menos carga vírica en un 99,999%

El método valenciano para que los hospitales puedan reutilizar mascarillas FFP2 y FFP3

Investigadores valencianos han validado un método de desinfección para mascarillas FFP2 y FFP3 basado en la aplicación de calor mediante maquinaria ya disponible en los hospitales

Foto: Investigadores valencianos ponen a prueba un tratamiento para reutilizar mascarillas de tipo EPI. (Reuters)
Investigadores valencianos ponen a prueba un tratamiento para reutilizar mascarillas de tipo EPI. (Reuters)
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El centro tecnológico Ainia, con sede en Valencia, ha validado un nuevo proceso de desinfección y reutilización de mascarillas filtrantes de tipo EPI —consideradas equipos de protección individual y recomendadas sobre todo para personal sanitario por su capacidad de evitar la entrada de partículas contaminantes en el organismo— de aplicación en hospitales y centros sanitarios, de ser revisado por la Conselleria de Salud de la Generalitat, siempre que dispongan de maquinaria autoclave para realizar este protocolo de descontaminación térmica. En colaboración con el departamento de salud de Xàtiva-Ontinyent y la Fundación Fisabio, según lo que explican desde Ainia se trata de un método de desinfección para garantizar "una reutilización más segura en situaciones de emergencia" de mascarillas FFP2 y FFP3 y está basado en la aplicación de calor mediante maquinaria ya disponible en los hospitales y que garantiza la supresión de la carga vírica en un 99,999% y el mantenimiento de la eficiencia filtrante en un 95%, de acuerdo con lo que apuntan desde el instituto.

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El resultado de esta trabajo de investigación, presentado este lunes en rueda de prensa telemática y puesto a disposición de las autoridades sanitarias de la Comunidad Valenciana para poner a prueba el estudio, permite la reutilización de mascarillas FFP2 y FFP3 que se encuentren en buenas condiciones, es decir, que no presenten desperfectos físicos ni manchas, mediante su introducción en bolsas herméticas de aluminio y su sometimiento a temperaturas de 120 grados durante 20 minutos en autoclaves, recipientes metálicos de presión que cuentan con gruesas paredes y cierre hermético para poder trabajar a altas temperaturas. Teniendo en cuenta las carencias de materiales con las que los profesionales sanitarios han tenido que combatir la epidemia del coronavirus, "contar con un método de desinfección de mascarillas es especialmente útil cuando estas están siendo utilizadas demasiado tiempo, más del recomendado por el fabricante, o para reutilizar con seguridad mascarillas utilizadas en operaciones con aerosoles potencialmente infecciosos", expone Andrés Pascual, el jefe de Innovación de Ainia, en un vídeo explicativo donde se ponen de manifiesto los objetivos y conclusiones del estudio.

Las mascarillas FFP2 y FFP3 tienen una estructura multicapa, con tejido no tejido y un interior o capa central de alta capacidad filtrante, con fibras más finas con carga electrostática capaz de fijar micropartículas. Por ello, se recomienda no mojar este tipo de protecciones, ya que "puede alterar su capacidad de fijación electrostática de partículas, reduciendo significativamente su eficacia filtrante por lo que, de entrada, cabría descartar métodos de descontaminación que empleen agua o líquidos como soluciones alcohólicas, lejía o soluciones jabonosas", tal y como indica Pascual en una nota de prensa del instituto tecnológico. De entre las distintas tecnologías de descontaminación evaluadas por Ainia, se ha optado por investigar el tratamiento térmico en autoclave, a 120 grados centígrados durante 20 minutos”. Según ha detallado su responsable de Innovación, se ha demostrado que este proceso de descontaminación térmica es eficaz contra el virus y mantiene la eficacia filtrante de la mascarilla, al no mojarse ni ser impregnada con ningún líquido.

Para la comprobación de la capacidad desinfectante de este proceso, se rociaron las mascarillas con bacteria E.coli, "más resistente incluso que el coronavirus", en palabras de Pascual, y tras el proceso térmico su reducción fue del 99,999 % en todos los tipos de mascarillas FFP2 testados, con diferentes modelos y marcas. En total, se hicieron 29 test de filtración —en un proceso en el que ha colaborado también la Universidad de Granada—, en los que se validaron los resultados y se comprobó también que la capacidad filtrante de las mascarillas se mantenía por encima del 95%, incluso después de tres ciclos de contaminación.

Ante el éxito de este experimento, la responsable del departamento de salud de Xàtiva-Ontinyent, Margarita Llaudes, se ha comprometido a que se trasladen los resultados a la 'conselleria' para valorar su posible implementación en hospitales y que "se puedan enviar instrucciones a los departamentos sobre lo que se puede hacer con estas mascarillas. Nosotras nos pondríamos a ello, pero también somos precavidas y esperaremos la correspondiente instrucción", incidió la gerente en rueda de prensa.

Por su parte, Julia Company, la directora general del Instituto Valenciano de Competitividad Empresarial (Ivace), destacó la implicación de los 11 institutos tecnológicos de la Comunidad Valenciana tanto en las necesidades surgidas durante la pandemia como en la labor de "reconstrucción". "Se han presentado más de 40 proyectos para la confección de material necesario durante la pandemia. En tres meses se han homologado productos que en circunstancias normales habrían costado más de seis. Hemos compartido angustia y ansiedad con los centros sanitarios", apuntó Company, quien también agradeció la entrega y la solidaridad de los profesionales sanitarios, que "a pesar de la dificultad de su trabajo han sabido dar un trato humano a los pacientes".

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