LA GRAN COALICIÓN MENGUANTE

¿El cordón sanitario a la ultraderecha funciona? En Alemania no están tan seguros

Las tasas de apoyo al radical AfD y el desgaste de los partidos tradicionales están dificultando la aritmética de coaliciones. Algunos conservadores se empiezan a plantear pactar con la ultraderecha

Foto: La canciller alemana, Angela Merkel. (Reuters)
La canciller alemana, Angela Merkel. (Reuters)

Las costuras del cordón sanitario a la extrema derecha se están tensando en Alemania. Las tasas de apoyo al radical Alternativa para Alemania (AfD) y el desgaste de los grandes partidos tradicionales, los conservadores de Merkel y los socialdemócratas, están dificultando la aritmética de coaliciones de tal forma que hay quien empieza a plantearse pactar con los ultras y acabar con el mayor tabú político en el país que vio a Hitler abusar de las vías democráticas para asaltar el poder.

El desencadenante han sido las recientes elecciones en el estado federado de Turingia. En este Land de la antigua Alemania del este La Izquierda quedó en primera posición, con el 315 de los votos, y segunda, con su mejor resultado, fue AfD, con un 23,4%. A continuación se situó la Unión Cristianodemócrata (CDU) de la canciller (21,8 %) y, a un abismo, el Partido Socialdemócrata (SPD), con el 8,2%, Los Verdes (5,2%) y el Partido Liberal (FDP), con un 5,0%. En un país que aborrece la inestabilidad y evita a toda costa los gobiernos en minoría, esto significa que solo hay dos combinaciones medianamente factibles, a cada cual más explosiva. Que los conservadores de Merkel se alíen con La Izquierda o con AfD. Porque la tercera opción entre estas tres fuerzas es impensable.

Hasta ahora todos los partidos habían renunciado abiertamente a colaborar con AfD. No entraba en los cálculos. Todas las formaciones, de La Izquierda a los conservadores, rechazaban cualquier tipo de contacto y les han puesto multitud de palos en las ruedas en el Bundestag, como vetarles candidatos polémicos para puestos clave. Sus argumentos son conocidos. No se habla con los radicales por sus proclamas xenófobas e islamófobas, por su revisionismo histórico y por su puesta en duda de principios constitucionales básicos. Porque algunos sectores y figuras relevantes de AfD están bajo vigilancia permanente de los servicios secretos por vulnerar la Carta Magna. Pero ahora las dificultades para sumar en Turingia han hecho aflorar vías de agua en el muro de contención de la extrema derecha.

El veto de Merkel

Un total de 17 miembros de la CDU de Turingia han suscrito un llamamiento para acabar con los vetos 'a priori' y "hablar con todos los partidos". Los cargos de la formación conservadora dicen no obstante en su escrito que la CDU no debe ayudar a aupar a la jefatura del Gobierno de Turingia a alguien como el líder de AfD en Turingia, el controvertido agitador Björn Höcke, uno de sus líderes más extremista. Una coalición con el partido ultra, añaden los posibilistas, es "impensable". Pero consideran que es preciso abrir los canales de diálogo.

Se trata de un hecho inédito con una enorme carga. Los conservadores alemanes hasta ahora habían sido los más articulados en afirmar que nunca tratarían de llegar a un entendimiento con los ultras. La propia Merkel, en la campaña de las elecciones federales de septiembre de 2017, descartó tajantemente esa posibilidad. Aseguró en una entrevista en televisión, al ser preguntada por su modelo de coalición preferido, que excluía de partida por las distancias ideológicas insalvables cualquier negociación con AfD y con La Izquierda.

Höcke, el líder de AfD en Turingia, no ha tardado sin embargo en recoger el guante lanzado por los 17 cargos conservadores. Y ha sugerido que su partido apoyaría desde fuera a un gobierno en minoría de la CDU y el FDP. Pero la cúpula de los conservadores no ha tardado en llamar al orden. Su secretario general, Paul Ziemiak, ha tachado inmediatamente de "error" cualquier intento de tender puentes a la ultraderecha y ha tratado de zanjar la polémica: "La opinión de la CDU no ha cambiado. Punto. Fin del mensaje". Y subiendo el tono, en una columna en 'Der Spiegel' ha calificado a Höcke de "nazi", un atributo que no se suelta a la ligera en los círculos políticos alemanes. "Quien hoy juguetea con una coalición o colaboración con AfD debe saber que AfD es un partido que sigue un ideario en gran medida nacionalista y autoritario y que cuestiona principios fundamentales de nuestra constitución", ha asegurado Ziemiak.

El problema está por ahora centrado en Turingia. Pero el fuego puede rápidamente extenderse. Porque aunque la situación en este Land no puede extrapolarse a la de todo el país (el apoyo a AfD es bastante inferior en el oeste), sí que se puede hablar de ciertas condiciones semejantes, evidentes tanto en otros parlamentos regionales como en el Bundestag.

Entre ellas destacan el fraccionamiento del sistema político, el derrumbe de los grandes partidos tradicionales y el surgimiento no consolidado de nuevas fracturas más allá del eje izquierda-derecha (con AfD y Los Verdes como nuevos antagonistas al alza). Todo ello dificulta la estabilidad, genera ejecutivos complejos -en ocasiones contra natura- y alimenta el relato populista de la ultraderecha de que las élites políticas están dispuestas a todo con total de conservar el poder. Inestabilidad, erosión y desafección: un cóctel tóxico para el sistema político.

Fraccionamiento y erosión

En la actualidad, ninguno de los 16 estados federados disfruta de un gobierno monocolor (y en todos tiene ya presencia la ultraderecha, pese a que no ha accedido a ningún gobierno). La mitad tienen ejecutivos combinados de dos partidos y la otra mitad son (o van a ser en breve) tripartitos. El cambio en los tres últimos años ha sido notable. En 2016, cuando AfD empezó a dispararse en las encuestas a raíz de la crisis de los refugiados, solo cuatro Länder tenían un gobierno con tres integrantes. Otros once eran ejecutivos con dos siglas y uno, la excepción bávara, era aún gobernado en solitario.

Este creciente fraccionamiento -agravado por los buenos resultados de la ultraderecha- reduce mucho las posibilidades de formar gobierno y obliga a acrobacias aritméticas. Las recientes elecciones en Brandeburgo y Sajonia son paradigmáticas en este sentido. En ambas la ultraderecha logró un cuarto de los votos y quedó como segunda fuerza. Y en las dos está siendo necesario, para mantener el cordón sanitario, que Los Verdes salgan en ayuda de la coalición que hasta entonces había gobernado el Land, pese a ser de muy distinto signo. En Brandeburgo se está negociando un tripartido de izquierdas, con el SPD, La Izquierda y Los Verdes. En Sajonia se persigue un ejecutivo con los conservadores, los socialdemócratas y los ecologistas.

La opción del tripartito a causa del auge de la ultraderecha llegó a barajarse en 2017 a nivel federal. Merkel negoció en primer lugar con liberales y verdes para formar un gobierno inédito a tres bandas. Pero la apuesta no cuajó porque el FDP se echó para atrás en el último momento. Fue entonces cuando la canciller volvió la vista a los socialdemócratas y reeditó una gran coalición, convirtiendo en regla la excepción que era inicialmente esta opción entre el centro-izquierda y el centro-derecha. Esta ha sido una de las tónicas de su paso por Cancillería. Tres de las cuatro legislaturas de Merkel han sido grandes coaliciones. En los 70 años de la República federal solo se ha recurrido en otra ocasión a este tipo de alianza.

La gran coalición menguante

Pero esta fórmula genera una erosión evidente para sus integrantes, desdibujando sus programas y la sensación de contestación ideológica en el parlamento. Y ambos partidos están pagándolo en las urnas. En 2005, en las primeras elecciones que ganó Merkel, conservadores y socialdemócratas sumaban el 69,4% de los votos y formaron una gran coalición digna de ese nombre. Sin embargo, en 2017 estas dos formaciones apenas alcanzaban ya el 53,4% de las papeletas, logrando a duras penas la mayoría absoluta (porque el alemán es un sistema muy proporcional). Por el camino se habían dejado más de quince puntos porcentuales entre los dos y habían dejado tocada de muerte su hegemonía de siete décadas.

Esta tendencia se ha agudizado además en los últimos meses, lo que supone un toque de atención para los principales partidos, pero también para todo el sistema político alemán. Según una encuesta de la casa INSA del 4 de noviembre, los conservadores y los socialdemócratas ya no podrían, ni de lejos, formar un gobierno de coalición con mayoría. Entre los dos suman ahora apenas un 39% de los votos, casi la mitad de los sufragios que aglutinaban hace 14 años. El sondeo no deja tampoco entrever ninguna alianza a primera vista manteniendo el cordón sanitario a AfD. Solo un acuerdo entre los conservadores, los verdes y los liberales tendría opciones. Pero ese es el mismo que fracasó en 2017.

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