Sushi a domicilio y 'cocinas fantasma'

La idea de estos dos jóvenes catalanes por la que Glovo acaba de pagar 8 millones

Glovo acaba de acordar la compra de Instamaki, una 'startup' creada en 2016 por dos jóvenes catalanes que envía sushi a domicilio preparado en 'cocinas fantasma'

Foto: Jan Morell (izq.) y Albert Bonhome, fundadores de Instamaki. (Foto: EP)
Jan Morell (izq.) y Albert Bonhome, fundadores de Instamaki. (Foto: EP)

Quizás no haya oído hablar nunca de Instamaki y es normal. Se trata de un 'restaurante fantasma' cuyas cocinas no abren al público: solo elaboran comida para repartir a través de 'apps' como Glovo, Deliveroo y Just Eat. Su lema: sushi de calidad a domicilio. La idea ha funcionado tan bien que en solo un año la 'startup', creada por dos jóvenes catalanes, ha duplicado la facturación hasta los dos millones en 2018 convirtiendo su comida en uno de los grandes hits de Glovo. Tanto que, según confirman a Teknautas varias fuentes conocedoras de la operación, la compañía ha decidido sacar la cartera para hacerse con el negocio por más de 8 millones de euros.

Ni Glovo ni Instamaki han anunciado aún oficialmente la operación, pero fuentes conocedoras de la misma la dan por hecha. Solo falta la firma que se producirá próximamente. La adquisición es a cambio de un paquete accionarial en Glovo valorado en algo más de 8 millones de euros. Valoración, eso sí, sujeta a las idas y venidas del negocio de Glovo, bajo presión en múltiples frentes, desde el regulatorio por las condiciones laborales de sus 'riders', hasta el financiero por sus pérdidas millonarias. No han trascendido de momento los detalles del reparto accionarial y cuánto se llevan los fundadores de Instamaki, los jóvenes Jan Morell y Albert Bonhome.

La lógica detrás de la compra está en el crecimiento del fenómeno de las 'cocinas fantasma' o 'dark kitchens', locales que no abren al público y solo cocinan para vender a través de las aplicaciones de reparto a domicilio. Glovo y Deliveroo comenzaron primero el año pasado abriendo sus propios locales en los que acogían a restaurantes conocidos para preparar allí solo platos de reparto 'online' y ahora Glovo ha decidido directamente comprar a una de estas 'startups' de comida a domicilio.

Instamaki, creada en 2016 por Morell y Bonhome, arrancaron en una cocina compartida con un solo cocinero y ellos dos gestionando todos los pedidos a través de las plataformas. Al año siguiente se instalaron en una de las 'cocinas fantasma' de Glovo en Madrid. Después vinieron los inversores, una ronda de 1 millón de euros de firmas como SeedRocket y Banc Sabadell Venture Capital, además de varios inversores independientes. Con ese dinero lograron expandirse en Madrid, Barcelona, Valencia y Málaga y pequeñas localidades de la provincia de Barcelona como Badalona o Cornellà.

Foto: EFE.
Foto: EFE.

Con la compra, Glovo se queda con una de las pocas empresas del sector que realmente estaba funcionando (cuenta con más de 100 empleados) y que ya tiene todo un sistema en marcha para el preparado y entrega (con repartidores propios incluidos) de una de las categorías de comida más demandadas en las 'apps': el sushi. El movimiento deja en problemas al otro gran competidor de las 'cocinas fantasma', Keatz, que en nuestro país cuenta con dos locales en Madrid (en Castellana y en la zona centro) y otros dos en Barcelona (zona de Eixample-Sants y zona de Glories).

Esta firma alemana tuvo que cerrar recientemente sus cocinas en Alemania ahogada por los problemas económicos y la saturación del sector. "Desafortunadamente, hemos cerrado nuestras cocinas en Alemania por el momento. Esperamos volver y poder entregar deliciosa comida de nuestros restaurantes", anunció la 'startup' en noviembre en un email a sus usuarios. Fuentes del sector aseguran que su situación en España también es límite por lo que la compra de Instamaki puede que acabe consiguiendo un doble objetivo para Glovo: quedarse un negocio saneado y, de paso, eliminar a uno de sus competidores.

Pero está por ver lo importante de verdad, si la compra maquillará para bien las cuentas de Glovo. La compañía subió el año pasado su facturación en un 268%, desde los 14,2 millones de euros de 2017 hasta los 52,3 de 2018. Sin embargo, sus gastos han aumentado mucho más: frente a los 23,3 millones de 2017, el año pasado esta cifra se elevó hasta los 96,4. En total, un crecimiento del 313,6% en un año. Con todo, el balance anual no ha ido más que creciendo en negativo desde el nacimiento de la compañía en 2015: en 2018 Glovo perdió 45,7 millones de euros. Frente a los 5,6 millones perdidos en 2017, el aumento de las pérdidas ha sido de un 798% en doce meses. Cifras difíciles que Glovo tendrá que enderezar si, como asegura, de verdad quiere salir a Bolsa en 2020.

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