Tecnología militar: Guerra fría entre EEUU y Rusia en el fondo del mar para cortar internet
Tensión entre ambas potencias por los cables submarinos

Guerra fría entre EEUU y Rusia en el fondo del mar para cortar internet

En la OTAN cunde la preocupación tras haberse detectado buques rusos cerca de las rutas de cables submarinos en el Mediterráneo. Su especialización: pinchar y cortar estas infraestructuras

Foto: Foto: Reuters.
Foto: Reuters.

La Nueva Pirámide de Maslow es un chiste recurrente en Twitter que consiste en una versión modificada de la jerarquía de necesidades del ser humano en que por debajo (y, por tanto, con mayor importancia) que las necesidades que garantizan la supervivencia física está el acceso a internet. Por eso, y porque una parte cada vez mayor de las economías del mundo depende de la red de redes, es seguro que en cualquier conflicto bélico futuro cada bando intentará desconectar al otro de la internet global, para dañar su moral y su economía.

Lo cual puede hacerse de varios modos, el más tajante de los cuales es atacar los cables submarinos que transportan más del 99% del tráfico global de internet. Esta sutil y frágil red es el blanco potencial de buques de guerra especializados en manos de las mayores potencias (con EEUU y Rusia a la cabeza), que no solo pueden usarlos para cortar cables submarinos sino también (se sospecha) para ‘pincharlos’ y acceder de modo ilícito a su contenido incluso en tiempos de paz. Algo, por cierto, totalmente habitual hoy en día, según Edward Snowden.

Por eso, en la OTAN cunde la preocupación ante el hecho de que buques rusos especializados en trabajos subacuáticos, como el Yantar, hayan sido detectados recientemente en las proximidades de las rutas de determinados cables submarinos en el Mediterráneo. Consta que este país dispone de barcos y submarinos especializados en este tipo de trabajos, como también EEUU. Ambos países llevan décadas construyendo buques submarinos adaptados para misiones especiales, entre ellas trabajos clandestinos en el fondo marino que pueden incluir desde instalar dispositivos de escucha para ‘pinchar’ las comunicaciones de todo un país al corte de cables. En otras palabras: el hecho de que buques rusos hayan sido avistados merodeando cerca de cables submarinos gestionados por EEUU no es casual.

Cortar el cable

Trabajos de instalación de un cable submarino de internet entre Cuba y Venezuela. (EFE)
Trabajos de instalación de un cable submarino de internet entre Cuba y Venezuela. (EFE)

Cortar cables submarinos es muy sencillo: pescadores descuidados y capitanes que no miran bien los mapas lo hacen con sus redes y anclas con frecuencia. Y atacar las comunicaciones del enemigo cortándolos tampoco es nuevo: la acción bélica inicial de la Primera Guerra Mundial fue el corte por parte de Reino Unido de los cables telegráficos que unían Alemania con el resto del mundo.

Tan importantes eran estos cables como medio de comunicación que el remoto archipiélago de Cocos (Keeling), en mitad del Océano Índico y punto clave de las comunicaciones telegráficas y telefónicas entre la India, Australia, Sudáfrica y Java, fue atacado por cruceros alemanes en la Primera Guerra Mundial, y en la Segunda sufrió un motín y fue bombardeado por los japoneses. Cortar cables es un ataque barato y que hace daño.

En la OTAN, preocupa ver a buques rusos de trabajo submarino cerca de estos cables en el Mediterráneo

El hecho de que la actual red mundial de cables submarinos sea mucho más capaz y tupida que los antiguos cables telegráficos o telefónicos no la hace necesariamente más resistente, como demuestran algunos incidentes recientes. Entre finales de enero y principios de febrero de 2008, hasta cinco cables submarinos resultaron dañados en distintos puntos de Oriente Medio, lo que provocó un desplome de la conectividad y serios problemas de acceso a internet en toda el área que llegaron a afectar a la India: la coincidencia temporal y la volatilidad estratégica de la zona llevaron a sospechar un ataque terrorista, pero resultó ser una coincidencia de accidentes. Más recientemente, un cable cortado desconectó prácticamente de internet a toda Mauritania y Sierra Leona durante 48 horas y afectó a otros cinco países más de África Occidental. Un cable cortado es un problema importante, y más cuando el corte es en profundidad (más difícil de reparar).

La guerra en el fondo marino

Ilutración del Proyecto Azorian. (Wikimedia)
Ilutración del Proyecto Azorian. (Wikimedia)

Es sabido que EEUU ‘pinchó’ cables subacuáticos rusos durante la Guerra Fría mediante la instalación clandestina de grabadoras por parte de submarinos especializados. Se sospecha que la URSS llevó a cabo misiones similares. Y es sabido que ambos contendientes usaban sus naves submarinas para recuperar pecios de interés como aviones caídos en el mar, restos de pruebas de misiles o partes de navíos hundidos. Los mismos buques sumergibles que llevaban a cabo estas operaciones se encargan de instalar sistemas en el fondo del mar como hidrófonos, para localizar a los barcos enemigos, o llevan a cabo misiones de infiltración de comandos mediante minisubmarinos. Este tipo de actividades fueron tan rentables que tanto la URSS (y su sucesora, Rusia) como los Estados Unidos desarrollaron submarinos y otros buques especializados.

El caso más extremo fue el del Hughes Glomar Explorer y el Proyecto Azorian, cuando la CIA, con cooperación del multimillonario Howard Hughes, construyó un enorme barco supuestamente de exploración, pero en realidad diseñado para ‘robar’ el submarino nuclear soviético K-129 que se había hundido a gran profundidad en el Pacífico con sus misiles SLBM. La operación costó más de 800 millones de dólares (más de 4.000 millones al cambio actual) y según la versión oficial tuvo solo un éxito parcial al recuperarse un pequeño fragmento del buque soviético con dos torpedos nucleares y seis cuerpos de sus tripulantes. La inversión económica y tecnológica realizada demuestra el gran interés de este tipo de operaciones por parte de las superpotencias.

Sumergibles dedicados

Es por eso que ambos contendientes de la Guerra Fría terminaron desarrollando sumergibles específicamente adaptados a este tipo de tareas. Casi todos comparten una serie de adaptaciones básicas, como retirada de los misiles (en su caso), ampliación de las zonas de trabajo y acomodo para transportar personal extra (técnicos, buzos, comandos), añadido de escotillas para entrar y salir del casco en inmersión (personas, vehículos tripulados y sin tripulación), hangares para vehículos, almacenes externos de gas y herramientas para buzos, cámaras de alta presión para buceo en profundidad, propulsores extra para control de posición y a veces patines para posar el submarino en el fondo. Algunos de los modelos rusos también sirven como buque nodriza de minisubmarinos autónomos. La lista de estos buques espía que han estado y están en servicio es larga.

USS Halibut. (Wikimedia)
USS Halibut. (Wikimedia)

El USS Halibut fue un submarino nuclear de misiles de crucero adaptado para ‘ingeniería submarina’. Un eufemismo para misiones de espionaje. Originalmente botado en 1959, se modificó para su próxima misión aprovechando su hangar de misiles de crucero y añadiendo una cámara de presurización sobre la popa del casco. Al comenzar su nueva carrera, consiguió un enorme éxito al localizar el pecio del K-129, lo que puso en marcha el Proyecto Azorian.

Pero el Halibut es conocido sobre todo por la operación IVY BELLS, la interceptación de las comunicaciones navales internas soviéticas mediante el ‘pinchado’ de un cable submarino en el Mar de Oskhotsk en los años setenta. IVY BELLS consistía en instalar un sistema de escucha en el cable situado en el fondo marino, operación que llevaban a cabo buzos de gran profundidad que vivían durante semanas en una campana de presión especial adaptada al casco del Halibut. Las grabaciones eran recogidas para su análisis cada cierto tiempo. Como cobertura a los propios marineros se les dijo que la operación consistía en recuperar fragmentos de un nuevo misil antibuque soviético que se probaba en el área; de hecho las piezas fueron recuperadas y se extrajo de ellas valiosa información sobre el misil. Pero la misión principal era otra. El USS Halibut fue retirado en 1976.

Minisubmarino nuclear

El NR-1 era un minisubmarino nuclear de gran profundidad (más de 700 metros) botado en 1969 que como curiosidad contaba con ruedas para moverse por el fondo. Diseñado por rivalidades internas en la Marina de EEUU para competir con el Halibut estaba dedicado estrictamente a misiones de espionaje a pesar de camuflarse como buque de rescate e investigación, para lo cual iba pintado de brillante naranja. Con tan solo 40 metros de longitud era en su época en submarino nuclear más pequeño construido, y para ahorrar espacio y peso su reactor nuclear estaba blindado solo en la parte delantera para proteger a la tripulación. Su tamaño y carencia de elementos mínimos de confort hizo que su tiempo de patrulla máxima no superase el mes, según se dice porque en ese tiempo se colmaban sus baños. Retirado en 2009.

NR 1, el minisubmarino nuclear. (Wikimedia)
NR 1, el minisubmarino nuclear. (Wikimedia)

Para complementar al USS Halibut se adaptó el USS Seawolf, que había sido originalmente el segundo submarino nuclear en servicio en la armada de EEUU. A partir de 1971 se le retiró de sus funciones como submarino de ataque y se le añadió un trecho de casi 16 metros a proa de la torre para acomodar los equipos necesarios, como cámaras de presión y patines extensibles para posarse en el fondo. En 1974 se incorporó a sus nuevas misiones ultrasecretas trabajando junto al Halibut; fue retirado en 1987.

El NR-1, decían, era un minisubmarino tan pequeño que en un mes sus baños se colmaban

Para reemplazar al USS Halibut se escogió un submarino de ataque de la clase Sturgeon, el USS Parche. Botado en 1973 entró en servicio como submarino de ataque con la flota atlántica en 1974, pero en octubre de 1976 fue transferido al Pacífico y se inició su transformación en submarino de espionaje, obras que durarían hasta 1978. En esta fase recibió la campana de buceo externa que había llevado el Halibut y otras modificaciones. Más tarde recibiría un compartimento tras la torre y una extensión a proa de 30 metros, así como patines retráctiles. El Parche se incorporó a la operación IVY BELLS y después participó en numerosas operaciones de espionaje convirtiéndose en el submarino más condecorado de la historia de la armada de EEUU. Su carrera acabó con su retirada en 2005.

El último superviviente

También habría que citar al USS Richard B. Russell, un submarino de ataque rápido (o SSN, en sus siglas en inglés) clase Sturgeon que recibió modificaciones para actuar como buque de ‘proyectos especiales’ y experimental. El Russell estuvo activo entre 1982 y 1993 y fue retirado en 1994, recibiendo numerosas condecoraciones durante su carrera. Menos adaptado que el Parche sin embargo algunas de sus adaptaciones fueron añadidas más tarde a su semigemelo. Hasta cuatro Sturgeon más recibieron también hangares externos para transportar sumergibles autónomos para su uso por parte de los comandos SEAL en misiones de infiltración clandestina y estuvieron operativos durante los años del fin de la Guerra Fría.

El USS Jimmy Carter. (Wikimedia)
El USS Jimmy Carter. (Wikimedia)

En la actualidad, el único submarino espía activo en la armada estadounidense es el USS Jimmy Carter, tercer y último de los avanzados y carísimos SSN de la clase Seawolf construidos. El Jimmy Carter recibió durante su construcción extensas adaptaciones comenzando por un inserto de 30 m en su casco que contiene una plataforma multi-misión con espacio de trabajo, hangares para vehículos sumergibles (tripulados y teledirigidos) y escotillas para entrar y salir en inmersión. También cuenta con propulsores para estacionario sobre un punto fijo. Sus misiones, de alto secreto, incluyen la instalación y recuperación de maquinaria y objetos en el fondo marino y la infiltración de comandos; ha recibido varias condecoraciones y regresado a puerto más de una vez ondeando la bandera pirata, una tradición de los submarinistas estadounidenses que indica una misión cumplida en su totalidad.

Fondos rojos: los vehículos soviéticos

La URSS y su descendiente principal, la Federación Rusa, han estado siempre muy interesados en este tipo de vehículos, que son especialmente útiles para la planeada y ahora en pleno desarrollo estrategia ártica del país.

Con el calentamiento global y el retroceso de los hielos del Polo Norte se abren nuevas oportunidades para Rusia, tanto por encima como por debajo del agua, tanto estratégicas como económicas. La marina rusa cuenta con años de experiencia en la construcción y operación de sofisticados submarinos y otros equipos para explotar los nuevos recursos y oportunidades, que incluyen desde estaciones submarinas automáticas a la futura instalación de sistemas nucleares en el fondo marino para recargar vehículos autónomos y tripulados.

Ya a mediados de los sesenta la URSS construyó el llamado Complejo Archipiélago, una cápsula de gran profundidad apodada Seliger que era transportada y desplegada por medio de un cable desde un submarino diésel-eléctrico clase Zulú especialmente adaptado. El sistema se probo en profundidades de hasta 3.000 m, pero era extremadamente peligroso, tenía una limitada autonomía e hizo necesario desarrollar una unidad de tripulantes de élite. Tuvo tanto éxito sin embargo que se adaptaron al menos otros dos clase Zulú en los años setenta y un cuarto (BS-82) se adaptó instalándole un sonar especial para localizar cables submarinos y ayudar a los Seliger a encontrar sus blancos. Se sabe que el Complejo Archipiélago operó en el Báltico, el Ártico, el Atlántico Norte y el Mediterráneo, y se sospecha que estas unidades estuvieron implicadas en incidentes en Suecia.

Vista aérea de un submarino Akula de la antigua URSS. (Wikimedia)
Vista aérea de un submarino Akula de la antigua URSS. (Wikimedia)

Sus reemplazos se empezaron a construir a mediados de los setenta: eran los clase Kashalot (Uniform en terminología OTAN) de pequeños submarinos nucleares de gran profundidad. De tamaño reducido pero capaces de sumergirse hasta los 1.000 m de profundidad gracias a su doble casco de titanio cuentan con propulsores extra, patines desplegables y brazos manipuladores. Se construyeron y desplegaron al menos dos (AS-13 y AS-15), de los cuales uno sigue en servicio; el tercero (AS-33) no se sabe si llegó a operar.

Casi en paralelo a los Uniform se desarrollo la clase X-RAY, denominada Estación de Gran Profundidad en servicio ruso. Se trata de minisubmarinos equivalentes al muy anterior NR-1 estadounidense, que en este caso se diseñaron para ser transportados por un submarino nodriza de la clase Echo-II modificado. El X-RAY y las modificaciones necesarias para su acoplamiento quedan por debajo de la línea de flotación de los Echo-II, por lo que no es posible analizarlos en detalle. Se sospecha que los minisubmarinos tienen una profundidad máxima de 1.000 y cuentan con esclusas para buzos, focos iluminadores y brazos manipuladores, además de propulsores de posición. Se construyó solo un X_RAY, aunque el modelo se mejoró en dos subsiguientes semigemelos que fueron designados clase Paltus por la OTAN. Se cree que tanto el X-RAY como los dos Paltus están activos.

Submarino nodriza

Como también lo está su sucesor, el AS-12 Losharik; otro minisubmarino de alta profundidad con diseño y equipos más modernos. Con un tamaño similar a los Uniform el Losharik es transportado sin embargo por un submarino nodriza como los X-RAY en lugar de actuar como vehículo autónomo. Sus submarinos nodrizas son el BS-64 Podmoskovye, un SSBN de la clase Delta IV que fue extensamente modificado para su nueva función mientras aún estaba en construcción, y su semigemelo el BS-136 Orenburg (un Delta III adaptado).

La modificación más importante fue la retirada del compartimento de misiles, que fue reemplazado por un nuevo segmento de similar diámetro pero algo más largo, lo que convierte al Podmoskovye en el submarino más largo del mundo superando a los SBN Typhoon rusos. En su parte inferior, fuera de la vista, lleva los sistemas necesarios para acoplarse y transportar minisubmarinos como el Losharik. Este último se diferencia de otros similares por su estructura, al tener el casco interno compuesto por siete esferas interconectadas entre sí; esto reduce mucho el espacio interior pero aumenta la resistencia. Se cree que puede descender a más de 1.000 m de profundidad, pero se desconocen los detalles de sus equipos.

Podmoskovye II. (Wikimedia)
Podmoskovye II. (Wikimedia)

Pero el siguiente submarino espía ruso también será capaz de transportar al Losharik (y quizá a sus primos X-RAY y Paltus). Se trata del Proyecto 09852 KC-152 Belgorod, que está siendo adaptado para sus nuevas misiones. Se trata de un SSGN clase Oscar II (como el malhadado Kursk) al que le han sido retirados los lanzadores de misiles antibuque Granit y se he está instalando nuevos equipos. El Belgorod ha sido alargado, haciéndolo mayor que los Typhoon, y será capaz de transportar además submarinos dron no tripulados como el Harpsichord2P-PM y hasta seis torpedos estratégicos Kanyon/Status-6 además de los minisubmarinos de alta profundidad. Se espera que entre en servicio pronto, quizá este mismo año, y reforzará misiones como el tendido de una red de sensores en el fondo del Ártico y el despliegue de las famosas centrales nucleares submarinas de reabastecimiento para drones subacuáticos.

Si a todos estos submarinos les añadimos los buques oceanográficos y de operaciones especiales e incluso los mismos que se dedica a tender y reparar cables, que tienen por supuesto la capacidad de cortarlos, no caben muchas dudas: el primer disgusto de cualquier enfrentamiento futuro entre superpotencias será la muerte de internet. Y si ocurre, dolerá.

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