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El pequeño laboratorio de Putin donde experimenta sobre el futuro de Ucrania
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El pequeño laboratorio de Putin donde experimenta sobre el futuro de Ucrania

Mientras las tensiones suben en Ucrania y Zakajistán, la atmósfera diplomática muestra signos de mejora en otra problemática área pos soviética: la no reconocida ‘república’ de

Foto: Crisis energética en Moldavia. (EFE/Dumitru Doru)
Crisis energética en Moldavia. (EFE/Dumitru Doru)

Mientras las tensiones suben en Ucrania y Kazajistán, la atmósfera diplomática muestra signos de mejora en otra problemática área pos soviética: la no reconocida ‘república’ de Transnistria en Moldavia. Al menos, las relaciones entre las autoridades moldovas y transnistrias han perdido parte de su tradicional hostilidad. Moldavia inicialmente se resistió a la presión rusa de sumar Transnistria a la ya difícil negociación sobre los precios del gas el pasado otoño. Y no está claro que lo haya logrado. Moldavia pagó este diciembre su factura de gas, pero los precios se dispararon un 17,5% en enero, forzando a Moldovagaz -la empresa estatal de energía- a pedir una extensión en los plazos de pago. Otra pequeña crisis energética en el horizonte.

Pero el 12 de diciembre, el presidente de facto de Transnistria, Vadim Krasnoselsky, fue elegido para un segundo mandato con el 79% de los votos. Tras su victoria, mandó una carta a la presidenta moldava, Maia Sandu, proponiendo una negociación en el formato 5+2 (incluyendo Moldavia, las autoridades transnistrias, Rusia, Ucrania y la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) y con la Unión Europea y Estados Unidos como observadores. También publicó un comentario comprometiéndose a “intensificar el diálogo bilateral al más alto nivel político para zanjar lo antes posible la amplia gama de problemas acumulados”.

La publicación de la carta de Krasnoselsky y su petición de un estatus igual para Transnistria y Moldavia irritó al Gobierno en Chisinau, donde no estaban seguros si la iniciativa proviene de la presión de Moscú. Las sospechas del Gobierno aumentaron tras las conversaciones en Viena en diciembre entre un alto funcionario ruso y la OSCE, en la cual expresó el interés del Kremlin en “impulsar este diálogo”. Rusia puso recientemente sobre la mesa una propuesta sobre las armas almacenadas en el depósito de munición de Cobasna, en el norte de Transnistria, uno de los más grandes de Europa. Pero no está claro si Rusia planea destruir las armas o moverlas a otro sitio. Y los ejercicio militares rusos en diciembre incluían a Transnistria (Moldavia tiene un ejército pequeño).

Foto: Logotipo de Gazprom. (Reuters/Shemetov)

El 19 de enero, Chisinau nombró a Oleg Serebrian – un exembajador en Francia y Alemania- como nuevo viceprimer ministro para la Reintegración, un puesto que había estado vacante desde el pasado noviembre. Chisinau está preocupada por las intenciones de Rusia pero, por supuesto, quiere conversar con las autoridades transnistrias. Y no dejará pasar la oportunidad de hacer progresos en este problema enquistado desde hace tanto tiempo. Sin embargo, eso significa volver a los mismos asuntos que las partes llevan discutiendo desde los 90, como la libertad de movimiento y el acceso a tierra cultivable. Las relaciones bilaterales pueden haber mejorado un poco, pero podrían empeorar en cualquier momento.

Rusia todavía muestra signos de hostilidad hacia el gobierno reformista de Sandu. Chisinau necesita coordinar las conversaciones con sus socios internacionales e informar a la opinión pública sobre ello. Pero, con la comunidad internacional enfocada en la confrontación Rusia-Ucrania, los socios de Moldavia están distraídos. Sus negociaciones con las autoridades transnistrias llevará tiempo, como también sus esfuerzos por armonizar la legislación. Moldavia no quiere una solución rápida a la disputa, sino un proceso más sostenible que involucre a socios internacionales y la sociedad civil moldova. Si los rusos y los transnistrios tiene prisa por lograr una victoria de relaciones pública, las conversaciones podrían acabar aguadas por los detalles burocráticos.

Contraste entre Ucrania y Moldavia

¿Por qué no? Sandu tiene mayoría parlamentaria -algo que su precede sor, Igor Dodon, nunca tuvo. En teoría, la presidente podría implementar el acuerdo que salga de las conversaciones. Pero también podría necesitar ahorrar capital política para las reformas domésticas que quiere llevar a cabo. También hay un factor ‘Nixon en China’ en juego: el centro derecha moldavo es más capaz de implementar el acuerdo que el Partido Socialista pro ruso de Dodon. Un escéptico podría concluir que Rusia busca dividir al partido de Sandu y descarrilar su agenda reformista -o malgastar un preciado tiempo y desviar la atención de esa agenda-.

La UE, EEUU y Reino Unido deberías apoya la negociación entre Chisinau y las autoridades transnistrias. Pero, al igual que con su acercamiento a Kiev con el conflicto del Donbás, debería evitar presionar a Chisinau a hacer más por resolver los roces con Transnistria, ya que esto podría dejarla con menos tiempo y recursos para sus reformas domésticas.

También es posible que Rusia aspire a crear un contraste visible entre Moldavia y Ucrania. El Kremlin podría querer demostrar que la neutralidad de Moldavia permite alcanzar el tipo de progresos sobre Transnistria que no se ha podido en el caso de Ucrania y el Donbás. Esto, en teoría, mostraría un lado positivo a la agenda rusa anti OTAN en su vecindario: países neutrales tienen más facilidad para reintegrar regiones díscolas. Una lección que podría aplicar a Ucrania con el tiempo.

Foto: Un soldado en la línea de contacto con la zona controlada por los separatistas prorrusos en el este de Ucrania. (EFE/Stanislav Kozliuk)

También podría suceder que Rusia quiera publicitar los beneficios de un diálogo directo entre Moldavia y las autoridades transnistrias en el formato 5+2. Ucrania rechaza reconocer o negociar con líderes de la ‘república’ rebelde del Donbás (a pesar del fugaz intento por conformar un Consejo Consultivo en 2020). Eventualmente, Rusia podría querer emular el sistema de negociación de Moldavia para el Donbás. De nuevo, si la visión de Rusia hacia Moldavia está principalmente guiada por su pensamiento sobre Ucrania, los desacuerdos enter Chisinau y las autoridades transnistrias será más difíciles de resolver.

Otro factor es Krasnoselsky. Recién electo, el mandatario es consciente de que la posición de Transnistria podría resultar debilitada en el futuro. La población en el territorio está menguando y su economía parece apuntar al deterioro en el largo plazo. Rusia encontraría más difícil lograr un acuerdo en sus propios términos en el plazo de 10 años y Moscú es consciente de ello.

El aspecto más difícil de las conversaciones probablemente será las drásticas diferencias entre las culturas políticas y legales de los dos bandos. Transnistria tendrá que moverse más cerca del código legal moldavo, moldeado por su pertenencia al ‘Eastern Partnership’ (un grupo de países del este de Europa) más que al revés. Transnistria tiene cierta autonomía, pero no es genuinamente independiente de Rusia. Lidiando con estos desafíos, sin duda la agenda de Sandu está llena.

* Este análisis fue publicado originalmente por Andrew Wilson en European Council on Foreign Relations

Mientras las tensiones suben en Ucrania y Kazajistán, la atmósfera diplomática muestra signos de mejora en otra problemática área pos soviética: la no reconocida ‘república’ de Transnistria en Moldavia. Al menos, las relaciones entre las autoridades moldovas y transnistrias han perdido parte de su tradicional hostilidad. Moldavia inicialmente se resistió a la presión rusa de sumar Transnistria a la ya difícil negociación sobre los precios del gas el pasado otoño. Y no está claro que lo haya logrado. Moldavia pagó este diciembre su factura de gas, pero los precios se dispararon un 17,5% en enero, forzando a Moldovagaz -la empresa estatal de energía- a pedir una extensión en los plazos de pago. Otra pequeña crisis energética en el horizonte.

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