España tiene que invertir en el espacio pese a la crisis, siempre se recupera
PEDRO DUQUE, PRIMER Y ÚNICO ASTRONAUTA ESPAÑOL

"España tiene que invertir en el espacio pese a la crisis, siempre se recupera"

El primer astronauta español considera que China será la potencia espacial del futuro y que en Occidente debemos recuperar la ilusión por salir del planeta

Foto: España tiene que invertir en el espacio pese a la crisis, siempre se recupera

Pedro Duque (Madrid, 1963) es nuestro astronauta. No cualquiera, sino el único con nacionalidad española que ha salido de la órbita terrestre. Entre 1998 y 2003 pasó casi veinte días en el espacio ejerciendo las labores de ingeniero de vuelo. Fue sólo el principio de una brillante trayectoria que le ha procurado el Premio Príncipe de Asturias, la Gran Cruz al Mérito Aeronáutico y el título de doctor honoris causa por la Universidad Europea de Madrid. Todo lo consiguió, a diferencia de la gran mayoría de los astronautas, completando sus estudios íntegramente en España.

Pregunta: Los españoles le tenemos un poco descolocado. ¿A qué se está dedicando ahora?

Respuesta: (Sonríe). Estoy liderando el centro de control para la Estación Espacial Internacional en Europa. Hay uno en Houston, otro en Rusia, otro en Japón y el europeo está aquí, cerca de Múnich. Hay una oficina de la ESA en este centro de control, donde nos dedicamos a nuestra parte ahí arriba. Desde aquí enviamos los comandos, los plannings...

P.: Está entonces en constante coordinación con Japón, Rusia y Estados Unidos.

R.: Sí, pero no es tan difícil como parece. Somos, socios y cada uno participamos con un porcentaje, de modo que lo que hacen los astronautas hay que acordarlo. No pueden hacer sólo lo que diga la NASA; también tendrán que hacer cositas que les mandemos nosotros.

P.: ¿Cuál es la aportación de España a la ESA?

R.: La aportación de España, como la todos los países, se divide en una dotación básica y otra voluntaria decidida por el Gobierno. Nuestra aportación creció mucho en los últimos años y, con la llegada de la crisis, se ha ido reduciendo. Hace dos años España bajó muchísimo la contribución y ahora en diciembre hay otra conferencia ministerial en la que, esperamos, España retome sus cifras de inversión anteriores a la crisis. Antes era el quinto país que más contribuía a la ESA, un nivel correcto para España.

P.: Sin embargo, esta aportación no es una boutade pese a la crisis. ¿Cómo le explica al ciudadano que invertir en la industria aeroespacial da rédito?

En tiempos de crisis se deben mantener las inversiones a largo plazo, sobre todo las que te pueden posicionar en el futuro, como la investigación y la educaciónR.: Cuando se invirtió fuerte hubo un gran desarrollo de la industria, se crearon muchos puestos de trabajo, gran cantidad de inventos y patentes de la industria española. Invertir en I+D significa que la industria se basa en la alta tecnología... Prácticamente todo el dinero que se invierte regresa en contratos de alta tecnología para el país que lo pone. 

Es un poco la historia de las vacas flacas y las vacas gordas. Si durante la crisis se corta la aportación a los programas que mejoran la competitividad, pero no en el sentido de bajar los sueldos, sino en el sentido de hacer productos que se vendan mejor, cuando sales de la recesión te encuentras con que estás muy atrás, que ya no puedes competir con los demás. En tiempos de crisis se deben mantener las inversiones a largo plazo, sobre todo las que te pueden posicionar en el futuro, como la investigación y la educación. 

P.: A corto-medio plazo también hay un retorno.

R.: Claro. La alta tecnología se utiliza prácticamente en todas las industrias y emplea a miles de personas. Fomenta que los jóvenes estudien ingenierías y, además, los inventos que se hacen para el espacio terminan, en un plazo de entre 3 y 5 años, en otro tipo de industrias que, a su vez, generan que terceras industrias sean más competitivas.

P.: ¿Algo parecido a lo que sucede con la tecnología militar?

R.: Sí, con una diferencia fundamental: que la industria espacial está obligada a compartir su tecnología con otras industrias, no son avances secretos.

Duque, durante su visita a la ISS en 2003 (ESA)
Duque, durante su visita a la ISS en 2003 (ESA)

LA CHINA ESPACIAL

P.: Se adscribe usted, como lo hacía Arthur C. Clarke en 2010: Odisea dos, a la teoría de la supremacía china en el espacio. ¿Qué están haciendo mejor que los demás?

R.: Tener un plan ambicioso a largo plazo. Lo tuvieron la URSS y EEUU en su momento, y ahora lo tiene China. Están invirtiendo mucho en el desarrollo de tecnologías espaciales, fomentan el que los mejores se dediquen a inventar y a desarrollar la tecnología y, quizá lo más importante, tienen un sentimiento patriótico, de ilusión por devolver a China a la cabeza del mundo. Todo esto, unido, hace que China tenga un futuro muy esperanzador de cara al espacio.

P.: ¿Entonces estamos asistiendo a un cambio de paradigma? ¿La NASA perderá su autoridad en el espacio?

R.: Es que todo esto lo ven perfectamente en EEUU y en Rusia. Seguramente, cuando todo esto surja en el horizonte, reaccionarán los demás actores. Ahí veremos qué pasa.

P.: Se ha mostrado preocupado por ciertos "aspectos oscurantistas" de China. ¿A qué se refiere?

R.: No, no es que me preocupe, sino que la innovación y la libertad son cosas que en la mente humana suelen ir juntas. Entonces, que un país muy dirigido militarmente en el que para trabajar para el Gobierno hay que tener mucho cuidado con lo que se dice... en ese ambiente resulta más difícil innovar. Ellos lo ven y se están abriendo. En todo caso, la sociedad tiene que... no sé, es difícil hacerlo desde un aspecto. La evolución natural tiene que marcar el camino de China.

P.: Puede ser un caso similar al de la Unión Soviética en los años 70 y 80: un gran proyecto espacial y nada de libertad.

R.: Eso es cierto, lo que pasa es que dentro de la Unión Soviética había mucha competitividad, y los rusos podían hablar, desde el punto de vista técnico, con cualquiera. No tengo claro que esto sea así en China.

EDUCACIÓN

P.: En China los niños quieren ser ingenieros. En España, y confío en no simplificarlo demasiado, los niños quieren ser futbolistas. ¿Es esta una diferencia crucial?

No hay ninguna estadística que diga que los niños ricos sean más listos que los pobres, y necesitamos a los mejores

R.: Esto por supuesto que ocurre, aunque yo no digo que sea algo malo tener futbolistas que ganen el Campeonato del Mundo. Es razonable estar preocupados, pero tampoco se puede hacer una política dirigista, diciéndoles a los chavales lo que les tiene que gustar. Lo que hay que hacer es proporcionar unos programas verdaderamente interesantes que emocionen a los niños. Siempre habrá alguno muy interesado que destacará y será el ejemplo para que los demás vayan detrás.

Espero que haya más españoles muy interesantes a los que se les pueda hacer entrevistas y no sólo a mí (ríe).

P.: Ya sabe que los informes PISA siempre nos ponen a la cola en Matemáticas y Física, ¿verdad?

R.: Esto es un problema importantísimo a largo plazo y hay que atajarlo de raíz. Desde fuera [Duque reside en Alemania], aunque veo todos los telediarios españoles, no te puedo decir qué se está haciendo mal. Lo que hay que garantizar es que la educación pública sea capaz de producir los mejores ingenieros, y no la privada. No hay ninguna estadística que diga que los niños ricos sean más listos que los pobres, y necesitamos a los mejores.

P.: Vamos a ver. Para ser astronauta se necesita, y le cito: saber inglés, ruso y algo de chino, tener un buen estado físico, mucha serenidad, haber destacado en una carrera de ciencias y tener suerte a la hora de pasar los cortes de selección. ¿Esto es una aspiración laboral o una utopía?

R.: ¡Pero eso no se lo dices a los niños! (ríe) Tú se lo pones delante: "Si estudias todas estas cosas, a lo mejor eres astronauta". Luego, a lo largo de su carrera espacial, lo más probable es que encuentren materias que les interesen mucho más. Pueden ser científicos, ingenieros de cohetes, gente que hace cálculos orbitales... Hay miles de personas que trabajan en la carrera espacial que al principio querían ser astronautas, y hoy son el núcleo de la industria. A los niños hay que mantenerles la ilusión.

P.: ¿Se puede obtener un perfil de tan alto nivel como el suyo educándose en España?

R.: Completamente. Las universidades españolas son muy buenas. Hubo un boom de universidades, como hubo un boom de aeropuertos, cuando el dinero parecía que era gratis pedirlo prestado, y cayó el nivel. Pero vamos, que yo no he estudiado en ninguna universidad extranjera. Además, las universidades españolas de enseñanzas técnicas tienen acuerdos con otras de fuera.

Yo he asistido, por ejemplo, a una entrega de diplomas de la Universidad Politécnica de Madrid en la que se les expidió un título doble, junto con la École Polytechnique de París, que es una de las dos o tres mejores escuelas de ingeniería del mundo. 

Espacio público, espacio privado

P.: Volviendo a la carrera espacial. ¿Qué nos limita el avance: la tecnología, la economía o la política?

R.: Lo primero que nos limita es la naturaleza misma (ríe). Es muy, muy difícil llegar a ciertos sitios llevando a gente, y llevándolos no sólo vivos, sino en un ambiente en el que puedan funcionar con normalidad. Para superar los problemas que te plantea la naturaleza necesitas la tecnología, para mejorar la tecnología necesitas tiempo, y para que los profesionales puedan dedicarle tiempo hay que pagarles un sueldo, que es la economía.

P.: ... y ese sueldo lo gestionan los políticos.

R.: Claro, ese sueldo tiene que pagarlo alguien. Aunque haya apoyo privado, una parte muy importante tiene que salir de fondos públicos, porque las empresas no ven, de momento, cómo van a vender los cohetes que van a la Luna. Se los tienen que vender a los Gobiernos.

P.: Al hilo, ¿cómo valora las nuevas iniciativas privadas, como es el caso del SpaceX de Elon Musk?

Las universidades españolas son muy buenas, sirven perfectamente para formar profesionales de alto nivel, como es mi caso personalR.: Me ciño al discurso que nos dio Charles Bolden, administrador de la NASA, cuando vino a Madrid. Nos lo explicó perfectamente: "Los cohetes de la NASA los han fabricado siempre las empresas privadas. El módulo lunar lo fabricó la McDonnell Douglas y el cohete lo fabricó la Boeing... todo coordinado por gente de la NASA, que les decía cómo tenían que fabricar cada pieza para que todo encajase correctamente y fuese seguro. 

Ahora vivimos un cambio de modelo: a SpaceX, en vez de unas piezas, le pides el cohete entero. Ni siquiera eso, le pides que te lleve a los astronautas hasta la Estación Espacial con ciertas medidas de seguridad y que te los devuelvan intactos. Con este cambio, las empresas toman mayor responsabilidad y, después, podrán venderle estos servicios a terceros.

P.: ¿Las empresas privadas tendrán su propio programa espacial, con capacidad para actuar independientemente de los gobiernos?

R.: Claro, ese es el plan de la NASA, punto por punto, y de la FAA (Federal Aviation Administration), que ya ha regulado el asunto. También llegarán los vuelos espaciales comerciales. Para todo esto no queda mucho.

Duque advierte que los programas espaciales pueden servir contra la crisis
Duque advierte que los programas espaciales pueden servir contra la crisis

El FUTURO DEL ESPACIO

P.: ¿Cuál es el próximo gran objetivo de la carrera espacial?

R.: Esto es una cuestión personal. Desde mi punto de vista, el gran objetivo es recuperar la ilusión de la población con respecto a la carrera espacial. La gente ha dejado de verse reflejada en el espacio, es como si ya no les emocionase.

P.: ¿Y cómo se les emociona de nuevo? Se me ocurren destinos exóticos, como Marte.

R.: Marte no sólo es exótico, sino que es lo que toca ahora desde el punto de vista técnico. Tenemos que salir fuera de órbita terrestre otra vez, y tanto EEUU –quiere viajar a un asteroide– como Rusia –a la Luna– tienen planes en esta línea. Estos planes están incluso financiados. Los europeos estamos ahora en la disyuntiva de si participar con ellos o no; lo que tenemos que entender es que se trata de una decisión importantísima para el futuro.

P.: ¿Qué podemos esperar aprender de Marte?

R.: (Lo piensa). Será la primera vez que exploremos un planeta, de modo que, en realidad, no se sabe. Los resultados de los pequeños robots que hemos enviado allí nos permiten hacer conjeturas de todo tipo. Lo primero que le vamos a preguntar a Marte es si estamos solos o hay vida fuera de la Tierra.

P.: Usted define la búsqueda de vida extraterrestre como una de las grandes cuestiones de la Humanidad. No obstante, y aunque la estadística le da la razón, para la sociedad sigue siendo un asunto de ciencia-ficción. ¿Es que no lo entendemos?

Marte no solo es exótico, sino que es lo que toca ahora desde el punto de vista técnico. Tenemos que salir de la órbita terrestre para ilusionar de nuevo a la sociedad

R.: No lo sé. Los números cantan. Ahora que tenemos unos preciosos telescopios en órbita, sabemos que el número de planetas es mucho mayor de lo que creíamos. Y también de que el tamaño del universo es inconcebible y que llegar a cualquier sitio es una odisea.

El problema de que la sociedad no se lo crea quizá radica en su entendimiento básico de la física, quizá por el problema de educación que antes mencionaba. A mí me parece una cuestión crucial que quizá no hemos explicado bien.

P.: El espacio conocido ya marca unas distancias insalvables en la actualidad. ¿Cree que nuestra generación verá al hombre llegar a un planeta habitado?

R.: (Lo piensa). Yo creo que no. Hay que ser humildes. Estas cosas pueden tardar 20 años, o 200 o 2.000. No lo sé. Pero oye, cosas más raras han pasado. Lo que está claro es que hay que seguir invirtiendo en la investigación, que es único camino.

P.: Necesitaríamos encontrar una nueva forma de viajar por el espacio, porque con lo que tenemos se exceden los plazos de una vida humana.

R.: Sí, ese es el problema. Podemos poner telescopios cada vez más grandes alrededor del Sol, y por ellos sabremos qué características tiene cada planeta y, quizá, entendamos que alguno lo tiene todo para albergar vida, pero hasta ahí vamos a llegar de momento.

GPS VS. GALILEO

P.: Por último quiero tocar el sistema de navegación europeo Galileo. Nació para suceder al GPS americano, pero la tendencia es a que lo complemente, a pesar de que permite, por ejemplo, una organización más eficiente del espacio aéreo...

R.: Sí puede sustituir al GPS, por supuesto, pero es que no es el objetivo. Lo primero para que la gente lo utilice es que esté en marcha y funcionando [se espera que arranque en 2015]. Después, habrá aparatos que funcionen con GPS y otros que lo hagan con Galileo, depende de lo que prefiera cada uno. Galileo va a estar ahí para que los europeos tengamos un sistema propio, civil y no sujeto a control de terceros. Y sí, en el futuro esperamos que nos sirva para mejorar el tráfico aéreo en Europa, que es la zona más congestionada del mundo.

P.: Un placer. Por cierto, dígame que la anécdota de los invernaderos de Almería no es verdad.

R.: (Ríe). Es verdad. Lo que más se ve desde el espacio no es la Gran Muralla de China, sino los invernaderos de Almería. ¡Se ven como 1.000 veces más! De hecho, para ver la Muralla hay que tener muy buenos ojos y saber dónde mirar. Vamos, que yo no la vi. Los invernaderos de Almería son de un color antinatural, completamente blanco, que sólo puede ser una inmensa cantidad de sal o algo artificial. Si te fijas bien, se ven los cuadraditos.

Vista del sur de España, con Almería en color blanco (NASA)
Vista del sur de España, con Almería en color blanco (NASA)

A mí me lo preguntó incluso un astronauta francés seis meses después. No es que te fijes en España y los veas, es que al mirar por la ventana de la nave a la Tierra los ves, porque llaman mucho la atención.

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