amenaza de extinción

El virus, a las puertas de las tribus aisladas del Amazonas: "Si llega, morirán todos"

El covid-19 evidencia las carencias sanitarias de la Amazonía peruana y amenaza la supervivencia de las últimas tribus aisladas del planeta

Foto: Miembros de los Mashco Piro, uno de los últimos grupos indígenas amazónicos sin contacto. (Reuters)
Miembros de los Mashco Piro, uno de los últimos grupos indígenas amazónicos sin contacto. (Reuters)

El covid-19 avanza implacable por el Amazonas. Después de infectar las grandes ciudades de la selva brasileña, siguió el cauce del río y alcanzó las regiones más remotas de Perú, donde se esconden algunas de las últimas tribus aisladas del planeta. "Si el virus llega a territorio indígena, desgraciadamente cada uno de sus miembros morirá y estos pueblos se extinguirán, dado que no cuentan con un sistema inmunológico tan desarrollado como el nuestro. Una simple gripe podría matarlos, por eso es importante que se respete la intangibilidad de sus territorios y se prohíba tajantemente el ingreso de cualquier persona a esas áreas", advierte Maritza Quispe, abogada del Instituto de Defensa Legal, un grupo de abogados que representan los intereses indígenas en litigios.

Durante lo últimos años, el Gobierno de Perú ha reconocido oficialmente la existencia de veinte pueblos en situación de aislamiento, además de otros seis grupos que ya han iniciado un discreto contacto con la civilización. La mayoría de estas poblaciones, conocidas como PIACI, se refugiaron en la espesura del bosque para evitar ser exterminadas y ya no volvieron a salir. Cuando se detectaron las primeras infecciones de coronavirus, el Ministerio de Cultura emitió una resolución que declaraba la emergencia sanitaria nacional y establecía medidas de contención del virus para los PIACI que habitan en las reservas indígenas. Los expertos critican que la normativa elude cualquier referencia a "las reservas en trámite o en proceso de creación", a pesar de que estas también albergan diferentes etnias ancestrales.

Con la sombra de una crisis económica encima, el Gobierno peruano no tardó en reactivar las principales actividades económicas, incluyendo el sector forestal, la minería aurífera y las explotaciones de hidrocarburos. "Lo más probable es que sigan otorgando concesiones en los territorios indígenas, como lo han estado haciendo de manera ilegal durante estos años", lamenta Quispe. Precisamente, la Comisión de Pueblos Indígenas del Congreso trata de modificar estos días el polémico artículo nº 5 de la Ley 28736, que se refiere al "carácter intangible" de las reservas, pero permite el "aprovechamiento" de recursos naturales en caso de ser considerados "de necesidad pública". Hasta que los congresistas no aprueben un nuevo Proyecto de Ley, la normativa seguirá favoreciendo la entrada en "tierra sagrada" de madereros, mineros de oro y operarios de petrolíferas.

Ante la falta de control institucional, las propias organizaciones indígenas han comenzado a acusar a las empresas que operan sin un protocolo sanitario específico y trasladan personal de ciudades con un número alto de contagios. "Se ha denunciado el caso de un trabajador de una empresa forestal en Loreto y de un operario de Repsol en la selva de Cusco, dentro del territorio Matsigenka. Ambos portaban el covid-19". La abogada de IDL asegura que muchas de estas compañías realizan su labor sin que nadie las fiscalice o sancione, como la empresa Ocho Sur P., que continuaría cultivando palma en el territorio de una comunidad shipibo-coniba, en Ucayali, a pesar de no contar siquiera con certificación ambiental.

En cualquier caso, cabe mencionar algunas operaciones importantes contra la minería ilegal en la zona de la Pampa, donde las patrullas de las Fuerzas Armadas, la Policía Nacional y la Fiscalía de Medio Ambiente destruyeron a finales de mayo 25 campamentos destinados a la extracción de oro. Este periódico ha intentado sin éxito conseguir la versión del Gobierno.

Los Mashco Piro suelen montar campamentos estacionales junto a los ríos. (Autor: Fenamad)
Los Mashco Piro suelen montar campamentos estacionales junto a los ríos. (Autor: Fenamad)

Aunque no se sabe con certeza cómo reaccionaría el sistema inmunológico de los indígenas a esta pandemia, las autoridades peruanas establecieron hace años las denominadas políticas de "no contacto", destinadas a evitar episodios como el que ya ocurrió a mediados de los años 80 entre un grupo de madereros y miembros de la población Nahua.

Al parecer, después de un breve encontronazo, los indígenas volvieron a su campamento contagiados de gripe, propagaron la epidemia y murió más de la mitad de la comunidad. Los constantes ataques y acercamientos de estas tribus han demostrado que estas políticas no son suficientes. En el Alto Madre de Dios un grupo de la etnia Mashco Piro salió a la orilla del río y comenzó a pedir "machetes y alimentos" a los barcos que navegan por la zona. Después de que los "aislados" mataran con flechas a tres nativos de la zona, la Fenamad —la única federación de indígenas de Madre de Dios— y el Ministerio de Cultura se vieron obligados a replantear su estrategia y crear un grupo de antropólogos e intérpretes que fortalecieran los vínculos con este clan. A pesar de la opacidad gubernamental en estos conflictos, El Confidencial ha podido saber que las autoridades mantienen un contacto semanal con los Mashco Piro, a los que entregan yuca y plátanos.

En los años 80, unos madereros se encontraron con indígenas Nahua. Estos volvieron a su campamento con gripe. Murió más de la mitad de la comunidad

Inmediatamente después de iniciarse el confinamiento, los antropólogos frenaron las comunicaciones y les aconsejaron que se refugiaran en las profundidades del bosque para evitar contagiarse con la nueva enfermedad. En caso de propagación, no habría manera de socorrerlos. Los líderes Mashco se mostraron escépticos y dijeron "que ellos eran fuertes y que no les iba a pasar nada".

17 positivos en una comunidad nativa

La comunidad nativa de Santa Teresita, únicamente accesible por río, lleva más de dos semanas aislada por un hombre que volvió de trabajar con síntomas de covid-19. Al parecer, el paciente cero contrajo el virus en la ciudad peruana de Puerto Maldonado y lo transmitió al resto de los indígenas antes de acabar hospitalizado. Nada más conocer el caso, las autoridades locales realizaron otras 24 pruebas rápidas a los habitantes de esta pequeña aldea y detectaron 17 positivos, catorce asintomáticos y tres de sintomatología leves, entre los que se encontraba una mujer embarazada. Los dos fundadores de Santa Teresita, un matrimonio que partió desde Ucayali y buscó un nuevo hogar en las orillas del río de Las Piedras, son los únicos ancianos de esta comunidad. En total suman 31 familias y 110 personas, la mayoría hijos, nietos o bisnietos de la pareja originaria, que pertenece a la etnia de los Yine. Los afectados evolucionan favorablemente y las autoridades han recomendado "aislarse, evitar el contacto con otras personas, lavarse las manos frecuentemente y utilizar mascarillas". El problema es que Santa Teresita no cuenta con ningún puesto médico, no tienen un doctor asignado, carecen de medicamentos y necesitan equipo biosanitario.

"Esta comunidad está bien olvidada. Recién contagiados entonces se preocupan las autoridades. Por favor, necesitamos apoyo", implora Roy Vargas en un vídeo distribuido en redes sociales. A pesar de haber abrazado los avances de la civilización, las comunidades nativas constituyen uno de los grupos más vulnerables y pobres del país. "El Gobierno nos ha excluido del bono que prometió a todos los ciudadanos. Hemos solicitado un lote de mascarillas, guantes y pruebas rápidas, que pensamos repartir por toda la región. Esperamos que llegue pronto", cuestiona Daniel Peña, representante de Fenamad. Este tipo de comunidades conservan las creencias tradicionales y se dedican principalmente a la agricultura, la tala, la recolección de frutos, la caza y la pesca. Unas labores que les otorgan cierta autonomía a la hora de afrontar un aislamiento total, pero que también conllevan situaciones dramáticas, pues en algunas zonas ya no pueden consumir el pescado o el agua debido a los derrames de petróleo y la contaminación de mercurio.

Aunque han abrazado los avances de la civilización, las comunidades nativas constituyen uno de los grupos más vulnerables y pobres del país

Los nativos evitan a toda costa el contacto "de la gente extraña", una precaución que la comunidad Harakbut de Shintuya llevó al extremo al cerrar la única carretera de acceso. La fiscalía provincial advirtió que de no abrir la vía estarían "incurriendo en un delito, pues sus derechos se encuentran limitados por otras cláusulas constitucionales". Los líderes Harakbut aseguraron que su único objetivo era protegerse y que no querían problemas con la justicia. "¿Qué pretende el fiscal cuando exhorta a la comunidad a que abra la carretera? ¿Que el virus se expanda con más rapidez? ¿Acaso el fiscal no está informado que los establecimientos de salud del Manu no están implementados y no tienen medicamentos y menos equipos de respiración artificial para afrontar un contagio masivo? ¿No sabe que las poblaciones indígenas son altamente vulnerables a enfermedades importadas?", denuncia el representante de Fenamad. La recomendación de usar la vía fluvial para los desplazamientos y evitar así las visitas a la comunidad parece haber sido desoída por la fiscalía.

De acuerdo con las cifras oficiales, la región de Madre de Dios acumulaba hasta esta semana unas 1.000 infecciones y más de 40 fallecidos, la mayoría concentrados en Puerto Maldonado, una alborotada ciudad de 85.000 habitantes. El obispo de la capital selvática, David Martínez de Aguirre, no ha querido "esperar a las lágrimas" y ha lanzado una campaña solidaria junto a Cáritas, con la que tratará de recaudar un millón de soles para equipo sanitario. Este misionero vitoriano trabajó durante muchos años con las comunidades aisladas del Alto Urubamba y conoce perfectamente los obstáculos a los que se enfrentan los pueblos nativos. "Todos países amazónicos compartimos la misma marginalidad en los presupuestos del estado, y desgraciadamente los gobiernos se han acostumbrado a extraer recursos sin importarles sus habitantes". Concienciado con las noticias que llegan desde Europa, el obispo aprovecha las misas para defender los protocolos de confinamiento y promulga el esfuerzo del ciudadano de a pie.

"Nuestro sistema sanitario no está preparado. En Puerto Maldonado tenemos cinco camas de UCI, ninguna planta de producción de oxígeno, algún que otro respirador y unos pocos profesionales que se sienten indefensos, pues no tienen el equipo especializado. Por si fuera poco, la amenaza del coronavirus se ha sumado a otras enfermedades que ya asediaban el país, como el dengue, la leptospirosis y la malaria". Martínez de Aguirre reconoce que los indígenas constituyen una población especialmente vulnerable y recuerda que estos tienen sus propios mecanismos de autodefensa.

"En estos momentos debemos propiciar su aislamiento y evitar el contacto con la ciudad. Salvo en territorios muy invadidos, el tema alimentario no debería ser un problema. Por eso, el Estado ha de apoyarlos en cuestiones como la salud o la información sobre la epidemia, además de diseñar protocolos específicos de contagio. Maldonado ya comienza a colapsar. Me temo que el mes de junio y julio serán muy difíciles para nosotros. A ver cómo pasamos esta tormenta".

Pesadillas en Perú, realidad en Brasil

La misionera valenciana María Eugenia Lloris asegura que los temores del obispo de Puerto Maldonado son extrapolables al resto de la Amazonía. Pertenece a la Fraternidad Verbum Dei y el Equipo Itinerante y trabaja habitualmente en la triple frontera de Brasil, Perú y Bolivia. "Si sumamos las muertes que hubo en las ciudades de Tabatinga, Benjamín Constant, Sao Paulo de Olivença y Manaus, solo del pueblo Cocama murieron un total de 52 indígenas. En este momento entre las veinte ciudades brasileiras con más infectados y muertos por cada 100.000 habitantes, 14 se encuentran a orillas del río Amazonas. Infelizmente, el virus ya alcanzó las cabeceras de sus afluentes".

La misionera recibió recientemente un mensaje de WhatsApp procedente de la comunidad de Sapotal, en Tabatinga, donde esta semana se confirmaban 760 casos y 58 muertes: "Más una vez de luto. Luis Carlos Rodríguez Curico, conocido por Carlinhos murió. Perdimos un hijo de la tierra. Un profesor. Pérdida irreparable. Un colega que trabajó en todas las actividades de la escuela. Él estaba siempre presente en la comunidad y nunca tuvo desavenencias con nadie".

Personal de salud realiza exámenes el viernes 30 de mayo en la comunidad Bela Vista do Jaraqui, golpeada por la pandemia de covid-19, en la zona rural de Manaos, Amazonas (Brasil). (EFE)
Personal de salud realiza exámenes el viernes 30 de mayo en la comunidad Bela Vista do Jaraqui, golpeada por la pandemia de covid-19, en la zona rural de Manaos, Amazonas (Brasil). (EFE)

Lloris Aguado vive desde 1996 en Brasil y conoce bien la selva. "Los profesores son los representantes del saber y de la educación de un pueblo. Solo los que vivimos y pasamos por esas comunidades distantes sabemos lo difícil y sufrido que es preparar a nativos que quieran vivir allí y que se dediquen a repasar el saber tradicional y acompañarlo de nuevos conocimientos".

En estos momento el covid ha alcanzado la entrada al río Yavari, una región estratégica, pues la margen derecha pertenece a Brasil y la izquierda, a Perú. En sus bosques viven seis pueblos contactados y varios grupos aislados, por lo que la llegada del coronavirus amenazaría la supervivencia de varias culturas milenarias. "Esta emergencia encontró un sistema de salud enflaquecido e insuficiente para responder a emergencias normales. Si los hospitales de las grandes ciudades no consiguen responder a la onda de infecciones, ¿cómo lo van a hacer los puestos de salud del interior, donde no se tiene ni siquiera guantes o máscaras para protegerse del virus?".

Desgraciadamente, las pesadillas de Perú ya parecen haberse hecho realidad en Brasil. Organismos como Funai y Sesai, creados para velar por los derechos de los pueblos amazónicos, se han visto mermados en sus recursos; iniciativas como el Proyecto de Ley 2633 de 2020 legalizarían la explotación salvaje de los recursos naturales en suelo virgen; la información recopilada por el Instituto Nacional de Investigación Espacial de Brasil sugiere que la deforestación se ha triplicado; y las políticas negacionistas del presidente Jair Bolsonaro, que llamó 'gripezinha' al coronavirus, marginan todavía más a las comunidades nativas.

Preocupado por el avance de la pandemia, Arthur Virgílio Neto, alcalde de Manaos —la capital del estado brasileño del Amazonas—, lanzó una advertencia. "Cada indio que muere lleva con él una parte de la historia, que no es escrita sino pasada de forma oral de generación en generación. Si todos los indios muriesen, estaríamos perdiendo más de diez mil años de civilización indígena en nuestra región. Sería algo imperdonable".

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