¿Recuerdas cuando interrumpieron 'Los Simpson' por el 11-S? En realidad, no sucedió
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¿Recuerdas cuando interrumpieron 'Los Simpson' por el 11-S? En realidad, no sucedió

¿Sabes dónde estabas exactamente cuando tuvieron lugar los atentados del 11 de septiembre de 2001? Mucha gente recuerda aquel momento, aunque no todos son conscientes de que no es un recuerdo tan fiable

placeholder Foto: 20.º aniversario del atentado terrorista del 11-S en el Pentágono, en Arlington (EFE)
20.º aniversario del atentado terrorista del 11-S en el Pentágono, en Arlington (EFE)

Parece que todo el mundo recuerda dónde estaba cuando tuvieron lugar los atentados contra las Torres Gemelas. "[Estaba] Viendo Los Simpson, cuya emisión cortaron para dar paso a la información relativa a los atentados. Tenía 11 años". Varía la edad de quien cuenta la historia, pero son muchos los que recuerdan cómo el 11 de septiembre de 2001 estaban viendo en el televisor la mítica serie animada cuando se enteraron de lo que había pasado en Estados Unidos. Lo cierto es que aunque muchos tienen claro en qué momento de su vida se encontraban y en qué lugar exacto, nadie estaba viendo Los Simpson por televisión. "Lamento deciros que es un recuerdo falso. En aquella época no se emitían Los Simpson a mediodía", apunta Fernando de Córdoba, especializado en estrategia de marca, contenidos y narrativa.

"La gente tiene mucha confianza en la precisión de una serie de recuerdos que no son necesariamente precisos", señala William Hirst, psicólogo de la New School de Nueva York, tal y como recoge 'Live Science'. La ciencia sugiere que sí olvidamos los detalles que giran en torno a un momento traumático, como lo fue el 11-S, especialmente para los estadounidenses pero también para el resto del mundo. Esto se conoce en la psicología como 'recuerdos flash' ('flashbulb memory'), una serie de memorias muy vívidas y detalladas que forman parte de la denominada memoria autobiográfica: es una imagen instantánea que se recuerda especialmente y relacionada con una noticia sorpredente, trascendente o emocionante.

En España, mucho menos dramático, tenemos el caso de lo que ocurrió en 1999 con un programa televisivo: mucha gente recuerda cómo vio aquella escena en la que aparecían Ricky Martin, un bote de mermelada y un perro, aunque realmente no tuvo lugar tal escena. Fue el mayor bulo de aquel 'Sorpresa, sorpresa' presentado por Concha Velasco. "No lo vio nadie, porque no pasó", aseguraba la propia presentadora 30 años después de aquello. Sin embargo, son muchas personas que recuerdan el momento de aquel programa, como son muchos los que recuerdan cómo Los Simpson detenía su emisión para dar paso a las noticias sobre el 11-S. Esto tampoco ocurrió: en el momento en el que se supo que había un atentado terrorista, después de lo que inicialmente se creyó que era el accidente de una avioneta contra una de las torres del World Trade Center de Nueva York, Matías Prats ya estaba presentando el informativo de Antena3 que siguió en directo todos los acontecimientos. No hubo interrupción de la emisión.

Al igual que en el 11-S, en Estados Unidos se vivió un fenómeno similar cuando el entonces presidente John F. Kennedy fue asesinado. Una investigación realizada por Rober Brown y James Kulik, de la Universidad de Harvard, señalaba que todo el mundo parecía tener un recuerdo particularmente vívido de dónde se encontraba cada persona cuando se enteraron de la noticia. "Es muy parecido a una fotografía que conserva de manera indiscriminada la escena en la que cada uno de nosotros se encontraba cuando se disparaba el flash", escribieron Brown y Kulik en 1977. No obstante, los estudios en torno a esta teoría indican que independientemente de que muchoas personas se sientan firmemente convencidas de la realidad de sus recuerdos, éstos se erosionan con el tiempo.

Estos recuerdos, como otros menos emocionales, también están sujetos a contaminación y se erosionan con el tiempo

Cuando tuvo lugar el ataque del 11 de septiembre, investigadores de la Universidad de Duke recogieron los recuerdos de una serie de estudiantes sobre dónde se encontraban en el momento de conocer la noticia; a esas mismas personas se les hizo la misma pregunta una, seis o 32 semanas más tarde, y de sus respuestas se extrajo que la consistencia de los recuerdos del 11-S era muy similar a la de los recuerdos mundanos: la cantidad de detalles decrecía, y aumentaban las inconsistencias. No obstante, la gente confiaba plenamente en su recuerdo de aquel momento.

Más estudios de este tipo se hicieron tras el 11-S: en un proyecto algo más ambicioso, a nivel nacional, se preguntó a más de 3.000 personas de siete ciudades su situación en el momento de saber que Estados Unidos había sufrido un grave atentado; a esas mismas personas se les preguntó un año y tres años más tarde lo mismo: la conclusión es que la precisión de ese 'recuerdo flash' se estabilizaba de manera gradual después del primer año; tras este primer periodo los recuerdos coincidían con el inicial solo en un 63% de las veces. "La gente comenzaba a contar lo que podría llamarse una 'historia canónica'", señala Hirst, que también participó en este proyecto, pero "los errores que se cometían a los once meses y los que se cometían a los 35 eran los mismos".

Las personas, señalaba Hirst, tienden a ser particularmente malas para recordar la emoción sentida durante el momento del ataque, ya que es "difícil" mirar hacia atrás, hacia un acontecimiento emocional del pasado, "sin colorearlo en perspectiva". "Y existe la tendencia a pensar que lo que sentían al respecto entonces es lo mismo que sienten ahora; es decir, ponen su presente en el pasado... Pero las emociones han cambiado, por lo que cometen errores en su recuerdo". Desde entonces, muchos estudios han concluido que este tipo de 'recuerdos flash' están sujetos a contaminación, aunque sigue sin tenerse una teoría clara sobre por qué la gente confía tanto en este tipo de recuerdos. En el caso del 11-S, la importancia de recordar dónde se encontraba uno tiene cierta relación con un sentimiento nacional.

Si se compara este día con, explica Hirst, el día que una persona se entera, por ejemplo, de la muerte de un padre o una madre en un accidente de coche, y alguien preguntara a esa persona dónde estaba en ese omento, "muchos creerían que no recordarlo vívamente" les hace menos humanos. "Es casi un requisito moral" acordarse del momento exacto en el que a uno le dicen que un padre o una madre ha muerto. Pero también interviene en este caso la Historia, tal y como indica el investigador Ulric Neisser: "Recordamos los detalles de un acontecimiento 'flash' porque esos detalles son los vínculos entre nuestra propia historia y la Historia (...). Son el lugar donde alineamos nuestras vidas con el curso de la historia misma y decimos: 'Yo estuve allí'".

Las historias de los lectores de El Confidencial

Manuel estaba preparando la mesa para el almuerzo: "Fue encender la televisión, poner el telediario y no apagar la televisión en todo el día", cuenta este lector. Otros tardaron en enterarse de lo ocurrido. María Moreno se enteró cuando entraba a un bar con un amigo: "Vimos a todos con los ojos pegados a la pantalla de la televisión en silencio... y dos torres con humo en imagen". Muchos lo vieron desde sus hogares. "No daba crédito a lo que estaba viendo en televisión. Me parecía que estaba viendo un anuncio de una película, terrorífico", cuenta María Núñez. María José Bedia también estaba en casa cuando comenzó a escuchar lo que estaba ocurriendo en el corazón de Nueva York. Y creía que "podía ser un accidente", pero cuando el segundo avión se estrelló contra la otra torre del World Trade Center supo que "el mundo había cambiado". Unos estudiando, otros comiendo; algunos incluso trabajando en el mismo suelo que aquel 11 de septiembre vio cómo cientos de personas perdían la vida en el que ha sido, hasta la fecha, el peor atentado terrorista de la historia.

"Estaba estudiando para la convocatoria de septiembre de Contabilidad Financiera. Aún no sé ni cómo aprobé, porque no pude ni tocar un apunte desde que dieron la noticia", cuenta Olga Sánchez Allué. Santy Gil estaba en Plymouth (Reino Unido), donde era militar en una agrupación de la OTAN. "Jamás olvidaré las caras y la reacción de los militares americanos". También desde el trabajo, esta vez en un centro comercial de Cuenca, lo vio Isabel Bueno, desde "las teles del Carrefour, esas que dejan encendidas para que se vea la calidad de la imagen". Reales o no, casi todos tienen un recuerdo más que vívido de lo que hacían, con quién estaban o dónde se encontraban en el momento de saber lo que acababa de ocurrir en Nueva York. Vívido, pero no necesariamente fiable.

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