quieren fabricar un ‘coherent quantum annealer’

El primer ordenador cuántico español no tiene dinero (y quiere reunirlo con 'bitcoins')

El proyecto Qilimanjaro, liderado por el físico José Ignacio Latorre, tiene como objetivo recaudar alrededor de seis millones y medio de euros a través de una ICO para fabricar un prototipo comercial

Foto: Parte de uno de los ordenadores cuánticos desarrollados por IBM (Foto: IBM)
Parte de uno de los ordenadores cuánticos desarrollados por IBM (Foto: IBM)

Es difícil que a estas alturas no hayas oído hablar de los ordenadores cuánticos y de los prototipos con los que gigantes como IBM o Google compiten para alcanzar la denominada supremacía cuántica —el momento en que estas sofisticadas máquinas superen a las convencionales resolviendo problemas—. Una carrera a la que también se suman algunas ‘startups’ y universidades, sobre todo estadounidenses, bien por su cuenta o bien como parte de los proyectos de las grandes tecnológicas.

Llegar los primeros significa colocarse a la cabeza en un área científica que puede revolucionar desde el descubrimiento de nuevos materiales hasta el cifrado de información. Quien vaya a la zaga (o ni siquiera participe) corre el riesgo de perder oportunidades tanto a nivel académico como de competitividad empresarial.

El físico José Ignacio Latorre y su equipo trabajan para que ni España ni el sur de Europa se queden fuera. Por eso han lanzado el proyecto Qilimanjaro para fabricar el primer ordenador cuántico de nuestro país. Más allá de la complejidad de la tecnología y de las leyes físicas, el principal obstáculo en su camino tiene que ver con algo mucho más mundano: el dinero. ¿Cuánto cuesta hacer realidad una de estas máquinas? Como mínimo, unos ocho millones de dólares (algo más de seis millones y medio de euros).

La iniciativa se encuentra actualmente en fase de investigación básica, una actividad que llevan a cabo en el Centro de Supercomputación de Barcelona y el Instituto Catalán de Nanociencia y Nanotecnología (ICN2) gracias a financiación pública. Pero para dar un salto cualitativo y construir un prototipo comercial necesitan un empujón económico que difícilmente van a recibir del Estado.

José Ignacio Latorre es catedrático de la Universidad de Barcelona e investigador en el Center for Quantum Technologies de Singapur (Fuente: José Ignacio la Torre)
José Ignacio Latorre es catedrático de la Universidad de Barcelona e investigador en el Center for Quantum Technologies de Singapur (Fuente: José Ignacio la Torre)

“En España hoy en día uno tiene que estar contento si recibe algo, pero las cantidades son insuficientes para cualquier reto ambicioso”, lamenta Latorre. “El dinero del Ministerio es para hacer investigación, no para hacer algo comercial”. El catedrático de física cuántica de la Universidad de Barcelona (UB) explica a Teknautas que por eso han decidido “salir de las estructuras universitarias e instituciones públicas” y recurrir a las populares y polémicas ICO (de Initial Coin Offering, Oferta Inicial de Monedas) como instrumento de financiación.

La idea es lanzar una criptomoneda (el QBIT) que, además de servir en un principio para recaudar dinero de manos privadas, se utilice en el futuro para que investigadores y empresas paguen por servicios como el uso del ordenador o la producción de ‘software’ cuántico y para contratar a desarrolladores dispuestos a crear estos programas. “Sabemos que no hay una regulación en torno a las ICO, pero no tenemos ningún interés especulativo. Solo queremos fabricar un ordenador cuántico e intentamos hacer todo de la forma más correcta”, subraya Latorre.

De 1 a 100 'qbits' en cinco años

El proceso comenzó el pasado 15 de abril con la primera fase de la ICO, que durará un mes y que está reservada a inversores privados. Después vendrán una segunda fase (otro mes) y una última abierta a todo el público que terminará antes de que acabe el verano. “También tenemos conversaciones con fondos de inversión tradicionales interesados en apostar por tecnologías cuánticas”, señala Latorre.

El proceso de financiación y la emisión de los QBIT están controlados por los contratos inteligentes de Ethereum, la plataforma descentralizada y abierta basada en ‘blockchain’ (la tecnología detrás de Bitcoin) donde pueden hacerse transacciones con la criptodivisa 'ether'. Esta es la moneda de cambio aceptada en la ICO de Qilimanjaro: con ella pueden comprarse los preciados QBIT para contribuir al proyecto.

Necesitan conseguir, como mínimo, del orden de unos seis millones y medio de euros para fabricar un ‘coherent quantum annealer’

Los investigadores necesitan conseguir, como mínimo, del orden de ocho millones de dólares (unos seis millones y medio de euros) para fabricar un ‘coherent quantum annealer’, un tipo ordenador que ejecuta un algoritmo de temple cuántico para resolver problemas de optimización. Es un modelo distinto a la mayoría de los prototipos actuales, basados en puertas lógicas. “No existe ninguno en toda Europa y queremos ocupar ese nicho”, subraya Latorre, quien asegura que salir de las estructuras universitarias, “tremendamente burocráticas”, significa ganar en agilidad y rapidez.

De momento, gracias al Plan Nacional de Investigación, trabajan con un refrigerador de dilución instalado en el ICN2, que preparan para hacer experimentos con un solo 'qubit' o unidad básica de información cuántica —para eso se han traído de Canadá al único científico español que los ha creado—. También están desarrollando un metalenguaje de programación básico extensible a todos los prototipos.

Imagen de un 'qubit' de flujo: un circuito micrométrico formado por metales superconductores (Fuente: Qilimanjaro I José Ignacio Latorre)
Imagen de un 'qubit' de flujo: un circuito micrométrico formado por metales superconductores (Fuente: Qilimanjaro I José Ignacio Latorre)

“Si no conseguimos el dinero eventualmente llegaremos a los dos qubits, pero con eso no vamos a hacer un ordenador”, advierte Latorre. Si todo sale bien, planean llegar en cinco años a la frontera de entre 100 y 50 qubits que marca la supremacía cuántica. Una potencia que pondrán al servicio de investigadores y empresas: “Queremos democratizar el cálculo cuántico, abrirlo al mundo por cantidades pequeñas de dinero”, asegura el físico. La oportunidad puede atraer a compañías de diversos sectores, desde el farmacéutico al de la automoción, pasando por el aeronáutico. No es casualidad que fabricantes como Airbus o Volkswagen ya hayan invertido en computación cuántica.

Ordenadores multimillonarios

El proyecto Qilimanjaro quiere colocar a España a la altura de otros países del Viejo Continente como Austria, Finlandia o los Países Bajos. En este último territorio, uno de los más aventajados, se encuentra Qutech, un centro de investigación puntero que tiene por objetivos fabricar el primer ordenador cuántico escalable y una internet cuántica segura. Consciente de la importancia de participar en esta revolución científica, la propia Unión Europea ha puesto en marcha recientemente el programa FET Flagship on Quantum Technologies, dotado con 1.000 millones de euros para promover la investigación y el desarrollo de tecnologías cuánticas en los próximos 10 años.

No hace falta indagar mucho para ver que las cifras que se manejan son astronómicas. La Universidad de Shanghái (China) cuenta con 10.000 millones de dólares (alrededor de 8.000 millones de euros) para construir lo que será, prácticamente, “una ciudad cuántica”. La empresa D-Wave gastó del orden de 15 millones en su prototipo de 2.000 qubits. “Para saltar a la competición internacional necesitas muchos más ceros de los que se mueven en el sur de Europa”, advierte Latorre.

El ordenador cuántico D-Wave 2000Q (Foto: D-Wave)
El ordenador cuántico D-Wave 2000Q (Foto: D-Wave)

Sin embargo, fuera de nuestras fronteras tienen muchos ojos puestos en su proyecto. “Quieren saber qué es eso de que la ciencia intente aliarse con las finanzas. Los científicos no estamos acostumbrados”, afirma el líder de Qilimanjaro. Admite que “hay que estar un poco loco para intentar esto aquí en España” pero que, si no reaccionamos rápido, “vamos a quedarnos muy atrás”.

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