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Quién viralizó el vídeo de la matanza de Nueva Zelanda (y por qué nadie pudo pararlo)
  1. Tecnología
ni miles de robots, ni miles de humanos son suficientes

Quién viralizó el vídeo de la matanza de Nueva Zelanda (y por qué nadie pudo pararlo)

Es una de las grandes incógnitas que quedaron tras lo ocurrido en Christchurch. El vídeo en el que el terrorista grabó todo el ataque corrió como la pólvora, y fue imposible detenerlo

Foto: Brenton Tarrant
Brenton Tarrant

El debate continúa. Cinco días después de que un supremacista blanco entrase en dos mezquitas de Nueva Zelanda matando a un total de 50 personas y emitiese todo su ataque a través de un vídeo en directo en Facebook las investigaciones para intentar saber por qué nadie frenó la viralización de estas imágenes prosiguen. La compañía de Mark Zuckerberg sigue defendiéndose dando datos sobre lo sucedido, pues para muchos sigue siendo el principal sospechoso, pero cada vez está más claro que, por mucho que querramos señalar a un culpable, lo sucedido, a día de hoy, es imposible de parar.

La última información dada por la Red Social habla de la cantidad de personas que vieron el directo antes de ser censurado en el minuto 17 de la grabación, y deja esta cifra en 200 personas que en total reprodujeron dicho contenido 4.000 veces. Unos números muy bajos y llamativos si tenemos en cuenta que el contenido se acabó moviendo en pocas horas por medio planeta y que, seguramente, hasta tú lo hayas tenido al alcance. A simple vista las cifras no casan, pero es aquí donde entra una de las grandes claves: la viralidad provocada por los propios usuarios y nuestra capacidad para seguir engañando, de momento, a la tecnología.

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Desde hace años todas las grandes plataformas de vídeo y redes sociales como Facebook o YouTube utilizan sistemas de Inteligencia Artificial y moderadores humanos para controlar que el contenido que publican en sus 'sites' se ajusta a las normas de la comunidad. Han creado sistemas para detectar y censurar la pederastia, los vídeos que apoyan el terrorismo e incluso los que son demasiado sangrientos o pornográficos o están controlados por 'copyright'.

Es más, la censura en plataformas como Facebook es más que conocida por su dureza y ha vivido casos tan peculiares como el borrado de una publicación porque aparecía el cuadro de 'La libertad guiando al pueblo' por tener un pecho al descubierto. La cosa es que ni así han conseguido parar todos los contenidos polémicos.

placeholder (Foto: Reuters)
(Foto: Reuters)

En estos momentos, y según apuntan todo tipo de especialistas en medios como The Whasington Post o Wired, pensar en que con Inteligencia Artificial y miles de moderadores (como los que contrata Facebook) podemos parar todos lo censurable y peligroso que se mueve por estas gigantes plataformas es como intentar poner puertas al campo. Y el de Nueva Zelanda es un ejemplo muy claro.

Tras retransmitirse durante 17 minutos en directo sin que ninguna de las 200 personas que lo vieron decidiese denunciarlo, el vídeo del terrorista quedó guardado, alguien lo descargó y empezó a correr como la pólvora. Solo en Facebook aseguran que censuraron hasta un milón y medio de copias en 24 horas.

Todo el mundo señala a la red de Zuckerberg, pero YouTube también vio como miles usuarios cargaban sin parar este contenido en su plataforma usando trucos para evitar su censura automática. Según explican en el Post, horas después de lo sucedido solo necesitabas buscar Nueva Zelanda en la herramienta de Google para encontrar numerosos vídeos de lo sucedido. Acortaban la grabación, ponían música o marcas de agua, y así se saltaban el control de la máquina, y de los moderadores al menos durante unos minutos u horas.

Ambas compañías aseguraron en diferentes comunicados que habían estado trabajando sin parar para evitar la propagación, pero ni aún así pudieron destruir todas las copias. Por no hablar de las que se subieron a otro tipo de páginas y foros o se compartieron por 'apps' como WhatsApp, mucho más difíciles de controlar.

Foto: (Montaje: G. C.)

No es un primer caso

Obviamente, no es la primera vez que pasa algo similar en estas plataformas que han tenido que ir actualizando sus algoritmos para cerrar poco a poco sus muros por situaciones parecidas. Ha pasado con otros asesinatos o suicidios, y también con casos mucho menos dramáticos, como el de los partidos de fútbol que aún es posible ver en Facebook.

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Cada fin de semana, o cada jornada de Champions, son miles los usuarios que buscan enlaces de Facebook Live en los que poder ver de forma gratuita cualquier partido. La compañía lleva años luchando contra esta práctica, y su sistema para parar estos vídeos ha mejorado muchísimo, pero aún es posible ver durante muchos minutos estos encuentros en diferentes enlaces. Además, como en el caso de Nueva Zelanda, al terminar el encuentro ya es posible ver decenas de resúmenes ilegales de dichos partidos en otras plataformas como YouTube. Posteriormente se borran, claro está, pero la huella queda ahí y eso, a día de hoy, es imposible de parar.

El debate continúa. Cinco días después de que un supremacista blanco entrase en dos mezquitas de Nueva Zelanda matando a un total de 50 personas y emitiese todo su ataque a través de un vídeo en directo en Facebook las investigaciones para intentar saber por qué nadie frenó la viralización de estas imágenes prosiguen. La compañía de Mark Zuckerberg sigue defendiéndose dando datos sobre lo sucedido, pues para muchos sigue siendo el principal sospechoso, pero cada vez está más claro que, por mucho que querramos señalar a un culpable, lo sucedido, a día de hoy, es imposible de parar.

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