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La palabra de AMLO no es la ley: "En México el antiespañolismo no existe, al contrario"
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"El mexicano hace lo que le da la gana"

La palabra de AMLO no es la ley: "En México el antiespañolismo no existe, al contrario"

¿Tenía AMLO una estrategia cuando habló de pausar su relación con España o solo fue una ocurrencia? El trato a los españoles puede haber cambiado en México, pero no tanto como las palabras de su presidente harían pensar

Foto: El presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, durante la celebración del día de la independencia. (Getty/Héctor Vivas)
El presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, durante la celebración del día de la independencia. (Getty/Héctor Vivas)
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Las quejas sobre la Ciudad de México de Bianka Sosa, veterinaria de 44 años, son muy similares a las de muchos de los nacidos en la capital: la inseguridad, la corrupción, el tráfico vehicular. ¿Algún maltrato por ser española? No en los cuatro años que ha pasado en México con su esposo. “Claro que se nota la diferencia cuando vas a sitios turísticos, a las pirámides”, comenta. Le ofrecen los mismos precios inflados que a cualquier extranjero. “Pero eso pasa en todos los países”.

La relación entre ambas naciones es tan compleja que es difícil calcular las actitudes de los mexicanos frente a los españoles, que, por un lado, tienen una comunidad fuertemente asentada en México y por otro son presentados con pocos matices al contar la historia de la conquista en la educación básica. Sin embargo, hay algunas señales de que, pese a la constante acometida del presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO) hacia la Corona y empresas españolas, entre la población el discurso ha calado poco. Una encuesta realizada por SIMO México para 'El País' en julio pasado mostraba que solo uno de cada 10 mexicanos tenía una opinión negativa de España y un 77% pensaba que el presidente debía concentrarse en mejorar la relación.

Foto: El presidente mexicano, Andres Manuel López Obrador, durante la celebración de la independencia de México, el pasado 15 de septiembre de 2021. (Reuters)

La semana pasada, AMLO revivió el asomo de una relación tensa entre México y España, con unas declaraciones que parecieron improvisadas. Mientras hablaba de las empresas españolas que obtuvieron grandes contratos durante los gobiernos de sus predecesores, López Obrador las acusó de saqueo y sugirió una “pausa” en la relación entre ambos países. Tras la inquietud general, incluso en su propio Gobierno, el mandatario aclaró que no se trataba de una ruptura. “Es una protesta respetuosa y fraterna. Vamos a serenar la relación”, dijo, mientras prometía una difusa “etapa nueva”.

Nada nuevo bajo el sol de AMLO

Aunque las declaraciones no se materializaron en un procedimiento oficial, siguen la misma narrativa que comenzó con la petición en marzo de 2019 a Felipe VI de disculparse por la conquista, y ha continuado con otros temas como el desaire en la conmemoración de los 200 años de la consumación de la independencia mexicana, comentarios sobre el caso Pablo Hasél, largas para llenar puestos diplomáticos, entre otras.

El sentimiento antiespañol en México tiene una larga historia que va desde los inicios de la guerra de independencia hasta asesinatos durante la revolución mexicana, pero desde la llegada del exilio español durante la Guerra Civil y el posterior restablecimiento de relaciones en 1977 se habla de una sincronía muy distinta.

México quiere hacer una pausa en las relaciones con España

A Yolanda Moreno, que vino a México tras ver un documental sobre Tulum, el sentimiento antiespañol le parece mínimo. Siete años después de su llegada, vive ahora como asesora inmobiliaria en Playa del Carmen, en el Caribe mexicano, y le preocupa más su choque cultural con algunos hábitos, como el respeto por la puntualidad. En el trato, ve una mayoría que la recibe abiertamente y una minoría que parece decirle “lo de siempre, que le vengo a robar el trabajo o sus propiedades, pero una minoría”. De mayor preocupación para ella ha sido la amenaza de la violencia en el país, tras un intento de extorsión telefónica y ver el dominio del crimen organizado en la Riviera Maya. “México es un lugar divino para vivir”, asegura. “Claro que tiene problemas. Pero qué país no los tiene”.

De acuerdo con el artículo 33 de la Constitución mexicana, las personas extranjeras pueden ser expulsadas por “inmiscuirse en asuntos políticos”, una norma tan vaga que algunos prefieren interpretar con la mayor amplitud posible y evitan opinar públicamente sobre cualquier cosa relacionada. Aunque el propio AMLO ha hecho un llamado a derogarla y prometió no aplicarla en su sexenio —ni siquiera por la visita del líder de Vox, Santiago Abascal, al país—, algunas personas prefieren no dar su opinión personal del presidente y sus declaraciones. Pero, quizás, habría poco que decir.

“Aquí ese sentimiento de 'antiespañolismo' no existe. Al contrario”

Tania Donosti, originaria de San Sebastián, trabajaba en el sector de aviación cuando vio sus labores afectadas por la pandemia. Fue invitada por una amiga para administrar un hotel en San Francisco —"San Pancho, para los amigos"—, en Nayarit, en las playas del Pacífico. “Ella juraba que me encantaría. Soy alma viajera, surfera y playera, todo lo que ofrece San Pancho. Así que medio en broma, y desde mi encierro en casa, le dije que si alguna vez necesitaban a alguien para trabajar, que me contactaran”, cuenta. “Agarré mis cosas, colgué las alas y me vine para México”. En un pueblo donde los gallos cantan a todas horas, sus mayores desencuentros son por un caos postal: comparte el número y calle con varias casas del pueblo. “Todo el mundo te saluda, la sonrisa nunca falta y siempre están dispuestos a echarte una mano”, asegura. “Aquí ese sentimiento de 'antiespañolismo' no existe. Al contrario”.

¿Una simple ocurrencia?

¿De dónde vienen entonces las declaraciones de López Obrador? Para Luisa Treviño, investigadora graduada del Colegio de México y parte del servicio exterior mexicano entre 1981 y 2003, “parecen ocurrencias”. “No parecen unas declaraciones ni pensadas, o si están pensadas probablemente no lo están en términos de la relación de España”.

El presidente habló de evaluar la relación bilateral en medio del impulso a un cambio en la política energética de México que priorizaría la electricidad generada por las empresas estatales, en detrimento de las privadas, que entraron luego de una reforma de 2013. En su discurso, AMLO relaciona las inversiones llegadas desde España como actos de una nueva "conquista" desde inicios de siglo. El mandatario apunta a la relación de sus antecesores en el cargo con ciertas empresas: Vicente Fox (2000-2006) e Iberdrola, Felipe Calderón (2006-2012) y Repsol, y Enrique Peña Nieto (2012-2018) y OHL.

Foto: Manuel López Obrador. (Getty/Manuel Velásquez)

Mucha de la prensa mexicana —que es calificada por AMLO como su adversaria— trata de ver una segunda intención: desviar la atención de crisis domésticas como el asesinato de seis periodistas en lo que va del año, la situación económica del país y en especial una investigación que reveló que uno de los hijos del presidente alquiló una casa en Houston propiedad de Keith L Schilling, un exdirectivo de Baker Hughes, contratista de Petróleos Mexicanos. El caso, en el que todos los involucrados niegan intenciones ocultas, ha acaparado los titulares durante días.

Pero, se traten o no sobre España, las declaraciones sí podrían tener consecuencias reales, al proyectar un clima hostil de inversión en México, considera Treviño. En cuanto al trato de los mexicanos en Madrid, donde ella se encuentra, no nota algún cambio. “Yo creo que los españoles están tomando las cosas como de quien vienen”.

Recuerdo oír decir a mi hija: "Yo ya no quiero ser española, porque todos los españoles somos unos asesinos y yo no quiero serlo"

Y las palabras vienen de un hombre fascinado por la historia de México. López Obrador le dedica al menos siete de sus 19 libros publicados, remarca constantemente el carácter trascendental de sus ambiciones y suele repasar anécdotas durante sus largas conferencias de prensa de las mañanas. “España y Estados Unidos son países con los que México tiene relaciones muy especiales porque es una especie de amor-odio, de admiración-desprecio”, recuerda Treviño.

Pero más allá del peso de las palabras de AMLO, para algunas personas es evidente que algo ha cambiado. Silvia salió de España en 1981 ante el temor de inestabilidad tras un intento de golpe de Estado y eligió mudarse con su esposo e hija a México sin saber qué esperar, literalmente arrojando una moneda, asegura. El recibimiento fue cálido, pues la llegada de refugiados de la Guerra Civil aún estaba fresca en la memoria. “Antes de conocernos, ya nos querían”, recuerda. Ahora, considera, tanto la sociedad española como la mexicana han cambiado. “Esos afectos ya no están tan marcados. Ahora hay más rechazo”. La mujer de 70 años, que ha pasado las últimas décadas en varias partes del centro y oeste del país, lamenta la forma en que se han desgastado esos vínculos. “En la educación infantil se crea ese rechazo. Yo recuerdo a mi hija llegar del colegio a decirme ‘yo ya no quiero ser española, porque todos los españoles somos unos asesinos y yo no quiero serlo’. Ese tipo de cosas duelen”.

Foto: El presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador. (Foto: Reuters)

Sin embargo, esos episodios no terminaron por ensombrecer su experiencia. Aquí, dice, se siente libre. Celebra el caos que lleva a los mexicanos a empujarse con furia en el metro mientras piden permiso a gritos. Adoptó el apelativo de 'Yaya' tras ofrecer ayuda constante a los participantes de un grupo de españoles en Facebook y ahora realiza vídeos para responder a consultas específicas desde su casa en Bucerías, un pueblo a media hora del destino turístico de Puerto Vallarta.

Cuando se le pregunta si recomendaría a una persona española mudarse a México, responde sin meditarlo: “Al mil por mil”. Aquí, afirma, se ha contagiado de un sentimiento de libertad plena. “Este país es perfectamente surrealista, es perfectamente anárquico y, bajo mi punto de vista, eso es muy bueno: porque el que gobierne, sea quien sea, nunca tiene realmente el poder”, considera. “El mexicano luego hace lo que le da la gana”.

Las quejas sobre la Ciudad de México de Bianka Sosa, veterinaria de 44 años, son muy similares a las de muchos de los nacidos en la capital: la inseguridad, la corrupción, el tráfico vehicular. ¿Algún maltrato por ser española? No en los cuatro años que ha pasado en México con su esposo. “Claro que se nota la diferencia cuando vas a sitios turísticos, a las pirámides”, comenta. Le ofrecen los mismos precios inflados que a cualquier extranjero. “Pero eso pasa en todos los países”.

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