El proteccionismo llega a la red

Primero EEUU y ahora India: la guerra digital contra China que está rompiendo internet

Nueva Delhi ha prohibido 59 aplicaciones chinas porque atentan contra la seguridad nacional y el boicot a productos chinos amenaza con extenderse por el mundo

Foto: Un joven en china camina frente al cartel con el logo de la app TikTok. (Reuters)
Un joven en china camina frente al cartel con el logo de la app TikTok. (Reuters)

Es difícil imaginar lo salvaje que tiene que llegar a ser una pelea con piedras y barras de metal para dejar al menos 20 muertos. Pero ese es, precisamente, el saldo que se cobró la refriega que soldados chinos e indios protagonizaron la madrugada del 15 de junio en la frontera del Himalaya, delimitada por una línea temporal porque es un territorio cuya soberanía se disputan ambas potencias nucleares.

El número de víctimas real es aún más elevado que el oficial, porque el ejército chino se ha negado a revelar cuántas bajas ha sufrido y solo recoge las de India. Y podría haber sido mucho peor, porque un acuerdo alcanzado anteriormente evitó que los militares portasen armas de fuego. Pero no impidió que el encontronazo fuese el más sangriento desde 1975. Además, ha abierto una herida que nunca llegó a cicatrizar por completo tras la guerra sino-india de 1962: la rivalidad entre las dos principales potencias asiáticas.

Parece que Pekín y Nueva Delhi están trabajando para rebajar la tensión militar en el ‘techo del mundo’, pero la crispación solo ha cambiado de escenario. Del Himalaya ha pasado a Internet: el pasado día 29, India prohibió 59 aplicaciones chinas, incluidas algunas de las que más éxito tienen en el país, como TikTok, Helo, ShareIT, o WeChat. Y esta tensión digital a buen seguro tendrá un impacto a nivel mundial.

Un vendedor de camisetas en Delhi (India) muestra una con el logo de TikTok. (Reuters)
Un vendedor de camisetas en Delhi (India) muestra una con el logo de TikTok. (Reuters)

A primera vista, puede que no parezca un golpe duro contra la segunda potencia mundial, pero incluso el diario ultranacionalista chino Global Times reconoce que va a tener un impacto económico importante en los gigantes tecnológicos que desarrollan el ‘software’. No en vano, solo Bytedance, creadora de TikTok y Helo, puede perder hasta 6.000 millones de dólares, los que facturó allí el año pasado. No es calderilla si se tiene en cuenta que en el conjunto de 2019 la empresa china facturó unos 17.000 millones. Al fin y al cabo, la 'app' de vídeos cortos suma más de 200 millones de usuarios y 5.500 millones de horas de uso en India, un país en el que se expande como la espuma y que muchas empresas tecnológicas chinas ven como vivero de crecimiento.

“Si estas compañías no logran hacerse globales, sus posibilidades de salir a bolsa con éxito se ven reducidas. India es un buen mercado porque es el que más crece y el menos competitivo”, explica Anand Lunia, cofundador de la firma de capital riesgo Quotient, que invierte en este tipo de aplicaciones.

Las estadísticas demuestran la importancia que el país de Gandhi tiene para el de Mao: el 38% de las aplicaciones instaladas en los dispositivos Android de India, que suponen más del 90% del total, fueron desarrolladas en China. Es un porcentaje que se acerca peligrosamente al 41% de cuota de mercado que tienen las 'apps' indias. El gobierno de Nueva Delhi, no obstante, las considera un peligro para la seguridad nacional porque algunas supuestamente envían los datos de sus usuarios al rival vecino, algo que siempre han negado. “Son perjudiciales para la soberanía y la integridad de India, su defensa, y el orden público”, justificó el Gobierno en un comunicado tras decretar el veto con la Sección 69A de la Ley de Tecnologías de la Información.

Pekín echa mano de barreras similares cuando lo necesita. De hecho, el chino es el ecosistema más cerrado del mundo

“Es una decisión claramente política. Pero que no sorprende en China porque Pekín echa mano de barreras similares cuando lo considera necesario. De hecho, el chino es el ecosistema más cerrado del mundo, algo que resta credibilidad a las quejas del Partido Comunista”, comenta a Teknautas un empleado extranjero de Tencent, afectada también por la prohibición, que prefiere mantenerse en el anonimato. “De alguna forma, China está probando su propia medicina y sufriendo las restricciones que ella misma impone a otros. Además, el boicot que pide parte de la población india puede hacer mucho daño también a las empresas de ‘hardware’”, subraya.

Sobre todo, a las que fabrican ‘smartphones’. Porque los móviles chinos disfrutan en India de una cuota de mercado que supera el 70%, según datos de la consultoría Counterpoint, y los elementos más nacionalistas del país que dirige Narendra Modi ya han comenzado a quemar sus logotipos y a cantar eslóganes contra Xiaomi -líder con un 30%- u Oppo. “Las relaciones económicas de China siempre son asimétricas. Vende más de lo que compra, y no duda en hacer chantaje político aprovechando esa supremacía”, critica Ashutosh Singh, economista de la Universidad de Delhi.

Lei Jun, fundador y CEO del fabricante chino Xiaomi. (EFE)
Lei Jun, fundador y CEO del fabricante chino Xiaomi. (EFE)

Los datos le dan la razón: el año pasado, China exportó a India productos por valor de casi 67.000 millones de euros, pero apenas compró en India el equivalente de 16.300 millones. De ahí que muchos de los internautas chinos que se han propuesto responder con un boicot a los productos indios se hayan encontrado con que no tienen apenas qué boicotear. “La pandemia del coronavirus está exacerbando la soberbia con la que China actúa en la arena internacional, y con India el tiro le puede salir por la culata”, advierte Singh.

Lógicamente, China niega la mayor y se muestra como víctima. Su Embajada en Delhi denuncia que la medida tomada por India “es discriminatoria” -no se han prohibido aplicaciones de ningún otro país- y que “abusa las excepciones aceptables en el ámbito de la seguridad nacional”. El portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores, Zhao Lijian, añadió que “China siempre pide a sus empresas que cumplan con las normativas locales de los países en los que hacen negocios. India tiene la obligación de respetar los derechos de los inversores extranjeros, también de los chinos”. Y el diario Global Times, en su línea más agresiva, también advierte de que India no tiene alternativa a los productos chinos, entre los que destaca teléfonos móviles, químicos y componentes de automoción. Por si fuese poco, asegura que India no cuenta con la capacidad para hacer daño a la economía china.

De India al mundo

Pero, ¿y si otros países se inspirasen en su iniciativa y diesen pasos similares? Eso es precisamente lo que destaca el canal de televisión NDTV, que apunta a Estados Unidos, otro de los territorios en los que más crece TikTok, como el aliado perfecto para unir fuerzas contra China en un mundo cada vez más polarizado y reminiscente de la Guerra Fría. Sin duda, teniendo en cuenta los precedentes de ZTE y de Huawei, Donald Trump es el presidente ideal para esta guerra contra el auge tecnológico chino, que se enmarca en la eterna lucha por la hegemonía mundial que libran el imperio que muere y el naciente.

Foto: Reuters.
Foto: Reuters.

TikTok debería debería desaparecer. Debería haberse ido ayer”, tuiteó el congresista republicano Rick Crawford con las etiquetas ‘interferencia china’. Otros políticos estadounidenses, como el asesor de Seguridad Nacional, Robert O’brien, subrayó que TikTok se pliega a la censura china y que no es deseable que los datos de millones de niños y adolescentes americanos estén en manos de una empresa china.

“El problema de la soberanía digital está en la falta de alternativas. Salvo contadas excepciones, las grandes redes sociales y las aplicaciones móviles están controladas por Estados Unidos y China. Para evitar depender de estos países se deberían desarrollar servicios en otros lugares, pero no parece que vaya a suceder porque las economías de escala necesarias están ausentes. India, no obstante, sí que tiene potencial en ese terreno, porque cuenta con una gran base de usuarios potenciales y el talento para desarrollar ‘software’”, comenta el empleado de Tencent.

La batalla, no obstante, trasciende las barreras del ciberespacio y se siente en todos los ámbitos del sector tecnológico: Estados Unidos se ha propuesto evitar que su conocimiento llegue a las tecnológicas chinas con el veto impuesto a decenas de estas compañías -entre las que Huawei es la más conocida-, y también está complicando su internacionalización financiera con un clima hostil en mercados como Wall Street. Allí, Luckin Coffee -rival de Starbucks en China- ha sido expulsada del Nasdaq por ‘cocinar’ sus cuentas, y una nueva ley de transparencia amenaza con sacar a las empresas chinas de la bolsa estadounidense, algo que ya ha provocado un movimiento de gigantes como JD, Netease, o Baidu hacia Hong Kong, la ciudad que se ve como alternativa para recibir dólares.

La comisaria europea de Competencia, Margrethe Vestager. Europa pone cada vez más barreras a las tecnológicas estadounidenses. (EFE)
La comisaria europea de Competencia, Margrethe Vestager. Europa pone cada vez más barreras a las tecnológicas estadounidenses. (EFE)

El caso de Nuctech, el fabricante chino de equipos de control de seguridad que quiere hacerse con diferentes contratos en Europa, también ha puesto de manifiesto que la UE se puede ver afectada por el fuego cruzado entre las dos superpotencias. No en vano, Washington está ejerciendo toda la presión posible sobre sus aliados para que eviten la tecnología china en infraestructuras críticas, advirtiendo de que su uso -incluidas las redes 5G de Huawei- podría conllevar una pérdida de confianza y el fin de la colaboración en asuntos que requieran el intercambio de datos.

Pero el Viejo Continente se resiste a aparecer como un actor silencioso títere de Trump y también está poniendo en apuros a gigantes americanos como Google o Amazon en diferentes frentes: desde el de la privacidad -en el que cuenta con la legislación más estricta del mundo-, hasta el de la fiscalidad -donde tiene como objetivo lograr que los impuestos se paguen en los países en los que se generan los ingresos-, pasando por el de la actitud monopolística de algunas compañías. Por su parte, el responsable de Exteriores de la UE, Josep Borrell, a menudo juega las cartas de la ambigüedad en lo referente a China: reconoce que es un “rival sistémico” con el que hay “grandes diferencias en los valores” que representan ambos territorios, pero también busca convertir al gigante asiático en un “socio preferente”.

La coyuntura actual se traduce en un movimiento antiglobalización que amenaza con crear burbujas aisladas en el ciberespacio

“La coyuntura actual se traduce en un movimiento antiglobalización que amenaza con crear burbujas cada vez más aisladas en el ciberespacio”, explica el ingeniero de Tencent. China ha sido pionera en la construcción de esa intranet paralela de cuya soberanía se enorgullece Pekín, y parece preparada para encerrarse aún más en su caparazón creando un ecosistema paralelo que va desde el establecimiento de entidades internacionales como el Banco Asiático de Inversión en Infraestructuras -que asume un papel similar al de instituciones como el Banco Mundial o el Fondo Monetario Internacional-, hasta una moneda digital que le permita desacoplar sus transacciones del dólar.

No obstante, su gran proyecto para vertebrar el mundo siguiendo una nueva Ruta de la Seda parece encontrar cada vez más resistencia desde que estalló la pandemia del coronavirus, y ya no son solo sus empresas las que tienen problemas derivados del autoritarismo que caracteriza al Gobierno: el último boicot global contra China lo ha sufrido Disney, y todo porque la actriz protagonista, Liu Yifei, se mostró contraria a las protestas anticomunistas de Hong Kong. Incluso en Corea del Sur han pedido que se cancele el estreno de la película.

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