111 casos sólo en Pakistán en 2019

Cómo una operación para atrapar a Bin Laden creó una crisis de polio en Pakistán

La CIA utilizó una campaña de vacunación de Hepatitis B como tapadera para intentar recolectar ADN de Bin Laden en Pakistán

Foto: Campaña de vacunación contra la polio este diciembre en Karachi. (EFE)
Campaña de vacunación contra la polio este diciembre en Karachi. (EFE)

Los casos de polio en Pakistán alcanzan ya el rango de "epidemia". En 2018 se contaron algo menos de 40 casos de poliomelitis en todo el mundo, según la Organización Mundial de la Salud. Este año, solo en Pakistán se han detectado al menos 111 casos (de 125 en todo el mundo), aunque podrían ser más por la dificultad de acceder a las regiones más remotas del país. Pakistán es, junto a Afganistán y Nigeria, uno de los únicos países de todo el mundo donde todavía la polio sigue siendo endémica. Y como guinda de un cóctel de pobreza, dificultad de acceso a los servicios de salud y violencia muchos apuntan a una operación encubierta de Estados Unidos para atrapar a Bin Laden, que tuvo la inesperada consecuencia de acabar enquistando la crisis de polio en el país musulmán.

En 2011, pocas semanas antes de que varias decenas de 'Navy Seals' irrumpieran en el complejo residencial donde se refugiaba el líder de Al Qaeda y cerebro de los atentados del 11-S en Abbottabad (noreste de Pakistán), un equipo de la CIA utilizó una aparentemente inofensiva campaña de vacunación contra la Hepatitis B para obtener muestras de ADN del terrorista más buscado de EEUU. Aunque no consiguieron el material genético, la información recogida, con la tapadera de la operación sanitaria, fue clave para acorralar a Bin Laden.

Más allá de su éxito antiterrorista, la operación alimentó la narrativa anti occidental en el país dando pábulo a persistentes rumores sobre que los programas de vacunación son solo una forma de encubrir intereses extranjeros en el Pakistán. Si la CIA había intentado utilizar una campaña de vacunación para actuar ilegalmente en territorio pakistaní, ¿qué otros rumores podrían ser ciertos? Todos. La semilla de la desconfianza había sido plantada y regada.

Los rumores rodean continuamente las campañas de vacunación, incluso las organizadas por el propio gobierno de Pakistán sin participación de otras "fuerzas extranjeras". En 2015, el Gobierno tuvo que "probar" que la vacuna de la polio no era 'haram' (fuera de los preceptos de la ley islámica) y que no tenía "hormonas" que hacían estériles a los niños. El pasado abril, un falso rumor de que las dosis de vacuna en realidad enfermaban a los pequeños, cientos de padres desbordaron los hospitales, mientras que otros miles se negaban a que sus hijos fueran vacunados.

No es el caso más grave: las consecuencias de esos rumores suelen incluir asesinatos de trabajadores sanitarios (los dos últimos, este 18 de diciembre, a balazos por hombres sin identificar), atentados contra convoys de vacunación o incluso muchedumbres furiosas atacando los hospitales y prendiendo fuego a las instalaciones médicas. Al menos 102 trabajadores sanitarios en campañas de vacunación han sido asesinados en los últimos cinco años. Los recurrentes estallidos de violencia han obligado al Gobierno pakistaní en decenas de ocasiones a cancelar campañas de vacunación en provincias enteras del país.

La última campaña, que el Gobierno pakistaní ha tenido que cancelar hace apenas unas semanas por los continuos casos de violencia contra los trabajadores sanitarios, incluía un destacamento de 265.000 vacunadores que debían inmunizar, puerta por puerta, a más de 35 millones de niños, especialmente en las provincias del norte del país, contra esta enfermedad altamente contagiosa y que deja casi con toda probabilidad paralíticos a los pequeños menores de cinco años infectados. El destacamento de seguridad era de más de 100.000 oficiales. No ha sido suficiente.

Un doctor "traidor" a Pakistán

En julio de 2011, apenas dos meses después de la muerte de Bin Laden, los pakistaníes asistían sorprendidos a la confirmación de sus teorías de la conspiración sobre la actuación de servicios de inteligencia de Estados Unidos en suelo Pakistaní: con la intención de acercarse al líder de Al Qaida e identificar su paradero, la CIA había organizado una campaña de vacunación de Hepatitis B como tapadera. La historia la publicaba Saeed Shah, un periodista pakistaní que afirmó más tarde que la CIA "había intentado presionar para que su medio no publicara la historia". Para entonces, el Gobierno pakistaní ya había detenido al doctor Shakil Afridi, organizador local de la campaña, como colaborador de la CIA. Afridi se convirtió en un "traidor" en Pakistán.

Más detalles salieron a la luz con la filtración en 2014 del 'Informe Abbottabad', ordenado por el Gobierno de Pakistán a una comisión independiente. Afridi, que según Pakistán fue detenido cuando intentaba huir del país hacia Afganistán, había organizado la campaña de vacunación de Hepatitis B en la región de Abbottabad, donde se presumía que se ocultaba Bin Laden, a instancias de un contacto de la CIA, una mujer llamada "Kate".

El objetivo de la operación era introducirse en el complejo residencial donde se sospechaba que se ocultaba el líder de Al Qaida con la excusa de la vacunación de los niños residentes en dicha casa, recoger el ADN de las jeringuillas y analizarlo para comparar el material genético de los menores con el de Bin Laden. Si alguno hubiera salido positivo, sería un familiar del líder yihadista. Una prueba así terminaría de asegurar el soplo que los servicios secretos estadounidenses habían recibido poco antes sobre la localización de Bin Laden y daría luz verde a la operación relámpago para acabar con el terrorista.

En el informe Abbottabad se recoge el interrogatorio del doctor Shakil Afridi -detenido apenas 20 días después de la muerte de Bin Laden- y sus antecedentes, que parecen probar la relación de Afridi con la CIA. El pakistaní había residido unos cuantos años en EEUU antes de regresar a Pakistán en 2009 ante la imposibilidad de ejercer como doctor en Estados Unidos. De vuelta a Pakistán, Afridi trabajó como doctor y estableció relaciones con USAID, la agencia estadounidense para la ayuda humanitaria, que a su vez colaboraba con Save the Children.

Órdenes de la CIA

Poco después habría conocido a 'Kate', una mujer estadounidense que se encargaba de campañas de vacunación en regiones periféricas de Pakistán cerca de la frontera con Afganistán. Según la confesión de Afridi, interrogado por el Servicio Pakistaní de Inteligencia, esta mujer lo reclutó y habría sido su contacto en la CIA [Afridi más tarde cambiaría su versión de los hechos]. Esta misma mujer lo convenció, en enero de 2011, para que organizara una campaña de vacunación en la ciudad de Abbottabad.

Finalmente en abril, un mes antes de la muerte de Bin Laden, Afridi, acompañado de una trabajadora sanitaria local, tocaba a la puerta de un imponente complejo residencial en la barriada 'Bilal Town' de la ciudad de Abbottabad. Los vecinos lo conocían como 'Waziristan Kothi", y allí se ocultaba Bin Laden.

Afridi, siguiendo órdenes de la CIA, pidió paso para vacunar a los niños que vivieran en el complejo. Se le denegó, señalando que los niños no estaban en ese momento. Afridi no consiguió las muestras de ADN, pero sí otra información que terminó de completar el puzzle de la CIA: el 'jefe' del 'compound' era uno de los identificados como "mensajeros" de Bin Laden. Suficiente para dar luz verde a la operación 'Lanza de Neptuno', que culminó con la ejecución del líder de Al Qaida.

Más tarde se supo que Pakistán no había dado permiso para la operación, que se lanzó desde Afganistán, y denunció un atropello a su soberanía por parte de EEUU. Comenzaron las investigaciones, y en menos de dos semanas ya conocían la existencia de la campaña de vacunación de Afridi. No queda claro si la CIA había llegado a informar a Afridi del uso que EEUU quería dar a las muestras de ADN que tenía que conseguir y que la campaña sería una tapadera para una operación antiterrorista.

Un hombre lee el periódico en el que se informa de la condena del doctor Shakil Afridi. (EFE)
Un hombre lee el periódico en el que se informa de la condena del doctor Shakil Afridi. (EFE)

Tras conocerse los detalles de la operación de la CIA, seis trabajadores extranjeros de Save the Children fueron expulsados del país. El director de la organización para Pakistán, David Wright, declaró que "estaba indignado por el mal uso del nombre de Save the Children (...) Que una actividad que salva vidas, como es una campaña de vacunación, haya sido para propósitos no sanitarios ni humanitarios". El escándalo fue tal que la propia CIA emitió un comunicado señalando que "no volvería a utilizar campañas de vacunación" de ONGs como tapadera.

"El uso de vehículos sin marcar, o con colores similares a los nuestros, el uso de nuestras instalaciones por parte de actores internacionales en el conflicto nos pone en peligro a nosotros y nuestra labor", se quejaba a El Confidencial una trabajadora de Médicos Sin Fronteras discutiendo las misiones de la organización en Mali. La queja es similar entre otras organizaciones humanitarias, que defienden su independencia de este tipo de operaciones militares no sólo como una forma de ganarse la confianza entre los locales, sino una forma de protegerse de ataques.

El pasado octubre, Afridi apeló su sentencia de 33 años de cárcel (más tarde reducida a 23) aduciendo que no tuvo "un juicio justo". Afridi permanece en la prisión de Peshawar pese a las promesas de campaña de Donald Trump en 2016, que aseguró que liberaría a Afridi -considerado un héroe en EEUU- "en dos minutos" si era elegido presidente.

Mayor cifra de casos de los últimos cinco años

Si bien Pakistán estuvo a punto de lograr la erradicación de la polio a principios de la década de los 2000, esa tendencia cambió a partir de 2012, según datos de la OMS. Aun así, la cifra de 2019 está siendo récord. Con 111 casos de niños afectados por poliomelitis, se trata de la mayor cifra en los últimos cinco años.

Un trabajador sanitario administra vacunas de polio en Karachi, Pakistán, este diciembre. (EFE)
Un trabajador sanitario administra vacunas de polio en Karachi, Pakistán, este diciembre. (EFE)

Porque la operación encubierta de la CIA para detener a Bin Laden no es la única causa de la epidemia de polio que hoy vive Pakistán. Para intentar vencer la reticencia de los pakistaníes a los trabajadores humanitarios extranjeros, el Ministerio de Salud pakistaní comenzó a reclutar trabajadores locales para organizar campañas puerta a puerta (en lugar de obligar a el traslado de las familias hasta los hospitales) con gente que ya es parte de la comunidad.

Y aunque al principio pareció funcionar, la inestabilidad política del país y la presencia de talibanes del vecino Afganistán han continuado encendiendo la violencia contra las campañas de vacunación y perpetuando la enfermedad en las piernas de sus niños. La dificultad de acceder a las zonas más remotas del país es otro problema. Una nueva tendencia es la difusión de vídeos de anti-vacunas producidos en Europa y doblados al urdu, según un reportaje reciente de Al Jazeera. Solo en 2019, las autoridades pakistaníes han eliminado al menos 174 contenidos que promovían la no vacunación de los niños en redes sociales como Facebook, Youtube y Twitter.

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