La división de indígenas y el anticorreísmo aúpan a un exbanquero al poder en Ecuador
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el voto en blanco se triplica

La división de indígenas y el anticorreísmo aúpan a un exbanquero al poder en Ecuador

El candidato conservador y anticorreísta Guillermo Lasso se impone en la segunda vuelta de las elecciones ecuatorianas

placeholder Foto: Victoria en segunda vuelta de Guillermo Lasso. (Reuters)
Victoria en segunda vuelta de Guillermo Lasso. (Reuters)

La segunda vuelta de las elecciones presidenciales el domingo en Ecuador han constatado la victoria del empresario conservador Guillermo Lasso, quien en su tercer intento por hacerse con la presidencia ha obtenido 52,5% de los votos frente al 47,5% de su rival, el candidato correísta Andrés Arauz, según los resultados oficiales parciales del Consejo Nacional Electoral (CNE). Esta sólida ventaja de cinco puntos —con más del 97% escrutado— contrasta con la primera vuelta, en la que Arauz obtuvo una amplia ventaja (con algo más del 30% de los votos) sobre sus dos inmediatos perseguidores. En esa oportunidad, Lasso apenas logró pasar de ronda ante el candidato indigenista Yaku Pérez, ambos rozando el 20% de los votos. ¿Qué ha sucedido?

Si la primera vuelta del pasado 7 de febrero representó la erupción de una realidad que hasta entonces se encontraba sumergida, las grietas que hoy se abren dentro de la sociedad ecuatoriana son igual de profundas que las líneas de la modernidad que trazaron los criollos, descendientes de españoles, que fundaron la nación ecuatoriana durante el segundo tercio del siglo XIX. Divisorias tan marcadas que, para muchos observadores, cabe preguntarse si es posible hablar, hoy en día, de la existencia de una ‘nación ecuatoriana’.

Foto: Guillermo Lasso. (EFE)

Si en 2019 un 34% de los ecuatorianos en zonas rurales vivían bajo el umbral de la pobreza, la pandemia (y la inexistencia de un programa ambicioso de políticas sociales que el Gobierno de Lenín Moreno fue incapaz de crear) han provocado que en 2021 el porcentaje suba al 47% (casi la mitad de la población). En un poco más de dos meses, desde la primera vuelta hasta que se han conocido los resultados definitivos este 11 de abril, ninguno de los dos candidatos ‘finalistas’ (Lasso y Arauz) han despertado el carisma suficiente para generar ilusión entre los ecuatorianos. La participación ha disminuido en esta segunda vuelta y los votos en blanco se han triplicado.

División indígena

Las acusaciones de fraude electoral realizadas por el candidato de Pachakutik, Yaku Pérez, provocaron el despertar, entre las clases medias quiteñas, del fantasma de la rebelión de indígena de octubre de 2019. Podría decirse que los ‘procesos civilizatorios’ que ha vivido Ecuador durante la alternancia entre liberales y conservadores a lo largo del siglo XIX no consiguieron incluir al movimiento indígena como parte de un imaginario nacional llamado Ecuador. Sin embargo, el supuesto fraude no dotó al movimiento indígena de una unidad ‘frente al enemigo’, más bien lo contrario.

placeholder Guillermo Lasso. (Reuters)
Guillermo Lasso. (Reuters)

La posición inicial del movimiento indígena respecto a la segunda vuelta fue la de no apoyar a ninguno de los dos candidatos y optar por el voto nulo. Sin embargo, tan solo unos días antes del momento decisivo, la número dos del binomio que se había presentado con Yakú Pérez por Pachakutik, Virna Cedeño, expresó públicamente su apoyo a Guillermo Lasso. En un acto casi reflejo, tan solo unos días más tarde el presidente la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (CONAIE) Jaime Vargas, escenificó su apoyo a Andrés Arauz con un simbólico abrazo con el candidato presidencial.

Desde que comenzaron los 'procesos civilizatorios' en Ecuador, el movimiento indígena tardó más de un siglo en ser protagonista de la política ecuatoriana. Primero fue la 'modernidad católica' promovida por el Gobierno conservador de Gabriel García Moreno (1860-1865) y luego la ‘modernidad liberal’ promovida por Eloy Alfaro (1895-1901). No fue hasta la llegada de los años 90 del siglo XX cuando la CONAIE, como punta de lanzadera del movimiento indígena, lideró las protestas en contra de la desregulación de los mercados y los ‘paquetes de privatización’ que se materializaron con la llegada al Gobierno de Abdalá Bucaram en 1997.

Foto: Protestas indígenas en Ecuador. (EFE) Opinión

A pesar de los altos índices de pobreza, la actual ‘apatía’ de la sociedad ecuatoriana ante su clase política no es producto exclusivo de la desigualdad de clases, sino que es también fruto de una lucha de memorias respecto al legado de la mayor máquina de modernización que ha existido en la historia de Ecuador, la Revolución Ciudadana (2007-2017) liderada por el progresista Rafael Correa.

Anticorreísmo transversal

Los anticorreístas (un movimiento transversal que abarca desde las clases acomodadas urbanas hasta una parte significativa del movimiento indígena) ven en el delfín de Correa, Andrés Arauz, una vuelta al ‘autoritarismo’. Por otro lado, los correístas constantemente descalifican a sus oponentes argumentando un ‘lavado de cerebro’ llevado a cabo por parte de los grandes poderes económicos que tienen en sus manos una buena parte de los medios de información.

Precisamente esta lógica, que devora gran parte de las conversaciones que tienen los ecuatorianos sobre política, ha provocado que el movimiento indígena se encuentre cada vez más dividido. Los seguidores de Virna Cedeño (y por extensión de Yaku Pérez) argumentan que un nuevo Gobierno correísta volverá a reprimirlos implementando políticas económicas extractivas (recordemos que bajo el Gobierno de Rafael Correa tuvieron lugar las mayores concesiones de terreno a empresas petroleras y mineras el país). Por otro lado, los seguidores de Jaime Vargas claman que un Gobierno del exbanquero Guillermo Lasso les devolvería a unos años 90 —cuyos ecos se sintieron durante el actual Gobierno de Moreno— donde las políticas económicas neoliberales aumentaron el coste de la vida de las clases trabajadoras.

Foto: Vista general del Pabellón de Cristal de la Casa de Campo donde la comunidad ecuatoriana residente en Madrid votó el pasado mes de febrero. (EFE)

La victoria del presidente electo Guillermo Lasso, que ha conseguido remontar los resultados de la primera vuelta imponiéndose con más de 400.000 votos sobre Arauz en la segunda, confirman que ‘el miedo a que vuelva Correa’ fue decisivo para la remontada.

Las primeras palabras de Lasso tras conocer la victoria fueron dirigidas a construir puentes hacia los sectores sociales, haciendo referencia a la igualdad salarial entre hombres y mujeres. Sin embargo, estas declaraciones contrastaron con una puesta en escena donde a su costado derecho aparecía bien visible Jaime Nebot. Posiblemente Nebot sea el político en activo que más aversión suscita entre la izquierda ecuatoriana (correísta y no correísta) debido a su apoyo expreso a las fuerzas de seguridad públicas durante las sucesivas violaciones de derechos humanos que se cometieron durante el Gobierno de León Febres Cordero (1984-1988) y que fueron recogidas en el informe de la Comisión de la verdad que vio la luz en 2010.

¿Una nación ecuatoriana?

El explorador prusiano Alexander von Humboldt llegó a Quito en 1802 y, tras atreverse a subir el volcán del Chimborazo (que compite con el Everest por tener la cumbre más alta del mundo), comenzó a detectar ‘cadenas de cosas’. Su descubrimiento del ‘ecuador magnético’ sentó las bases para que los científicos pudieran, 200 años más tarde, empezar a conectar la existencia del cambio climático con la huella del ser humano.

Durante el proceso de descolonización a principios del siglo XIX, el libertador Simón Bolívar calificó a Humboldt como el hombre que había descubierto el ‘nuevo mundo’. Su amigo le agradeció el halago, pero le advirtió de los peligros de ‘imponer’ las nuevas ideas republicanas. En el actual siglo XXI, los ecuatorianos usan constantemente la expresión ‘viveza criolla’ para autodefinirse. Ser ‘muy vivo’ hace referencia a tratar de ‘hacer la trampa’ para obtener a cambio el beneficio personal.

El nuevo presidente Guillermo Lasso tendrá que convencer a sus paisanos de que su programa económico, basado en la entrada de grandes inversiones extranjeras a Ecuador, es el remedio para salir de la actual crisis económica y social. Con una Asamblea Nacional muy fraccionada, a Lasso le será imposible hacer un proyecto serio de gobierno sin contar con las demás fuerzas políticas. La reconstrucción de la izquierda poscorreísta empieza desde hoy. ¿Qué papel jugará el movimiento indígena en esta reconstrucción? El éxito del Gobierno de Lasso dependerá en parte de cómo se reconfiguren estas futuras alianzas.

Ecuador Rafael Correa