Se añaden para acompasarnos al tiempo solar

Segundos bisiestos o por qué los días son cada vez más largos (aunque no lo notes)

Medir el tiempo en segundos, días y años nos parece algo natural, pero no lo es. Nuestros sistemas para hacerlo son resultado de muchas pruebas y errores

Foto: Segundos bisiestos o por qué los días son cada vez más largos (aunque no lo notes)

Llega fin de mes y toca pasar la hoja del calendario. Los días se suceden con rapidez y antes de que nos demos cuenta han pasado 365 días y ha terminado 2014. Medir el paso del tiempo es algo tan cotidiano que lo hacemos casi instintivamente y nos facilita la vida y la relación con los demás (¿cómo podríamos relacionarnos laboral o personalmente si no estuviésemos de acuerdo en qué día es hoy?).

Sin embargo, la creación de los años y los meses no fue algo sencillo, sino un proceso de prueba, error y perfeccionamiento que llevó siglos. No fue hasta 1582, momento en el que se adoptó el calendario Gregoriano, cuando se consiguió crear un sistema que no se fuese desfasando respecto a los años solares, gracias a la instauración de los años bisiestos cada cuatro años (aunque con algunas excepciones).

En estas mediciones de tiempo a pequeña escala se hizo igualmente necesaria la la creación de bisiestos, en este caso segundos, llamados intercalares. Debido a su brevedad, muy pocos son conscientes de su existencia, pero están ahí y hacen que unos minutos sean más largos que otros

Pero no solo medir correctamente los años ha requerido tiempo y probar con distintos sistemas. También los segundos, minutos, horas y días tienen su misterio. Para muchas aplicaciones militares, operaciones financieras y sofisticada tecnología en todo el mundo la sincronización es vital, pero lograrla no es sencilla. En estas mediciones de tiempo a pequeña escala se hizo igualmente necesaria la la creación de bisiestos, en este caso segundos, llamados intercalares. Debido a su brevedad, no todos son conscientes de su existencia, pero están ahí y hacen que unos minutos sean más largos que otros.

Un segundo = un día/86.400

Tradicionalmente han sido las observaciones astronómicas las que han permitido al ser humano mantener la noción del tiempo: la rotación de la Tierra sobre su eje y su posición respecto al Sol permitían medir los días, las estaciones y los años. Durante siglos, se supuso que el movimiento de rotación de la Tierra era uniforme, y por tanto un año siempre duraba lo mismo. En ese caso, un segundo siempre equivalía a 1/86.400 de un día solar medio.

En esta forma de medición se basaba el estándar del Tiempo Universal (UT) que da las señales horarias a la mayoría de los sistemas civiles. Pero esta forma de contar el tiempo es, digamos, aproximada y tiene sus fallos. Cuando comenzó a crearse un mundo tecnológicamente interconectado que exigía una sincronización prácticamente perfecta, las observaciones astronómicas se tornaron un modo demasiado impreciso de medir el tiempo.

El reloj atómico NIST-F2 no se adelantará ni atrasará ni un segundo en 300 millones de años
El reloj atómico NIST-F2 no se adelantará ni atrasará ni un segundo en 300 millones de años

Por este motivo a mediados del siglo XX se inauguraba un nuevo sistema que por primera vez no tenía como referencia ninguna observación astronómica. Se trata del tiempo atómico, y mide los segundos por la frecuencia de resonancia de un átomo, normalmente de cesio. En 1972 se hacía oficial una nueva escala de tiempo, el Tiempo Atómico Internacional (TAI), integrado en un nuevo estándar, el Tiempo Universal Coordinado (UTC).

Los días cada vez son un poco más largos

La navegación, la aviación, el GPS, internet… son algunos de los sistemas que requieren de la precisión de los relojes atómicos. Pero con la creación de este nuevo estándar surgió otro problema: el tiempo atómico y el tiempo solar se estaban desacompasando. Se descubrió que la rotación de la Tierra alrededor del Sol no es constante, sino que se ralentiza poco a poco, imperceptiblemente para los humanos principalmente debido al efecto de las mareas y de las interacciones gravitacionales con el Sol y la Luna. De esta forma, el día solar se ha ido volviendo poco a poco más largo (1,7 milisegundos cada siglo), aunque sea para nosotros absolutamente imposible notar la diferencia.

La idea es añadir (o sustraer, si fuese necesario, aunque no lo ha sido todavía) un segundo extra en determinados momentos para acompasar el Tiempo Atómico Internacional al tiempo solar

Para compensar esta acumulación de ligerísimos desfases se decidió adaptar la figura del año bisiesto a los segundos, creando los segundos intercalares. La idea es añadir (o sustraer, si fuese necesario, aunque no lo ha sido todavía) un segundo extra en determinados momentos para acompasar el Tiempo Atómico Internacional al tiempo solar y evitar que la diferencia se vaya acumulando.

A diferencia de los años bisiestos, los segundos intercalares no tienen una periodicidad fija, sino que se establecen cuando el Servicio Internacional de la Rotación de la Tierra y los Sistemas de Referencia (IERS por sus siglas en inglés) considera que es necesario. Se fijan siempre al final del mes de junio o del mes de diciembre. Desde que comenzaron a utilizarse en 1972 se han utilizado 25 veces, que se suman a los 10 segundos extra que se añadieron cuando el TAI se puso en marcha. La última vez que un año tuvo un segundo extra fue el 30 de junio de 2012.

Un segundo que causa el caos informático

Sin embargo, esta solución crea nuevos problemas, de nuevo relacionados con sistemas que dependen de una estabilidad y sincronización temporal prácticamente perfectas. Y es que, como decimos, no se puede predecir con mucha antelación cuando habrá un segundo intercalar y cuando no. Muchos sistemas informáticos, por tanto, no pueden tenerlos en cuenta y cada vez que uno tiene lugar provocan fallos. El 30 de junio de 2012, webs como Wikipedia o Reddit fallaron cuando el reloj alcanzó las 23:59:60.

No se trata de una cuestión fácil de arreglar, aunque hay quien está proponiendo medidas para intentarlo. La Unión Internacional de Comunicaciones ha propuesto añadir una hora al reloj cada 600 años y abolir el segundo intercalar. De esta forma se combatiría el desfase entre nuestro tiempo y el tiempo solar de una sola vez, sin causar perturbaciones imprevisibles que interfieran con el funcionamiento de los sistemas informáticos.

Otra alternativa propuesta es retroceder todos los relojes una hora cuando la variación haya acumulado un retraso de media hora, algo que está previsto que ocurra en el año 2600. Aunque no es como si ninguno nosotros tenga que preocuparse porque nuestros relojes se mantengan en hora...

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