Del desierto de utah al planeta rojo

"He vivido dos semanas en 'Marte' y los seres humanos son el mayor de los peligros"

Ashley Dove-Jay ha pasado catorce días encerrado con siete personas en un habitáculo similar al que compartirán las primeras tripulaciones que viajarán a Marte

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Ni la radiación, ni los peligros de vivir en otro planeta ni la falta de recursos. El mayor peligro del ser humano es el propio ser humano. Incluso en Marte. Eso opina Ashley Dove-Jay, estudiante de doctorado en ingeniería aeroespacial en la Universidad de Bristol y que el pasado mes de enero comandó a un equipo de siete personas en la Mars Research Desert Station (MRDS), en el desierto de Utah, "el lugar más parecido al planeta rojo que existe sobre la Tierra".

El objetivo de las dos semanas de aislamiento, como en otros estudios similares que se han llevado a cabo durante los últimos años, es ensayar las condiciones que se encontrarán los primeros astronautas que viajen al planeta rojo. La idea trata de replicar las mismas condiciones que se van a encontrar (aislamiento, retrasos en las comunicaciones con la Tierra, racionamiento de víveres y de otros objetos de primera necesidad) para preparar mejor los retos a los que se enfrentarán las agencias espaciales en un corto periodo de tiempo.

"Gestionar los egos, los intereses y los conflictos entre la tripulación fue el mayor de los retos de la misión", certifica el comandante Dove-Jay

Dove-Jay tiene claro que el aspecto psicológico es uno de los mayores enemigos de los astronautas. "Gestionar los egos, los intereses y los conflictos entre la tripulación fue el mayor de los retos de la misión. Tratar con la gente y lograr que el ambiente fuera lo más sano posible tanto a un nivel interpersonal como de objetivos de la misión me llevó mucho más tiempo del que esperaba, mucho más que cuando he dirigido grupos en actividades más convencionales", explica el ingeniero a Teknautas.

El día a día de la misión se llevó a cabo en un módulo habitacional, al que los tripulantes se refieren como HAB, cuyo tamaño estaba pensado para poder colocarlo en lo alto de alguno de los grandes cohetes diseñados, o que se van a diseñar (el vetusto Saturno V o el futuro SLS, por ejemplo), por lo que sus dimensiones entran dentro de lo razonable.

Se trata de un cilindro de dos pisos y unos diez metros de diámetro. En la planta inferior se encuentra el compartimento de salida, una sala para prepararse para las excursiones, una zona de trabajo y un laboratorio que comparten el geólogo y el biólogo de la misión. En la planta superior, seis habitáculos con sus correspondientes camas así como una zona común y una pequeña cocina se encargan de ocupar todo el espacio.

En el exterior, además de algunos 'quads' que facilitan los movimientos por la zona de exploración, también se encuentra un pequeño invernadero. El GreenHab, como se le conoce, ha sufrido los peligros de una simulación de este tipo. Un incendio lo destruyó en diciembre de 2014, aunque gracias a una campaña de 'crowdfunding' se reunieron más de 12.000 dólares para instalar uno nuevo. Un año más tarde, volvía a cumplir su 'sencilla' misión: proporcionar alimentos y otros enseres a sus ocupantes.

Aunque pueda parecer extenso, el espacio total de la MRDS es más bien escaso cuando se reúnen siete supuestos astronautas en su interior. "Una persona no puede escapar de una discusión. No puede salir al exterior", recuerda Dove-Jay. El ingeniero resalta el hecho de que la privacidad es casi inexistente: "Si no tienes a alguien a la vista, seguro que por lo menos puedes escuchar a un compañero". Esta ausencia de intimidad se ve amplificada por los pequeños quehaceres cotidianos. Cada uno de los tripulantes sólo tiene derecho a duchas de un minuto cada tres o cuatro días para racionar el agua.

De 6 de la mañana a 11 de la noche

No todo fueron broncas en los catorce días de expedición comandados por Dove-Jay, que también resalta el hecho de los grandes vínculos que se crearon entre algunos tripulantes, que vivían una especie de particular Gran Hermano. A diferencia de la telebasura, la actividad en la MRDS dejaba poco tiempo para el ocio a los miembros de la tripulación 134, entre los que se encontraban dos ingenieros, dos científicos, un cineasta y un oficial al mando encargado también de temas sanitarios, además del comandante.

La jornada comenzaba entre las 6 y las 6:30 de la mañana. A las 7, toda la tripulación desayunaba a la vez que repasaba las actividades del día anterior y planificaba las que se iban a ejecutar durante las próximas horas. Antes de ponerse en marcha, se llevaba a cabo una pequeña excursión extravehicular (EVA, en sus siglas en inglés) para inspeccionar que todos los sistemas en el exterior del habitáculo (los niveles de agua, los vehículos) funcionaran correctamente, mientras el biólogo repasaba que todo estuviera en orden en el invernadero. 

Miembros de la tripulación 134 durante una de sus actividades extravehiculares. (Mars Society)
Miembros de la tripulación 134 durante una de sus actividades extravehiculares. (Mars Society)

Durante el día se llevaban a cabo dos EVA. Una sobre las 9 de la mañana y otra después de la comida ("acostumbraba a ser una especie de pasta mezclada con verduras deshidratas que se han rehidratado unos minutos antes"), que tenía lugar a las 12 de la mañana y en la que el grupo aprovechaba para repasar la hoja de ruta para la tarde y modificar los experimentos en función de los resultados obtenidos a lo largo del día. Después de la cena, el grupo se comunicaba con control de misión "durante unos 75 minutos" para enviar todo tipo de informes, que proporcionaban información tanto de la tripulación como de las diferentes actividades que se habían ejecutado durante el día. En pos del realismo, esas transmisiones tenían un retraso para simular el que padecerán los pioneros que viajen a Marte. La jornada terminaba entre las 22 y las 23 horas.

¿Consiguieron los tripulantes, en algún momento, imaginar que vivían en otro planeta? "Estábamos totalmente aislados. Nunca vimos a otra persona que no fuera uno de nosotros. Alguna vez avistamos un avión a lo lejos. Pero si dejabas volar tu imaginación cuando el Sol te daba en la cara a primera hora de la mañana y echabas un vistazo a ese paisaje inhóspito, era relativamente fácil pensar que estabas en un mundo extraño", relata Dove-Jay. El hecho de llevar a cabo experimentos similares a los que se realizarán en Marte también ayudaba a la inmersión: "Lo habitual era probar máquinas que extraen hidrógeno y agua del suelo para fabricar combustible y otros materiales o testar vehículos en un entorno similar al marciano. También hacíamos experimentos con los trajes durante los paseos al exterior".

Sin ánimo de lucro

La MDRS es una de las dos estaciones que la Mars Society tiene operativas en todo el planeta (otras dos, que se iban a ubicar en Europa y Australia, no han llegado a ver la luz por diferentes problemas organizativos y económicos). Esta agrupación sin ánimo de lucro se fundó en 1998 para divulgar las ventajas que tendrá un viaje a Marte entre el público, los medios y los gobiernos de todo el planeta.

Por el momento, hay dos estaciones que cuentan con tripulaciones como la que lideró Dove-Jay. Además de la MRDS, la Mars Society cuenta con otro habitáculo en el norte de Canadá. La Flashline Mars Arctic Research Station (FMARS) se encuentra en un lugar mucho más remoto, a algo más de 1.000 kilómetros del polo norte y los equipos que la habitan suelen pasar un mes en su interior durante el verano ártico. En el caso de la estación de Utah, las operaciones se detienen durante los meses de verano debido a las elevadas temperaturas que se registran en el desierto.

La estación que la Mars Society tiene en el norte de Canadá se encuentra a unos 1.000 kilómetros del Polo Norte. (Wikipedia)
La estación que la Mars Society tiene en el norte de Canadá se encuentra a unos 1.000 kilómetros del Polo Norte. (Wikipedia)

Uno de los planes de la Mars Society es llevar a cabo una misión de un año de duración en la FMARS, que estaría precedida de una prueba de 80 días en la MRDS. Un test para el que harán falta voluntarios con una buena preparación psicológica. "Es el mayor factor de riesgo cuando envías a personas a misiones de larga duración o a Marte. No puedes predecir el comportamiento de una persona en un entorno tan intenso. Vivir sabiendo que estás aislado y que mucha de la tecnología que te rodea es crítica para la misión (y que si falla, estás muerto) es un reto incluso para las personas más estables. Creo que será vital que los astronautas que vayan a Marte sean de esas personas que no se enfadan con facilidad", resume Dove-Jay.

Los astronautas Scott Kelly y Mikhail Kornienko completaron unas semanas atrás una estancia cercana al año de duración en la Estación Espacial Internacional para estudiar los efectos de la ingravidez en un periodo de tiempo similar al que llevará a los humanos hasta Marte. Todos esos pequeños aspectos, según Dove-Jay, están más o menos solucionados, a falta de dos grandes piedras en el camino: "La radiación, la microgravedad o la generación de energía allí son relativamente sencillos de controlar. Pero todavía tenemos grandes retos en el apartado psicológico o para crear un sistema que nos permita sobrevivir".

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