¡autobuses ballena!

¿Ballenas-autobús? Así imaginaron el transporte del futuro en el s. XX

Es interesante echar la vista atrás y comprobar cómo pensaban hace décadas que nos desplazaríamos en el futuro. Aviso: grandes mamíferos sufren daños durante el reportaje

Foto: (Imagen: Wikimedia Commons)
(Imagen: Wikimedia Commons)

El mundo del transporte está en una constante evolución y que tiene pendiente a la sociedad respecto a sus nuevos. Si no que se lo digan a las 125.000 personas que en apenas unas horas pagaron mil dólares para reservar el nuevo coche eléctrico de bajo coste de Tesla. La compañía de Elon Musk también está detrás de otros proyectos, como Hyperloop, un tren capaz de transportar pasajeros a 1.100 kilómetros por hora y y cuyo aspecto recuerda al de un tubo que hace muchas décadas idearon otras personas para transportar seres humanos. Porque sí, en la época de entresiglos se preguntaban cómo sería el transporte del futuro. A veces acertaban, como cuando predijeron el Hyperloop, pero en otras ocasiones estaban muy lejos de predecir algo real.

Mientras se avanza (o no) en la construcción de este tren de altísima velocidad, conviene recordar que ya a mitad del siglo XIX pensaban en transportar personas a través de cápsulas que irían por un cañón gigante, como si fueran balas. Por aquel entonces, la London Pneumatic Despatch Company, que fue fundada para distribuir correo y mercancías a través de tubos neumáticos, construyó un tubo lo suficientemente grande como para transportar a una veintena de humanos.

La idea de viajar en tubos a altísima velocidad no es exclusiva de Elon Musk. Ya hubo quien la imaginó hace un siglo aunque fue incapaz de ejecutarla

Hubo incluso quien pensó en unos cañones de lujo: un inventor estadounidense llamado Alfred Ely Beach desarrolló un sistema subterráneo, con asientos tapizados y lámparas, que poco tiene que ver con el metro actual, quizá el medio de transporte que más se le parezca. Porque crear el vacío por aquel entonces era difícil. Pero no iban del todo mal encaminados: los trenes de levitación magnética, que funcionan con imanes, podrían alcanzar velocidades muy superiores a las que ya alcanzan si fueran por tubos de vacío o a baja presión. Ahora solo falta que el Hyperloop se desarrolle con éxito y el sueño que unos pioneros tuvieron hace un siglo y medio se haga realidad, aunque es probable que sin asientos tapizados ni lámparas de lujo.

Asientos de lujo y caballeros bien vestidos dentro de balas enviadas al vacío. (Blog del Museo de la Ciudad de Nueva York)
Asientos de lujo y caballeros bien vestidos dentro de balas enviadas al vacío. (Blog del Museo de la Ciudad de Nueva York)

Aunque estos sistemas de tubos neumáticos no triunfaron entre la especie humana, las que sí perduraron en el tiempo fueron aquellas tuberías que permitían transportar cilindros con documentos. Curiosamente, antes de que Elon Musk recuperara la idea, el ingeniero estadounidense Robert M. Salter también propuso en los años setenta del siglo XX la creación de algún sistema de transporte al vacío o a muy baja presión, pero la idea no prosperó. ¿A la tercera irá la vencida? Hay quien dice que una bala de estos particulares cañones recorrería el mundo en seis horas, a una velocidad de 6.500 km/h, y que los 610 kilómetros que separan Los Ángeles de San Francisco se transitarían en apenas media hora.

La ballena explotada

La idea del tubo neumático para transportar humanos no es la más descabellada. Por aquella época, ya con el siglo XX sobre nuestras cabezas, alguien pensó que se podían aprovechar los animales para transportar humanos. ¿Seguir tirando de caballos y ponis? Muy lejos de eso: fijándose en la fuerza de las ballenas, hubo quien pensó que algún día podrían usarse para transportar una especie de cabina presurizada llena de personas. La cabina tendría su piloto, y por fuera dos buzos capitanerían a la ballena y la dirección del aparato.

La ‘ballena-autobús’, el medio de transporte que acortaría las distancias oceánicas en el año 2000. (Imagen: Public Domain Review)
La ‘ballena-autobús’, el medio de transporte que acortaría las distancias oceánicas en el año 2000. (Imagen: Public Domain Review)

Esta imagen pertenece a la serie de postales En l’an 2000 (En el año 2000, en francés), que en la época de entresiglos presentaban una serie de logros científicos y técnicos que deberían haber llegado a la Tierra para ese año. Evidentemente, la ‘ballena-autobús’, como se la denominó, no llegó a la vez que Windows Me.

No fue el único medio de transporte futurista que se reprodujo en aquellas postales. Entre partidas de críquet y carreras submarinas también hubo tiempo para vaticinar que los carteros de las pequeñas zonas rurales transportarían el correo en aparatos voladores, directos a la ventana de tu ático. No hemos llegado a verlo, aunque los drones mensajeros empiezan a parecerse. En lo que sí acertaron fue en que habría estaciones para tomar autobuses aéreos; el equivalente a los aeropuertos y los aviones.

Unas postales de principio de siglo acertaron que habría estaciones para tomar autobuses aéreos; el equivalente a los aeropuertos y los aviones

La idea original era distribuir las imágenes de En l’an 2000 como postales o junto a cajas de puros y cigarrillos. Sin embargo, jamás se llegó a hacer. Habría que esperar a los años ochenta para que se dieran a conocer, gracias al divulgador y escritor Isaac Asimov, que las publicó comentadas en el libro Futuredays.

Un coche sin conductor… ¿De qué me suena?

Hace varias décadas también hubo quien pensó que los coches, un invento casi recién nacido, podrían llevar pasajeros de un lado a otro sin necesidad de conductor. No era la intención de aquellas personas idear un sistema inteligente que hiciera rodar las cuatro ruedas o percibiera los peligros próximos como por arte de magia (eso se lo dejaron a Google), sino algo más prosaico: que los coches fueran suspendidos sobre unas vías que llevaran de un lado a otro al automóvil y a sus ocupantes.

Si los coches estuvieran suspendidos sobre las carreteras no habría atascos e incluso, quién sabe, se llegaría más rápido al destino. (Pinterest)
Si los coches estuvieran suspendidos sobre las carreteras no habría atascos e incluso, quién sabe, se llegaría más rápido al destino. (Pinterest)

Un sistema de rieles suspendidos transportaría los coches por encima de las calles. La red sería lo suficientemente compleja como para poder llevar los coches a un buen número de puntos. Las personas tenían que acercarse con el automóvil a una estación de embarque y dejar que el coche fuera enganchado para ser suspendido en el cielo. Se indicaba el destino y a despreocuparse de todo lo demás.

El ‘Wuppertaler Schwebebahn’ de Berlín, lo más parecido a aquella idea de rieles portacoches. (Wikipedia)
El ‘Wuppertaler Schwebebahn’ de Berlín, lo más parecido a aquella idea de rieles portacoches. (Wikipedia)

De momento, los coches no van de un lado a otro como las puertas de Monstruos S.A., aunque un sistema inteligente, ahora en pruebas, puede conducirlos tratando de evitar los accidentes. Lo más parecido a aquella idea es un monorraíl suspendido como el Wuppertaler Schwebebahn que circula por las calles de Berlín. Pero sólo se parece en las formas: ni nos permite indicarle a dónde vamos ni es nuestro coche el que nos desplaza.

Aunque todas estas formas de transporte pudieran parecer una locura, algunas van camino de convertirse en realidad: quizá pronto tengamos cañones humanos. Lo de domesticar ballenas ya parece más complejo.

Tecnología

El redactor recomienda

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
3 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios