Boris Johnson y el populismo pragmático: "No es un obsesivo del mando y el control"
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Boris Johnson y el populismo pragmático: "No es un obsesivo del mando y el control"

Boris Johnson ha hecho todo lo que estaba en su mano para llegar al poder. Ahora que lo ha logrado, su moderación y cautela se han convertido en el factor sorpresa del polémico 'premier'

Foto: Boris Johnson y el populismo pragmático: "No es un obsesivo del mando y el control"
Boris Johnson y el populismo pragmático: "No es un obsesivo del mando y el control"

Ni como la mítica Margaret Thatcher, ni como su admirado Winston Churchill. Boris Johnson siempre ha sido más como Groucho Marx. Su verdadera filosofía es la de “estos son mis principios y si no te gustan... bueno, tengo otros”. Todo le ha valido para alcanzar el poder.

Apuntaba ya maneras desde su época universitaria en Oxford, cuando se presentó por varios partidos hasta conseguir ser elegido como presidente del sindicato de estudiantes. Durante el referéndum de 2016, si entre los 'tories' predominaba entonces la causa euroescéptica, allí estaba Boris cual 'rock star' pro-Brexit. Durante las primarias, si los conservadores querían un candidato más a la derecha, allí estaba también él con su discurso antiinmigración y sus infames columnas en el 'Daily Telegraph' comparando a las mujeres con burka con “buzones de correos”.

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Pero una vez ha llegado al ansiado Downing Street, aquellos que esperaban encontrarse a un bufón populista, un 'brexiter' radical alejado de la UE, un anti-intervencionista y un defensor a ultranza del mercado libre se han quedado un tanto descolocados. “Ahora es cuando vamos a conocer realmente quién es”, asegura un diputado conservador a El Confidencial.

Aún es pronto para definir en qué consiste el 'johnsonismo'. Pero, de momento, la moderación y cautela que viene mostrando el político se ha convertido para muchos en el factor sorpresa. En el sondeo publicado en 'The Observer' -no precisamente la cabecera de los 'tories'- el 42% de los entrevistados aseguran que está haciendo un trabajo mejor de lo esperado.

¿Un mini Trump? Ni de lejos

A pesar de la caricatura fácil de mini-Trump que tantas gloriosas portadas protagonizó cuando ganó las elecciones del pasado mes de diciembre, el 'modus operandi' que ha impuesto ahora el 'premier' en el Número 10 no puede alejarse más del caos que impera en la Casa Blanca.

En Washington, sólo parece valer la opinión del presidente, descrito en no pocas ocasiones como inculto y aislado del mundo. Un político que se alimenta de comida basura, que no lee los informes, que se deshace de todo aquel que no piensa como él y que parece tomar las decisiones en función de lo que opine el canal conservador 'Fox News' o de ideas de última hora, que no tiene complejo en compartir en Twitter.

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En Londres, sin embargo, Johnson se ha rodeado de un potente equipo de asesores. Le gusta discutir con aquellos que discrepan de su argumento y, aunque es él quien decide la estrategia general, delega en su equipo la ejecución de las políticas. En definitiva, no se queda a analizar los detalles, algo que era una obsesión para sus predecesores, tanto Theresa May como David Cameron.

“Naturalmente que delega. No es un obsesivo que exige tener el mando y control. Tiene una gran visión de la política y ahora puede ejecutarla porque tienen tanto poder como Thatcher lo tuvo en su última etapa", asegura otra persona del círculo conservador. "¿Populista? Yo diría que es popular y sabe cómo jugar ante el público. Tan simple como eso”, matiza.

Johnson en bicicleta cuando era alcalde de Londres. (EFE)
Johnson en bicicleta cuando era alcalde de Londres. (EFE)

Un equipo de tecnócratas y expertos

La estrategia que está utilizando ahora Johnson es la misma que ya empleó en su momento durante su exitoso paso por la alcaldía de Londres (2008-2016), donde, por cierto, apostó por políticas liberales en materia de inmigración, acudió al desfile del Día del Orgullo para mostrar su compromiso con los derechos de los homosexuales e hizo campaña por la introducción de un salario digno.

Siempre se ha rodeado de un buen equipo de tecnócratas y asesores. Él pone la imagen, pero se deja aconsejar

Ya entonces no tuvo reparo en incorporar a su equipo a gente que había trabajado previamente con su antecesor, el alcalde laborista Ken Livingstone. Mantuvo, por ejemplo, a Peter Hendy, responsable de la autoridad de transporte y a Neale Coleman, jefe de política, porque eran expertos en su campo y no quería prescindir de sus servicios.

“Siempre se ha rodeado de un buen equipo de tecnócratas y asesores. Él pone la imagen de cara al público, pero, de puertas para dentro, se deja aconsejar y confía en la opinión de los expertos”, relata otra persona de su entorno.

¿Ultra Boris?

En Downing Street, el primer ministro ha depositado ahora toda su confianza en Dominic Cummings, cerebro de la campaña euroescéptica y, para muchos, el hombre que realmente maneja los hilos en el Gobierno británico.

“Dominic Cummings, estratega jefe de Boris, es alguien que marca un cambio sustantivo en el enfoque. Cummings no puede ser encasillado en izquierda/derecha, pero es un radical y quiere reformar completamente la política británica, de pies a cabeza. Es muy posible que el nuevo Gobierno tenga más de las ideas de Cummings que de las de Johnson", asegura una persona muy bien posicionada en el círculo 'tory'.

El excéntrico asesor quiere cambiar por completo las reglas de la política y para ello ha publicado una inusual oferta de trabajo para crear un ejército de “raros” e “inadaptados” con el que espera remodelar el cuerpo de funcionarios del Estado (el llamado 'civil service') para impulsar su agenda. Y, en este sentido, surge ahora la gran pregunta: ¿Se convertirá Johnson en el primer ministro más a la ultraderecha que ha tenido el Reino Unido?

De momento, ha mostrado poco interés en ayudar a quienes dependen de las ayudas sociales y, hasta la fecha, se ha negado a descongelar el subsidio de vivienda local, lo que ha llevado a muchas familias a quedarse sin hogar ni alojamiento temporal. Asimismo, ha nombrado como ministra de Interior a la euroescéptica radical, Pitri Patel, que en su momento apoyó la pena de muerte. Y su gabinete está repleto de los autores de 'Britannia Unchained', un tratado libertario que condenó a los trabajadores británicos como “ociosos”.

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Por otra parte, Tim Montgomerie, quien fuera uno de sus asesores hasta las elecciones de diciembre, sugirió a finales del año pasado que quería forjar una “relación especial” con la Hungría de Viktor Orbán. Bajo Johnson, los conservadores se han convertido efectivamente en un partido nacionalista inglés, pero sería demasiado simplista encasillar ahora al primer ministro como un representante de la derecha más tradicionalista.

La remodelación que llevará a cabo de su gabinete en febrero, una vez el Reino Unido abandone la UE, y la presentación de los Presupuestos Generales en marzo, serán claves para analizar qué ruta toma ahora que goza de una holgada mayoría absoluta.

Una nueva hegemonía

En cualquier caso, hasta la fecha viene presentándose más bien como un político moderado. Su respuesta ante el asesinato del general iraní Qassem Suleimani fue mucho más matizada y cercana al resto de la UE de lo previsto. Y en política nacional, también ha realizado movimientos alejados del gusto conservador, como su rescate a la aerolínea británica Flybe y los proyectos de ley presentados para aprobar partidas adicionales al Sistema Nacional de Salud Pública.

No en vano, en una de las últimas reuniones de Gabinete, el premier se ha presentado a los suyos como 'Brexity Hezza'. El comentario refleja su admiración por Michael Heseltine, el crítico interno más mordaz de Margaret Thatcher y defensor de intervenir en la economía “antes del desayuno, la cena y el té”. Pero, obviamente, sin el apego que el Lord -conocido como Hezza- mostraba hacia la UE.

"Boris fue indudablemente electo con un mandato de derechas por defensores del Brexit, quienes creen que él supone un cambio respecto a Cameron y May. Él ha avivado, conscientemente, esa percepción, pese a que su pasado sugiere otra cosa. Se ha descrito como un liberal y en el pasado se ha declarado como el político más pro migración del Reino Unido", asegura una fuente conservadora. "La cuestión será si entiende que debe honrar las preferencias de sus nuevas bases o si arriesgará su popularidad para utilizar su amplia mayoría apostando por una agenda liberal y centrista, como ha hecho hasta ahora en su carrera", advierte otra fuente.

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Sus detractores deben reconocer que, al menos de momento, no se está presenciando la culminación del 'thatcherismo' o la ejecución de un oscuro proyecto “neoliberal”, sino más bien la formación de una nueva hegemonía política que podría privar a la izquierda del poder durante otra generación.

Johnson ganó la mayoría absoluta en las elecciones generales de diciembre gracias al apoyo de circunscripciones del norte de Inglaterra del llamado “muro rojo”. En los próximos cinco años, su objetivo es fidelizar a estos votantes laboristas, hacer que se sientan en casa. Y, en este sentido, no son pocos los que vaticinan que el 'johnsonismo' se acercará más a la Tercera Vía con la que Tony Blair unió la socialdemocracia y liberalismo en la década de los 90 y consiguió imponerse en gran parte de los distritos conservadores del sur de Inglaterra.

“La belleza y el reto para estudiar la motivación de cualquier político es decidir qué es el idealismo y qué es el interés propio", escribió Johnson en su biografía de Winston Churchill. "Y a menudo nos queda concluir que la respuesta es una mezcla de los dos”, concluye.

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