ESTOS HERMANOS GOLPEAN DOS VECES

Los gemelos tras el último 'hit' en Amazon: salsa y miel picante 'made in Murcia'

Los Casanova son los padres de Espicy, una 'sriracha' cañí. Ahora buscan 'diversificar' su imperio con patinetes y vinos de autor. "No somos Coca-Cola, pero también tenemos una fórmula secreta"

Foto: Foto: M. Mcloughlin.
Foto: M. Mcloughlin.

Steve Jobs nunca tuvo ese porte en vida. No viste su tradicional uniforme de deportivas blancas y jersey de cuello vuelto. Lleva una casaca de la Rusia presoviética que mejora potencialmente su percha. Este bizarro retrato es obra de un tal Steve Payne, un británico que acostumbra a hacer estos montajes con personajes modernos. Enfrente un led con una forma de guindilla llama la atención poderosamente. Dicho ornamento se debe a que esa nave es, por así decirlo, el 'headquarter' de los Casanova.

Juan y Andrés Casanova son los gemelos que están detrás de Espicy, una versión cañí de la salsa 'sriracha' —esa del tapón verde que es fácil encontrar en los restaurantes orientales de batalla— hecha en Murcia que se ha convertido en un 'hit' de ventas en Amazon. Pero no solo eso. A su primer 'hit' le han seguido otros: una mayonesa también picante, su propia versión del 'ketchup' y, por último, una miel picante.

Esta 'startup' de apenas un año y pico de edad ya cuenta con tentáculos en varios países de la UE así como en EEUU, Kuwait, Guatemala, Venezuela, Reino Unido, Noruega, Panamá o República Dominicana. Un incipiente imperio del picante que ahora ha empezado a diversificarse con vinos creativos de autor y con MYGO, una empresa de patinetes eléctricos, de "las primeras que llegaron a Madrid", que quiere conquistar el corazón de la capital con un abanico de vehículos eléctricos como 'motocletas'. Por eso, en este taller gobernado por la mirada de Jobs, uno se encuentra tantos botes de salsa como decenas de vehículos esperando a ser colocados en la calle.

Juan y Andres Casanova. (M. Mcloughlin)
Juan y Andres Casanova. (M. Mcloughlin)

"No somos la Coca-Cola, pero..."

Juan y Andrés, nacidos en Venezuela en el 78 pero de ascendencia española, "se reencontraron en Madrid hace cuatro años". "Yo siempre había tenido la idea de montar un restaurante, pero cuando se lo comenté a mi padre me quitó la idea de la cabeza. Pero tenía claro que quería hacer algo que tuviese que ver con la gastronomía", dice el primero de estos hermanos, que se formó en el prestigioso Cordon Blue de París. "Yo me fijaba en que la mostaza, el 'ketchup' y la mayonesa sí tenían un sitio destacado cuando ibas a comer una hamburguesa. Pero eso no pasaba con el picante. Lo más habitual era el tabasco, pero estaba como escondido", cuenta cuando se le pregunta por la inspiración.

Las pruebas de Espicy.
Las pruebas de Espicy.

Las primeras probaturas fueron en los fogones de su casa, de forma muy casera. "Siempre hemos tenido claro que había que hacer las cosas paso a paso, a pequeña escala. Esto ha salido de nuestro bolsillo y había que ser muy disciplinado con el gasto". Era el año 2017. "Imagínate toda la encimera con 100 pruebas. De ahí seleccionabas, quizá, 50 o 20. Y volvías a hacer otras 100", recuerdan de esos primeros pasos.

No basta con saber los ingredientes. El orden de los factores altera el resultado

La idea era encontrar algo a caballo entre las salsas picantes que se emplean en Latinoamérica —"muy especiadas, con un toque avinagrado"— y las asiáticas. Pero no se trataba de dar solo con el sabor. También había que clavar la textura. "Y el color. Todo es fundamental. Fue un proceso de documentación y registro de todas las recetas brutal", matiza. Después de varios intentos lograron la fórmula y empezaron a buscar un socio comercial que les ayudase a producirla a gran escala. Lo encontraron en Murcia. "España en general tiene una relación muy fuerte con la agricultura, pero allí se refuerza esa imagen". No desvelan quién es este aliado. Ni tampoco la receta. "No somos la Coca-Cola, pero también tenemos nuestra fórmula secreta. Los ingredientes (jalapeño, zanahoria, azúcar, naranja, ajo y vinagre) los puede ver cualquiera en la etiqueta, pero no basta con eso. Aquí el orden de los factores sí altera el resultado", afirma Juan.

Juan Casanova. (M. Mcloughlin)
Juan Casanova. (M. Mcloughlin)

La marca y el nombre fueron cosa de Andrés. Él, formado en administración de empresas en Estados Unidos, es el hemisferio financiero y tecnológico de este particular tándem. "Queríamos hacer un guiño a que el producto es local pero queríamos algo muy sencillo. Me levanté y lo vi claro: Espicy". Es la suma de 'spicy' (picante en inglés) y la E de España. El bote inicial tuvo una clara fuente de inspiración: el envase de la mencionada salsa siracha. "Hicimos todo el diseño nosotros. Por ejemplo, adaptar el etiquetado para vender en EEUU nos ha llevado seis meses, porque el estudio y todo lo hemos hecho en casa, como quien dice", cuenta mientras enseña fotos de los primeros modelos.

Foto: M. Mc.
Foto: M. Mc.

El grueso de sus ventas procede del comercio 'online'. También están presentes en algunos restaurantes y algunas tiendas 'gourmet', pero son un puñado de islotes inconexos que no dan para formar un archipiélago. "Al final, Amazon nos ha permitido pasar de vender localmente a vender en un buen número de países sin tener que ser un gigante. Hace 10 o 15 años tendríamos que haber invertido varios millones para poder hacer algo parecido", comenta. Además del misterioso fabricante murciano, en la ecuación entra una empresa de logística que les "permite colocar rápidamente la mercancía, incluso internacionalmente, donde hace falta". Nada más aparte de sus cuatro empleados.

Prefieren no hablar de cifras concretas. "Estamos creciendo a un ritmo del 300%". Si uno se conecta a Amazon, es fácil verles en el podio de lo más vendido en alimentación, por delante de Heinz, Hellmans y otros 'pesos pesados' del mundo de las salsas. El listado se refresca cada media hora. Raro es cuando no están ahí. "Si ocurre, suele ser porque se ha agotado el 'stock'. Hay veces que ha sido cuestión de horas". Están acostumbrados. Su puesta de largo se produjo en una feria gastronómica en Barcelona el pasado año. "El evento duraba 12 horas. A la media hora se había acabado y nos fuimos para el hostal", remata mientras enseña vídeos de cómo embotaron en casa la salsa para aquella cita.

Foto: M. Mcloughlin.
Foto: M. Mcloughlin.

"Es lo que te digo, el presupuesto siempre ha sido muy limitado. No teníamos dinero para tirar. Hemos dormido en hostales, compartido habitación... Las comidas de empresa en los viajes eran en el McDonald's", explica Juan entre risas. Viendo la buena aceptación de la Espicy original, decidieron seguir arriesgando. Y llegó ahí la idea de mezclar miel y cayena.

Perdone, pero...¿a quién y cómo se le ocurre hacer esa mezcla?

"La idea era tener una salsa para cada ocasión", responde Juan. "Esto responde al deseo de experimentar, de hacer cosas diferentes. La historia fue más complicada. A la salsa 'mayo' o con el 'ketchup' les podíamos añadir salsa Espicy a la receta. Pero aquí no. La miel es un producto muy puro y mezclarla así podía manchar el producto".

Ya tienen en el horno el próximo producto de ESBrands (el nombre de la compañía que han creado): una línea de vinos de autor. Habrá vino tinto, blanco y rosado. "A nosotros nos gusta mucho el rosado. Vemos que ocurre algo similar a lo del picante. Está como apartado, un poco olvidado. Y hay margen para hacer algo parecido".

Patinetes y 'motocletas'

Andrés Casanova revisa los patinetes. (M. Mcloughlin)
Andrés Casanova revisa los patinetes. (M. Mcloughlin)

Debido a esa fórmula de aguantar los gastos al máximo nivel posible, ESFoods comparte cuartel general y mesa de trabajo con MYGO, la otra gran empresa de los Casanova. "Compartimos espíritu. Por ejemplo, la carga y recogida las hacemos nosotros. No hemos hecho como otros, que han contratado a una compañía externa para recargarlos y colocarlos. Nosotros, todo en casa", explica Andrés, que es quien se ha puesto al frente de este negocio, quedando Juan a los mandos de la parte gastronómica. "Cada semana nos reunimos y vemos cosas de ambas empresas, pero el tema de los patinetes requiere mucha energía y atención".

Sabe bien de lo que habla. A día de hoy, hay más de 24 empresas, que suman cerca de 9.000 licencias. Algunos de sus competidores han optado por abarcar zonas de toda la capital. Ellos no. Se han limitado a la almendra central, la zona que se encuentra dentro de la M-30. "Es donde más rentabilidad hay. Nosotros, además, vivíamos en el centro y veíamos que ahí se podían plantear estas alternativas para ayudar a solucionar el problema grave que tiene Madrid de contaminación".

Tienen 15 empleados. Y ahora van a dar un paso que puede suponer un importante acelerón: una ronda de financiación de más de dos millones de euros. En una entrevista reciente, aseguraban que la inversión ya estaba amortizada y que su modelo de negocio empezará a dar, salvo que todo se tuerza, números verdes este mismo verano. "Creo que pocos pueden decir eso entre las compañías de patinetes en Madrid".

Ellos no quieren centrarse solo en los patinetes. "Hay diferentes tipos de persona, de clima, de trayectos... y no sirve siempre", dice Andrés. Ultiman la puesta en marcha de una 'motocleta' eléctrica que ya pudimos probar en Teknautas. Insisten en que seguirán creciendo paso a paso. Poco a poco. "Es un mercado muy atomizado. Hay muchas empresas. Y no puedes andar pidiendo al ciudadano que use 20 'apps". El escenario ideal, dicen, es que se pudiese utilizar la tarjeta transporte para sus patinetes también. Lo intentaron y aunque no lo lograron no tiran la toalla. "Hay que plantear otra forma de moverse en esta ciudad. Y en esas estamos".

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