora igual contamino todo lo que no contaminé antes", nos cuenta resignado.

España se llena de coches muy contaminantes

El caso de Sebas puede ser curioso, pero en absoluto es la excepción. Según los datos recogidos por el Instituto de Estudios de Automoción (Ideauto), entre julio y agosto los españoles han comprado 43.655 coches con más de 20 años de antigüedad, cuyo precio medio ronda los 1.400 euros, pero se pueden comprar hasta por apenas 500 euros. Esta cifra, que implica una subida del 31%, se debe a que muchos españoles, que en septiembre se ven obligados a volver a trabajar en sus oficinas, prefieren adquirir un coche —aunque sea viejo y mucho más contaminante— a volver a moverse en transporte público por miedo a los posibles contagios.

De hecho, el transporte público ha sido uno de los grandes damnificados de esta pandemia. Según la Asociación de Transportes Públicos Urbanos y Metropolitanos (ATUC), su uso durante la pandemia cayó un 90% en toda España. La duda por aquel entonces estaba en qué pasaría cuando acabase el confinamiento y la gente tuviese que volver a sus trabajos.

Esa fue la pregunta que se planteó en junio la consultora EY en su estudio 'Deconstruyendo al consumidor', y las conclusiones podían ser medianamente esperanzadoras: el 29% de los españoles pensaba volver a usar el transporte público en cuanto acabase el confinamiento, el 53% tras la recuperación de la crisis sanitaria y el 18% cuando hubiese una vacuna contra el covid-19.

Sin embargo, las malas noticias no nos han abandonado: un informe conjunto de Sumauto y ATUC asegura que, durante estos meses de verano, el transporte público ha caído en un 40%. La cifra es mala de cara al aumento de la contaminación, especialmente si tenemos en cuenta que se trata de vehículos mucho más contaminantes que los actuales, pero las razones son tan claras como —quizá— lógicas: el miedo al transporte público.

El estudio 'El vehículo de ocasión en la nueva normalidad', elaborado por Sumauto, le planteó una tesitura a sus encuestados: "¿Te planteas llevar a tus hijos en coche al colegio y renunciar al transporte público por miedo a posibles contagios?". El resultado fue abrumador: el sí barrió al no.

Pero no se quedó ahí la cosa. El informe también preguntaba a sus encuestados por las condiciones de movilidad de sus allegados, especialmente mayores. Y ahí la victoria también fue absoluta: el 65,23% les recomendaría a los mayores de 65 años de su entorno que prescindiesen del transporte público y optasen por un coche.

La pregunta ahora es otra: ¿hay razones para tener ese miedo al contagio en el transporte público? Hay tres estudios interesantes en este sentido:

  1. Nueva York (2011). En 2001, el investigador Philip Cooley y su equipo desarrollaron un algoritmo matemático para evaluar qué tasa de contagio de gripe existió en el metro de Nueva York entre 1857 y 1958. Los resultados fueron bajos: apenas el 4,4% de las infecciones se produjeron allí.
  2. Londres (2018). Hace dos años un grupo de investigadores decidió analizar hasta qué punto el metro de Londres ayudaba a propagar el virus de la gripe común. El resultado eran unas tasas generalmente bajas, aunque estas dependían del contacto entre personas, con lo que los índices subían en las horas punta, coincidiendo con las entradas y salidas habituales de los centros de trabajo.
  3. Valencia (2020). En junio de este mismo año, el Instituto de Agroquímica y Tecnología de Alimentos (IATA), un centro de investigación perteneciente al CSIC, evaluó la presencia del covid-19 en las estaciones del Metro de Valencia. Gracias a las labores de limpieza y desinfección, no encontraron nada.

Ahora bien, hay un punto del estudio de Londres que conviene tener (y mucho) en cuenta: las mayores tasas de contagio están directamente relacionadas con la mayor afluencia de personas en el transporte público y el mayor contacto entre ellas. Y en este contexto hay imágenes que no ayudan nada, sobre todo las que muestran que tanto el Metro de Madrid como el Cercanías presentan un sinfín de aglomeraciones en las horas punta, un hecho que hace imposible evitar el contacto y mucho más mantener una mínima distancia de seguridad.

A menos dinero, más coronavirus

Si nos fijamos en el aspecto económico, ¿quiénes pensaríamos que usan más el transporte público? ¿Las personas de rentas altas o las de bajas? La respuesta es predecible, pero también viene avalada por los datos: según un estudio realizado por el investigador Oriol Nello, de la Universidad Autónoma de Barcelona, en los barrios más pobres de la ciudad Condal se usó el metro, el tren y el tranvía tres veces más que en los más ricos durante el confinamiento. Y son precisamente esos barrios más pobres los que más casos de covid-19 acumulan.

En Madrid pasa exactamente lo mismo: un informe de la UPM evidencia que los barrios pobres son los que más usan el transporte público. Y si cruzamos esos datos con los de contagios de la Dirección General de Salud Pública de la Comunidad de Madrid, el resultado es el esperado: Puente de Vallecas, Usera, Carabanchel y Villaverde son los más afectados. Unos barrios a los que, además de los pocos recursos económicos, hay que sumarles las estadísticas de hacinamiento entre sus vecinos y la menor esperanza de vida.

Y son estos ciudadanos de ingresos más bajos los que, por desgracia, también tienen que mirar por su bolsillo. Porque si han decidido comprarse un coche, su menor capacidad económica juega en favor de un coche antiguo de segunda mano, pero el miedo a posibles contagios debería jugar en favor de los vehículos recién salidos del concesionario. A la hora de poner ambos factores en la balanza, la falta de recursos manda: según recogía el informe de Sumauto, apenas el 8% antepone un coche nuevo a uno viejo por miedo a contagiarse.

De hecho, según datos de la asociación de vendedores Ganvam, en España se han vendido más de dos coches de segunda mano por cada coche nuevo en lo que llevamos de 2020. Y muchos de esos coches de segunda mano son realmente antiguos: el 32,5% tiene una antigüedad de más de 15 años y el 23,1% una de entre 10 y 15 años.

La situación, por tanto, es compleja y polémica. En el último mes, España ha visto cómo crecía en un 31% la venta de vehículos con más de 20 años de antigüedad. Y este índice pronostica un aumento de la contaminación a corto plazo, pero también evidencia cosas más graves: que hay trabajadores a los que se está obligando a volver a sus oficinas, que el miedo al coronavirus les hace prescindir del transporte y que, ante su falta de recursos, se están comprando coches viejísimos porque su economía no da para más.

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