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El presidente que bailó con los talibanes: la trampa pakistaní en el Emirato de Afganistán
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El papel de Pakistán

El presidente que bailó con los talibanes: la trampa pakistaní en el Emirato de Afganistán

Pakistán ha celebrado la victoria de los talibanes, pero se enfrenta a su propia criatura y el aumento del extremismo interno, con los Talibanes Pakistaníes (TTP)

Foto: Un hombre lee el periódico en Pakistán. En el titular: "Kabul, conquistada". (EFE)
Un hombre lee el periódico en Pakistán. En el titular: "Kabul, conquistada". (EFE)

En Pakistán, el apoyo hacia los talibanes se hace en casa. Primero, la devoción total hacia la madre, hacia el padre y hacia sus discursos. "No preguntes o arderás en el infierno". Después, el miedo. "Si no obedeces, las paredes de tu tumba se abrirán y cerrarán aplastando tus huesos eternamente". Por último, la anulación total del pensamiento crítico: "Para qué necesitas pensar por ti mismo si tienes la 'sharía'. Sigue la 'sharía'. Sigue la 'sharía'".

En Pakistán, la parte de la población que celebra la victoria talibán en Afganistán, lo hace arropada por sus dirigentes. El mismo Imran Khan, presidente del país, ha asegurado que los talibanes han "roto los grilletes de la esclavitud". Opinión que han respaldado otros líderes políticos y religiosos, figuras públicas y miembros de las Fuerzas Armadas.

La paradoja es que hablamos de un país que, al mismo tiempo que celebra la victoria de los talibanes en el país vecino, lucha contra el grupo terrorista local 'Tehrik-i-Taliban Pakistan' (TTP), al que se le conoce como "los talibanes de Pakistán", todo un síntoma de la disonancia cognitiva en la que se ve sumida la nación.

Foto: Talibanes en Kandahar. (EFE)

Aquellos ciudadanos que ven el triunfo talibán como algo negativo aseguran que supondrá la total pérdida de control sobre las numerosas organizaciones yihadistas que están activas en Pakistán, y que podrían vivir un resurgir animadas por el éxito talibán y con Afganistán como refugio. Decenas de líderes de grupos terroristas pakistaníes detenidos en las cárceles afganas han sido liberados con la llegada de los talibanes al poder. "El problema es la falta de claridad del gobierno", asegura un diplomático pakistaní en Europa. "Oficialmente hay una lucha contra el TTP, los talibanes de Pakistán, pero la realidad no es tal si se mira constantemente hacia otro lado y las únicas acciones parecen diseñadas para justificar que hay una estrategia en marcha".

Que Pakistán ha estado apoyando el resurgimiento de los talibanes en Afganistán es una verdad inaudible. "Después de la invasión estadounidense en 2001, Pakistán acogió a los líderes talibanes y cedió espacios y recursos para ayudar a su reagrupación en las últimas dos décadas", cuenta el diplomático pakistaní. "Los talibanes han llegado incluso a entrenar junto a las Fuerzas Armadas de Pakistán. La localización de sus propios campos de entrenamiento ha sido siempre conocida por el poder pakistaní".

Un informe de la ONU publicado en 2020 estimó que habría más de 6.000 combatientes paquistaníes en Afganistán, la mayoría pertenecientes al TTP.

Altaf, un alto cargo de las Fuerzas Armadas de Pakistán, recuerda el atentado terrorista de 2014: el grupo terrorista 'Tehrik-i-Taliban Pakistan', entró en un colegio perteneciente a un recinto militar en Peshawar, y asesinó a 150 personas, 134 de las cuales eran niños. "Mi hijo debía estar ahí, pero yo no sabía que aquel día no había acudido a clase porque se encontraba enfermo y se había quedado en casa con mi mujer", recuerda Altaf. "Entré, como oficial de las Fuerzas Armadas de Pakistán, sabiendo que uno de los cuerpos podría ser el suyo".

Foto: Un agente de la policía paquistaní, ante la prisión de Peshawar donde permanece encerrado el doctor Shakil Afridi. (Reuters)

A pesar de haber sido testigo directo del horror de 2014, a pesar de haber podido perder a su hijo en el ataque, Altaf se siente incapaz de criticar al grupo talibán pakistaní. "Su base es la 'sharía' y no puedo pronunciarme en contra", explica. "Tengo fe en que el TTP y las Fuerzas de Seguridad Pakistaníes puedan compenetrarse, luchar por un objetivo en común y lograr una victoria parecida a la de Afganistán. Es la única forma de conseguir la paz tras tantos años de lucha".

Otra de las opiniones que se escuchan estos días, es que una alianza con los talibanes afganos podría ser beneficiosa y estratégica frente a la India, el archienemigo nacional desde la formación del país. Otra de las razones de alivio para Imran Khan sería la partida del expresidente de Afganistán, Ashraf Ghani, que llegó a denunciar a Pakistán por permitir que más de 10.000 yihadistas llegaran a Afganistán.

Alarde de potencial

Noor Wali Mehsud, el líder del TTP, se unió a la celebración de la victoria de los talibanes y felicitó a su líder, Hibatullah Akhundzada, expresando su apoyo al Emirato Islámico de Afganistán y reiteró su alianza: "Esta victoria es la victoria de toda la 'Ummah', de toda la comunidad musulmana. El futuro del mundo islámico depende de este triunfo". El líder del TTP anunció también que varios grupos yihadistas minoritarios se habían unido al TTP en el último año, haciendo alarde de su potencial.

Meshud, en nombre de TTP, afirmó que las relaciones entre ambos grupos talibanes son excelentes, en una entrevista exclusiva para la CNN en julio de este año. También se comprometió a seguir sus esfuerzos para derrotar a las Fuerzas Armadas.

Asad Durrani, exdirector del Servicio de Inteligencia (ISI) se ha referido al pueblo al expresar su apoyo a los talibanes: "La sociedad se alegra de que los talibanes hayan tomado el control de Afganistán", declaró a 'The Guardian'. "Depende totalmente de nosotros si adoptamos su modelo victorioso". Declaración que alienta a los grupos terroristas a continuar con una batalla que tiene una presencia doméstica y cotidiana.

Foto: Campaña de vacunación contra la polio este diciembre en Karachi. (EFE)

El apoyo a los talibanes se vive como algo profundamente religioso o cultural en muchas áreas de Pakistán. Hay valores que forman parte del día a día. El adoctrinamiento tiene lugar en las mismas madrasas (escuelas islámicas), sobre todo localizadas en áreas rurales, que han servido como centros de reclutamiento de muyahidines que acaban uniéndose a los talibanes en Afganistán.

Pakistán es un país en el que las mayorías religiosas son sistemáticamente perseguidas y asesinadas. La Ley de la Blasfemia es brutal. Es cierto que habrá hombres y mujeres que disfruten el orden talibán, porque ya lo hacen. El problema de ese régimen es que no hay opciones para quienes lo rechazan. Y si en Pakistán la vida ya es de por sí difícil para las mujeres, los ateos, los cristianos, los hindúes, los chiítas, los ahmadis y los miembros de la comunidad LGTB, si los talibanes llegan a hacerse con el poder, las minorías serán inexistentes.

Foto: Niños juegan con armas de juguete en la celebración de ruptura del ayuno tras el ramadán en Peshawar, Pakistán. (EFE) Opinión

El 14 de agosto, Pakistán celebraba el aniversario de su independencia. Los grupos de WhatsApp familiares se llenaron de fotos de niños posando con armas de juguete. Un bebé de dos meses aparecía vestido con ropa llena de motivos de misiles y bombas explotando. No eran casos aislados; la sublimación de la militarización es uno de los males que asola el país. Y cuando la violencia tiene una presencia doméstica tan fuerte, los poderosos solo tienen que redirigirla, no crearla. La paradoja es que esta violencia convive con la ternura, con el cuidado, con los valores familiares. Los padres darían la vida por sus hijos. Pero también la darían por defender la 'sharía'. Y eso es demencial.

Propaganda talibán

El pueblo pakistaní consume propaganda talibán de forma compulsiva, como un organismo hambriento de cambio. Hambriento de una nueva política que escape a las leyes coloniales. El problema es que las imposiciones de un Estado Talibán son inherentemente violentas, desde el momento en el que no existe el espacio para la crítica o para el rechazo al orden establecido. "La justicia no existe en el orden talibán, las vidas humanas se vuelven meras herramientas políticas", explica Zahur, médico en Peshawar. "Estos días he tratado a combatientes talibanes heridos que han podido cruzar la frontera para ser tratados en Pakistán, todos mencionan que si morían al menos serían mártires o héroes".

Pero al mismo tiempo, esos héroes, cuando matan, condenan a sus víctimas a la nada. También a los niños. Las vidas sacrificadas son tan solo estrategia.

Pakistán fue uno de los padres del movimiento talibán. Y ahora el hijo quiere regresar a casa, pero esta vez no de forma clandestina. Por eso, todos aquellos que son críticos con el gobierno han empezado a buscar maneras de huir, anticipándose al desenlace que han presenciado en Afganistán.

"Ojalá Imran Khan hubiese seguido en su papel de Playboy", se lamenta el diplomático pakistaní. "Ha pasado de romper corazones a romper un país".

Y en esa frase irónica cabe toda una tragedia. Todo el miedo. Toda la violencia.

En Pakistán, el apoyo hacia los talibanes se hace en casa. Primero, la devoción total hacia la madre, hacia el padre y hacia sus discursos. "No preguntes o arderás en el infierno". Después, el miedo. "Si no obedeces, las paredes de tu tumba se abrirán y cerrarán aplastando tus huesos eternamente". Por último, la anulación total del pensamiento crítico: "Para qué necesitas pensar por ti mismo si tienes la 'sharía'. Sigue la 'sharía'. Sigue la 'sharía'".

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