CUANDO EL FRACASO ES EL MEJOR DE LOS MAESTROS

Teknoland o la historia de cómo hacerte millonario, arruinarte y volver a triunfar

Si tu barco naufraga y te quedas aislado en el medio del océano, ¿qué harías? ¿Nadar en alguna dirección con la esperanza de encontrar otro barco

Foto: Teknoland o la historia de cómo hacerte millonario, arruinarte y volver a triunfar
Teknoland o la historia de cómo hacerte millonario, arruinarte y volver a triunfar
Autor
Tags
    Tiempo de lectura5 min

    Si tu barco naufraga y te quedas aislado en el medio del océano, ¿qué harías? ¿Nadar en alguna dirección con la esperanza de encontrar otro barco o algo que te salve? ¿O no gastar energía y dejar que el mar te lleve hacia algún esperanzador destino? Con este gran enigma comienza 'Éxito para Perdedores', el primer cómic sobre el éxito y fracaso empresarial creado por David Cantolla (Teknoland, Zinkia, Bitoon, Vodka Capital, Wakeapp/TheAppDate) y el ilustrador Juan Díaz-Faes (Utrarradio y Themuwon).

    La historia cuenta el éxito y posterior declive de la empresa Teknoland, compañía adquirida por Terra en plena burbuja de las puntocom. "Es un libro que habla del fracaso. De lo importante que es ‘pegártela’ cuando estás emprendiendo. Para mí, el fracaso es un gran maestro", confiesa David.

    Teknoland fue una consultora de internet pionera en España. Fue creada en 1995 y llegó a convertirse en una de las mayores empresas del sector. Contaba con dos ingredientes atractivos para cualquier inversor: las cuentas sólidas y un equipo de mucho talento capaz de caminar con paso firme en el desconocido mundo de la world wide web. Era una época donde todo lo que terminaba en ‘puntocom’ era sinónimo de éxito. La empresas pasaban de ser una idea a atraer la atención de los grandes inversores hasta terminar cotizando en el Nasdaq.

    En el medio de esta vorágine de fusiones y adquisiciones, Teknoland se dejó seducir por Terra, quien en 1999 adquirió un buen paquete accionarial y el compromiso de hacerse con el 100% de la empresa. Con la inyección que supuso la entrada del líder de internet en España en su accionariado, el futuro era prometedor y Teknoland comenzó a abrir oficinas por todo el mundo. En 2001, la burbuja explotó, los inversores huyeron despavoridos, las cuentas fueron imposibles de cuadrar y la compañía finalmente quebró.

    "En los primeros años de vida de internet todos nos volvimos locos. Nosotros, la banca, los mercados... Cada día que pasaba las empresas valían más y más. Teknoland creció demasiado rápido y nos fue imposible de asimilar cada paso que dábamos. Y estas cosas al final no salen bien. Con el tiempo te das cuenta de que al ser humano demasiadas veces le mueve la codicia, y la crisis de las ‘puntocom’ es una clara muestra de ello".

    A lo largo del libro, David Cantolla y Juan Díaz-Faes tratan de contar los logros y penurias de la vida de uno de los fundadores de Teknoland. Desde el momento el que el que Terra entraba en el accionariado valorando la compañía en 48 millones de euros, al momento en el que aquellos banqueros y empresarios que les habían respaldado durante los años de bonanza, miraban hacia otro lado. "El fracaso te dice que hay gente con la que te cruzas que no es real. Hay héroes trabajando y mucha gente mezquina. Algunos te abandonan y otros se quedan para siempre. Con Teknoland aprendí que lo realmente importante es estar rodeado de gente generosa".

    Dos meses en pijama y jugando a videojuegos

    La suspensión de pagos de la empresa que tú mismo has fundado es uno de los reveses más difíciles de encajar para cualquier emprendedor. En el caso de Teknoland, una empresa que llegó a tener en plantilla a 480 ‘teknolandeses’ y a estar valorada en 200 millones de dólares, el mazazo para sus fundadores fue mayúsculo. "Fue el peor momento. No sabes dónde dirigirte, qué sabes hacer, qué quieres hacer. No ves una luz que te indique el camino que debes tomar. Yo estuve dos meses metido en casa en pijama totalmente perdido. Me pasaba todo el día jugando a videojuegos. Fueron momentos verdaderamente terribles".

    Finalmente, como por arte de magia, David encontró en su hija el faro que necesitaba para salir adelante. "Estaba dándole vueltas a la cabeza mientras veía a mi niña viendo los Teletubbies. Ahí me di cuenta de que Teknoland se había destruido, pero había otras cosas importantes en mi vida que también había construido y estaban ahí. Quería hacer algo por mi hija. Así que me propuse hacer una serie de animación para niños". Y así nació Pocoyó. David puso su empeño, corazón, sentido común y contó con unas dosis de suerte, para convertir al simpático muñeco virtual en un gran éxito televisivo que se emite en 150 países. Más tarde llegaron Jelly Jamm, Basketdudes, Bitoon o Theappdate.com .

    "Si no fuese por el fracaso que viví  en Teknoland, hoy no habría hecho algunas de las cosas que he tenido la suerte de construir. Lo importante es el camino. Los grandes empresarios de nuestro país han tenido que fracasar para llegar a lo más alto. Y eso es lo que Juan y yo hemos querido reflejar en el libro. El lector no va a encontrar ninguna clave del éxito, porque no existe. Únicamente contamos la historia de cómo las personas normales son capaces de conseguir cosas grandes y, sobre todo, la dimensión que tiene el fracaso. Si algo he aprendido con el tiempo es que soy más ignorante".

    Respecto a la situación económica que vive España con la prima de riesgo disparada y los tambores de rescate retumbando por Europa, David confía en los emprendedores como la base de la recuperación económica: "Ahora estamos inmersos en un naufragio total. Si esperamos que venga un barco a salvarnos puede que nos ahoguemos. Lo que hay que hacer es apoyar decididamente a la gente que tiene capacidad y energía para emprender".

    * Juan estará firmando libros este sábado por la mañana en el stand 85 de la Feria del Libro de Madrid

    Tecnología
    Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
    0 comentarios
    Por FechaMejor Valorados
    Mostrar más comentarios