las cifras, a examen

Día mundial de las víctimas de tráfico: qué hemos logrado y qué queda por hacer

La lucha por reducir las víctimas de tráfico une prácticamente a todos los países. Se han conseguido algunas cosas, pero también conviene revisar las cuentas pendientes

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Este domingo 15 se celebra el Día Mundial en Recuerdo de las Víctimas de Accidentes de Tráfico. No se trata de una fecha cualquiera: cada año los accidentes se llevan por delante la vida de más de 1,3 millones de personas en todo el mundo. Acabar con estas cifras es un camino largo y complejo, pero ya se han conseguido metas que hace unos años parecían inalcanzables, como el uso del cinturón de seguridad, la conciencia de no ponerse al volante bajo los efectos del alcohol y la drogas... Pero aún quedan retos como la educación de los conductores respecto al uso del teléfono móvil o la reducción de velocidad en áreas urbanas. Y, precisamente, estos son algunos de los aspectos que la Dirección General de Tráfico ha querido regular con la última actualización de sus normas.

La lacra de los accidentes de tráfico es unánime en todo el mundo. De hecho, uno de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) es reducir a la mitad las muertes por accidentes de tránsito para este 2020. Cada vez más países cambian sus normas y conciencia a la población en favor de ir reduciendo las altas cifras. Hay un documento que resulta especialmente útil para hacer balance de los logros acontecidos hasta ahora. Se trata del 'Global Status Report on Road Safety 2018', elaborado por la Organización Mundial de la Salud (OMS), que marca algunos hitos conseguidos:

  • Legislación efectiva. La OMS recalca que, de los 175 países que participan en su informe, 123 tienen leyes de tránsito que pretenden bajar el número de accidentes. Además, 149 países cuentan con agencias que vigilan, normatizan o promueven el cumplimiento de determinadas leyes de tráfico. A lo largo de 2018, diez países adicionales han legislado sobre la conducción bajo los efectos del alcohol.
  • Medidas de seguridad. En 2018, cinco países de todo el mundo se unieron a los 44 que ya tenían establecidas obligatoriedades como el uso de casco en moto, mientras que otros tres legislaron sobre el uso del cinturón de seguridad en los coches, una medida que ya existía en 102 países. Por otro lado, 114 gobiernos se han unido al Programa Internacional de Evaluación de Carreteras (IRAP, por sus siglas en inglés), que evalúa la seguridad de sus carreteras y las clasifica según los parámetros que vayan cumpliendo.
  • Atención después de un accidente. Aunque la cifra de accidentes sea más difícil de bajar, uno de los factores esenciales para reducir el número de muertes es que haya un rápido protocolo de actuación en caso de incidentes. En este sentido, tal y como refleja la OMS, actualmente 109 países cuentan con un teléfono de atención de emergencias y 97 llevan a cabo formación específica en este sentido para los profesionales de atención prehospitalaria.
  • Unión de instituciones. En 2004, la ONU vio nacer la United Nations Road Safety Collaboration (UNRS), el organismo más importante que lucha por reducir el número de accidentes de tráfico y sus víctimas. Con el tiempo han ido surgiendo nuevas instituciones como World Bank's Global Road Safety Facility (2005), Road Safety Grants Programme (2012) o United Nations Road Safety Fund (UNRSF). El número de instituciones y países agregados ha ido creciendo hasta el punto de que la última edición de la Global Minsterial Conference on Road Safety reunió a 140 países.

Qué queda por conseguir

El epicentro de cualquier objetivo en cuanto accidentes de tráfico es bajar el número de víctimas. Y por ahora no se está consiguiendo: según el informe de la OMS citado anteriormente cada año se producen cerca de 1,35 millones de fallecimientos por esta causa. Y, pese a que las cifras relativas han caído mínimamente, las absolutas siguen subiendo. De los 175 países analizados, 104 superan sus cifras anuales. A este ritmo, asegura la OMS, no se alcanzará el objetivo de desarrollo sostenible número 3 de reducir a la mitad el número de muertes y lesiones antes de que acabe este año.

Fuente: Global Status Report on Road Safety 2018.
Fuente: Global Status Report on Road Safety 2018.

Además de la salud de los viandantes y conductores, existe otro factor que juega un papel esencial en esta área, el económico. Según el informe 'The High Toll of Traffic Injuries: Unacceptable and Preventable', de Bloomberg Philanthropies, los países que no invierten en seguridad vial se arriesgan a que su PIB caiga entre un 7% y un 22% en un período de 24 años. Y es que las muertes por accidentes de tránsito, al afectar principalmente a adultos en edad laboral, influye negativamente sobre la economía de dichos países, especialmente en aquellos que aún están en vías de desarrollo.

Seguridad vial para los escolares

Dentro de los ODS de la ONU, merece especial mención el número 11, que marca como meta que de aquí a diez años el sistema de transporte sea seguro, asequible, accesible y sostenible para todos, prestando especial atención a las personas en situación de vulnerabilidad, las mujeres, los niños, las personas con discapacidad y las personas de edad. Según un informe elaborado por la Fundación Abertis, en los países más pobres, los niños con lesiones graves y discapacidades provocadas por accidentes de tráfico a menudo empujan a sus familias a la pobreza o empeoran su situación, al verse obligadas a gastar sus ahorros, vender sus propiedades o renunciar a su empleo para cuidar de un niño afectado, en muchos casos, de forma permanente. Según este estudio, el 22% de las muertes de niños causadas por lesiones se debe a accidentes de tráfico.

Ante esta situación, Abertis decidió hace tres años aliarse con Unicef en países como Jamaica, Filipinas o Brasil para impulsar medidas que mejoren la seguridad vial de los niños, proporcionándoles un acceso más seguro a las escuelas. Este 2020 la actividad ha sido especialmente intensa en Brasil, donde la iniciativa conjunta 'Geração que Move' tiene como objetivo promover la movilidad segura e igualitaria de niños y adolescentes en Río de Janeiro y Sao Paulo, las dos mayores ciudades del país, que son especialmente sensibles a los accidentes de tráfico.

El objetivo es mejorar las infraestructuras como aceras deficientes, alumbrado insuficiente o la inexistencia de una zona de velocidad reducida. El programa implica a adolescentes que se encargan de realizar un diagnóstico y mapeo de los problemas que se encuentran a diario de camino al colegio. Además, se han puesto en marcha programas y campañas de concienciación así como la formación de trabajadores públicos que ayuden a mejorar la movilidad urbana.

Este año se ha trabajado en esta línea aunque la pandemia mundial ha trastocado los objetivos finales. Con las escuelas cerradas, Abertis y Unicef han enfocado sus esfuerzos a la compra de recursos tecnológicos para la formación en remoto de los niños, la mayoría de los cuales está en situación de vulnerabilidad y sin acceso a teléfonos móviles o internet; a la compra y transporte de artículos de higiene y de primera necesidad para familias vulnerables; y a las subvenciones para jóvenes y adolescentes mermados por el impacto financiero de la pandemia.

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