tiangong-1 se empotrará contra la tierra

Si esa estación espacial china descontrolada se estrella en su jardín, siga estos consejos

El mayor peligro no es que le golpee en la cabeza sino los compuestos químicos tóxicos y corrosivos que contiene la Tiangong-1: la amenazante estación espacial defectuosa del momento

Foto: La estación espacial Tiangong-1 (The Aerospace Corporation)
La estación espacial Tiangong-1 (The Aerospace Corporation)

Cuando la estación espacial china Tiangong-1 se puso en órbita a finales de septiembre de 2011, a todos nos parecía una estructura más bien coqueta. Sin embargo, el aumento en el precio de los alquileres ha hecho que ahora, siete años después, veamos con otros ojos este acogedor 'loft' orbital de 3 por 10 metros. En estos momentos, Tiangong-1 se encuentra descontrolada, viajando a 27.000 kilómetros por hora y rumbo a la Tierra, donde se estrellará estos próximos días.

Sobre este laboratorio espacial con el que China lleva sin poder contactar desde hace dos años se ha escrito ya de todo, tanto desde el enfoque 'vamos a morir todos' como desde el extremo opuesto 'por qué la caída de la Tiangong-1 no debería ni siquiera hacerte parpadear'. Y por supuesto, actualizaciones sobre su trayectoria como la que está realizando la Agencia Espacial Europea (ESA) en colaboración con la Oficina de Basura Espacial de Darmstadt, Alemania.

Bien, ni unos artículos ni otros le serán de mucha utilidad si usted, que pensaba disfrutar con su familia de un agradable día en el campo, parque urbano o jardín, ve de repente interrumpida una acalorada discusión por un tremendo cebollazo ionosférico.

Enhorabuena, ha logrado usted recibir un trozo de tecnología espacial china que ha sobrevivido a la carbonización de la entrada en la atmósfera. Las posibilidades de que esto ocurriera eran solamente un millón de veces más remotas que ser el ganador de la lotería y diez millones de veces más improbable que ser alcanzado por un rayo.

Cuando el artefacto se empiece a descomponer en cientos de pequeños trozos que caerán en un área de unos 600 kilómetros de amplitud, los más resistentes podrían aguantar la abrasión y, en efecto, acabar llegando hasta su jardín. Si aún no sabemos exactamente si caerá en España o en Indonesia es porque este 'Palacio Celestial' (así se traduce 'Tiangong' al castellano) pasa por encima de nuestras cabezas cada 90 minutos.

Cualquier mínimo cambio en la densidad del aire puede alterar la velocidad de la estación en su caída a la Tierra, y por tanto, su destino final. Pero vaya, si van a apostar háganlo porque caerá directamente en el océano, que para algo ocupa el 70% de nuestro planeta.

¿Puedo tocarlo?

Por supuesto que no. La estación espacial defectuosa no llegará a su jardín intacta. Las partes menos resistentes arderán al penetrar en las capas más bajas de la atmósfera, pero aún podría sobrevivir algún trozo de motor o similar.

El mayor peligro de una colisión doméstica con basura espacial que llega de vuelta nunca es la propia colisión, eso sería demasiado fácil. En 60 años de carrera espacial, sólo una persona ha sufrido un percance así: en 1997, Lottie Williams, una señora de Tulsa (Oklahoma, EEUU) fue rozada por un trozo de cohete Delta II que, afortunadamente, no le hizo un rasguño. El trozo de chatarra pesaba como una lata de refresco vacía.

Tras su encuentro con el meteorito, Lottie Williams ya es carne de programas de televisión por cable y artículos como éste.
Tras su encuentro con el meteorito, Lottie Williams ya es carne de programas de televisión por cable y artículos como éste.

El mayor peligro en realidad es el contacto o inhalación de un componente, llamado hidrazina​, que puede sobrevivir al calentón atmosférico y es altamente tóxico además de corrosivo. La hidrazina suele emplearse como combustible y, ni que decir tiene, ha provocado más víctimas en los últimos años que la basura espacial.

La literatura médica cuenta en detalle el caso de un marinero de la armada estadounidense que, tras haberse bebido unas cuantas cervezas, confundió una botella de hidrazina con otra de agua. Incluso 12 horas después de la intoxicación y con varios lavados de estómago en el cuerpo, este hombre seguía padeciendo extraños brotes violentos que obligaron a retenerlo entre cuatro miembros de la US Navy.

¿Quién paga este destrozo?

Una vez asegurada su integridad y la de sus acompañantes, vamos a lo importante. ¿Quién le va a pagar usted ese metro cuadrado de grama fina calidad Bermuda arruinado por el impacto? ¿En qué lugar del mundo están mirando en estos momentos la letra pequeña del seguro?

Efectivamente. La responsabilidad no es del servicio de garantía extendida de Leroy Merlín, que para más inri no quiso usted firmar, sino de la propia CHINA.

La legislación internacional establece que el país lanzador es siempre responsable de lo que ocurra con el satélite, estación espacial o nave nodriza de turno. Cuando en 1979 el laboratorio espacial SkyLab de la NASA cayó a la Tierra —el predecente es muy parecido al actual, sólo que el SkyLab era unas diez veces más pesado que el Tiangong 1— por encima del continente australiano, la pequeña ciudad de Esperance (2.144 habitantes) demandó a la agencia espacial con 400 dólares por tirar basura en su término municipal.

En la última entrada de una estación espacial a la Tierra, la MIR en 2001, Rusia contrató a AirClaim, una de esas empresas dedicadas a buscar en los tribunales compensaciones por retraso o cancelación en los vuelos.

Otra opción si el objeto u objetos caen en territorio español es recurrir al Consorcio de Compensación de Seguros, un organismo que se encarga de sufragar aquellos percances extraordinarios (desde atentados terroristas a erupciones volcánicas) y que todos financiamos con una pequeña parte de nuestras pólizas.

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