una 'startup' las usa para investigar el cerebro

El surrealista negocio de convertir cucarachas en cíborgs

Backyard Brains lleva tres años vendiendo kits para fabricar artrópodos cíborg. Vive de ayudas y 'crowdfunding', pero es hora de que empiece a generar ingresos. ¿Algún inversor en la sala?

Foto: El surrealista negocio de convertir cucarachas en cíborgs

Con la llegada del calor, solo hay un sitio donde resguardarse de las altas temperaturas sin aire acondicionado de por medio: el portal de un edificio. Un oasis de frescor del que también disfrutan los insectos, para disgusto de muchos. ¿Te repugnan los bichos? La próxima vez que encuentres una cucaracha por las escaleras, antes de escandalizarte, piensa que esos pequeños artrópodos han dejado de ser meros invasores para tener una función en los laboratorios.

En la Universidad de Carolina del Norte, un equipo de científicos ha cargado a estos animales con una especie de mochila electrónica en la que transportan un micrófono y un transmisor. El objetivo es que las cucarachas cíborg sean capaces de encontrar a los supervivientes de un desastre.

Los artrópodos llevaban un macuto integrado por un circuito, una pequeña pila y electrodos conectados a sus antenas

Ingenieros de la Universidad de Tokio incluso han dotado a estos artrópodos de una batería que recargan con sus fluidos corporales. Ambos proyectos se desarrollan gracias al apoyo de sus respectivos centros de investigación, pero ¿cómo se las arreglarían sus creadores si tuvieran que dar el salto al mundo empresarial?

Se vende bicho robotizado

En 2009, mientras completaba el doctorado en la Universidad de Michigan, el neurocientífico Tim Marzullo trabajaba con su colega Greg Gage en un invento de lo más llamativo. “Íbamos por los colegios a dar charlas sobre neurociencia, pero era muy aburrido. Por eso inventamos Spiker Box”, explica el investigador a Teknautas.

Se trataba de un dispositivo en miniatura capaz de amplificar la comunicación neuronal en insectos, y ya puedes imaginar los que eligieron: “Tuvimos la idea de controlar cucarachas”, explica Marzullo. Los artrópodos llevaban un macuto integrado por un circuito, una pequeña pila y electrodos conectados a sus antenas para transmitirles impulsos eléctricos.

Al principio solo las utilizaban para las presentaciones, pero, cuando ambos acabaron sus tesis, decidieron ir un paso más allá. “En 2011 nos constituimos como empresa”, recuerda el cofundador de Backyard Brains. Aquel mismo año, recibieron una beca de los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos y en 2012 otra ayuda de Start-Up Chile. Sin embargo, pronto se darían cuenta de que su startup no era como las demás.

En 2013, lanzaron una campaña en Kickstarter para desarrollar y mejorar el kit RoboRoach, que incluye el dispositivo electrónico, algunos animales y una aplicación para controlar todo el proceso. Los elementos vienen por separado: el cíborg hay que fabricarlo. Ahora lo venden en su tienda online por unos 100 dólares (poco más de 90 euros), pero por aquel entonces “muchos criticaron duramente” el proyecto y su primera charla en TED “porque tenían una cierta opinión sobre el uso de animales en experimentación y ciencia”.

Miembros de la organización animalista PETA les acusaron de infringir un daño injustificado a los insectos y anunciaron un boicot a la compañía. A raíz de la polémica, Apple y Google eliminaron las aplicaciones de RoboRoach de sus plataformas. Hizo falta la intervención del Instituto Nacional de Salud Mental, la Universidad de Harvard e incluso el presidente Obama para su regreso a las tiendas virtuales.

Quieren hacer llegar la neurociencia a los más jóvenes para que entiendan cómo funcionan el sistema nervioso y las enfermedades relacionadas

“Es difícil entender la filosofía de nuestra empresa”, lamenta el cofundador de Backyard Brains. Quieren hacer llegar la neurociencia a los más jóvenes para que entiendan cómo funcionan el sistema nervioso y las enfermedades relacionadas (alzhéimer, esquizofrenia, depresión), animándoles así a escoger una carrera científica. 

Un modelo poco atractivo para invertir

Marzullo y su colega Gage admiten que su compañía no tiene cabida en una aceleradora al uso. “Crecemos lentamente y nuestro modelo no es atractivo para los inversores, aunque quizá las cosas cambien en el futuro”, afirma el primero.

Actualmente, ambos se sustentan, junto con una quincena de trabajadores más, gracias a otra ayuda de Start-Up Chile y una del programa estadounidense Small Business Innovation Research. Juntas constituyen el 50% de sus ingresos. La otra mitad viene de las ventas por internet y sus acuerdos con institutos y universidades como Harvard, con la que colaboran impartiendo un curso online.

Aunque tienen garantizada la supervivencia durante un par de años más, “nuestro objetivo ahora es ser rentables y mantenernos por nosotros mismos”, dice Marzullo. Para evitar la polémica y ampliar el abanico de clientes, han comenzado a centrarse en el cuerpo humano “para estudiar cómo el cerebro controla los músculos”.

Su compañero Gage explicó el funcionamiento de los nuevos dispositivos en una charla en TED que, desde marzo, ha recibido más de millón y medio de visitas. “Nos está ayudando mucho, y gracias a la promoción hemos obtenido más beneficios que ningún otro año”, expone su colega (parte de sus cuentas son públicas y las puedes consultar aquí). No se enfrentan solos a ese reto: consultan cada uno de sus pasos con asesores de negocio y programas de asistencia económica del estado de Michigan.

En sus dos sedes, una en Estados Unidos y otra en Chile, siguen trabajando para diseñar nuevos experimentos que llevar a las aulas: uno para hacer un electroencefalograma de andar por casa y otro para estudiar la comunicación entre las diferentes partes de los vegetales. Hasta ahora, han recibido un total de 4.580 pedidos y vendido 7.639 productos de todas las categorías (incluidos los cíborgs de seis patas). La mayoría de sus clientes son estudiantes, profesores, simples amantes de la ciencia o institutos que adquieren packs para sus clases.

Trabajan en dos nuevos experimentos: uno para un electroencefalograma casero y otro para estudiar la comunicación entre las partes de los vegetales

También comercializan sus artículos a través de Amazon y Little Bit, una plataforma que ofrece pequeños módulos electrónicos para que cualquiera pueda construir circuitos y máquinas sencillas. En una de sus iniciativas (bitLab), los interesados pueden presentar sus proyectos y los más votados ingresan en el catálogo. “Backyard Brains propuso su Spiker Box y obtuvo una gran puntuación, por lo que ahora está en proceso de revisión antes de lanzarlo al mercado”, explican desde la empresa.

No sabemos cómo les irá a Gage y Marzullo, pero una cosa está clara: cuando amenazábamos con pisotear a las que buscan el fresco en el portal, ninguno hubiéramos pensado que vender cucarachas (cíborg) podría convertirse en un negocio.

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