UN SEÑOR LOBO ESPAÑOL HACIENDO LAS AMÉRICAS

El exanalista de Telefónica que 'rescató' a Assange y acabó enrolándose en Podemos

Un libro narra la aventura del ahora diputado Txema Guijarro, que acabó siendo un "espía por accidente" para Ecuador y tuvo que mediar en los asilos de Assange y Snowden

Foto: Montaje: Irene de Pablo.
Montaje: Irene de Pablo.

En 2008, Txema Guijarro abandonó su trabajo en Telefónica, donde trabajaba en el departamento de redes virtuales privadas para empresas. Licenciado en Economía, no tardó en entrar a trabajar a la mayor teleoperadora patria, algo que ocurrió tras prácticamente terminar la carrera unos cursos antes. No se conformaba con esa comodidad laboral. "Necesitaba un cambio. Venía de un año de catarsis. Me había separado de mi pareja y había retomado la militancia política. La suma de todo empujó la decisión", cuenta en su despacho el ahora diputado de Unidas Podemos.

Pidió una excedencia y se mudó con un amigo a un piso en el barrio de Chamberí. Lo que no se imaginaba es que esa decisión, como la de cualquier treintañero que decide reorientar su vida, iba a acabar llevándole a Ecuador y convirtiéndole en una pieza fundamental en el tablero del caso WikiLeaks. Le tocó convertirse en una suerte de señor Lobo en el asilo político de Julian Assange en la embajada de Londres. Después le tocó también intentar llevar a Edward Snowden a puerto seguro después de que el joven estadounidense destapase el espionaje masivo de la NSA. Ese el punto de partida de 'El analista' (Libros del KO) escrito por el periodista Héctor Juanatey.

Este 'thriller' revisita desde un prisma privilegiado la tempestad política, mediática y jurídica que causó conceder refugio al conocido activista, reclamado por aquel entonces por la justicia sueca por unas acusaciones de presunta violación, que fue señalada desde algunos sectores como una coartada para su extradición a EEUU. Este madrileño llegó a Quito gracias a la Fundación CEPS, considerada por muchos como la cantera Podemos, donde se implicó a tiempo completo tras dejar su empleo. Antes de este destino había participado como asesor demoscópico de los candidatos de izquierdas en Paraguay y El Salvador. "El trabajo era radicalmente distinto. Pero sí que hubo algo que aplicaba en Telefónica que me facilitó empezar esa carrera política. Era todo lo que tenía que ver con estadística teórica y econometría y eso es lo que me permitió especializarme en la parte demoscópica".

Un bautismo de fuego

Guijarro empezó a trabajar para la Cancillería de Relaciones Exteriores de Ricardo Patiño una semana antes del golpe de estado fallido que se produjo en septiembre de 2010. "No tardé en darme cuenta de que no iba a ser un empleo más de esos de 9 a 5 y a casa", cuenta a Teknautas. Aquel día, con la capital "sumida en el caos", decidió acercarse al trabajo para ver "si podía ayudar en algo". Se topó entonces con la jefa de gabinete de Patiño, que le pidió que fuese al Ministerio de Defensa, recogiera varias máscaras antigás y las llevara al hospital donde estaba el canciller junto al presidente Correa. "Fue mi bautismo de fuego. Tuve que colarme en ese centro médico mientras oía silbar las balas a mi alrededor. Era un ejemplo de qué tipo de encargos me podía tocar hacer. Y me gustó. Porque la cosa iba de cambiar un país y no se entendía de tareas ni horarios concretos".

No mucho después de aquello recibió otro encargo peculiar. Pocos meses antes WikiLeaks, en colaboración con cinco grandes rotativos de todo el mundo, había filtrado miles de cables diplomáticos que los embajadores de EEUU de todo el mundo habían enviado a la Casa Blanca durante años. El Gobierno de Correa quería que el portal publicase todos los documentos que hablasen de su país, para evitar que solo se diesen a conocer los que contenían información negativa. La tarea no era otra que entrar en contacto con Julian Assange, algo que conseguiría a la postre gracias a Fidel Narváez, ex cónsul de Ecuador en Londres.

"Lo de llamarme espía accidental encaja bastante bien con todo aquello", recuerda el diputado con media sonrisa. La casualidad quiere que 'El analista', cuyo lanzamiento estaba previsto para marzo pero se retrasó por el covid, llegue a la vez que la reanudación del juicio contra el activista en el tribunal inglés de Old Baley, que retomó el asunto con una vista el pasado lunes. La decisión sobre su entrega y los 18 cargos de los que le acusa la Administración americana se espera para dentro de un mes si nada se tuerce. En caso de declararle culpable, la sentencia podría suponer hasta 175 años de cárcel por delitos de espionaje e intrusión informática.

Un manifestante protesta contra la extradición de Julian Assange en Londres el pasado lunes. (Reuters)
Un manifestante protesta contra la extradición de Julian Assange en Londres el pasado lunes. (Reuters)

"Siempre que pienso en este asunto me viene el mismo adjetivo: agonizante. Es una situación agonizante. Se juega una larga condena, pero ya viene de casi 10 años privado de libertad", recuerda Guijarro. Está convencido que con un sistema judicial "justo" y sin las presiones existentes, "no habría caso". "Él no actuó como un 'hacker'. Es un periodista que obtuvo filtraciones y las publicó como se hace a diario en miles de medios en todo el mundo. Sin embargo, ha adquirido una dimensión política tan fuerte, que van a hacer lo que tengan que hacer para castigarle y que sirva de aviso a navegantes".

"Esto puede sentar un grave precedente", añade Juanatey en este punto. WikiLeaks, por ejemplo, lleva un año sin publicar nada y se encuentra en una posición delicada después de que Assange renunciase a la dirección y nombrase un nuevo editor. "No le llamaría juguete roto. Le llamaría víctima de las mismas cosas que denunciaban. Fueron víctimas de una gran presión y un grave problema económico ya que las compañías de tarjetas e incluso Paypal impidieron que utilizasen sus sistemas".

Assange: de héroe a...

Ha pasado casi año y medio desde que Lenin Moreno retirase el asilo y la nacionalidad concedida por su predecesor en el cargo y la policía entrase a detenerle. El mandatario sudamericano, que desató las iras de Rafael Correa en Twitter, aduce motivos disciplinarios, de higiene e incluso de salud. También le acusaron de interferir en asuntos internos e incluso deslizaron alguna que otra acusación de espionaje. "Nunca presentaron pruebas de aquello", lamenta. Su situación cambió radicalmente en sus años recientes, que ya no presenció el español, cuyo último encuentro sucedió en 2017. Visitas, como las de Pamela Anderson, Lady Gaga o Nicolas Farage, algunas de ellas recogidas en el libro, se acabaron. Solía podía entrar a verle su equipo legal. Durante dos cursos no se mostró a las cámaras. Su vida se limitaba a 30 metros cuadrados y su compañía más frecuente era la de su gato. Incluso fue víctima de una campaña de extorsión, cuyos responsables fueron detenidos en España.

Ecuador se sacude la responsabilidad diciendo que cuando tomaron esa decisión las autoridades suecas habían plegado velas, Estados Unidos aún no había abierto ningún proceso y Reino Unido había dado garantías para la integridad de Assange y que no le deportaría a ningún país que tuviese vigente la pena de muerte. "Nunca le agradó. Y no lo ocultaba. Moreno siempre fue muy poco discreto, incluso cuando era vicecanciller. Yo mismo presencié episodios en los que dejaba claro que no le gustaba ni el personaje ni lo que representaba. Me resultó bastante premonitorio de lo que iba a pasar si tomaba el poder", recuerda el protagonista del libro. El fundador de WikiLeaks, por cierto, lleva encerrado desde su detención en una prisión de alta seguridad cerca de la capital inglesa. Algo que le obligó a desvincularse del proyecto que él mismo montó debido al aislamiento al que está sometido.

Fontanería diplomática

Si en la diplomacia hay una figura que pueda homologarse a un fontanero, probablemente se parezca mucho a lo que hizo él. Su papel y la naturaleza de los encargos fueron mutando con el paso del tiempo. En todo momento actuó como el señor Lobo de 'Pulp Fiction', solucionando problemas. En la fase preparatoria, cuando aún no sabían si Assange les pediría ayuda finalmente, le tocó cerciorarse de que el lugar estaba preparado para acoger a dicho huésped, empaparse de la legislación sobre asilos políticos o buscar abogados especialistas en la materia. También asistió a reuniones de alto nivel con las autoridades inglesas, que siempre mantuvieron una actitud amenazante para cambiar la decisión ecuatoriana, sin que realmente llegasen a morder.

Txema Guijarro, en una sesión en el congreso el pasado mes de marzo. (EFE)
Txema Guijarro, en una sesión en el congreso el pasado mes de marzo. (EFE)

Otras tareas que enfrentó fueron las de tratar con la inteligencia cubana los riesgos de seguridad del que será el refugio del australiano durante años o acompañar a la embajadora de aquel entonces a una serie de citas a un pub perdido del norte de Londres con Assange para ver si entre cervezas se iba haciendo callo y allanando el terreno para una experiencia que no se antojaba fácil. No en vano se trataba de meter a un ciberpunk, "un ácrata", en un entorno tan ceremonioso como el diplomático a vivir durante un tiempo que nadie sabía cuánto duraría. "La convivencia no era idílica, pero era buena. En el tiempo que yo estuve allí, no hubo ningún episodio grave, nada que no fuese comprensible".

"Si hay que definir a Txema de alguna manera, es como un bombero. Se encargaba de apagar los fuegos en la embajada"

Una vez se instala, Guijarro es una especie de contacto entre las partes. Algo que le lleva a ocuparse de las necesidades del activista, pero también a tejer cierta complicidad con él. Comparten noches de puros y bastantes copas. Le acompaña a la azotea del edificio para dar toques a un balón de fútbol. Esas escapadas quedaron vetadas cuando las autoridades inglesas endurecieron la presión y el cordón policial alrededor de ese lugar.

El madrileño, preocupado por los efectos de que Assange no sienta el sol a lo largo de los días, convence a sus 'caseros' de que le dejen trabajar en uno de los mejores despachos del lugar. En los múltiples episodios que vive, le toca hacer de pacificador cuando el australiano se enoja por medidas de supervisión, pero también le toca justificarle cuando llegan las quejas de que andaba en patinete por el edificio o se paseaba en ropa interior. "Había que darle aire también, era una situación excepcional".

PREGUNTA. Alguno le puede ver como un protector o incluso como un canguro.

RESPUESTA. (Risas) Nunca me consideré un protector. El que sí lo fue es Narváez (el cónsul que empujó su asilo), quien tejió una relación de profunda amistad. Él fue el verdadero protagonista y los que tomaron las decisiones políticas de peso... Yo hacía lo que me mandaban. Era un simple operador de Patiño. Eso sí, aunque no me dejé de ver nunca como un funcionario ecuatoriano, es imposible no empatizar con algo así.

P. Cuando se le expulsó, se le pintó casi como un villano,

R. Creo que se ha hecho en este caso un retrato salvaje. Una descripción grotesca de la realidad. Hay mucho de relato en esa versión, de construir excusas para justificar una decisión así. La última vez que lo vi personalmente fue 2017 y no había pasado nada que no hubiese pasado anteriormente, a excepción del cambio en el poder. A mí cosas como las de que pintó con heces las paredes de su habitación me resultan imposibles de creer.

P. ¿Hubiese sido más fácil todo esto si no se hubiese expuesto mediáticamente todo el rato?

R. Es una pregunta que nos hicimos muchas veces pero que no había respuesta posible. Es lo que había. La lucha política que el representaba por la libertad de expresión y la transparencia exigía también moverse en el plano mediático. Él era muy consciente. La persona estaba a la altura del personaje que sostenía.

Assange, en una fotografía de archivo, interviniendo desde el balcón de la embajada. (EFE)
Assange, en una fotografía de archivo, interviniendo desde el balcón de la embajada. (EFE)

Uno de los frentes más tensos que se vive en el día a día de la embajada es la tensa relación con los encargados de su seguridad. La vigilancia no podía correr a cargo de la gente de WikiLeaks pero tampoco corría a cargo de personal ecuatoriano. Contrataron a una firma externa, UC Global, creada por un exmilitar español y otro puertorriqueño, algo de lo que ambos desconfiaban pero no tenían más remedio que aceptar. Incluso el propio Narváez, pasado el tiempo, puso sobre la mesa sus sospechas de que aquella 'subcontrata' que más que a velar por él, se dedicaban a espiarle. Este asunto, el del presunto espionaje a Assange, está siendo investigado por el magistrado José de la Mata, a raíz de una denuncia del propio fundador de WikiLeaks.

El 'spin-off' de Snowden

"Si hay que definir a Txema de alguna manera, es como un bombero. Se iba encargando de apagar esos fuegos que surgían por la situación", opina Juanatey a este respecto. "Sin embargo, creo que todo este debate en torno al comportamiento de Assange no era más que una excusa, una cortina de humo orquestada que se utilizaba para alejar el debate de lo sustancial", comentaba. "Desde casi el principio se centraron en eso, y creo que lo utilizaron para bombardear la convivencia", añade. Un ejemplo de ello, añade el escritor, es cómo los informes de la firma de seguridad versaban prácticamente en su totalidad en lo que hacía o dejaba de hacer. "El propio Txema reconoce que Julian le pareció un tanto excéntrico cuando le conoció, pero no era algo exagerado. Creo que se perdió por completo la perspectiva de los años que llevaba encerrado, sin ver la luz del sol, y la cosa se limitó a presentar a alguien que había perdido la cabeza".

"El esfuerzo de lo de Snowden me acabará costando dos hernias", dice Guijarro

El madrileño tuvo un 'spin-off' en esta historia. El protagonista no fue otro que Edward Snowden, el hombre que destapó el espionaje masivo que llevaba a cabo la NSA, que lleva siete años refugiado en Rusia. Guijarro se encontraba de gira por Asia junto a Patiño cuando estalló todo. Tras una secuencia de decisiones precipitadas y un tanto inesperadas, recibe el encargo de ir a Moscú y llevar al exanalista de la CIA hasta Quito. En esta ocasión no lo consiguió porque su gobierno se acabó echando atrás. Y no fue por sus intentonas. "El esfuerzo de aquellos días me costará un par de hernias", asegura. Fueron jornadas de trazar rutas alternativas que esquivasen el territorio de la OTAN, de intentar alquilar un avión chino e incluso de colarse en eventos para contactar con otros mandatarios para que se llevasen ellos al joven.

Snowden lleva siete años refugiado en Rusia. (Reuters)
Snowden lleva siete años refugiado en Rusia. (Reuters)

Pero después de la tormenta levantada por el caso Assange, ¿qué hubiese pasado si Snowden hubiese llegado a destino? "Es una duda que me rondó la cabeza muchísimo los días posteriores. La persecución que hizo EEUU esos días, que llegó a parar el avión presidencial de Bolivia, demostraba que no se iba a detener ante nada", recuerda sobre ese episodio sucedido en 2013. "Si llega a conseguir llegar a un país de América Latina que no fuese Cuba, yo creo que hubiese aparecido muerto tarde o temprano. En la región solo ellos estaban preparados para garantizar su seguridad, pero estaba claro que no querían meterse en ese terreno". El madrileño tenía claro que no era lo mismo el caso Assange que el caso Snowden.

P. ¿Cuál de las dos filtraciones diría que ha sido más importante para la sociedad?

R. WikiLeaks demostró que los avances tecnológicos no siempre vienen aparejados de avances éticos. Ha demostrado que necesitamos una sociedad civil militante que salvaguarde esos derechos que nos hemos otorgado. Sin embargo, y a pesar de ser mucho menos extenso en el tiempo, lo de Snowden fue una revelación brutal. Snowden demostró que el espionaje no era masivo, que era total y que afectaba a todos. Y que además no estaba vinculado a lo temporal. Si tu o yo nos convertimos en un objetivo, la vigilancia no empezará en ese momento, serán capaces de bucear en toda tu vida.

Para el autor del libro, las diferencias entre un caso y otro son notables. "No es lo mismo la filtración de unas comunicaciones diplomáticas, que no deja de ser la interpretación de un diplomático sobre un asunto, que desvelar programas de espionaje de los que el propio Snowden fue partícipe", aclara Juanatey. Señala que cada uno tuvo su importancia. Reconoce que es cierto que las revelaciones sobre la NSA fueron más impactantes, pero que los cables de 'WikiLeaks' dejaron al descubierto también "cómo se maneja EEUU" en ciertos asuntos. "No hay que olvidar que en España se revelaron muchas presiones para atar en corto investigaciones como la de la muerte de José Couso en Bagdad".

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