Tokio se lanza a la fiesta olímpica contra su voluntad: "Están arriesgando nuestras vidas"
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Tokio se lanza a la fiesta olímpica contra su voluntad: "Están arriesgando nuestras vidas"

Los Juegos Olímpicos arrancan hoy con una creciente oposición ciudadana. Con solo un 20% de vacunados y la quinta ola amenazando al país, muchos temen una catástrofe

placeholder Foto: Una manifestación paralela a la inauguración de los Juegos este viernes (EFE)
Una manifestación paralela a la inauguración de los Juegos este viernes (EFE)

El día de la inauguración de los Juegos Olímpicos más impredecibles de la historia, unos pocos ciudadanos pasean por las inmediaciones del estadio y del museo olímpico de Tokio, tomándose fotos ante los emblemáticos anillos olímpicos de la que será la cita más extraña de toda su historia moderna. Todos los accesos al público están cerrados y vallados, y decenas de policías vigilan hasta el más mínimo movimiento que se produce en Sendagaya, este tranquilo barrio residencial de la capital nipona. Lo que debía ser el escenario central de la fiesta del olimpismo es el vivo resumen del fiasco.

Después de aplazar un año el evento y de meses de dudas en cuanto una posible anulación, algunos japoneses -muchos de ellos con niños- han querido inmortalizar este momento histórico a pesar de no poder participar ni tan siquiera como público. “He querido venir con los niños para tener un recuerdo de este momento histórico”, explica Keiko, una madre que ha venido desde Kanagawa (sur de la capital). “Es muy triste no poder asistir a ninguna competición teniéndolas a la puerta de casa”, se lamenta esta madre japonesa a El Confidencial.

Foto: Imagen: Learte

El Gobierno japonés ha ignorado la enorme oposición pública a la celebración de esta cita olímpica y ha forzado su puesta en marcha contra viento y marea. A pesar de los esfuerzos del Comité Olímpico Internacional (COI) y de las autoridades por ofrecer todo tipo de garantías en cuanto a control y seguridad de la pandemia, el goteo de casos exclusivamente relacionados con los Juegos Olímpicos (entre trabajadores y atletas) ya ronda el centenar. Los expertos aseguran que la burbuja aislada en que querían convertir la Villa Olímpica ya ha sido reventada y se podrían multiplicar los casos en pocos días.

El primer ministro, Yoshihide Suga, ha afirmado que renunciar a la celebración de los Juegos sería “lo más simple y más fácil, el papel del Gobierno es el de asumir desafíos”, en declaraciones a The Wall Street Journal. Debido a esta intransigencia y determinación del Gobierno, el país está sumido, por una parte, bajo el temor que la cita olímpica sirva de catapulta para una devastadora quinta ola y, por otra parte, con un sentimiento de impotencia ante la apertura de unos eventos que no despiertan mucho entusiasmo.

[La inauguración de los Juegos Olímpicos, en directo]

Si en septiembre de 2013, el 76% de los interrogados consideraba que los Juegos “tendrían un impacto positivo para el futuro de Japón” -según un sondeo de la cadena TV Asahi-, las encuestas de estas últimas semanas han mostrado una oposición por encima del 80%, inédita en la historia olímpica. El propio Suga, quien debe convocar elecciones para este otoño, ha visto como su popularidad ha caído a menos del 30% de apoyo frente al holgado 70% de aprobación que cosechaba el pasado septiembre cuando asumió el cargo sustituyendo al carismático Shinzo Abe.

"No tiene sentido"

Los ciudadanos de Tokio no sólo han ignorado sus propios Juegos, sino que se muestran muy enojados con su propio gobierno, a quienes incluso acusan de poner en riesgo la vida de los ciudadanos. A pesar de que Japón no es, ni de lejos, uno de los países más afectados por esta pandemia, el repunte de casos, especialmente en la capital, forzó la imposición de un nuevo estado de emergencia que se extenderá hasta el próximo 22 de agosto. “No tiene ningún sentido celebrarlo bajo la pandemia, sobre todo arriesgando la vida de los ciudadanos”, sostiene Taro, un tokiota. “Por otro lado, que parece que la postura o medidas del Gobierno o la organización no es muy coherente desde el principio, además falta transparencia de la información”, se queja a El Confidencial.

"Nadie confía en el sistema de burbuja y puede existir el contacto entre personal relacionado con los Juegos y gente de la calle"

“Japón mantiene las restricciones de entrada al país para frenar el aumento del riesgo de contagio pero al mismo tiempo permite entrar a los atletas por los Juegos, es una contradicción” añade. Este tokiota asegura que “todas las medidas de seguridad nunca serán perfectas ni suficientes, nadie confía en el sistema de burbuja y puede existir la posibilidad de contacto entre atletas o personal relacionado con los Juegos y gente de la calle”, mientras evoca el caso del atleta de Uganda que escapó de su hotel y ahora mismo se encuentra en paradero desconocido, otro de los muchos dislates que han sucedido estos últimos días.

De una forma muy similar se expresa Chiaki, vecina de Saitama, en el norte de la capital. A pesar de que no se muestra totalmente en contra de la celebración, sí considera que debería haberse aplazado nuevamente dada la situación. “Si el marzo del año pasado se postergaron los Juegos cuando sólo había unos 200 casos en todo el país, ahora que vuelven a verse cifras de casi 2.000 casos solo en la ciudad de Tokio, debería haberse considerado una nueva fecha en el futuro”, asegura a El Confidencial.

“Además, estos últimos días hemos visto muchos casos positivos relacionados con los Juegos, tanto dentro como fuera de la Villa Olímpica, y esto me preocupa porque puede que nos lleguen nuevas cepas de coronavirus y sería un desastre”, afirma Chiaki. Y no son los únicos escándalos que están contaminando los Juegos.

Unos Juegos salpicados de escándalos

Estos Juegos pasarán a la historia no sólo por celebrarse en mitad de una pandemia, sino también por toda una serie de dislates que, a priori, eran impensables que ocurrieran en un país de fama de serio y organizado como Japón. El primer escándalo importante se produjo pocos meses después de ser elegida como sede olímpica, cuando el comité organizador se vio forzado a retirar su logo bajo la acusación de plagiar la imagen corporativa del Teatro de Lieja, de Bélgica, caso que provocó la dimisión del ministro de deportes Hakubun Shimamura. Se suma el rosario de despidos y dimisiones que han afectado desde el anterior presidente del comité organizador, Yoshiro Mori, por unas declaraciones machistas, hasta la reciente del director de las ceremonias de apertura y clausura, Kentaro Kobayashi, por una broma sobre el Holocausto en un programa humorístico de 1998, pasando por Cornelius, el compositor de la música de las ceremonias, que aseguró en unas declaraciones de los años 90 que reconocía haber hecho 'bullying' a compañeros de la escuela.

Por si esto fuera poco, al inicio de la semana pasada, un ciudadano marsellés, Vincent Fichot, inició una huelga de hambre en las inmediaciones del estadio olímpico denunciando que su exmujer japonesa había presuntamente secuestrado a sus hijos hace casi ya tres años y que la justicia del país no permitía a este ciudadano francés tener contacto alguno con ellos. Fichot espera que el presidente francés, que tiene previsto asistir a la ceremonia de apertura, pueda interceder en este asunto.

Pero el caso que ha puesto la piel de gallina a más de un tokiota ha sido la violación el viernes de la semana pasada de una joven trabajadora japonesa en la misma sede del Estadio Olímpico durante los ensayos de la ceremonia inaugural. La policía arrestó el domingo al presunto violador de la chica de poco más de 20 años, un trabajador contratado para servir comida a los medios de comunicación ciudadano de Uzbekistán. El presunto violador, estudiante de 30 años en una universidad cerca de Kioto, negó la acusación alegando que la chica no había ofrecido resistencia, hecho que ha indignado a la opinión pública.

placeholder Un momento de la inauguración de los Juegos Olímpicos (Reuters)
Un momento de la inauguración de los Juegos Olímpicos (Reuters)

Mientras que tanto el COI como el gobierno japonés están a la espera del momento en el que el deporte tome el relevo a los escándalos, muchos japoneses muestran una gran indignación con su gobierno, también por otro de los grandes problemas de Japón a la hora de surfear la pandemia: su índice de vacunación. Casi un tercio de los 126,3 millones de habitantes de Japón tiene 65 años o más y todavía no todos han sido vacunados contra el virus.

Actualmente, el ritmo de vacunación es de más de un millón de vacunas diarias, pero la campaña no se inició realmente hasta el pasado mes de marzo, con más de tres meses de retraso si comparamos con España. Hace poco menos de dos meses, el cuatro por ciento de la población había recibido la pauta completa y, aunque ahora la cifra se acerca al 20%, el país está aún muy lejos de llegar a porcentajes que puedan llegar a hacer pensar en una inmunidad de grupo en las próximas semanas.

Con voluntad de mostrar sobriedad y solidaridad con los ciudadanos, muchas empresas patrocinadoras se han replanteado en las últimas horas su papel en estos Juegos. Toyota reveló a principios de semana que cancelaría toda su publicidad televisiva relacionada con Tokyo 2020 y anunció que su presidente, Akio Toyoda, no asistiría a la ceremonia inaugural. Seguidamente, como piezas de dominó, los principales patrocinadores nipones como Fujitsu, NTT, Asahi o Panasonic también informaron que han tomado medidas similares.

Estos Juegos serán los primeros de toda la historia que se harán con la mayoría de la población de la ciudad en contra de su celebración. Pero con la multiplicación de escándalos y desatinos de las últimas semanas se puede sentir en el ambiente que la cita olímpica ha evidenciado algunas de las sombras de la sociedad japonesa, en un país que defiende los valores de la benevolencia y la tolerancia.

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