se cultiva, es sostenible y reciclable

Investigadores españoles crean un papel que convierte el calor residual en electricidad

Un equipo del Insituto de Ciencia de Materiales de Barcelona (ICMAB-CSIC) ha desarrollado un nuevo material termoeléctrico que podría revolucionar el mercado de la energía

Foto: El papel desarrollado por los científicos del Insituto de Ciencia de Materiales de Barcelona (ICMAB-CSIC)
El papel desarrollado por los científicos del Insituto de Ciencia de Materiales de Barcelona (ICMAB-CSIC)

Los proyectos para crear materiales que consigan aprovechar señales y otro tipo de energía para convertirla en electricidad se están multiplicando, y lo mejor es que varios tienen firma española. Este mismo martes hablábamos de un equipo comandandado por un español que había desarrollado un nuevo invento para convertir el wifi en electricidad y solo un día después amanecemos con otro artilugio creado en nuestro país que es capaz de hacer lo mismo, pero con el calor residual.

En este caso, los científicos encargados de su creación ha sido un equipo del Insituto de Ciencia de Materiales de Barcelona (ICMAB-CSIC) cuyo gran acierto ha sido conseguir fabricar un nuevo material (muy similar al papel) termoeléctrico capaz de utilizar este calor que normalmente se desaprovecha para generar electricidad que alimente todo tipo de equipos y dispositivos.

Los resultados de la investigación se han publicado en la revista científica Energy & Environmental Science y ahí explican como lograron fabricar el nuevo invento. “Este dispositivo está compuesto de celulosa producida en laboratorio por unas bacterias, con pequeñas cantidades de un nanomaterial conductor –nanotubos de carbono-, por lo que su producción resulta sostenible y respetuosa con el medio ambiente”, explica Mariano Campoy-Quiles, investigador del Instituto de Ciencia de Materiales de Barcelona. "En un futuro próximo, este material se podría utilizar en dispositivos como 'wearables' con aplicaciones médicas o deportivas, por ejemplo. Y si la eficiencia del dispositivo se optimizara aún más, este material podría dar lugar a un aislamiento térmico inteligente en sistemas de generación eléctrica híbridos fotovoltaicos-termoeléctricos", augura Campoy- Quiles.

Además, "debido a la alta flexibilidad de la celulosa y la escalabilidad del proceso, estos dispositivos podrían utilizarse en aplicaciones donde la fuente de calor residual tuviera formas poco regulares o áreas extensas, ya que se podrían recubrir totalmente con este material" indica Anna Roig, investigadora del estudio.

El material desarrollado por los investigadores barceloneses. (Foto: CSIC)
El material desarrollado por los investigadores barceloneses. (Foto: CSIC)

Pero su interés no se ciñe a las aplicaciones que el material puede tener, sino que puede ser algo totalmente revolucionario para el sector energético. Como la celulosa bacteriana se puede fabricar en casa, los expertos apuntan a que tal vez estemos delante del primer paso hacia un nuevo paradigma energético, donde los usuarios se podrán fabricar sus propios generadores eléctricos. "Todavía estamos lejos, pero este estudio representa un principio. Por algún sitio hay que empezar", apuntan.

Cultivar, no fabricar

El material es novedoso hasta en su creación. Y es que los científicos no lo han tenido que fabricar, sino que lo han cultivado en el laboratorio. “En vez de fabricar un material para la energía, lo cultivamos", explica Campoy-Quiles. "Las bacterias, dispersas en un medio de cultivo acuoso que contiene azúcares y los nanotubos de carbono, van produciendo las fibras de nanocelulosa que acaban formando el dispositivo, donde quedan perfectamente dispersos los nanotubos de carbono", continúa.

El papel cultivado por los científicos españoles en el laboratorio. (Foto: ICMAB)
El papel cultivado por los científicos españoles en el laboratorio. (Foto: ICMAB)

Esto no solo ayuda a acercar este invento a una economía circular sostenible basada en el reciclaje y la reutilización de los mismos materiales, sino que ayuda a sus propiedades. "Se obtiene un material mecánicamente muy resistente, muy flexible y deformable, gracias a las fibras de celulosa, y con una elevada conductividad eléctrica", explica Anna Laromaine, investigadora del estudio. Como comentan, aún queda para que este material se pueda generalizar, pero es un gran paso

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