ÉXITO ABSOLUTO DE VENTAS DEL MICROORDENADOR

Dos millones de razones para saber qué es exactamente Raspberry Pi

El microordenador más económico del mercado ya ha colocado dos millones en todo el mundo. Respondemos a algunas preguntas habituales

Foto: Dos millones de razones para saber qué es exactamente Raspberry Pi

Dos millones. Lo que nació como un proyecto enfocado a la educación y "quizá a algunos adultos geeks", según su creador, ya ha vendido dos millones de unidades a nivel mundial. Se trata de Raspberry Pi, un fenómeno que corre paralelo a la tecnología de consumo imperante y que, sin embargo, se ha revelado capaz de llevar al ámbito doméstico unas dosis de innovación que hasta hace poco solo se concebía en los grandes fabricantes.

¿Qué es Raspberry Pi?

Es un ordenador del tamaño de una tarjeta de crédito. Consta de una placa base sobre la que se monta un procesador, un chip gráfico y memoria RAM. Fue lanzado en 2006 por la Fundación Raspberry Pi con el objeto de estimular la enseñanza de informática en las escuelas de todo el mundo.

¿Para enseñar informática?
Tradicionalmente Reino Unido se ha tomado muy en serio el aprendizaje de las nuevas tecnologías desde la infancia. Durante los años 80 proliferaron en los colegios de las islas microordenadores como el Commodore 64 y el ZX Spectrum, que permitían enseñar nociones de programación en lenguaje Basic y cuyo bajo precio los hacía sencillos de reponer. 

Raspberry Pi es un ordenador completo, del tamaño de una tarjeta de crédito, que puede adquirirse por solo 35 eurosNo obstante, en la década de los 90 la tendencia se interrumpió con los PC (demasiado caros) y las videoconsolas (difíciles de reprogramar) y se agravó con la llegada de los smartphones y tablets, que a la postre son dispositivos completamente cerrados. Es entonces cuando surge la figura de Eben Upton, ex profesor de la Universiad  de Cambridge, que idea y pone en marcha el proyecto Raspberry.

¿Es un ordenador completo?
Sí, con la excepción de que no incluye el cable de alimentación, la caja ni el disco duro, para el que se utiliza una tarjeta de memoria SD. Otros periféricos como el teclado, el ratón o el receptor wifi pueden conectarse vía USB. También se precisa de un monitor, como es lógico.

¿Cuánto cuesta?
Su precio oscila entre los 25 y los 38 euros, según el modelo que se elija. Hay dos, A y B, que comparten una serie de características, como el chip, el procesador gráfico, las entradas/salidas y la capacidad para reproducir vídeo en 1080 puntos. El modelo B tiene el doble de memoria (512 megas por 256 del A), tiene dos USB (por uno del modelo A) y conector para cable de red. El modelo A apenas se comercializa actualmente.

¿Es potente?
El procesador funciona a 700 Mhz. y puede acelerar gráficos 3D por hardware. Más o menos como el ordenador que tenías en 2003, con la salvedad de que puedes ver películas en alta definición.

¿Qué sistema operativo emplea?
Se pueden instalar un buen puñado de ellos, la mayoría basados en el kernel de Linux. Algunos de los más conocidos son Android, Firefox OS, Raspbian, OpenWebOS o Unix. También se pueden cargar interfaces gráficas similares a Windows, de modo que la curva de aprendizaje del sistema no es demasiado pronunciada.

¿Puede utilizarlo cualquiera?
Cualquiera que tenga unas nociones básicas de Linux, haya sobrevivido a la pelea con el shell de MS-DOS o sea capaz de identificar un problema y buscarlo en Google, podrá utilizar Raspberry Pi. Su complejidad es directamente proporcional a la ambición que se muestre en su aplicación práctica. En cualquier caso la instalación base es asequible y en internet campan cientos de programas empaquetados que dotan a la placa de una u otra funcionalidad.

¿En qué se diferencia de mi viejo ordenador?
Raspberry Pi es la esencia de tu viejo ordenador y, por lo tanto, tiene ciertas limitaciones. Es terriblemente lento cargando las páginas web (al menos en el navegador por defecto) o retocando una fotografía, y de ninguna manera será capaz de ejecutar un videojuego actual. No obstante, a diferencia del antiguo PC, la tecnología es obsoleta, que no vieja. Las piezas no están recicladas, sino que tienen el ciclo de vida intacto. Además, gracias a su tamaño y a las virtudes del código abierto, es una máquina con infinitas posibilidades creativas.

¿Qué se puede hacer con el Raspberry Pi?
Otra de las diferencias con el viejo ordenador es que Raspberry Pi cuenta con una floreciente comunidad de desarrolladores, siempre dispuesta a compartir paso a paso las nuevas características que van encontrándole a la placa. Estos son algunos de los avances más reseñables que se han efectuado hasta la fecha.

Una recreativa del tamaño de un mechero. Su confección es sencilla y muy económica. Basta con adquirir la carcasa y los botones, que en suma no superan los 40 euros, e insertar dentro Raspberry Pi. El último paso consiste en descargar el emulador y los juegos. Et voilá, ya tenemos una máquina recreativa multijuegos que se puede transportar en el bolsillo de la chaqueta.

Si lo que te echa para atrás es el montaje, hay decenas de proyectos que están construyendo este tipo de sistemas de modo semi-profesional. Picade, por citar uno, ofrece recreativas con pantallas de 8 y 12 pulgadas, montadas y con un potente equipo de altavoces, por poco más de 100 euros.

Un media center avanzado. Es, quizá por sencillez y utilidad, el uso más popular de Raspberry Pi. Y es que la placa puede ser un excelente nexo entre el ordenador y la televisión, dos mundos cada vez más parejos en cuanto a formatos que, incomprensiblemente, siguen funcionando por separado. 

¿Qué se necesita? Un dispositivo wifi y descargar el software de XMBC. En pocos minutos podrás disfrutar de cualquier contenido multimedia en la pantalla grande del salón sin necesidad de cables. Es suficiente con sincronizar los contenidos del disco duro del ordenador con el Raspi y él se encargará del resto.

Un sistema de videovigilancia. Si lo que te interesa es conocer lo que sucede en un determinado lugar mientras no estás presente, el binomio Raspberry Pi más webcam es providencial. Valiéndose del software Motion, el miniordenador detectará cualquier movimiento que suceda delante del objetivo y lo grabará. También existe la posibilidad, con algunos ajustes más, de recibir el vídeo en directo en el smartphone.

Tiene tantos usos como se desee: desde controlar el sueño de un bebé desde otra habitación -puede accionar una alarma cuando el niño se ponga de pie, por ejemplo- hasta estar informados de lo que sucede en el jardín o ver quién está llamando a la puerta.

Un minihospital. La comunidad científica es, junto a la informática, la que con más candor ha acogido a Raspberry Pi. Contando con un cerebro de 35 euros, diversos proyectos se centran en la incorporación de sensores de todo tipo para interaccionar con el entorno. Uno de los casos más llamativos, os lo contábamos a comienzos de la semana en Teknautas, es el del minihospital.

Gracias a unos sensores biométricos podemos monitorizar nuestro corazón, la presión sanguínea, la temperatura corporal y el nivel de oxígeno en sangre cada mañana. El programa desarrollado por el ingeniero aragonés Luis Martín registrará en la placa el historial de mediciones. Nuestro forero Nemonoides puso de magnitud su utilidad en un comentario reciente: "El dispositivo VALE MENOS que muchos telefonos "inteligentes" (supongo que los denomina asi porque son más listos que sus dueños) que son usados para para que unos pajarracos maten cerdos verdes".

Un robot. Es una tarea ciertamente compleja, si bien no podemos concluir el artículo sin mencionar la funcionalidad más espectacular de Raspberry Pi: la de dotar de inteligencia a los robots. En este cmpo se está avanzando en diversas líneas de investigación, con especial tesón en la domótica. Apagar las luces de casa desde el exterior o abrir la puerta del garaje con tan solo decírselo al móvil es ya una cuestión más de tiempo (en aprendizaje) que de inversión económica. 

Otra de las virtudes de la placa es la versatilidad. Igual permite dotar a un bar de un servicio de cócteles automatizado como a cualquier usuario manejar con el mando de la videoconsola el célebre robot de limpieza Roomba. Es más, el creador de Roomba, al ver el vídeo superior, quedó tan conmocionado que decidió escribir una carta a la Raspberry Foundation en la que indicaba que su próximo robot funcionará sin lugar a dudas con la placa británica.

En resumidas cuentas, la popularización de Raspberry Pi, como la de la impresora 3D, supone la eliminación definitiva de ese paso, que es un salto mortal, entre una buena idea y su plasmación en la vida real, un camino antaño minado de patentes y financiación de prototipos. Raspberry Pi es un nuevo horizonte para el bricolaje, el digital, con potencial para cambiar la forma en la que nos relacionamos con la electrónica de consumo. Muchos son los que han  comenzado a plantearse, antes de adquirir ese gadget de turno, si no pueden hacerlo ellos mismos.

Upton, el padre de la criatura, lo explica de forma magistral: "Por el precio de Raspberry Pi, quien no lo intenta es porque no quiere".

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