Flavia Kleiner, líder de la operación líbero

'El arte de la guerra' contra la ultraderecha: "Si presumes de superioridad moral, pierdes"

Cuando en 2014 unos amigos fundaron la operación Líbero para ganar referéndums a la ultraderecha suiza no podían imaginar el éxito que acabarían teniendo. Ahora son un ejemplo para Europa

Foto:  Flavia Kleiner, colíder de la Operación Líbero. (Cedida)
Flavia Kleiner, colíder de la Operación Líbero. (Cedida)

28 de febrero de 2016. Suiza decide si aprueba la "deportación automática" de inmigrantes que hayan cometido cualquier tipo delito. Unos meses antes, las encuestas daban una ventaja aplastante al "sí" y la mayoría de partidos, sin apenas dinero para hacer campaña contra la derecha radical, tiraron la toalla. Su razonamiento era simple: ¿quién iba a competir contra el poderoso mensaje de echar a los violadores inmigrantes en un país tan conservador como Suiza?

Contra todo pronóstico, la opinión pública viró bruscamente hacia el 'no', que acabó arrasando. Los líderes del Swiss People Party (Partido del Pueblo Suizo o SVP), el partido ultraderechista que había impulsado la votación, se miraron incrédulos. "No sé muy bien qué ha pasado. Estábamos hablando de inmigración ilegal y, de repente, todo el mundo hablaba de Estado de derecho", dijo el líder del SVP, Albert Rösti, tras conocer los resultados.

Tan solo un puñado de suizos sabían qué había ocurrido. Los mismos que pusieron en marcha de forma definitiva la Operación Líbero.

Impulsada en 2014 por un grupo de jóvenes universitarios, la Operación Líbero se creó para frenar el monopolio de la ultraderecha en los referéndums con un mensaje ágil, moderno y repleto de memes ante la torpeza del resto. Desde entonces se han vuelto a cruzar en las urnas con la derecha radical hasta ocho veces. Y ocho veces los han derrotado, dejando una poderosa lección para el resto de Europa: si quieres ganarle votos a la ultraderecha usa sus propias armas, pero no sus ideas.

Manual para derrotar a la ultraderecha

Flavia Kleiner, espigada y sonriente, aparece puntual en el histórico Café Odéon de Zúrich. Nos ha citado aquí porque era uno de los sitios favoritos del escritor Stefan Zweig para escribir (también venían Lenin o Einstein). A sus 29 años, esta fundadora y codirectora de la Operación Líbero se ha convertido en una figura de referencia para combatir el populismo de derechas por toda Europa. En 2018, fue elegida como uno de los personajes del año por el periódico 'Politico' y Forbes la incluyó en su prestigiosa lista de 30 personas más influyentes de menos de 30 años. No es para menos, porque cada una de sus declaraciones se convierte en una píldora que bien podría compilarse en una nueva edición de 'El arte de la guerra', de Tsun Tzu, contra la ultraderecha. Aquí la primera receta.

"Para derrotar a la derecha radical hay que romper su control de la narrativa. Tenemos que creer en nuestros objetivos y dejar de cantar la canción populista, solo nuestra propia canción", explica antes de pedir una botella de agua y un café con leche.

Los orígenes de Operación Líbero se retrotraen a la noche del 9 de febrero de 2014. La ultraderecha acababa de ganar un referéndum histórico para poner cuotas a la inmigración de la Unión Europea, apenas por un margen de 20.000 votos (50,3% vs 49,7%). Unos años después, el gobierno federal encontró un parche para mantener la libertad de movimiento dentro de la UE, pero esa misma madrugada Flavia Kleiner y un grupo de amigos universitarios dijeron basta.

"Fue vivir el Brexit antes de que ocurriera el Brexit", explica Flavia, quien recuerda lo mal que lo pasaron cuando conocieron los resultados. "Teníamos dos opciones: o luchábamos o nos íbamos de Suiza. No queríamos vivir en un país así". Pensaron en fundar un partido, pero el complicado sistema político suizo los llevó a crear un movimiento para competir en los referéndums. El nombre lo eligieron por la clásica demarcación futbolística de 'líbero'. "Es el último defensa, pero también el que da el primer pase de ataque", lo definió Silvan Gisler, director de comunicación en una reciente entrevista a 'The Guardian'.

Flavia y sus compañeros consiguieron dinero para arrancar a través de un 'crowdfunding'. Más tarde reforzaron sus finanzas con microdonaciones y se rodaron en un par de votaciones menores hasta su primera gran batalla política. En 2016, la derecha radical impulsó un referéndum para deportar a inmigrantes que cometieran delitos. El SVP de Albert Rösti logró poner el foco del debate en "expulsar a los migrantes violadores", llegando a sacar un póster con una oveja blanca dando a una patada a una oveja negra encima de la bandera suiza. "Por fin tendremos seguridad" o "Por la deportación de los criminales", anunciaba la propaganda.

Póster de la ultraderecha en la campaña para expulsar a inmigrantes que cometieran delitos
Póster de la ultraderecha en la campaña para expulsar a inmigrantes que cometieran delitos

La iniciativa afectaba a los dos millones de extranjeros que viven en Suiza y que conforman el 25% de la población: "Si el referéndum se aprobaba, cualquier extranjero tendría que abandonar el país si, por ejemplo, conducía un par de veces más rápido de lo permitido. Se iba a crear una justicia paralela. Ni siquiera un juez podría intervenir. Ese automatismo solo se ve en la ley Sharia", añade, haciendo referencia al cuerpo de derecho islámico.

Pero antes de diseñar la campaña, se hicieron la pregunta del millón: ¿cómo podemos ganarles?

"Los populistas de derechas son muy inteligentes. Intoxican el debate y obligan al resto a hablar de sus temas. Llevan haciéndolo así 25 años y había que pararles", cuenta Kleiner tras su primer sorbo de café. Su conclusión fue que la única forma de revertir la situación era dando la vuelta al argumento: recuperar el control del lenguaje, bajar al barro y señalar los discursos de la ultraderecha como antisuizos por todos los medios posibles.

Por ejemplo: crearon un vídeo de 18 segundos en el que aparece Helvetia, símbolo femenino nacional, con una lanza y el escudo suizo representando el Estado de derecho, la democracia y los derechos fundamentales. Al instante, Helvetia es arrollada y aplastada sobre la bandera nacional por una bola de demolición. "Vota 'no' si no quieres destruir la esencia suiza", se puede leer al lado.

Remontaron y los arrollaron por veinte puntos de diferencia. Y los líderes ultraderechistas no entendieron cómo.

Para cambiar el estado actual de las cosas, Flavia reincide una y otra vez en que no hay que regalar ni el lenguaje ni la bandera a los populistas. "No podemos permitir que se atrevan a decir qué es y qué no es nuestro país. El resto de partidos no solo han comprado parte de su vocabulario, sino que han dejado que la ultraderecha patrimonialice la bandera nacional". El año pasado, en una entrevista con 'Politico', ya dejó claro cuáles son los puntos claves para combatir al populismo:

1. Empieza con convicción.

2. Cambia el marco del debate. Arrastra a los populistas a tu campo de juego.

3. Trabaja con hechos.

4. Usa un lenguaje simple. No porque la gente sea idiota, sino porque tiene otras cosas en las que pensar.

5. Conviértete en un luchador y rebate a los que te griten por la calle.

 Póster de Helvetia contra la iniciativa de deportar a inmigrantes que hayan cometido algún tipo de delito
Póster de Helvetia contra la iniciativa de deportar a inmigrantes que hayan cometido algún tipo de delito

El laboratorio populista suizo

Desde hace tiempo, se mira a Suiza como el primer campo de pruebas de la derecha populista. Durante la década de los noventa, el millonario Cristoph Blocher transformó el partido de centroderecha tradicional en una exitosa formación populista con tintes xenófobos. Steve Bannon lo bautizó como el "Trump antes de Trump".

Desde entonces, el SVP se convirtió en el partido más votado del país y principal impulsor de referéndums. La derecha radical suiza ha conquistado el lenguaje a base de constantes referencias a "trenes a reventar" o calles "superpobladas" de gente. "Le dicen al votante medio: ¿A ti también te molesta no poder sentarte en el tren cada mañana? ¿Que haya atascos? Hay demasiada inmigración. ¡Y funciona! Tienen mucho poder", detalla Flavia.

Pero cuando llegó la Operación Líbero, la dinámica de fuerzas empezó a cambiar. En otro referéndum llamado Ecopop (en referencia a una empresa de recursos energéticos) para "limitar la población a un nivel compatible con los recursos nacionales del país", varios jóvenes repartieron condones rosas en las discotecas con el lema: "Prevén el desastre: ten sexo contra Ecopop". ¿Acaso eso no es ser populista? "Se puede ser popular sin ser populista", asegura Flavia con una amplia sonrisa.

Un póster de la Operación Líbero contra el bloqueo para la ley de asilo. (Reuters)
Un póster de la Operación Líbero contra el bloqueo para la ley de asilo. (Reuters)

"Una cosa son tus ideas y otra las tácticas que usas. Sin ser arrogante, nosotros pretendemos explicarle a la gente el significado de su constitución", destaca, para seguir hablando durante varios minutos sobre la importancia del principio de la proporcionalidad de la ley o la separación de poderes. "Pero en las tácticas tenemos que encontrar una forma popular y breve de hablar a la gente. Y esa es la gran diferencia con parte de la izquierda europea, que presume de su superioridad moral. Si lo haces, has perdido. Muchos de los votantes, que no son ultraderechistas, te dirán: ¿Quién eres tú para decirnos lo que tenemos que hacer?".

Preguntada por su identificación ideológica, Flavia dice que la mayoría de integrantes de la Operación Líbero son de izquierdas, pero ella es liberal "como Macron". Pertenecer a esa familia política no le impide cargar contra los liberales europeos que han bailado el agua a la ultraderecha. Flavia se queja del viraje derechista de la formación liberal suiza que ha preferido aceptar consignas radicales antes que plantarles cara: "Si crees que copiando a la ultraderecha recuperas votos, es una victoria pírrica, porque no estás defendiendo tu causa".

La tesis de Flavia es que los partidos liberales y progresistas europeos deben aparcar sus diferencias y compartir tácticas a la hora de "combatir" a la ultraderecha, que sí sabe tejer alianzas. "Nuestro ejemplo demuestra que, incluso en el peor momento, hasta un grupo de veinteañeros puede plantarle cara a la derecha populista", añade.

Flavia Kleiner y el equipo de Operación Líbero, celebrando la victoria de un referéndum. (EFE)
Flavia Kleiner y el equipo de Operación Líbero, celebrando la victoria de un referéndum. (EFE)

Sin embargo, para que Operación Líbero siga teniendo éxito y mantenga la frescura de la novedad, Flavia reconoce que deben pasar al ataque y no quedarse atascados en una postura reactiva. En eso consiste una de sus últimas campañas, que exige la legalización del matrimonio homosexual, aunque aún no se ha llevado a las urnas. En sus cárteles y vídeos se puede ver a una pareja de homosexuales esquiando con tres palabras escritas: "Infelizmente no casados".

Cuestionada por el futuro de la Operación Líbero y de la ultraderecha en Europa, Flavia Kleiner es optimista. Como dice siempre, el populismo no es inevitable: "Los populistas de derechas están muy enfadados con nosotros. Siguen sin entender qué está pasando y por qué pierden un referéndum tras otro", añade, antes de esbozar su última sonrisa. "Saben que su estrategia se está agotando".

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