CASI UN 50% PIENSA QUE ES UNA CONSPIRACIÓN

Moraleja polaca: no infectarse a la entrada no significa que no lo hagas a la salida

Polonia cerró sus fronteras y gracias a ello retrasó el pico de infecciones. Pero una serie de decisiones arriesgadas y una 'vuelta a la normalidad' precipitada han cambiado la situación

Foto: El presidente Andrzej Duda, en un baño de masas el pasado 9 de junio pese al coronavirus. (Reuters)
El presidente Andrzej Duda, en un baño de masas el pasado 9 de junio pese al coronavirus. (Reuters)

Polonia cerró sus fronteras al comienzo de la pandemia y gracias a ello retrasó el pico de infecciones. Hasta hace poco, el primer ministro polaco aparecía en la televisión pública junto a un muro de pantallas que comparaban las pavorosas cifras del virus en el resto de Europa con la baja incidencia en Polonia. Pero una serie de decisiones arriesgadas, los intereses políticos y una 'vuelta a la normalidad' precipitada han cambiado la situación: ahora Polonia es el país con más nuevos casos diarios de la Unión Europea. Cuando en España se registran actualmente unos 300 nuevos casos al día, Polonia ha detectado unos 600 durante varios días seguidos.

Al igual que las comparaciones entre países —donde España se usaba como 'terrorífico ejemplo' para asustar a los ciudadanos—, el 'premier' polaco y su ministro de Salud han dejado de prodigarse en sus aventuradas afirmaciones sobre la futura evolución del virus en este país. “Esperamos 200, quizá 300 casos al día en la peor fase”, dijo Morawiecki en un programa de radio; “hoy habrá unos 200 casos”, tuiteó el ministro el día en que se llegó a 600. En mayo, Andrea Amon, director del Centro de Prevención y Control de Enfermedades de la UE, advirtió de que Suecia, el Reino Unido y Polonia aún no habían controlado la pandemia. Hoy, Polonia es el único país europeo en esta situación.

Los números, a pesar de ser bajos comparados con los países “devastados” (Morawiecki 'dixit') de Europa occidental, no paran de crecer y se han superado ya los 1.200 muertos. En todas las ciudades polacas, la práctica totalidad de los negocios y servicios están abiertos desde hace semanas y, aunque se pide a los ciudadanos que usen mascarilla en lugares cerrados, es normal ver a cajeras de supermercados, dependientes y trabajadores haciendo caso omiso.

El mayor foco está en las minas

El propio Morawiecki mostraba en Twitter las fotos de su almuerzo con un grupo de políticos en un restaurante de Varsovia, sin guardar las distancias recomendadas ni usar protección. Las elecciones presidenciales se celebrarán en este mes y todos los candidatos recorren el país dando mítines en los que se chocan manos, se abraza a simpatizantes, se besa a niños y se habla de todo menos de la pandemia. Da la impresión de que el Gobierno ha metido la quinta marcha mucho antes de coronar el puerto.

El ejemplo de las minas de carbón de Silesia, donde se siguen detectando la mayoría de los casos del país, sirve como ejemplo de cómo se está afrontando la crisis del coronavirus en Polonia. En primer lugar, el hecho de que se trate del mayor foco de infección (66% de los nuevos casos al principio, ahora el 50%) sirve como excusa para minimizar la presencia del virus. “Si no fuera por las minas”, dijo el ministro de Sanidad, "el virus estaría bajo control".

En las 12 minas de Silesia, el 10% de los mineros ha dado positivo, pero solo recientemente se ha anunciado que se van a cerrar temporalmente algunas explotaciones, las más pequeñas, con menos infectados y más deficitarias económicamente, con el Estado pagando el sueldo íntegro a los mineros durante ese tiempo. Se trata del único grupo profesional con este privilegio, ya que para el resto de la población afectada por la crisis se mantiene el sistema de subsidios por desempleo, que va de los 85 a los 190 euros como máximo y durante no más de tres meses.

En el resto del país, las 20.000 pruebas diarias que se prometieron hace meses se cumplen en contadas ocasiones y dado que, precisamente, gran parte de esos test se hacen a pie de mina en Silesia, la conclusión es que los 28.000 test por millón de habitantes (menos que en Serbia, Azerbaiyán o Venezuela) son aún menos entre el resto de la población. Por otro lado, si la gestión del brote en Silesia, con muestras y registros duplicados, extraviados o incorrectos, es una muestra de la capacidad de reacción del Gobierno a nivel regional, el caos podría multiplicarse a nivel nacional si la expansión del virus continúa a este ritmo.

La campaña electoral en marcha es otro factor que puede provocar un empeoramiento de la situación. Tras suspender, con solo tres días de antelación y de una manera irregular, los comicios presidenciales del mes pasado, ahora se ha vuelto a convocar a los polacos a las urnas para finales de mes. En las portadas, noticiarios y el debate público, el coronavirus ha pasado a segundo plano y el presidente Duda difunde en las redes sociales vídeos en los que, sudoroso, se da baños de multitudes y el resto de candidatos compiten por reunir la mayor multitud posible en sus mítines por todo el país.

La conspiración mundial contra Polonia

“Cuando los ciudadanos ven que los bares están abiertos, que los políticos no tienen la disciplina que ellos mismos predican y que se anuncia el fin de las restricciones como un logro nacional, es casi natural que la gente piense que los polacos somos inmunes, que ya ha pasado todo o, lo que es peor, que ni siquiera hay una pandemia ahí fuera”, dice a El Confidencial un médico de una clínica privada de Cracovia que prefiere no ver su nombre citado.

El presidente polaco, Andrzej Duda. (Reuters)
El presidente polaco, Andrzej Duda. (Reuters)

En efecto, según una encuesta reciente, casi la mitad de la población polaca dice creer que tras el coronavirus hay algún tipo de conspiración internacional o gran mentira que se les oculta, y en otra consulta entre 30 países en donde se preguntaba en quién se confía más para capear la crisis del covid-19, Polonia quedó en último lugar en su valoración de los profesionales sanitarios: un 70% frente al 95% de España. Esta sorprendente actitud se debe “a la tradicional desconfianza polaca hacia cualquier grupo de poder y a la escasa y parcial información que el Gobierno ha difundido sobre el virus”, afirma el doctor.

La confusión sobre las normas a seguir y las dudas sobre su legalidad han servido como excusa a muchos ciudadanos para no seguir absolutamente ninguna, y desde el comienzo de la pandemia se puede ver a deportistas callejeros y grupos de personas sin protección por la calle e incluso apartamentos turísticos que han permanecido abiertos sin interrupción de manera ilegal. Un ejemplo más: mientras que el ministro de Sanidad aconsejaba que “no se hagan planes para las vacaciones de verano”, otro miembro del Gobierno anunciaba un cheque de 125 euros a cada trabajador polaco para irse de vacaciones. Una oferta que se ha doblado como promesa electoral del presidente, Andrzej Duda.

Las ayudas europeas para recuperarse de la crisis han sido extremadamente beneficiosas para Polonia que, como cuarto mayor beneficiario de este fondo, recibirá más dinero que Francia o Alemania. En esta ocasión, en vez de regodearse con la mala situación de sus generosos socios europeos, el Gobierno anunció que los 37.700 millones de euros “son solo el comienzo” y que se otorgaron tras las demandas de Duda a Bruselas para “hacer Europa grande otra vez”, parafraseando el lema de Donald Trump. Como contrapartida, Varsovia participa con menos de un millón en la investigación internacional de la vacuna contra el virus, mientras que, por ejemplo, España participa con 30 y Francia o Alemania han comprometido 500 millones.

Cuando hace unos meses la mayor parte de los países cerraron sus fronteras internacionales para 'frenar la curva', ya era demasiado tarde y quedó patente el acierto de Polonia y otros países del centro y este de Europa al adoptar esta medida rápidamente. Según todos los expertos, esa fue la clave para poder controlar la pandemia en estos países. Varias semanas y cientos de miles de muertos después, Polonia acaba de anunciar la reapertura “en cuestión de días” de sus fronteras. En unas declaraciones de radio, ante la pregunta de si volverán las restricciones, el ministro de Sanidad respondía: “Podría ser, porque los polacos ya se han olvidado de que hay una pandemia”.

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