huelgas a ocho meses de las generales

La clase obrera trabajadora de Portugal se revuelve contra el socialista Costa

La calle en Portugal hierve y promete superar los registros de récord de 2018. Mientras tanto, dos protestas se han instalado de forma permanente: la huelga de profesores y enfermeros

Foto: Protesta en Portugal. (Reuters)
Protesta en Portugal. (Reuters)

Van 112 preavisos de huelga desde que empezó el año. La calle en Portugal hierve y promete superar los registros de récord de 2018, en el que hubo un total de 260 huelgas de muchos sectores, con dos que han decidido plantarse definitivamente: profesores y enfermeros. Comparten las mismas reivindicaciones de base, que sus salarios se actualicen tras los años negros de la crisis y que no sigan cargándoles de horas extra para evitar reponer plantillas devastadas al paso de la troika. Ya no les valen prórrogas.

El cuarto y, de momento, último año de los socialistas en el poder, comandados por un António Costa que quiere seguir siendo el adalid de la socialdemocracia europea ganando las elecciones legislativas de octubre, promete ser no solo el más movido de su legislatura, sino el que marque su lucha por la supervivencia para no perder el favor de su núcleo electoral: la clase trabajadora.

“No había tantas huelgas desde 2015"

“No había tantas huelgas desde 2015. Hoy hay una más”, titulaba esta semana el principal periódico de Portugal, 'Diário de Noticias', advirtiendo algo que ya no es noticia. Los paros son parte del paisaje, y nadie parece sorprenderse –mucho menos indignarse– a las salidas de los hospitales, afectados por la huelga de enfermeros, ni en la puerta de los colegios, a las diez de la mañana, para recoger a los niños que llevaron una hora antes y que no tendrán clase porque acaba de confirmarse que los profesores están ausentes.

El primer ministro de Portugal, Antonio Costa. (Reuters)
El primer ministro de Portugal, Antonio Costa. (Reuters)

La desidia total se impone en una sociedad que ha expresado su hartazgo de una muy curiosa forma: apoyando la intervención de la huelga de enfermeros de quirófanos aprobada este mes por el Gobierno de António Costa, toda una rareza entre una ciudadanía muy respetuosa con este derecho de los trabajadores.

Es ésta una medida muy pocas veces usada en la historia de la democracia portuguesa y que se toma, apuntó el Ejecutivo, porque los enfermeros no han cumplido con los servicios mínimos, haciendo que dentro de las casi 8.000 cirugías suspendidas durante su paro a finales de año, y recomenzado el 31 de enero, haya muchas intervenciones consideradas inaplazables para salvar la vida del paciente.

¿Se ha traducido esto en desenlaces fatales? El dato no ha trascendido en Portugal, donde tras la anunciada intervención la denuncia de incumplimiento de servicios mínimos ha decaído. Sin embargo, ni profesores ni enfermeros tienen previsto parar su ofensiva, y sus protestas, enquistadas, suponen una alarma roja para el Gobierno.

“Lo que ahora sucede”, explica a El Confidencial João Torres, de la comisión ejecutiva del sindicato CGTP, el mayor de Portugal, “es que las luchas de algunos enfermeros, promovidas por estructuras sindicales sin representatividad -apoyadas por la derecha-, extrañas porque solo se dirige a los quirófanos, y la de las de los profesores, han sido demasiado largas y afectan a aspectos muy sensibles de las personas. Sobre todo de la salud y en momentos particularmente dramáticos como es una cirugía, muchas veces después de meses y hasta años de espera. Incluso después son atrasadas”.

Sin cambio en la reforma laboral

Es, dice Torres, el aviso más radical tras semanas “en las que hemos asistido a la intensificación de acciones y luchas de los trabajadores,. Esto se produce tanto en el sector público como en el sector privado”. Y se da pese a los avances en reposición de salarios, derechos e ingresos de los trabajadores en esta legislatura (el salario mínimo ha subido progresivamente hasta los 600 euros). "El actual gobierno del Partido Socialista sigue sin responder las justas y legítimas reivindicaciones de los trabajadores, principalmente de la Administración Pública, nada hace para dignificar sus carreras profesionales y, en lo referido a las leyes laborales, no solo no revoca la caducidad de los convenios colectivos, sino que incluso agrava algunas”.

Los salarios de los contratos indefinidos rondan los 830 euros de promedio. Si son temporales, estos más numerosos, se acercan a los 750 euros

Lo cierto es que en estos años de Gobierno, Costa, que cuenta con el apoyo en el Parlamento de la izquierda radical y consigue así mayoría, no ha tocado la reforma laboral implementada durante el periodo de la troika, que facilitaba el despido y la precariedad laboral. Los salarios en promedio rondan los 830 euros si son indefinidos. Si son a plazo, mucho más numerosos, se acercan a los 750€, según estudios de la Universidad de Coimbra. Es prácticamente el mismo valor que la mensualidad de alquiler de un apartamento de una habitación en Lisboa u Oporto, protagonistas de una burbuja sin precedentes en Portugal. En este escenario, funcionarios de toda clase llevan años sin ver actualizados sus salarios. Y no ven resquicios para negociar con el Gobierno.

El único obstáculo de un "optimista irritante"

“Es natural que la dimensión de la lucha también desgaste la base social y electoral del Partido Socialista y su Gobierno”, considera este responsable sindical, porque los socialistas “por opción propia no responden a los problemas de la legislación laboral, no valoriza el trabajo ni los trabajadores”. Además, “no da respuestas a las dificultades identificadas en áreas sociales, principalmente el Servicio Nacional de Salud, la escuela pública, los servicios públicos y los transportes. A la Sanidad pública portuguesa se destinó el año pasado el 4,3% del PIB luso, la cifra más baja de los últimos quince años.

Los socialistas “por opción propia no responden a los problemas de la legislación laboral, no valoriza el trabajo ni los trabajadores”

El hartazgo social y la cascada de huelgas puede tener un efecto mayor en el Gobierno socialista que en el de su antecesor, liderado por el PSD (centroderecha) en coalición con los democristianos del CDS-PP, porque su base electoral es precisamente la clase trabajadora. En la calle se empieza a instalar la idea de que Costa, a quien el presidente de Portugal, el popular Marcelo Rebelo de Sousa, definió como un “optimista irritante”, no quiere hablar con los sindicatos porque se siente fuerte en su carrera hasta las urnas del próximo octubre.

Con el apoyo del Partido Comunista Portugués y el marxista Bloco de Esquerda, que no tienen aspiraciones a gobernar pero sí a seguir conquistando avances por su alianza con el Ejecutivo, los socialistas respiran aliviados, sobre todo porque en la derecha tampoco hay rival. El PSD continúa en caída libre en las encuestas, que le dan un 24% de los votos, frente al 40% que obtendrían los de Costa, un punto menos que en el anterior sondeo. El CDS, por su parte, queda en una anécdota con el 7%.

Costa se queda solo

Dicho en pocas palabras: Costa corre solo, que es lo mismo que competir consigo mismo. En su caso no es una ventaja, pues cuenta con fama de soberbio entre la población. Ha pasado de no tener rivales y haber conseguido mejoras sociales y repuesto recortes de la derecha, haya asumido que no conseguirá la mayoría absoluta, que acariciaba hasta finales del año pasado.

“Es virtualmente imposible”, admitió en una entrevista a principios de mes. Más confiado parecía en la victoria, si es que logra convencer a los trabajadores de que no le den la espalda.

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