De un tren 'loco' al 'neocolonialismo' chino: dentro de las entrañas de Kenia
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LIBRO 'MATUMBO', DE JAVIER TRIANA

De un tren 'loco' al 'neocolonialismo' chino: dentro de las entrañas de Kenia

El periodista Javier Triana dibuja en su libro 'Matumbo. Una crónica de las entrañas de Kenia' (Libros del K.O.), un país al que le toca su propia porción de los temas geopolíticos actuales

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Construcción de una autopista entre Nairobi y Mombasa por una empresa china. (EFE)

Se cuenta que el príncipe Felipe de Edimburgo, desplazado a Kenia en representación del Reino Unido para la ceremonia de independencia del país africano, le gastó una bromita a Jomo Kenyatta [primer presidente de la Kenia independiente] llegado el momento crítico. Cuando la Union Jack estaba a punto de arriarse, se giró hacia Kenyatta y le dijo: "¿Seguro que quieres seguir adelante con esto?". Vaya que si quería.

El periodista Javier Triana cuenta esta anécdota en su libro 'Matumbo. Una crónica de las entrañas de Kenia' (Libros del K.O.), donde dibuja un país al que le toca su propia porción de los temas geopolíticos actuales: de la dominación británica ha pasado a la nueva tensión China-Occidente, del vuelco económico que llegó con las grandes plantaciones de té británicas y las tierras robadas a las tribus a la lucha vital contra el cambio climático o las nuevas tecnologías en el 'Silicon Savannah', como le dicen a Nairobi.

En Matumbo (entrañas, en suajili) se conjuga así el pasado y el presente más cercano, un tren 'loco' y una autopista con dinero chino. Entre medias, personajes que tejen historias de sangre y lucha (como Solomon Muyundu, Solo7, que buscó la paz con grafitis en medio de las matanzas postelectorales de 2007), pero también de esfuerzo y esperanza, como el eterno candidato a Nobel de Literatura Ngugi wa Thiong'o, o la activista climática Wangarĩ Maathai, primera mujer africana negra en ganar un Nobel.

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Portada del libro 'Matumbo'

Tras la brutal colonización británica, Kenia se convirtió en un país independiente pero que nació ya con un futuro podrido, desde el momento en el que Kenyatta arrió la Union Jack y se sustituyó por la negra, roja y verde. Los mismos pecados de la administración colonial se mantuvieron, solo cambiaron de manos. Las luchas entre tribus por motivos de tierras (que no fueron redistribuidas a sus antiguos dueños, sino que pasaron a la nueva élite keniana colaboracionista) y otros motivos que hunden sus raíces políticas en este pasado colonial no se superaron con la independencia, y siguen teniendo consecuencias hoy. Como por ejemplo, en la violencia postelectoral, que dejó centenares de vidas y manos cortadas en 2007 como años más tarde, cuando se intentó llevar el caso a la Corte Internacional de Justicia y decenas de testigos desaparecieron o fueron asesinados.

"La nueva Kenia no tuvo esa oportunidad de ser un país mejor pero a sabiendas, porque no la quiso tener. Lo que hace Kenyatta y lo que después hace Moi, y luego hizo Kibaki, y luego Kenyatta otra vez, pero esta vez su hijo, [los sucesivos presidentes de Kenia] es aprovecharse de los mecanismos que ya están. Heredan un sistema que a la gente que está en el poder todo son ventajas, y a la gente que está abajo, pues que pena", cuenta Triana, en entrevista telefónica con El Confidencial desde China, donde ahora reside como corresponsal para la Agencia Efe.

Un tren 'lunático'

Como cuenta Triana, que ha trabajado como periodista para medios hispanos en países como Kenia, Filipinas y China, Kenia se creó, por esa colonización británica que creaba fronteras por encima de paisajes trashumantes con escuadra y cartabón, alrededor de una vía de tren que pretendía unir la ciudad comercial y portuaria de Mombasa con la rica Uganda. Esa vía de tren, conocido como 'Lunatic Express', se convirtió en la gran metáfora de ese pasado histórico dejado por los británicos, decadente y dejado luego pudrir por las nuevas autoridades de la Kenia independiente.

La línea, de algo más de 1.000 kilómetros, unía el lago Victoria con Mombasa. Además de su tremendo costo, la entonces pantagruélica obra se tragó también las vidas de miles de trabajadores, la mayoría indios, a causa de las duras condiciones laborales, enfermedades, asesinados por tribus locales o incluso devorados por leones. Si las condiciones de su concepción no eran ya lo suficientemente 'lunáticas', hacia el final de su vida ya el mero hecho de utilizarlo requería una gran dosis de paciencia y quizá un puntito de locura: las averías eran casi obligatorias, y un trayecto de un par de horas podía acabar siendo de dos días.

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Foto: Reuters.

Si el tren lunático es el espíritu del pasado, ahora el futuro son las grandes obras de infraestructuras levantadas con dinero y empresas de construcción chinas, que se multiplican por el país y a gran velocidad. Especialmente los algo más de 400 kilómetros de ferrocarril, construido por China, entre Nairobi y Mombasa. Un símbolo del 'progreso' y la 'cooperación Nairobi y Pekín' empañado por los enormes costos a los que se enfrenta el país africano: 4.000 millones de dólares que lo han convertido en el proyecto de infraestructuras más caro desde la independencia de Kenia.

Durante la última década, China ha prestado dinero y construido infraestructuras a gran escala en África. Tras casi dos décadas de créditos baratos y muy diversificados, China ha superado ya al Banco Mundial como el mayor 'prestamista' individual para África. Pekín y el Banco de Desarrollo de China prestaron más de 152.000 millones de dólares a los países africanos entre 2000 y 2018, según un informe del instituto CARI (Iniciativa de Investigación China-África, por sus siglas en inglés) de la Escuela de Estudios Internacionales de la Universidad estadounidense Johns Hopkins. Según el Banco Mundial, China representa el 17% de la deuda africana. El Jubilee Debt Campaign, que aboga por la condonación de la deuda de los países pobres, alza el porcentaje hasta al menos el 20%.

Foto: Uno de los paquetes de ayuda china enviados a África. (Reuters)

"A China le viene muy bien tratar con gobiernos como los que hay en muchos países africanos, con opacidad. La corrupción y falta de transparencia es una forma de funcionar", sostiene Triana. Pero aunque a los gobiernos africanos les interesa la entrada de capital chino, al final "son acuerdos poco equilibrados. Para los chinos son fantásticos, pero porque se quedan con opciones". En el caso de la nueva vía del ferrocarril entre Nairobi y Mombasa, activistas anticorrupción kenianos han denunciado, a través de documentos filtrados, de que el puerto de Mombasa, uno de los más jugosos de la costa oriental de África subsahariana, había quedado como aval en caso de impago. Desde entonces y ante el revuelo levantado tanto las autoridades chinas como kenianas han defendido que China no se quedará con el control del puerto de Mombasa, pero los intereses de China en la zona están claros, con grandes construcciones también en Etiopía y su primera base militar en el extranjero, levantada en Yibuti.

A nivel geopolítico, las inversiones chinas en África, muchas como parte de la nueva ruta de la seda, añaden un elemento más a la tensión con otras potencias occidentales por la influencia en el continente africano. Especialmente en un contexto en el que la deuda se acumula y queda la duda de la pérdida de soberanía.

La llegada del dinero chino también ha provocado roces sociales. Aunque la ley keniana fuerza a las empresas extranjeras a contratar a un porcentaje de personal local, en las orillas de las obras la mayoría del personal de construcción e ingeniería son chinos, dejando los trabajos más bajos, incluso como 'chico del té', a los locales.

placeholder Javier Triana. (Cedida)
Javier Triana. (Cedida)

Entre medias, Matumbo va tocando, mezclando historia e historias, la porción geopolítica que le toca a Kenia de los temas mundiales. "La parte que tiene Kenia de los asuntos de actualidad en el resto del mundo: en el libro se habla de tradición contra modernidad, de la lucha por la defensa del medio ambiente, se habla de la lucha feminista, del mundo poscolonial… Temas que se repiten en el mundo. Lo que se cuenta en Matumbo es lo que le toca a Kenia de todo este tipo de cuestiones que encontramos en otros países", explica Triana.

Uno de los personajes que vertebran el libro es también uno de los que más ha marcado a Triana. Se trata del escritor keniano Ngugi wa Thiong'o, eterno aspirante al Nobel de Literatura y uno de los primeros escritores reconocidos en dejar el inglés para escribir en su lengua materna, el gikuyu. Fue en la cárcel donde Ngugi decidió abandonar su nombre cristiano (una tradición muy común en Kenia, donde los niños se bautizan con un nombre 'cristiano' occidental y cuentan con otro nombre propio, más acorde con la tribu), y escribir en su propio idioma. Escribió su primera novela en gikuyu en el papel higiénico de la cárcel, anhelando el momento en el que fuera 'normal' expresarse en su lengua materna.

"En el libro se habla de tradición contra modernidad, de la lucha por la defensa del medio ambiente, se habla de la lucha feminista..."

Igual que otras luchas actuales tienen su reflejo en Kenia, la 'decolonización del lenguaje' y la mente que aboga Thiong'o también puede relacionarse con España, apunta Triana, con el afán de adoptar términos y palabras del inglés gracias a su amplia presencia cultural. "No es una relación de igual a igual en la que nosotros aceptamos palabras porque no la tenemos. Y lo peor es que [las palabras en inglés] nos suena mejor, que es lo triste, y eso es lo que pasaba en Kenia" con la lengua inglesa frente a otras lenguas minoritarias propias de las tribus locales.

“Cuando llegué a Kenia tenía muy poquita idea del país, que había una ciudad en la costa que se llamaba Mombasa, que había sido colonia británica y que la capital se llamaba Nairobi”, confiesa Triana, explicando que con 'Matumbo' ha intentado escribir el libro que a él le hubiera gustado leer cuando llegó al país por primera vez. Un pequeño rincón en el África Oriental, emocionalmente lejos de España y de la que apenas se conocen los safaris y los corredores. “Si la máxima que tenemos es ‘África no es un país’, vamos a demostrarlo, con Matumbo, que la propia Kenia es un país muy diverso”.

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