La importancia de no olvidar el SARS

Dentro de la fábrica china que evitó el coronavirus gracias a sus medidas extremas

Haber hecho un pedido de mascarillas en cuanto se detectó la neumonía desconocida le permite ahora funcionar. También la automatización y la menor dependencia de proveedores ayudan

Foto: Foto: Z. Aldama.
Foto: Z. Aldama.
Adelantado en

Hay que armarse de paciencia para acceder a la fábrica que Laird opera en Xinzhuang, a las afueras de Shanghái. Solo está abierto el acceso principal de las naves industriales donde se fabrican aleaciones y tejidos de alta tecnología, y frente a la puerta se ha levantado una de esas tiendas alargadas de plástico azul que recuerdan a los hospitales de campaña que se utilizan en catástrofes naturales. Dentro, varios empleados enfundados en trajes de protección biológica van procesando a cada visitante.

Hay que pasar de uno en uno, dejando al menos un metro entre sí: primero se toma la temperatura con un termómetro de infrarrojos, y cualquiera que supere los 37,3 grados tiene prohibida la entrada; luego hay que despojarse de la mascarilla, desinfectarse las manos y cubrirse el rostro con una nueva que proporciona la propia empresa; finalmente, una última persona comprueba que quien accede tiene el ‘código verde’ que la aplicación oficial del Gobierno genera en el teléfono móvil de todos los ciudadanos después de haber accedido a las bases de datos de transporte, telefonía e internet. "Con ‘código amarillo’ y ‘código rojo’ no se permite la entrada, disculpen las molestias", advierte la compañía en un cartel.

Una vez dentro, hay que mantener las distancias. De nuevo, un metro. Los trabajadores se sientan más separados que de costumbre —se han modificado incluso algunos puestos—, e incluso se han pintado en el suelo frente a la cantina rayas separadas un metro entre sí para que nadie se apelotone en la cola mientras todos se lavan las manos antes de entrar a comer. Seguramente, las instalaciones nunca habían estado tan limpias.

Foto: Z. Aldama.
Foto: Z. Aldama.

“No queremos correr riesgos, porque nos ha costado poner la fábrica al 100% de su capacidad”, explica Zhang Li, uno de los responsables de la planta que acompaña a El Confidencial durante la visita. No en vano, pocas empresas en la capital económica de China pueden decir lo mismo. Según datos oficiales, el 70% todavía está a medio gas, y el 65% de las pymes a nivel nacional ni siquiera ha logrado levantar aún la persiana. En Laird, sin embargo, una decisión ha resultado providencial: la que tomó el gerente a mediados de enero, cuando se extendió por el país la noticia de que una neumonía de origen desconocido estaba provocando problemas en la capital de Hubei.

“Él había vivido el SARS, temió que se repitiese la situación de hace 17 años, y decidió hacer un gran pedido de mascarillas”, cuenta Zhang. Como se avecinaba el Año Nuevo Lunar, un periodo de dos semanas en que la segunda potencia mundial cierra casi por completo, decidió comprarlas en la República Checa. Y ahora han supuesto un salvavidas. Porque, para reanudar la actividad, el Gobierno exige que las fábricas cuenten con suficientes mascarillas para que todos los trabajadores puedan cambiárselas a diario.

Foto: Z. Aldama.
Foto: Z. Aldama.

Debido a la escasez de este producto en todo el país —quien escribe estas líneas ha tenido que esperar 12 días para recibir las cinco que da el Gobierno—, no todas las compañías pueden cumplir con ese requisito. Así que las mascarillas se han convertido en un lastre para la reincorporación de la plantilla en muchas fábricas. “Nosotros reabrimos el 10 de febrero con el 68% de los trabajadores. El 1 de marzo ya había regresado el 90%, y hoy está el 97%. El 3% que falta procede de Hubei”, añade Zhang.

Pero a la reanudación de la plena producción de Laird han contribuido otros factores importantes que diferencian esta empresa de muchas otras. En primer lugar, está la automatización: aunque Laird emplea a varios cientos de trabajadores, muchas de sus líneas de producción son casi totalmente automáticas, lo cual reduce considerablemente su dependencia de la mano de obra intensiva. Además, la compañía trata siempre de contratar a gente local, razón por la que tiene menos problemas para que, con las restricciones de movimientos impuestas por todo el país, la plantilla se reincorpore a sus puestos.

Foto: Z. Aldama.
Foto: Z. Aldama.

Luego está su menor dependencia de proveedores ajenos. “No tiene sentido reanudar la actividad si no nos llega materia prima o si nos faltan componentes procedentes de otros proveedores, como sucede en muchas empresas”, analiza Zhang en referencia a la ruptura de la cadena de suministro. “Afortunadamente, además de tener un ‘stock’ generoso de lo poco que no producimos nosotros, la mayor parte de nuestros productos son fabricados con los materiales que nosotros mismos procesamos en la planta de Tianjin”, señala el gestor de producción.

Afortunadamente para Laird, de momento no ha sufrido la cancelación de pedidos. En gran parte, eso se debe a que no ha puesto todos los huevos en la misma cesta. Porque fabrica todo tipo de materiales para multitud de sectores, desde el de automoción hasta el de maquinaria médica. “Si uno falla, siempre hay otros”, se encoje de hombros Zhang. Esa diversificación va a ser una de las grandes lecciones de la crisis económica que se avecina con el SARS-CoV-2, que ha dejado en evidencia la excesiva dependencia que el mundo tiene de China. También será un acicate para invertir en tecnología que no se infecta con un coronavirus. No en vano, muchos vaticinan ya un nuevo ‘boom’ del sector de internet.

Tecnología

El redactor recomienda

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
5 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios