Dentro del campo de Moria (Grecia)

Diario de una cuarentena macabra en el mayor campo de refugiados de Europa

Nadie entra en el mayor campo de refugiados de Europa desde hace semanas, cuando se puso en cuarentena a una población de 20.000 personas en un lugar pensado para acoger a 3.000

Foto: Foto: André Naddeo / UOL
Foto: André Naddeo / UOL

¿Cuántos de los refugiados en el campo de Moria están infectados por el coronavirus? ¿Uno? ¿Ninguno? ¿Diez mil? No lo podemos saber porque nadie entra en el mayor campo de refugiados de Europa desde hace semanas, cuando se decidió poner en cuarentena a una población de 20.000 personas en un lugar pensado para acoger a tres mil.

Europa responde al drama de los refugiados con una broma macabra que obliga a guardar distancia en el hacinamiento y a recomendar medidas de higiene en un erial sin agua. Moria es una bomba de relojería, donde conviven hombres y mujeres, ancianos y niños sin la más mínima protección ante un virus que no hace sino empeorar aún más la vida de miles de personas que huyen de la violencia y de una muerte que, al final, les puede sorprender en la vieja Europa.

De esto se habla en el diario de un refugiado afgano, al que vamos a llamar Mustafa Nazari, un nombre ficticio por seguridad. Un joven de 20 años que llegó hace cuatro meses a Grecia con su padre y dos hermanas desde Afganistán. Un chico alegre, inteligente, formado, con un inglés impecable que aprendió "de los libros y en internet, por mi cuenta”.

"¿Se puede hablar de cuarentena cuando te obligan a hacer una cola interminable con gente tosiendo y estornudando a tu alrededor?" Esta es alguna de las preguntas que Mustafa se hace, indignado, por lo que entiende un trato vejatorio a las personas que un día decidieron abandonar su casa para lograr sobrevivir en algún país de Europa.

***

Mustafá vive en los alrededores de Moria, un pueblo de mil habitantes en la isla griega de Lesbos, en el mar Egeo. El enclave es una zona de colinas salpicada de olivos donde, inicialmente, se construyó un espacio diseñado para tres mil personas; pero que ya es el hogar de unos 20 mil solicitantes de asilo. Es la puerta de entrada a Europa. Turquía no pilla lejos, a unos 20 kms, tan cerca que cuando se mira hacia el mar, es posible ver la costa turca y muchas veces el móvil cambia rápidamente la señal al “modo Erdogan”. En fin, es el mayor campo de inmigrantes del Viejo Continente.

Los solicitantes de asilo provienen de países como Siria, Somalia y Congo, pero la gran mayoría, a día de hoy, son de Afganistán. Los que han tenido “suerte”, malviven en contenedores dentro del "campo oficial de Moria". A los demás, les toca sobrevivir en la “jungla”, es decir, en los alrededores donde miles de personas viven en condiciones precarias e insalubres.

El campamento de refugiados de Moria, en Lesbos. (André Naddeo / UOL)
El campamento de refugiados de Moria, en Lesbos. (André Naddeo / UOL)

Hasta el momento ha habido ocho casos confirmados de covid-19 en la isla de Lesbos, ninguno de ellos en Moria. Sin embargo, el hacinamiento del campo no deja dudas: Moria es una bomba de relojería. La organización Médicos Sin Fronteras (MSF) ya urgía, antes de la cuarentena oficial en todo el territorio griego, a la evacuación de Moria, “una tormenta perfecta para un brote de covid-19”. Una tragedia anunciada. Una muy probable catástrofe humanitaria.

Para cualquiera de los hombres y mujeres que viven allí, una cuarentena en casa con calefacción, agua y jabón en abundancia, con la familia haciendo videos desde la terraza, cantando y comunicándose con los vecinos para publicar en las redes sociales, no sería un fastidio sino el mejor de los sueños.

Para ellos la cuarentena es una broma de mal gusto cuando resulta difícil tener un techo bajo el que cobijarse y se tienen que hacer colas interminables sin el distanciamiento adecuado para conseguir un plato de comida y te enfrentas, incrédulo, ante anuncios con instrucciones para lavarte las manos durante 30 segundos sin que puedas encontrar agua corriente en los grifos públicos.

Así es la vida en Moria, llena de ironías surrealistas y una cuarentena que más que una medida sanitaria es un insulto a la humanidad.

Mustafá Nazari ha plasmado, a modo de diario, sus reflexiones durante la primera semana de restricciones totales dentro del campamento de refugiados de Moria.

20 de marzo y el anuncio oficial

“Hola, soy un joven que huyó desde Afganistán por las mismas razones que la inmensa mayoría: la violencia y la guerra diaria en nuestro país. Tengo 20 años y vivo en Moria con mi padre y dos hermanas. La más pequeña tiene cuatro años y la otra trece. Hemos dejado nuestro país porque temíamos por nuestras vidas. Estuvimos seis meses entre Irán y Turquía antes de llegar a Grecia en diciembre del año pasado. Así que llevamos cuatro meses en el campo de Moria.

Estábamos sentados dentro de nuestra casita de madera cuando anunciaron por los altavoces: “Quedaos en casa, prestad atención a vuestra higiene personal, utilizad mascarillas y evitad ambientes con muchas personas para que no se propague el coronavirus”.

Desde ahora y durante al menos 30 días vamos estar en cuarentena. Nadie entra, nadie sale de Moria, anunciaron. Solo tenemos autorización para ir al mercado, pero hay que pedir permiso a la policía y solo un miembro de cada familia puede salir una vez por semana. Entre las 7:00 de la mañana y las 7:00 de la tarde. El desplazamiento sólo puede hacerse en taxi. ¿Te escapaste? ¿Te han pillado? Multa de 150 euros.

Un refugiado con una mascarilla en Moria, Grecia (André Naddeo / UOL)
Un refugiado con una mascarilla en Moria, Grecia (André Naddeo / UOL)

“Que se vayan a la mierda”, dijo Hashim, mi amigo. Y pensé: “creo que el coronavirus tiene miedo a los afganos, no hay otra explicación para entender que este virus no haya llegado aún aquí”. Dejadme explicaros una cosa que es un poco nuestra mentalidad. Los afganos pensamos que “no puede pasar nada peor porque ya estamos viviendo lo peor”. Os recuerdo que somos la gran mayoría entre los refus aquí, un 75% de los habitantes de Moria vinieron desde Afganistán.

Puedo entender perfectamente a mi amigo. Tenemos problemas mucho más grandes que un virus. El estrés diario ya es demasiado para nosotros. Esperar es la parte más complicada para un solicitante de asilo. Mi entrevista oficial, por ejemplo, no la haré hasta finales de 2021.

Es decir, yo tengo que esperar casi dos años con mi familia para saber si nos van a aceptar o no en Grecia. No tenemos ni idea de lo que va a pasar mañana en nuestras vidas. ¿Todo el esfuerzo para llegar aquí habrá sido en vano? ¿Entendéis ahora que tenemos otras preocupaciones? No es que el covid-19 no nos preocupe, simplemente la cabeza funciona de manera distinta cuando se vive en Moria.

Veo que la administración ha pegado carteles por el campo explicándonos lo que debemos hacer para no infectarnos. Son informaciones sobre cómo hay que lavarse las manos ocho veces al día, la conveniencia de no aglomerarse; orientaciones que ya conocemos de sobra. No sé. Creo que piensan que somos tontos o que no nos enteramos de lo que pasa en el mundo. Pues lo sabemos perfectamente. Además, amigos míos, hay mucha hipocresía. Esto es un campo de refugiados, no os olvidéis.

Os explico: tres veces al día solemos hacer cola para la comida. Son dos o tres horas esperando por un plato de pasta o arroz. Dos o tres horas de fila con un montón de gente respirando, tosiendo y estornudando cerca unos de otros. Entonces ¿no deberíamos recoger más nuestra comida? ¿Es esto lo que quieren? ¿Podéis entender ahora por qué mi amigo ha mandado a todos a la mierda?

Tenemos claro que cuando llegue este virus, si no ha llegado, vamos a tener un brote. ¿Qué podemos hacer? En cada chabola hay como mínimo ocho personas viviendo juntas. No tenemos otra opción. Esta idea de cuarentena no existe en Moria. Esta es la verdad.

21 de marzo: Feliz año!

En nuestro segundo día de cuarentena en Moria hemos celebrado el Nowruz Mubarak. Significa feliz año nuevo en nuestra lengua materna, el farsi, o persa, como prefiráis. Es el primer día de nuestro calendario. Es la primera vez que me toca el Nowruz en una cuarentena.

Tenía pensado ir a la playa, que está muy cerca de aquí, para celebrar esta fecha tan importante. Afganistán es un país que no tiene salida al mar, por eso es lógico pensar que a un chico como yo le fascine el mar. Hay mucha gente en Moria que vio el mar por primera vez en la vida al atravesar el Egeo desde Turquía, en estas pateras que vosotros veis por la televisión.

Por supuesto que no hemos ido a la playa. Mientras haya cuarentena tienes autorización para dejar Moria solo si te pasa algo muy importante o muy necesario. Todavía nadie nos ha explicado lo que es muy importante o muy necesario. ¿Si se está muriendo alguien podemos salir? Pero esto ya está pasando, amigos, de manera lenta y gradual. En fin.

En Afganistán el Nowruz se celebra en la naturaleza. No nos ha quedado otra que hacer picnic en los olivares. Es verdad que cortamos los árboles y hacemos hogueras para cocinar y disfrutar un poco. Los locales nos critican por eso.

Una de las raciones de comida que reciben en el campo. (André Naddeo / UOL)
Una de las raciones de comida que reciben en el campo. (André Naddeo / UOL)

Sin embargo, en Moria no hay fogones, no hay cocina, no hay estufa. La comida que nos dan es una mierda y hace frío. ¿Tú no harías lo mismo para dar de comer y calentar a tu família? En nuestro grupo solemos poner cada uno dos euros por día para comprar algo en los mercados cercanos y cocinamos nosotros. Con la leña de los olivos. Para leer este diario sobre todo tienes que ponerte en nuestro lugar, por favor. Y ahora ni siquiera podemos salir…

Aunque sin playa, ha sido increíble. Muchas familias y niños celebrando juntos la fecha más importante del año. Los campos estaban adornados con flores blancas y rojas que la gente había cogido de las cercanías. Tenía la impresión de estar en un carnaval con tantos colores mezclados con la arcilla y el blanco, verde y azul de los tejadillos de las chabolas. Por un momento me he sentido feliz y contento. ¡Feliz año a todos!

22 de marzo: y más ironias…

Me despierto y veo en mi móvil que hoy es el día internacional del agua. Me parece genial que se celebre el día del agua. ¿Cómo no? El tema es que justo en este día, irónicamente, no nos han dado... agua. Han quitado el reparto. Hay que explicar que además de las colas por la comida, una vez por día, también nos toca hacer fila para el agua mineral. Y en el dia del agua, madre mía, no vamos a tener agua. Era lo que me faltaba.

“Lavaos las manos ocho veces por día”, nos piden. ¿Pero cómo se puede hacer esto? Los grifos casi nunca funcionan y nosotros calculamos que para cada grifo público hay unas cien personas. Una ducha es para doscientas o trescientas personas. ¿Cuarentena en Moria? Es una broma de muy mal gusto. Simplemente no existe. Nos resulta imposible hacerla.

Foto: André Naddeo / UOL
Foto: André Naddeo / UOL

Hoy estuve pensando en el caos que va a ser cuando llegue el coronavirus a Moria. Yo no me he enterado bien de las condiciones sanitarias de Lesbos, pero me las puedo imaginar un poco: no habrá hospitales, ni camas, ni tratamiento para nosotros. Nuestras infraestructuras higiénicas son mínimas y las pocas organizaciones que funcionan aquí son tan malas como todo el sistema de funcionamiento en general. Que Allah nos ayude porque desde luego no podemos depender de los griegos. Esto está claro.

23 de marzo: nuestra violencia cotidiana

Estamos en nuestro cuarto día de cuarentena. Por la mañana nos ha despertado un chaval gritando que alguien le había robado el móvil. Él estaba en la parte alta del olivar donde la señal se pilla mejor. Se llevaron también sus pantalones. Sí, sus pantalones. Así que cuando bajó gritando y pasó por nuestra chabola llevaba solamente... los calzoncillos.

Lo peor es que lo han visto los niños. Espero sinceramente que esto no se quede en sus recuerdos. ¿Mi Nowruz? Ya se había estropeado. Como una clara señal para que me acuerde de donde vivo y cuál es mi situación real. Muchas veces tengo la sensación de que llevo años aquí.

Fila para acceder al agua en Moria. (André Naddeo / UOL)
Fila para acceder al agua en Moria. (André Naddeo / UOL)

Amigos, tenéis que saber que los baños aquí son algo muy limitado. Hay que hacer cola, nos pilla lejos. La gente prefiere irse detrás de un árbol a mear o cagar, no por pereza sino por seguridad. Por la noche, por ejemplo, nadie se atreve a ir al baño. Nos cagamos de miedo. Hay abusos y miles de historias de asesinatos que la prensa no suele reportar. Nos sentimos acojonados en todo momento.

Os cuento otro ejemplo: en Moria hay muchas tiendas. Son chabolas como la nuestra en las que se venden huevos, macarrones, tabaco, de todo. Con la cuarentena se está poniendo muy complicado reponer el surtido. Por supuesto los precios ya han aumentado.

Si tienes una tienda aquí en Moria hay que dar "una propina" a las mafias. Son bandas que te cobran “impuestos”, te amenazan y esas cosas. No sé el porcentaje en concreto; pero hay que pagar. Y justo hoy pasó algo horrible.

Hubo una clara caída en las ventas. Los vendedores ya no tienen la pasta para pagar las “propinas” a estas mafias o simplemente no quieren hacerlo. ¿Sabéis lo que hicieron estos mafiosos? Detuvieron a los comerciantes en un pasillo. Les quitaron los pantalones, les registraron y les robaron lo poco que tenían para sobrevivir. Y los que no tenían nada en los bolsillos, recibieron esta amenaza: “¡Vamos a prender fuego a tu casa con tu familia dentro!”

¡Bienvenidos a Moria!

24 de marzo: totalmente olvidados

Ya estamos en el quinto día de cuarentena. Estuve hablando con algunos amigos hoy por la mañana y me dijeron que la “novedad” ahora es que la policía griega ya no está haciendo rondas por la noche. En ese preciso momento pensé: “¿Pero que más da? Nunca nos han protegido. La verdad es que me da completamente igual”.

Como decía anteriormente, nadie se atreve a caminar por Moria por la noche. Hace unos dos meses, un grupo de somalíes hizo una protesta por la muerte de un compañero. Gritaban y exigían la detención de los culpables y más seguridad en el campo. Creo que habría una gran diferencia en nuestras vidas si hubiera más vigilancia en Moria.

Otra cosa: las autoridades griegas ya no permiten el acceso de voluntarios al campo. Cuarentena, claro...Esto sí ha sido un gran golpe. Echamos mucho de menos a los voluntarios. Esto está volviendo a la gente loca. Ahora el desamparo es 100% oficial.

Foto: André Naddeo / UOL
Foto: André Naddeo / UOL

En Moria las cosas funcionan así: si yo digo “no hagas eso” a cualquier otro refugiado, me va a contestar algo asi como “¡déjame en paz!” o "¿tú de qué vas, quien crees que eres tú para darme órdenes?”. Pero si se lo pide un voluntario blanco la respuesta va a ser “sí, señor” o “sí, madame”. Son voluntarios. Son blancos. Son europeos.

Tengo una gran admiración por los voluntarios. Los fascistas de la isla quemaron hace algunas semanas un centro comunitario, de los pocos lugares donde podíamos ir aprender algo, tener clases, ser tratados como los seres humanos que somos. Fue atacado y a pesar de todo, algunos siguen aquí. Ahora ya no pueden acceder más al campo por un puto virus.

Estamos completamente olvidados.

25 y 26 de marzo: la cruda realidad

Día tras día hay cosas nuevas que contaros, pero la verdad es que ya estoy saturado, amigos. Ahora han dicho que ya no podemos salir ni siquiera a los cajeros de Mitilene para sacar el dinero de nuestras tarjetas. Es la poca ayuda en metálico que recibimos desde la ONU. Nos han dicho que tenemos que esperar hasta que la administración ponga cajeros dentro de Moria.

Ya veo que nos va a tocar hacer más cola…

Me pedísteis que escribiera un diario y lo he hecho durante una semana. La primera de cuarentena en Moria. Os pido perdón si mis palabras son demasiado duras. No a todo el mundo le gusta saber lo que pasa de verdad en Moria.

Pero os juro que es esta la realidad. Sorry.

Yo no tengo ningún síntoma de coronavirus. La enfermedad que me marea y me deja sin fuerzas es el peso de lo cotidiano. La presión diaria que sufrimos no nos deja pensar claramente. El pasado reciente aún nos atormenta. Es por eso que necesitamos tanta atención. Es por eso que echamos tanto de menos a los voluntarios. Creo que no hay un deseo real de tratarnos bien. Es negligencia hacia la angustia ajena. Ya vivíamos mucho antes nuestra propia catástrofe. Aunque algunos aún se atrevan a decir que nuestro problema es sencillo, que no hace falta tanta atención, que es como curar...un resfriado.

***

El nombre real de Mustafá ha sido cambiado por motivos de seguridad. Tampoco aparecen fotos suyas en este reportaje. En toda la isla de Lesbos viven alrededor de 80 mil personas. Un total de 27 mil son refugiados o migrantes. En Mitilene está el único hospital público de toda la isla. Hay apenas 20 camas de cuidados intensivos.

* André Naddeo es un activista y periodista multimedia de Brasil con publicaciones en diversos medios como UOL y en la fundación alemana Henrich Böll Stiftung. También ha trabajado como editor de contenidos en el Comite Olímpico brasilero (Rio 2016) y fue corresponsal de la radio uruguaya El Espectador. El reportaje original ha sido publicado en la editorial Nossa, del mismo diario UOL. El pago ha sido destinado al chico afgano que retrata la dura realidad de Moria con sus propias palabras, traducidas del inglés y al español. Naddeo es coordinador del proyecto Planeta de TODOS, que actua en la integración socio laboral de jóvenes solicitantes de asilo en Atenas, Grecia, junto a la ONG española Holes in the Borders.

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