"Tienen el cerebro lavado": la cruzada de Suecia contra las mascarillas
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"como si no pasara nada"

"Tienen el cerebro lavado": la cruzada de Suecia contra las mascarillas

El país se queda cada vez más solo en la teoría de rechazar reste elemento de protección individual contra la pandemia causada por el coronavirus

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"Tienen el cerebro lavado": la cruzada de Suecia contra las mascarillas

“Bajé del tren y vi a todo el mundo en el andén sin mascarilla. Fue un choque que creo que recordaré siempre; un impacto visual muy fuerte”, relata Jordi Rodó, que llegó a Lund, una ciudad universitaria en el sur de Suecia, a mediados de junio, después de haber pasado el confinamiento en Barcelona. Su experiencia sirve de ejemplo para evidenciar el contraste entre España y Suecia durante la pandemia. La primera sorpresa se la llevó ya en el Aeropuerto de Copenhague, donde había personal trabajando sin mascarilla y, luego, llegó la sensación de que todo el mundo actuaba “como si no pasara nada”. “Al llegar a Lund, cuando bajé del tren, me acuerdo de pensar: "Pero ¿qué hacen? ¡Están locos, se infectarán en masa!”, continúa. “Al principio estaba escandalizado, pero pasadas unas semanas, te relajas”, admite.

La situación en Suecia desde mediados de junio no ha cambiado mucho. Cruzarse por la calle con alguien que lleve mascarilla sigue siendo muy raro, casi anecdótico. También en el supermercado, en el autobús, o en el tren. Es algo más fácil comprar mascarillas que hace dos meses, pero aun así, sigue habiendo farmacias que no tienen. En Lund, los principales clientes son los estudiantes internacionales, explica una boticaria de una farmacia del centro de la ciudad.

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Hasta hace bien poco, la ausencia de mascarillas no era algo exclusivo de Suecia, sino que era común en todos los Países Nórdicos, ya que las autoridades sanitarias no recomendaban su uso. Sin embargo, en los últimos días, debido al aumento de nuevos contagios y en vistas de un retorno a la normalidad tras las vacaciones, se ha hecho evidente un cambio de postura en la mayoría de los países, a excepción de Suecia, que se ha quedado sola en su rechazo a la mascarilla.

En Dinamarca, la autoridad de Sanidad Pública recomienda ahora utilizarla en el transporte público si no hay manera de guardar la distancia de seguridad y también en otras circunstancias, por ejemplo, a la vuelta de alguno de los países considerados de riesgo. En Islandia, el Gobierno obliga a llevar mascarilla cuando no se puedan mantener dos metros de distancia, no solo en el transporte público, sino también en peluquerías y otros negocios que requieran proximidad. Y tanto en Noruega como en Finlandia, las autoridades sanitarias contemplan la posibilidad de recomendarlas en caso de que los contagios aumenten significativamente.

Solitaria cruzada antimascarillas

En Suecia, sin embargo, la Agencia de Salud Pública ha adoptado una postura más beligerante contra las mascarillas, asegurando que no hay suficiente base científica para recomendar su uso entre la población. Y es en Suecia donde la cuestión ha generado más debate y se ha convertido en un elemento más de polémica dentro de su controvertida estrategia contra la pandemia.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) aconseja a los gobiernos que recomienden el uso de las mascarillas en ambientes donde la distancia social no es posible, y también lo hace el Centro Europeo de Prevención y Control de Enfermedades (ECDC por sus siglas en inglés), que tiene la sede en Estocolmo. En una entrevista reciente en la cadena sueca SVT, el director científico del ECDC, Mike Catchpole, admitió que las evidencias de que las mascarillas pueden limitar la propagación de la infección eran débiles antes de la pandemia, pero afirmó que ahora existe mucho más conocimiento. “Con el tiempo, las evidencias han aumentado y ahora estamos mucho más convencidos de que usar protectores faciales puede limitar esta pandemia”, dijo subrayando que esta es una medida dentro de un conjunto de medidas entre las que la distancia es la más importante.

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En un artículo de opinión publicado la semana pasada en el periódico 'Aftonbladet' –el de mayor tirada y de tendencia socialdemócrata–, un grupo de científicos críticos con la gestión de pandemia en Suecia (conocido como el ‘Grupo de los 22' porque empezaron siendo 22 miembros) pidieron la recomendación de las mascarillas, argumentando que las evidencias científicas “ahora son extensas”.

No creía en las mascarillas [en enero]. Desde entonces, hemos aumentado enormemente el conocimiento. Estaba equivocado

Una de las principales voces críticas es la de Björn Olsen, renombrado experto en enfermedades infecciosas, que ha cambiado su opinión respecto a la protección facial. “No creía en las mascarillas [en enero], pero hay que ponerlo en contexto. Desde entonces, hemos aumentado enormemente el conocimiento. Estaba equivocado; la Agencia de Salud Pública estaba equivocada; muchos estaban equivocados. Pero tienes que estar preparado para cambiar”, manifestó en una entrevista también al Aftonbladet. “Puede prevenir la infección, no en un 100%, pero quizá en un 60%. Junto con otras medidas, puede ser bastante positivo”, añadió.

El epidemiólogo enrocado

Pero el epidemiólogo estatal de Suecia y principal gestor de la epidemia, Anders Tegnell, ha repetido una y otra vez que todavía no existen suficientes evidencias científicas, y en los últimos días ha reiterado que solo cambiará su postura si hay un aumento significativo de las infecciones en el país o si aparecen evidencias científicas sólidas de que las mascarillas ayudan a prevenir la propagación del virus.

“Algunos países han llegado a la conclusión de que en ciertas situaciones no es posible mantener la distancia porque el transporte público está congestionado, y lo han complementado con mascarillas. Pero en Suecia no tenemos esta situación; creemos que podemos mantener las distancias”, afirmaba recientemente Tegnell a la emisora de radio pública Sveriges Radio.

El epidemiólogo Anders Tegnell, responsable de la estrategia sueca con el coronavirus. (Reuters)
El epidemiólogo Anders Tegnell, responsable de la estrategia sueca con el coronavirus. (Reuters)

Tegnell ha argumentado en varias ocasiones que recomendar el uso generalizado de la mascarilla puede conllevar más perjuicios que beneficios, ya que puede generar una falsa seguridad y animar a salir a la calle a pesar de no encontrarse bien, desoyendo la principal directriz de las autoridades sanitarias suecas: quedarse en casa ante el menor síntoma de infección. Además, la Agencia de Salud Pública sueca considera que llevar mascarilla puede incrementar el riesgo de infección porque provoca que quienes la llevan se toquen la cara más a menudo.

Responsabilidad individual

El eje sobre el que ha girado la estrategia sueca durante la pandemia –no ha habido grandes restricciones y la sociedad se ha mantenido abierta– ha sido la responsabilidad individual. “En Suecia es muy importante la responsabilidad individual. Yo intento hacer lo que a mí me corresponde, que en este caso es no acercarme a la gente”, explica Monica Wahlström, que defiende la postura de la Agencia de Salud Pública. Ella vive en Umeå, la décima ciudad sueca, y considera que en estos momentos es “absurdo” usar mascarilla en la calle, donde se puede mantener la distancia de seguridad. Sin embargo, admite que podría planteárselo si el transporte público empieza a abarrotarse.

Calles en la ciudad de Visby, en la isla sueca de Gotland, este julio. (Reuters)
Calles en la ciudad de Visby, en la isla sueca de Gotland, este julio. (Reuters)

Según Tegnell, hasta ahora esto no ha sido un problema, ni siquiera en Estocolmo, la capital, aunque desde que empezó la pandemia se han ido publicando imágenes en medios suecos y en redes sociales de autobuses repletos en los que era imposible mantener un metro y medio de distancia. Ahora, el Gobierno está preparando un protocolo para garantizar que el transporte público sea seguro cuando vuelva a reactivarse la sociedad tras las vacaciones.

“Si llevas mascarilla, te miran muy raro”

Uno de los colectivos más crítico ante la ausencia de mascarillas ha sido el de internacionales que viven en Suecia, algunos de ellos unidos en un grupo que han denominado ‘Save Sweden covid-19’. Andreia Rodrigues, portuguesa, es una de sus líderes. “No tenemos el cerebro lavado como mucha gente de este país”, asevera.

Sus esfuerzos están ahora centrados en una campaña a favor del uso de la mascarilla, argumentando que puede salvar vidas. “No somos unos pocos, somos muchos”, repiten diferentes personas en un vídeo que han distribuido a través de las redes sociales. Según Rodrigues, los que llevan mascarilla en Suecia son, o bien extranjeros o suecos con conexiones en el extranjero, o bien personas de grupos de riesgo, pero la gran mayoría no se atreve a usarla debido a la presión social. “Por ejemplo, no consigo que mi novio sueco se ponga la mascarilla. Está de acuerdo en que es una buena medida, pero cuando vamos a algún sitio, simplemente finge que no me conoce”, narra. “Si llevas mascarilla, lo más normal es que te miren muy raro”, asegura, y añade que hay gente del grupo que incluso ha recibido insultos o ataques. “Sobre todo si van en grupo, te miran, se ríen y tosen cerca de ti", lamenta. "Viven en una burbuja”.

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