Andorra, la versión de los trabajadores: "Allí te exprimen y te devuelven a tu país"
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VIDA DE LOS NO RICOS EN EL PRINCIPADO

Andorra, la versión de los trabajadores: "Allí te exprimen y te devuelven a tu país"

El paraíso de los Pirineos tiene dos versiones: la de los que buscan ventajas fiscales y la de los que van a enseñarles a esquiar

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Vistas de Andorra. (Pixabay)

Cuando Francisco Armengol llegó a Andorra, ni siquiera había oído hablar del lugar. Una mañana de 1990, su padre regresó nervioso a casa y le pidió a la familia que hiciese las maletas. En apenas unas horas, la familia Armengol, acomodada y bien conocida en Corralejo (Fuerteventura) por regentar una pub en la zona turística, salió de la isla para no volver.

En el ferry hacia Lanzarote, Francisco, de 18 años, supo que su padre había tomado decisiones empresariales cuestionables. "En aquella época, hubo una crisis importante en Canarias, porque los turoperadores dejaron de traer turistas para llevárselos a Grecia o a Italia. Se sucedían los días con los negocios vacíos y en Corralejo hubo que cerrar mucha hostelería y comercio, daba lástima pasear por el pueblo", recuerda Armengol desde Estados Unidos, donde vive hace 13 años. "Y mi padre, que había hecho mucho dinero con su local, se negó a cerrar, pese a que había noches que solo entraba una pareja a cenar, eran muchos más trabajadores que clientes".

Foto: Julio Corbacho, 'youtuber' residente en Andorra, posa con su Porsche Panamera en Les Escaldes. (Reportaje fotográfico: Fernando Galindo)

Cuando el cabeza de familia de los Armengol se quedó sin liquidez, empezó a expedir cheques sin fondos a proveedores con la esperanza de poder hacer frente antes de que los cobrasen. Por eso aquella mañana de 1990, cuando vio de lejos que la Guardia Civil le esperaba en la puerta del pub, entendió que su mejor baza era poner tierra de por medio. "Salimos pitando con lo puesto hacia el puerto, huyendo sin un destino", dice Francisco. En menos de un año, los Armengol rebotaron en Lanzarote, Tenerife y Barcelona antes de asentarse por fin en Andorra. "Unos familiares de Madrid nos aconsejaron que mi padre se refugiase allí hasta que prescribiese su delito, porque era difícil que lo extraditasen. Eso hicimos", recuerda Francisco.

La experiencia de Francisco Armengol durante los siguientes 17 años tiene poco que ver con las mansiones de los 'youtubers', el 'glamour' de las pistas de esquí y los Lamborghinis. "Lo primero que le llamó la atención a alguien como yo, que pasé de las dunas de Corralejo a meterme en mitad de los Pirineos, es que, cuando vives allí, más allá de lo bonito que es y la paz que se respira, te das cuenta de que es muy pequeño. Andorra es una sucesión de valles en forma de Y que tendrá 50 kilómetros de largo por 40 de ancho, pero la mayor parte del espacio no es habitable, son pistas o zonas verdes. La población está muy concentrada en dos o tres puntos urbanos, de modo que, al poco tiempo, ya te sabes todas las caras y sus vidas. Es como vivir en un pueblo de montaña venido a más", afirma.

"Un funcionario me dijo que, si no tenía trabajo ni dinero, no sabía qué hacía yo en Andorra"

Armengol, sin estudios superiores ni conocimiento del catalán o la cultura local, accedió al Principado como otros tantos trabajadores, por la gatera. Trabajó instalando estructuras metálicas, construyendo aparcamientos, de 'puerta' en una discoteca y de camarero de restaurante. Todo lo que llegaba era bueno para ayudar a pagar el alquiler del apartamento familiar, pero pronto descubriría que estaba en la selva del 'currito', un país sin legislación laboral ni protección del trabajador: "El empresario te podía echar en cualquier momento, cuando y como quisiera, y te ibas a tu casa sin indemnización ni paro. Tampoco podías quedarte mucho tiempo en casa, porque cuando estabas dos meses sin cotizar, la Seguridad Social le enviaba una notificación a la policía y te advertían de que, o encontrabas trabajo pronto, o tenías que irte del país", lamenta Francisco.

"Poco a poco, me di cuenta de que el sistema está hecho para que los trabajadores se dejen allí la juventud y después se larguen a su país. Lo que ganas como trabajador apenas te llega para pagar el piso y comer. Cuando pasan los años, comprendes que es imposible comprar una casa y asentarte, porque las viviendas son carísimas y el nivel de vida también lo es, así que ahorras muy poco. Yo pagaba el equivalente a 1.200 euros a finales de los noventa por un piso normal, que es más o menos lo que cobraba".

Armengol define los derechos laborales de Andorra con una anécdota: "Un día, me despidieron del restaurante en el que trabajaba y se negaron a pagarme lo que llevábamos de mes, así que los demandé. Llegué al juzgado una hora antes y pedí un abogado de oficio. El funcionario, con mala cara, me preguntó que por qué no llevaba mi propio abogado y yo le dije la verdad, que porque no tenía dinero para pagarlo. Me respondió: 'Y si no tienes dinero ni trabajo, ¿qué haces en Andorra?'. Me di la vuelta y me largué, ni me quedé al juicio. Me quedó clarísimo que aquel lugar era una exprimidora de trabajadores".

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Armengol, también conocido como James Wallestein, en una imagen de 2010. (Wikipedia)

Armengol denuncia también un trato desigual con los ciudadanos: "Apenas hay ayudas sociales, pero las pocas que se dan, son solo para andorranos. Yo, lamentablemente, en un momento de mi vida me vi sin dinero y me acerqué a pedir una ayuda a la Administración. Después de haber cotizado allí más de 15 años, no me dieron nada, ni vales de comida. En ese momento, decidí marcharme de Andorra".

Residentes y nacionales

Andorra tiene una demografía peculiar. Los nacionales suponen menos de la mitad de sus 80.000 habitantes; los españoles emigrados, un tercio y el resto se reparte entre portugueses, franceses, argentinos y uruguayos. El pasaporte andorrano es muy codiciado porque otorga ciertas ventajas, como la capacidad de votar o de acceder a ayudas sociales, si bien el proceso para conseguirlo es tedioso. Se han de acreditar al menos 20 años de residencia en Andorra, pasar un examen de historia del país, completar un trámite burocrático caro y complejo y renunciar a cualquier nacionalidad anterior.

El Principado nunca ha mostrado interés convertir a sus ciudadanos en andorranos. Durante décadas, ni siquiera nacer en Andorra garantizaba la nacionalidad. Como Armengol, que vivió 17 años como extranjero, la mayoría de los trabajadores abandonan el Principado sin conseguir nunca la nacionalidad, empalmando permisos de residencia siempre ligados a sus contratos de trabajo y de alquiler. Hay una vía más rápida, pero solo pueden acceder a ella empresarios, inversores, deportistas o 'youtubers', ya que implica un desembolso inicial de más de 400.000 euros en bonos del Estado, además de la contratación de un seguro privado de salud y un plan de pensiones. Para obtener ambos permisos se ha de presentar un expediente libre de antecedentes penales y pasar un riguroso examen de salud. Esto último no es baladí: Andorra ha expulsado sistemáticamente a trabajadores por condiciones médicas moderadas, como diabetes, obesidad, ansiedad o miopía.

Andorra ha expulsado trabajadores españoles por ser miopes o sufrir ansiedad

El objetivo, no se esconde de la mirada pública, es que los trabajadores aporten a las arcas del Estado y no al revés.

Laura Vázquez, administradora de sistemas de 36 años, es una de las pocas andorranas que han preferido cruzar la frontera para trabajar. "Yo siempre había pensado que Andorra era el mejor sitio para vivir, pero luego estudié la carrera en España y me di cuenta de que me gustaba más vivir en Madrid, tanto laboral como personalmente", dice Vázquez. "Andorra funciona a base de dinero. Te cobran por todo, es agotador. No hay una zona para aparcar gratis ni un trámite administrativo sin coste. Empadronarte, por ejemplo, cuesta 100 euros. La vivienda se ha disparado con los pisos turísticos y las agencias te pueden exigir varios meses de alquiler y un depósito. Mudarte puede tener un coste de 2.500 euros, sin contar con que cada vez que vas a un nuevo piso tienen que certificarte la electricidad (70 euros) y la instalación de gas (180 euros), por la que te cobran un mínimo mensual de 55 euros. No importa que el anterior inquilino hubiera certificado la instalación anteayer, hay que volver a hacerlo obligatoriamente con cada mudanza".

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Vázquez, en el puerto de Cabús, desde donde se ven Francia, España y Andorra.

Su análisis del marcado laboral coincide con el de Armengol. "Es obvio que Andorra busca importar jóvenes que trabajen y después se marchen. No hay prestación de paro ni sindicatos y, si estás 60 días enfermo, pierdes la cobertura sanitaria. El trabajador se ve abocado a subsistir. Además, las pensiones son muy bajas: mi padre cotizó 40 años y tiene 900 euros de jubilación, que es una forma de invitarte a marchar. Si te fijas, apenas hay personas mayores en Andorra", dice Laura.

"Los trabajadores no tienen prestaciones, pero son los únicos que pagan impuestos. No es normal que paguen el mismo 10% de IRPF una persona que gana 24.000 euros que otra que gana 4 millones, que encima tiene a su disposición herramientas para tributar menos como las 'sicav'", dice Vázquez. "En cuanto a los precios, solo hay que fijarse en la cesta de la compra. Se ha extendido la idea de que Andorra es barata en productos de consumo, pero eso solo es cierto si hablamos de tabaco o alcohol, pero a un bebé no le echas whisky en los cereales. La comida es más cara que en España, de ahí que muchos andorranos compren habitualmente en el Mercadona de La Seu d'Urgell, el primer pueblo de España, y luego se vean colas para la devolución del IVA", explica.

"Muchos españoles regresan a España a tratarse cánceres porque aquí es caro"

Andorra presume del mejor sistema sanitario del mundo, pero no es tan bonito como lo pintan. Los ciudadanos tienen que pagar íntegros sus tratamientos, aunque el Estado se compromete a devolverles el 75% si gozan de cobertura sanitaria. El otro 25% lo ha de asumir el afectado o bien contratar un seguro privado de salud, con un coste mensual en torno a 60 euros. "Hay mucha gente que no puede permitirse pagar un tratamiento largo, como un cáncer, y se va al hospital de La Seu d'Urgell para que le traten gratis. Está siempre colapsado de andorranos, pásate un día a mirar", admite Vázquez.

Además de los impuestos bajos, el paro cero y los hospitales, el otro pilar sobre el que se asienta el prestigio andorrano es la seguridad. En cualquier conversación con un local surge la escena de empresarios dejando el Ferrari abierto en plena calle y paseando de noche con un Rolex de miles de euros en la muñeca sin mirar detrás. La seguridad es un imán para los más ricos pero, como explica Armengol, también tiene un precio para los de abajo: "La presión policial es terrible y se siente constantemente. No hay mendigos ni músicos callejeros, la droga está penadísima, hasta por una huelga te puedes llevar bastantes hostias. Es muy habitual que te paren mientras paseas por la noche y que te registren la mochila, sin dar más explicaciones. Yo he visto a la policía andorrana hacer barbaridades, desde meter a un amigo varios días en el calabozo por fumarse un porro en la calle —la mínima pena por consumo de drogas son cuatro años de cárcel— hasta arrastrar a dos turistas francesas que estaban tocando en la calle y meterlas en un furgón con dirección a la frontera. Sucedió frente al centro comercial de Les Escaldes, delante de cientos de personas que no dijeron nada; lo recuerdo como algo violentísimo. Yo conocía a uno de los policías que lo hizo y, ¿sabes qué? Los andorranos lo tenían en muy alta estima, era considerado casi un héroe".

placeholder Una de las calles comerciales de Ordino. (L. M. Bugallo)
Una de las calles comerciales de Ordino. (L. M. Bugallo)

Una jaula de oro

Existe un desfase entre cómo perciben Andorra los andorranos y cómo se percibe el país en el exterior. Cultivar la imagen de paraíso para millonarios, seguro y resguardado de las miradas, más que una estrategia, es una política de Estado. "En Andorra hay problemas sociales como en todos los sitios. Mucha gente, sobre todo tras el covid, está al límite, pero esto nunca sale en los medios de comunicación. No interesa que salgan estas noticias, porque aquí no pasan esas cosas", dice Laura Vázquez.

Hace un par de años, a raíz del caso BPA, unos andorranos crearon un foro en internet para discutir el asunto. La realidad que estaban reflejando los principales medios chocaba contra las informaciones, a menudo de primera mano, que tenían de la situación. De ese grupo nació Altaveu, primero un blog y ahora un medio alternativo que, con solo unos meses de vida, ha conseguido equipararse en lectores al centenario 'Diari d'Andorra'. Juan Carlos Gaeta perteneció a ese grupo fundador y ahora continúa como colaborador del periódico: "Tenemos 3 millones de lectores mensuales (sic) en un país de 80.000 personas, con eso te lo digo todo. Contamos cosas que la prensa subvencionada, como también sucede en España, siempre omite. Al principio, te miran raro por separarte del relato oficialista, pero al final te tienen que prestar atención".

"Tienes que considerar que este es un país de ricos que buscan calma, luego el éxito de Andorra es no salir en prensa. Ni para bien, ni para mal. En esto coinciden dirigentes y empresarios, y por eso a nosotros nos someten a mucha presión por publicar cosas que no quieren que se vean. A mí me han rayado y pinchado las ruedas del coche varias veces", continúa Gaeta.

Después de 40 años viviendo en el Principado, Gaeta es una voz autorizada a la hora de describir su sociedad: "A mí me encanta Andorra y vivir aquí, pero reconozco que puede ser un lugar un tanto desquiciado, con una economía real, la de los ciudadanos, y otra ficticia, la de las grandes fortunas. Viviendo aquí te das cuenta de que hay más millonarios que empresarios, porque el tejido empresarial es pobre, y que se recurre a trucos como poner a los parados a barrer las calles, o acompañarlos a la frontera, para maquillar las cifras del desempleo. ¿Los trabajadores? Dicen que en la Historia hay tiempos de empresarios y tiempos de obreros; en Andorra nunca ha habido un tiempo de obreros. No hay ni hubo solidaridad entre los trabajadores, prueba de ello es que el único sindicato del país es de funcionarios".

La pirámide social

Los entrevistados coinciden en señalar en la sociedad andorrana rasgos feudalistas. Más allá de la separación por clases sociales, un tufillo a naftalina impregna las relaciones sociales en el país de los Pirineos. Todavía es habitual que los andorranos se clasifiquen entre ellos según su educación (en la cúspide están los colegios religiosos y a la cola, los públicos) o que se identifique por sistema a los residentes entre españoles, portugueses y franceses, hasta en la prensa o en las relaciones con la Administración. Incluso se puede ver a andorranos que se fijan en tu número de pasaporte (a más bajo, más pureza andorrana) o que califican como "andorranos de pelo corto" a los hijos de inmigrantes que se han criado en el Principado.

En la cúspide social se encuentran "las familias de toda la vida", el principal poder fáctico de Andorra. Son los Cierco, los Pintat, los Reig, los Cerqueda... clanes catalanes que controlan la banca andorrana y manejan el Principado. Al preguntar por estos apellidos a cualquier andorrano suelen surgir dos convicciones: que tienen más poder que los políticos y que el origen de alguna de estas fortunas proviene del contrabando y de asesinar y robar a los republicanos a los que ayudaban a pasar los Pirineos durante la Guerra Civil.

"Andorra busca nuevos modelos de negocio, porque el turismo de esquí no es suficiente"

La banca era el motor y la gran esperanza de Andorra. Durante los 70 y los 80, miles de catalanes adinerados, aprovechando la excusa de ir a esquiar, llegaron al Principado con bolsas de dinero para ocultarlo tras el secreto bancario. Andorra prosperó como paraíso fiscal, pero el velo cayó en 2018 y, desde entonces, la banca andorrana está en una fuerte recesión. Hoy apenas aportan el 20% del PIB. Las grandes familias pierden poder en favor de los empresarios de la hostelería y las pistas de esquí, cuyo negocio supone 8 de cada 10 dólares que ingresa el país. En Andorra son conscientes de que, si no son capaces de encontrar otro modelo de negocio soberano, el turismo de esquí no será capaz de mantener el actual tren de vida nacional.

Justo debajo de las grandes familias se encuentran los políticos, los empresarios, el obispo y un nutrido cuerpo funcionarial que goza de la nacionalidad. En el mismo escalón social, aunque con menos o ninguna influencia política, están los inversores, 'youtubers', deportistas y millonarios varios que han acudido al calor de la baja tributación. Su relación con el Estado es meramente comercial: facilidades y seguridad a cambio de pagar menos que en España. Si viven allí o no es un problema de su país de procedencia: "En Andorra vivía una del grupo Corrs, Borja Thyssen, Caballé, Sánchez-Vicario... pero allí sabemos todos que esto es mentira, porque nunca los ves por allí, y nos conocemos todos. Viven en Cataluña y se pasan por allí de vez en cuando, aconsejados por sus gestores", dice Vázquez.

En la base de la pirámide social, por debajo de los trabajadores fijos, se encuentran los temporeros. Aquí no son agricultores africanos, sino argentinos y uruguayos que acuden durante los seis meses de invierno para ser monitores de esquí o dependientes y se marchan en verano. Se ven obligados a pagar alquileres de temporada alta y a menudo son el centro de la crítica del resto de la pirámide social, que los considera demasiado jóvenes y fiesteros para Andorra. "Se meten varios en un solo piso, montan fiestas, fuman porros... Algunos no se dan cuenta de que Andorra es un país de relajación para gente con dinero. Aquí se aspira a ser Mónaco. Y, claro, hay que pararles los pies", dice Juan Carlos Gaeta.

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Di Rocca, en las pistas de esquí de Andorra.

"El precio de los pisos está a unos niveles que se nos hace imposible vivir solos, necesitamos juntarnos tres para pagar los 900 euros que nos piden", dice Braian Di Rocca, un temporero argentino que trabaja durante el invierno en una tienda de esquí. "Nuestro principal problema son las agencias inmobiliarias que dominan el mercado, que en ocasiones hasta nos intentan estafar facturas infladas de la electricidad o nos piden cuatro meses de alquiler por adelantado, pero también hemos tenido episodios recientes de temporeros a los que se les ha cerrado la puerta y se han quedado atrapados, comiendo de Cáritas, en una situación lamentable, sin que nadie les diese una solución".

A los temporeros no solo se les exige llegar con un contrato de trabajo firmado, sino también con un vuelo de vuelta a su país. Para ellos, la apuesta de Andorra conlleva mucho riesgo: "Piensa que los vuelos, más los gastos de alquiler del piso, más una provisión para comer el primer mes, más algún medio de transporte que es necesario... La inversión... Solo para plantarte allí a buscar trabajo hay que preparar 2.600 euros. En Argentina el sueldo base ronda los 200 euros, así que muchos trabajamos un año y medio solo para ir, ahorrar todo lo posible e intentar regresar con algo de dinero. Es muy estresante", admite Di Rocca. Este año, con el virus, Andorra impuso a los temporeros un vuelo de vuelta a los tres meses de la llegada, aun sabiendo que la temporada de esquí es más larga y que la mayoría lo perderían: "Yo este año me negué a ir porque no estaba de acuerdo con estas medidas, espero que se relajen en próximos años", dice Di Rocca.

Los temporeros son más importantes que los 'youtubers', pero no tienen voz en Andorra

Los temporeros no tienen voz en la sociedad andorrana, pero son más relevantes que los 'youtubers' para Andorra porque, sin ellos, sería inviable gestionar la avalancha de turistas de nieve. Pese a todo, las cuentas siguen saliéndole a los del otro lado del océano y, además, se sienten valorados: "Los andorranos, que casi todos son empresarios, saben que, pese a que alguno quiera importar un tipo de vida a Andorra que no se estila, los argentinos somos buenos trabajadores y nos respetan. Los sudamericanos llegamos a ayudar en un momento de muchísimo turismo que los andorranos no podrían gestionar", dice el temporero.

También se muestra optimista su compatriota Ezequiel Scarsi, 27 años y monitor de esquí con experiencia en los inviernos pirenaicos: "Aunque siempre hay cosas que ajustar, como los pisos, las condiciones para los temporeros están mejorando. Por ejemplo, ahora tenemos un sueldo base de 1.000 euros que cuando empecé no había y los andorranos nos reciben muy bien, sobre todo cuando ya te conocen. Yo fui de los que se quedaron varados en Andorra con el covid y no tengo queja: nos dieron ayudas, nos hicieron test, nos informaron... No tengo queja, espero volver el año que viene".

El futuro de El Rubius

Queda una cuestión en el aire: ¿encajarán los 'youtubers' en este peculiar entorno? Los que han vivido allí durante años no lo tienen claro. Abre fuego la andorrana Laura Vázquez: "Andorra no es un sitio para gente joven, sino para trabajar. La gente sale de su jornada y va al gimnasio o a casa, nadie se va de cañas. A las 9 de la noche la calle está vacía, porque tampoco existe la vida cultural más allá de que venga el Circo del Sol en la época turística. Además, que se acostumbren los 'youtubers' a los suplementos de vitamina D, porque en Andorra hay una hora menos de sol que en España. De ahí que los andorranos se vayan en masa a Salou en verano, es como la playa oficial del Principado".

placeholder El 'youtuber' Víctor Domínguez posa ante Can Diumengue. (Fernando Galindo)
El 'youtuber' Víctor Domínguez posa ante Can Diumengue. (Fernando Galindo)

Francisco Armengol es más duro que Vázquez: "Yo viví allí cuando tenía veintitantos, como los 'youtubers' y los considero unos años perdidos en mi vida. Cuesta hacer amigos y resulta claustrofóbico moverse siempre por valles, no poder ver el horizonte porque te lo tapan las montañas. Si quieres ver cielo, tienes que mirar para arriba, y esto afecta mucho más de lo que parece. En mi opinión, los 'youtubers' se arrepentirán de esto solo por ahorrarse dinero. Yo vivo en Estados Unidos, que no es un agujero como Andorra, y solo pago el 20% en impuestos".

Por último, Gaeta expresa el sentimiento de muchos andorranos con el fenómeno 'youtuber': "Todo esto me parece una payasada. Andorra necesita empresarios, no chavales que vengan a conducir a 200 km/h por nuestras calles. Si quieren pagar menos impuestos, que se vayan a Canarias, que hace mejor tiempo que aquí".

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