Acosada por problemas más "terrenales"

La Iglesia polaca se queda sin almas

Tradicionalmente, se asocia Polonia con la imagen de un país muy católico y con una sociedad que sigue los dictados de la Iglesia. Pero cada vez es menos así

Foto: Celebración del Corpus Christi en Varsovia. (EFE)
Celebración del Corpus Christi en Varsovia. (EFE)

La Iglesia polaca se enfrenta a un montón de problemas terrenales que están socavando su autoridad, su poder y su apoyo entre los polacos. En el pasado reciente, esta institución se relacionó con la resistencia ciudadana contra el comunismo; hoy día, aparece en las portadas por escándalos de pederastia, sus turbias relaciones con el poder y expresiones de odio e ignorancia que van de lo cómico —quemar libros de Harry Potter— a lo grotesco —"el 'problema' LGBT es similar al nazismo", ha dicho el arzobispo de Cracovia—, pasando por lo inverosímil —"es imposible contagiarse del coronavirus en misa porque es un acto sagrado", dijo un cura polaco—.

Estos días se está celebrando el mayor juicio contra un clérigo pederasta en la historia del país. En la vista, se tratan nada menos que 22 denuncias de abusos a menores en varias parroquias. Este proceso pone de manifiesto varias cosas: que el presunto criminal pudo delinquir durante mucho tiempo y en varios lugares porque, como es habitual, en vez de ser retirado del servicio fue trasladado a otras parroquias por sus superiores; y que casos como este ya no se resuelven (al menos no siempre) con una entrevista privada entre el cura y los padres, indemnización económica mediante.

Cuando hace un par de años el Gobierno polaco publicó una base de datos accesible para todo el mundo que mostraba la identidad y domicilio —y en muchos casos, también la fotografía— de los condenados por agresiones sexuales a menores en este país, dejó fuera de la lista a 56 de estos delincuentes por una razón: eran curas.

Al mismo tiempo, llegaba a Gdansk una delegación del Vaticano para investigar las acusaciones contra el arzobispo de esa ciudad, acusado durante años de vender cargos y favores, así como de continuados abusos de poder. También se siguen descubriendo detalles sobre un cura suspendido de sus funciones por propagar el antisemitismo, negar el Holocausto y difundir mensajes de odio contra otras religiones y minorías. Por su parte, el arzobispo de Cracovia se despacha cada domingo hablando de la "plaga arcoíris de los LGTB", el "muy peligroso ecologismo, contrario a la Biblia" y atacando a la adolescente Greta Thunberg.

Cerca de su diócesis, se está empezando a construir el primer Centro Nacional de Formación de Exorcistas (también hay una revista mensual, 'Egzorcista', dedicada a las posesiones demoníacas). En sus portadas, la revista 'Polonia Christiana' se despacha con titulares como "¿Tenemos derecho a defendernos?", "No es el momento de usar bajo calibre" o "¿Estás preparado?", junto a imágenes de una mano empuñando un revólver, un grupo de soldados con bayoneta y el rostro de un guerrillero tiznado de camuflaje y atándose una venda en la frente. Nada de poner la otra mejilla o ayudar a los necesitados: en otro número, un encapuchado de piel morena porta una bomba de relojería junto al titular: "Inmigrantes, la quinta columna del califato".

Una procesión del Corpus Christi en Varsovia. (EFE)
Una procesión del Corpus Christi en Varsovia. (EFE)

Tradicionalmente, se asocia Polonia con la imagen de un país muy católico y con una sociedad que sigue los dictados de la Iglesia. Hasta cierto punto, esto sigue siendo cierto, pero cada vez menos.

Si bien uno de cada cuatro nuevos curas europeos es polaco (unos 350 de un total de 1.270), cada año hay más sacerdotes que deciden colgar los hábitos en este país: 739 en el año 2017 (el último con datos disponibles). En los últimos 20 años, se ha pasado del 50% al 30% de asistencia a la misa dominical, y la película 'Kler' ('Clero'), que muestra la historia basada en hechos reales de varios curas pederastas, codiciosos, borrachos y mujeriegos, es la más vista en los cines polacos desde que hay democracia. Varias escenas del filme se rodaron en la República Checa por la negativa de la Iglesia polaca a colaborar. Por su parte, el reciente documental 'No se lo digas a nadie', financiado con el dinero de voluntarios, fue todo un bombazo en Netflix e incluye los escalofriantes testimonios reales de varios curas polacos que admiten sin rubor sus depredaciones y ataques sexuales contra menores. En encuestas recientes, un tercio de los polacos dice que nunca va ni irá a misa, más de la mitad asegura no confiar en la Iglesia y el 80% de los polacos piensa que la "Santa Madre" no hace lo suficiente para defender a los niños de sí misma.

La desconexión de la Iglesia con la realidad terrenal afecta también a uno de los problemas más acuciantes del momento: el coronavirus. Una pandemia que, por definición, puede afectar a cualquiera, fue definida por el padre Leonard Wilczyński, de Wrocław, como “un castigo por los abortos y la homosexualidad”, enviado a través de los chinos, "gente sucia que come murciélagos y fetos muertos". ¿El desliz de una oveja negra? El arzobispo de Częstochowa se refirió al covid-19 como a “solo una gripe más” y que más vale preocuparse por problemas más acuciantes como las “guerras de género”. El arzobispo de Szczecin, Andrzej Dzięga, animó a los fieles a “no tener miedo” del virus porque “Cristo no propaga gérmenes” y por tanto “no hay nada que temer en el agua bendecida”. Incluso Szymon Hołownia, un candidato presidencial declaradamente católico, calificó estas palabras de “cumbre de la estupidez y la inconsciencia”.

Miles de maestros-sacerdotes sin formación

Con este panorama, muchos se preguntan por qué aún hay 31.000 maestros sacerdotes en las escuelas públicas de este país. Los 500 millones de euros anuales que cuestan a los contribuyentes son difíciles de justificar, teniendo en cuenta que muchos de estos docentes no tienen formación pedagógica ni específica en ninguna materia, que cada vez menos padres optan por incluir la religión en los estudios de sus hijos y que los maestros que consiguieron su trabajo en una oposición cobran en algunos casos menos que una cajera de supermercado porque ante sus demandas salariales el Gobierno replicó que no había “dinero para eso”.

Una procesión de Corpus Christi en la ciudad de Witow (Polonia). (EFE)
Una procesión de Corpus Christi en la ciudad de Witow (Polonia). (EFE)

Cualquier servicio religioso tiene un precio más o menos oficial, lo que unido a los donativos de los fieles —que entran en las arcas de la Iglesia eludiendo la vigilancia fiscal— reporta miles de millones de euros al año en negro: el propio arzobispo de Varsovia calculó en 2013 que esta cantidad era, en aquel entonces, de unos 1.700 millones de euros.

Choques con el Vaticano

La falta de sintonía de la alta jerarquía eclesiástica polaca no es solo para con sus fieles. El papa Francisco es visto como demasiado progresista y abierto por muchos curas polacos. Tanto es así que un cura de Cracovia llamó al pontífice de “cuerpo extraño” en la Iglesia que debería “abrir su corazón al Espíritu Santo”. Tras estas palabras, el sacerdote cracoviano remató su homilía diciendo: “Siempre puedo pedirle a Dios una muerte feliz para él, porque una muerte feliz es una gran gracia”.

Desde el púlpito radiofónico de la red de emisoras Radio Marija, el inefable padre Rydzyk, propietario de un imperio económico que incluye un canal de televisión, escuelas privadas, una universidad en construcción e inversiones millonarias en la mayor cadena de tiendas de conveniencia de Polonia, alienta la violencia contra lo que él llama "ovejas descarriadas" con insultos y amenazas. Tal vez marcado por su pasado de hijo ilegítimo que no fue admitido en el seminario por mala conducta y que desapareció durante meses en un viaje para conocer a Juan Pablo II, Rydzyk cultiva un odio poco clemente contra sus correligionarios si osan enfrentarse a él. En el pasado, llamó “bruja que debería suicidarse” a la esposa del ex primer ministro Lech Kczynski (a quien calificó de “chaquetero que agacha la cabeza ante el 'lobby' judío”), y en el presente es tal la ristra de incongruencias con la fe católica que ha soltado, como la petición de la pena de muerte, que incluso el Vaticano le ha reconvenido en varias ocasiones, exigiéndole entre otras cosas que se abstenga de hacer política.

Ceremonia de los 100 años del papa Juan Pablo II. (Reuters)
Ceremonia de los 100 años del papa Juan Pablo II. (Reuters)

Incluso la figura de Juan Pablo II, santificado en tiempo récord, ha sido cuestionada recientemente. Una muy cercana relación epistolar con una antigua amiga de la juventud, conexiones supuestas con la CIA y comprobadas con el Opus Dei, y sobre todo las repetidas maniobras para tapar el torrente de denuncias de abusos sexuales en todo el mundo, a las que prestó oídos sordos mientras estrechaba la mano de Marcial Maciel y saludaba junto a Pinochet desde el balcón del Palacio de la Moneda... A pesar de todo, el retrato de Karol Wojtila cuelga de muchas paredes polacas y está más presente que el del actual papa.

Los años en que Wojtila dirigía la Iglesia coincidieron con la lucha de este país por la democracia, y es precisamente en esos años cuando la Iglesia apuntaló su prestigio como defensora del pueblo. Un apoyo que no salió gratis: en 1989, la Komisja Majatkowa, creada en los últimos estertores del Gobierno comunista, intentó congraciarse con la Iglesia declarándola exenta de impuestos para siempre, reconoció su derecho a ser compensada por la “pérdida” de 2.400 km2 de tierras (una superficie mayor que Guipúzcoa) y falló en favor de la Iglesia en más de 3.500 casos, cuando solo se habían presentado 3.000 reclamaciones. Además, para curarse en salud, se decretaba la irrevocabilidad de esta resolución y la nulidad de cualquier fallo jurídico de cualquier clase y en cualquier momento contra ella.

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